50 años después, la última colonia de África está cada vez más cerca de convertirse en una "provincia" marroquí
La resolución aprobada en octubre por el Consejo de Seguridad de la ONU brinda un espaldarazo diplomático a Rabat, pero no impone nada ni pone fin al contencioso que arrancó con la salida de España de su colonia. La disputa durará aún años
Protestas en los campamentos de refugiados saharauis. (EFE/Laura Fernández Palomo)
Medio siglo sin resolverse y probablemente otros muchos años por delante sin que se solucione el conflicto del Sáhara Occidental que enfrenta a Marruecos y al Frente Polisario. El primero aspira a que se reconozca su plena soberanía sobre esa antigua colonia semidesértica española del tamaño de Reino Unido, mientras que el segundo lucha por la independencia del territorio.
Hace ahora 50 años, el 6 de noviembre de 1975, la llamada Marcha Verde penetraba en el Sáhara Occidental. El rey Hassan II envió a unos 350.000 civiles, secundados por 25.000 soldados, provistos de coranes y banderas marroquíes, para forzar a una España políticamente debilitada —Franco agonizaba en el hospital madrileño de La Paz— a que le entregara los dos tercios de su colonia. El tercio sur fue cedido a Mauritania hasta que en 1979 Marruecos se apoderó también de él por las armas.
Desde entonces, la historia de la última colonia de África podría resumirse en un constante afianzamiento de la autoridad marroquí sobre el territorio, cuyo último episodio tuvo lugar el 31 de octubre en el Consejo de Seguridad de la ONU. Ese día aprobó, a instancias de EEUU, una resolución que apuesta por resolver el conflicto negociando entre Rabat y el Polisario, aplicando el plan de autonomía marroquí para el Sáhara, que consiste en tres escuetos folios. La autodeterminación de los saharauis quedaba así prácticamente descartada.
Aunque la resolución marque "un antes y un después", según el rey Mohamed VI, aunque decenas de miles de marroquíes se hayan echado a las calles para celebrarla, su adopción por el Consejo de Seguridad no pone ni mucho menos fin a la disputa. No impone una solución, pero sí supone un gran espaldarazo diplomático para Marruecos.
Marroquíes celebran el 50.º aniversario de la Marcha Verde. (EFE/EPA/Jalal Morchidi)
Esa votación en el Consejo de Seguridad culmina otros éxitos cosechados por la diplomacia marroquí. El más notable es el creciente número de países que respaldan desde hace un lustro su propuesta de autonomía limitada para el Sáhara. Algunos, como EEUU y Francia, han ido más allá y reconocen la soberanía de Marruecos sobre ese territorio que fue colonia española durante 91 años.
Cuando excepcionalmente Rabat sufre un revés, como las sentencias del Tribunal de Justicia de la Unión Europea de octubre de 2024 que anulan el acuerdo de asociación, la Comisión Europea, secundada por Francia y España, se apresura en sortearlo. Por eso, a principios de octubre entró en vigor un nuevo acuerdo con Marruecos, negociado a escondidas, y que sigue incluyendo al Sáhara. El Polisario lo volverá a recurrir ante la Justicia europea.
Hace ya 22 años que el Consejo de Seguridad aprobó otra resolución para poner fin al contencioso, el llamado Plan Baker II, elaborado por James Baker, que fue secretario de Estado de EEUU con el presidente George Bush. Preveía un referéndum en el que hubiesen podido participar los marroquíes residentes en el Sáhara. Aun así, Marruecos lo rechazó y nunca se aplicó.
La propuesta de autonomía marroquí, endosada por el Consejo de Seguridad, correrá probablemente la misma suerte. El Frente Polisario se niega a que sea ese plan el único marco de discusión y, a menos que Argelia no le obligue, no se sentará en la mesa de negociación.
Argelia está siendo presionadapor la Administración Trump como nunca lo fue por otro equipo presidencial estadounidense, según fuentes diplomáticas conocedoras de sus gestiones. Pese a su aislamiento diplomático, las autoridades argelinas no parecen, por ahora, haber cedido. En el pasado se mostraron, a veces, más propensas a pactar que el movimiento armado saharaui al que apadrinan.
Prueba de ello es que, a finales de 2001, el presidente argelino Abdelaziz Bouteflika se mostró dispuesto ante James Baker a aceptar una partición del Sáhara en la que el Polisario se hubiese quedado con el tercio sur, la zona que perteneció a Mauritania. Así quedó reflejado en un informe del secretario general de la ONU, de febrero de 2002. Rabat se apresuró en refutar esa solución.
Staffan de Mistura, el enviado personal del secretario general de Naciones Unidas para el Sáhara, volvió a evocar ese reparto del territorio hace un año, en una intervención a puerta cerrada ante el Consejo de Seguridad. No recabó apoyos.
A día de hoy caben solo dos salidas al conflicto, a cada cual peor para el Polisario, considerado por la ONU y por la justicia europea como el representante legítimo de los saharauis. Ambos desenlaces no serían producto de una negociación, sino de imposiciones o derrotas.
Si no arranca la negociación, EEUU estará tentado de poner fin al mandato de la MINURSO, el contingente de Naciones Unidas desplegado en el Sáhara en el marco del Plan de Arreglo de 1991. Su cometido era preservar la paz y preparar un auténtico referéndum de autodeterminación que nunca se llegó a celebrar. Rabat torpedeó su puesta en práctica.
Un Marruecos envalentonado y convencido del apoyo de la Casa Blanca y del Eliseo, podría entonces querer conquistar con las armas esa franja oriental del Sáhara Occidental, aproximadamente un 20% del territorio, que no controla y que está en manos del Polisario. Es una operación que podría culminar en unos pocos días, a menos que no le ponga coto una improbable intervención militar de Argelia, como la que protagonizó en la batalla de Amgala, a principios de 1976.
A diferencia de Marruecos, donde el Sáhara es una "causa nacional" compartida por toda la opinión pública, el apoyo al Polisariono suscita en Argelia el mismo entusiasmo. Sus principales defensores son los militares que hoy en día tienen un peso enorme en el Estado argelino. Si, en el futuro, los civiles jugasen un mayor papel en el sistema político argelino, es probable que el respaldo al Polisario diplomático y militar decayera hasta convertirlo en un movimiento residual e inofensivo para Marruecos.
Medio siglo sin resolverse y probablemente otros muchos años por delante sin que se solucione el conflicto del Sáhara Occidental que enfrenta a Marruecos y al Frente Polisario. El primero aspira a que se reconozca su plena soberanía sobre esa antigua colonia semidesértica española del tamaño de Reino Unido, mientras que el segundo lucha por la independencia del territorio.