COLPIN 2025, la decimosexta edición de la Conferencia Latinoamericana de Periodismo de Investigación, ha comenzado este miércoles en Buenos Aires, Argentina. Hasta el sábado 8 de noviembre, la Universidad de Palermo acogerá decenas de actividades entre mesas temáticas, talleres y presentaciones, reuniendo a profesionales de la prensa en español. Periodistas de 15 países han sido convocados para “compartir la metodología” de los mejores trabajos publicados en el último año. El momento clave, además de las conferencias magistrales sobre periodismo de investigación en contextos autoritarios, será el viernes conla entrega del Premio Latinoamericano de Periodismo de Investigación Javier Valdéz.
La organización contempla varias mesas con participación de entidades españolas como la Asociación de Periodistas de Investigación (API). En la Conferencia 'Transparencia Venezuela', que abordó los procesos judiciales abiertos contra la corrupción venezolana, España ha sido representada desde la primera jornada por Maite Parejo, abogada y copresidenta del Observatorio de Derechos Humanos del Ilustre Colegio de la Abogacía de Madrid. El evento comenzó en la mañana del miércoles con COLPIN Fórum, una mesa de trabajo que expuso los principales problemas de los periodistas que hacen investigaciones en América Latina. Leopoldo Maldonado, quien defiende los derechos humanos en la región a través de Article 19 (una de las ONG que organiza COLPIN), se solidarizó con los periodistas y medios argentinos que han sido “atacados” durante los últimos años, en un momento que calificó como “peligroso” para la democracia argentina.
Entre los periodistas perseguidos habló el salvadoreño Juan José Martínez, antropólogo de formación y ganador del premio Ortega y Gasset 2024 a la mejor investigación periodística, que se ha exiliado en Madrid después de las amenazas recibidas por parte del Gobierno de Nayib Bukele. “Este dictador logró crear un proyecto político que leyó el núcleo de la identidad salvadoreña, similar a la de gran parte de Latinoamérica, que remite a nuestro pasado autoritario y a la figura de un hombre fuerte que venga a cambiarlo todo. Hay que aceptar que Bukele contó un mejor cuento que nosotros, y caló en una sociedad muy pobre y cansada de someterse a las pandillas”.
Paradójicamente, Martínez tuvo que salir de El Salvador por una investigación que hizo sobre el fiscal general nombrado por Bukele, quien habría trabajado durante 29 meses para la pandilla Mara Salvatrucha. Martínez aclara que el autoritarismo puede llegar a través de varias vías, y en el caso de El Salvador comenzó después de unas elecciones democráticas que llevaron a Bukele al poder en 2019: “Hoy la gran mayoría de la población confía y apoya plenamente a ese régimen. A nosotros, los periodistas que hacemos nuestro trabajo, nos consideran pandilleros. Bukele ganó la narrativa y convenció a la gente de que el concepto de derechos humanos y su aplicación es un obstáculo para la paz”. Sobre qué hacer para continuar haciendo periodismo, Martínez aconseja utilizar nuevos formatos que acerquen el contenido al gran público, cuando cada vez se lee menos. “No podemos dejar de investigar, pero no tiene sentido hacer un texto de 14 páginas esperando que se lea en un país profundamente analfabeto y pobre como El Salvador. Tenemos que trabajar para la historia, para que no se diluya todo lo que está pasando”.
Los profesionales que escuchaban a Martínez provenían de otras sociedades con gobiernos autoritarios como Cuba, país cuyo exilio se ha dispersado por todo el continente americano y Europa. En el público había una cubana periodista con su hija pequeña, nacida en EEUU, o un joven venezolano que llevaba siete años sin poder entrar a su país. Era gente que ha tratado de reinventarse lejos de su hogar para evitar la cárcel o la persecución con la que se castiga contar la realidad de sus países.
En la misma mesa, la periodista y directora del medio independiente chileno La otra diaria, Carolina Rojas, mostró el trabajo que desarrollan para visibilizar problemas y fenómenos ignorados históricamente por los medios de prensa tradicionales de su país. 'La búsqueda de María Diemar' fue uno de los reportajes que puso como ejemplo, porque es un texto sobre la red de adopciones ilegales que comenzó durante la dictadura chilena y separó a más de 20.000 niños de sus familias. “El rol de los periodistas radica en establecer una narrativa basada en la esperanza y la empatía. Tenemos que contar esas historias que están en permanente invisibilización. Solo así podremos disputar el relato público y ponderar el sentido común”.
"Nuestro reto es buscar las audiencias clave para que nuestro trabajo impacte"
Por su parte, José Luis Peñarredonda, periodista y editor de audiencias del Centro Latinoamericano de Investigación Periodística (CLIP), lamentó que a veces existan demasiadas expectativas en el gremio: “No podemos medir el resultado de nuestro trabajo solo con cuántos ministros tumbamos, cuántas elecciones influimos o cuántos gobiernos derrocamos. Nuestro trabajo es mucho más que eso, sobre todo en un contexto en el que, además de los gobiernos, nos someten también las grandes industrias de la comunicación. Hace 10 años Facebook nos imponía de cierta forma hacer publicaciones para llamar la atención, luego se pusieron de moda los podcasts y ahora está Instagram o TikTok”.
CLIP es una asociación sin ánimo de lucro con sede en Costa Rica, pero su equipo se encuentra disperso por toda Latinoamérica para realizar y coordinar “investigaciones periodísticas transfronterizas y colaborativas”. Peñarredonda explicó lo difícil que les resulta sostener su trabajo debido a la feroz competencia que existe en el ecosistema mediático: “Tenemos que pelearnos por la atención del público con contenidos que van desde los programas de belleza hasta las noticias del espectáculo o el fútbol. Nuestro reto es buscar dentro de todo el espectro de audiencias, cuáles son las claves para que nuestro trabajo impacte. En Venezuela, por ejemplo, hay proyectos periodísticos que imprimen textos en papel y luego los leen en el transporte público para llegar a gente que no tiene acceso debido al bloqueo mediático que ejerce la dictadura chavista”.
COLPIN 2025 abre importantes espacios de 'networking' y reflexión para todo el gremio
La pasada edición de COLPIN tuvo Madrid como escenario a finales de octubre de 2024. En esa ocasión, varios profesionales de este diario mostraron los resultados de su trabajo y otros fueron reconocidos. Los temas presentes en COLPIN 2025 irán desde la libertad de prensa en los autoritarismos y el crimen organizado, hasta la cooperación Europa-América Latina, la inteligencia artificial o las prácticas periodísticas en el exilio. Esta diversidad temática permite una mirada tanto regional como global sobre los desafíos del periodismo de investigación.
Al ser una plataforma multidimensional que combina conferencias magistrales, mesas temáticas y entrega de galardones, COLPIN 2025 abre importantes espacios de networking y reflexión para profesionales o proyectos que involucran a todo el gremio periodístico iberoamericano.
COLPIN 2025, la decimosexta edición de la Conferencia Latinoamericana de Periodismo de Investigación, ha comenzado este miércoles en Buenos Aires, Argentina. Hasta el sábado 8 de noviembre, la Universidad de Palermo acogerá decenas de actividades entre mesas temáticas, talleres y presentaciones, reuniendo a profesionales de la prensa en español. Periodistas de 15 países han sido convocados para “compartir la metodología” de los mejores trabajos publicados en el último año. El momento clave, además de las conferencias magistrales sobre periodismo de investigación en contextos autoritarios, será el viernes conla entrega del Premio Latinoamericano de Periodismo de Investigación Javier Valdéz.