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¿Un pacto histórico o más de lo mismo? Cinco claves tras el acuerdo entre Trump y Xi
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¿Un pacto histórico o más de lo mismo? Cinco claves tras el acuerdo entre Trump y Xi

La Casa Blanca lo ha presentado como "un acuerdo increíble"; Pekín, como una "pausa constructiva”. La descripción china se ajusta más a la realidad

Foto: Donald Trump y Xi Jinping, en Busan. (Reuters/Evelyn Hockstein)
Donald Trump y Xi Jinping, en Busan. (Reuters/Evelyn Hockstein)
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Donald Trump salió de su esperada reunión con el presidente chino, Xi Jinping, como acostumbra a salir de cualquier negociación: convencido de haber ganado. “Del cero al diez, la califico como un doce”, declaró de forma triunfal ante la prensa. El encuentro, celebrado en una salita del aeropuerto coreano de Busán y en el marco Cooperación Económica Asia-Pacífico, supuso el primer encuentro cara a cara entre ambos líderes en seis años y fue, al menos en apariencia, más amistoso de lo que muchos anticipaban. Pero, ¿cuánto hubo de acuerdos reales y cuánto de escenografía en esta reunión bilateral?

La Casa Blanca lo ha presentado como "un acuerdo increíble"; Pekín, como una “pausa constructiva”. La descripción china se ajusta más a la realidad, porque lo anunciado —dado que firmado, al menos por ahora, no hay nada— fue una tregua de doce meses que pone en la nevera, sin resolver, varias de las principales tensiones comerciales y geopolíticas entre las dos mayores economías del planeta. Estas son las cinco claves para entender lo que ambos líderes han logrado y los problemas que persisten.

1. Las tierras raras, otra vez

La mayor obsesión de Trump —y que ha demostrado ser la piedra en el zapato de cualquier intento estadounidense de “quebrar” económicamente a China— es el dominio casi absoluto de Pekín sobre las tierras raras. El gigante asiático concentra más de la mitad de las reservas de ese grupo de 17 minerales indispensables para fabricar desde smartphones y turbinas eólicas hasta misiles guiados o submarinos nucleares. Pero, sobre todo, controla más del 90% del procesamiento mundial de estos elementos, y no ha dudado en convertirlos en los rehenes más importantes en su guerra comercial con EEUU.

De acuerdo con la versión estadounidense, Xi Jinping accedió en Busán a suspender durante un año los controles de exportación que habían golpeado a las industrias occidentales. Washington, a cambio, pospondría una nueva ronda de sanciones sobre filiales de empresas chinas ya incluidas en su lista negra tecnológica.

Foto: el-contraataque-de-china-toma-como-rehen-una-de-las-obsesiones-de-trump-las-tierras-raras

De cumplirse el levantamiento de los controles, sería un respiro enorme para los fabricantes estadounidenses —y europeos— que llevan meses con dolores de cabeza para acceder a los minerales procesados en China. Pero no sería la primera vez que Trump presume de haber desbloqueado el comercio de las tierras raras, ni la primera en que el efecto se evapora poco después. En junio de este año, el presidente estadounidense ya celebró otro “preacuerdo” con Pekín para garantizar el suministro, pero apenas hubo un cambio real en las restricciones.

La medida tampoco altera la lógica de dependencia. China conserva el monopolio de las licencias de exportación y, con él, la capacidad de cerrar o abrir el grifo cuando le convenga. Si las sonrisas y los apretones de manos de este miércoles vuelven a degradarse en acusaciones cruzadas durante los próximos meses, las tierras raras volverán a ser la primera víctima.

2. Bajan aranceles, pero siguen por las nubes

Como parte de las medidas, Trump anunció una rebaja del 10% en los aranceles aplicados a productos chinos. Una medida que sería de enorme importancia en otros casos, pero que de cara a Pekín supone una reducción del 57% al 47%. Una barrera colosal al comercio que sigue lejos de ser derribada.

La reducción beneficia sobre todo a productos de consumo masivo, lo que podría aliviar parcialmente la inflación en EEUU. Del lado chino, el cambio devuelve cierta competitividad después de un año en que los gravámenes récord habían desplomado el comercio bilateral. Entre enero y septiembre, las exportaciones de China a Estados Unidos cayeron casi un 17% respecto al mismo periodo del año anterior, según los datos oficiales de Pekín.

Lo que este pequeño alivio no logrará es revertir el creciente divorcio comercial entre las dos potencias. Las empresas estadounidenses llevan años reconfigurando sus cadenas de suministro para reducir su dependencia de China, moviendo parte de la producción a Vietnam, Malasia, México o India. Al mismo tiempo, los exportadores chinos se han lanzado a la búsqueda de nuevos mercados. Una brecha que pocos esperan que pueda cerrarse en el futuro.

3. Trump irá a China

Si el encuentro de Busán estuvo cargado de escenografía, lo que viene promete superarla. Ambas partes anunciaron que Trump viajará a China en abril y que Xi Jinping devolverá la visita a Washington más adelante. Será la primera visita oficial de un presidente estadounidense a Pekín desde 2017, cuando el propio Trump desfiló por la Ciudad Prohibida entre sonrisas y halagos antes de desencadenar, pocos meses después, la guerra comercial que perdura hasta hoy.

En un posible escenario futuro en el que China y Estados Unidos alcanzaran un entendimiento de mayor calado, uno que abordara subsidios industriales, la propiedad intelectual o incluso el futuro de Taiwán, ese sería el escenario perfecto para un acuerdo verdaderamente “histórico”, como acostumbra a presumir Trump.

Sin embargo, la mayoría de expertos consideran que las dos principales potencias del planeta son incapaces de firmar grandes acuerdos y que, en su lugar, nos encontramos en la era de las negociaciones constantes y los minipactos para postergar los choques más destructivos. Un fenómeno descrito al periódico Bloomberg por Manish Singh, director de inversiones de Crossbridge Capital, como “diplomacia de subscripción”: contratos anuales, renovables y, también, reversibles. La visita de Trump a China está destinada a crear grandes expectativas, pero todo el mundo haría bien en moderarlas.

4. A vueltas con el fentanilo

La reducción del 10% de los aranceles antes mencionada fue presentada por Trump como una recompensa a Pekín por su cooperación contra el tráfico de fentanilo. China, afirmó, se habría comprometido a tomar “medidas enérgicas” para frenar la producción y exportación de los precursores químicos del potente opioide sintético que causa más de 100.000 muertes al año en Estados Unidos.

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Sin embargo, una vez más, este no es ningún compromiso nuevo. Desde 2018, Pekín ha anunciado múltiples campañas de control y endurecido las normas, pero los resultados han sido dudosos. Desde 2019, los traficantes chinos han pasado de fabricar el fentanilo a centrarse en exportar los precursores químicos a los carteles mexicanos, que completan el proceso y lo introducen en Estados Unidos. Un circuito plagado de lagunas legales y muy difícil de fiscalizar, en el que los laboratorios chinos han demostrado una constante capacidad de adaptación.

La cooperación entre ambos países en materia antidroga también es una historia llena de naufragios. En 2022, Pekín suspendió oficialmente toda colaboración con Washington al respecto tras los choques diplomáticos por Taiwán y la pandemia. El diálogo se reanudó tímidamente al final del mandato de Biden, pero sin resultados visibles. Desde 2019, China no ha informado a Estados Unidos de ninguna condena relacionada con el tráfico de fentanilo. Aun así, Trump presentó el gesto de Xi como un “gran avance” y celebró que Pekín añadiera dos precursores —4-piperidona y 1-boc-4-piperidona— a su lista de sustancias controladas. Un paso menor, pero suficiente para alimentar la narrativa de un cambio sustancial.

5: Con pausa, pero sin prisa

El encuentro dejó también una cascada de promesas menores: China y Estados Unidos anunciaron que “trabajarán juntos” para resolver el futuro de TikTok, que Pekín reanudará la compra de soja y podría importar energía de Alaska, y que ambos cooperarán en transporte marítimo. Trump insinuó incluso que podría permitir a Nvidia vender ciertos chips de inteligencia artificial a China y habló de una posible mediación conjunta en Ucrania.

Pero, como casi todo en Busán, hubo más gestos que compromisos. El resumen final está en la palabra “pausa”. Trump y Xi abandonan Corea del Sur con tiempo comprado, pero sin avances estructurales, concediéndose margen para reordenar prioridades internas, a la competencia que define su relación. La mayor rivalidad geopolítica del siglo XXI no se resolverá en la salita de un aeropuerto

Donald Trump salió de su esperada reunión con el presidente chino, Xi Jinping, como acostumbra a salir de cualquier negociación: convencido de haber ganado. “Del cero al diez, la califico como un doce”, declaró de forma triunfal ante la prensa. El encuentro, celebrado en una salita del aeropuerto coreano de Busán y en el marco Cooperación Económica Asia-Pacífico, supuso el primer encuentro cara a cara entre ambos líderes en seis años y fue, al menos en apariencia, más amistoso de lo que muchos anticipaban. Pero, ¿cuánto hubo de acuerdos reales y cuánto de escenografía en esta reunión bilateral?

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