Maduro, segundo aviso: Trump planta 100.000 toneladas de diplomacia militar frente a Venezuela
Tras semanas de operaciones militares contra supuestas narcoembarcaciones ligeras, el despliegue estadounidense en el Caribe entra en una nueva fase. Una con potencia para ejecutar operaciones militares de alto calado estratégico
Tras varias semanas de operaciones militares contra supuestas narcoembarcaciones ligeras, el despliegue estadounidense en el Caribe entra en una nueva fase. Una con potencia para ejecutar operaciones militares limitadas, pero de alto calado estratégico. El Pentágono ha despachado a la zona un grupo aeronaval encabezado por un portaaviones nuclear dotado de más aviones de combate que toda la fuerza aérea venezolana. En paralelo, fuerzas de operaciones especiales y bombarderos estadounidenses se ejercitan en aguas cercanas a las costas de Venezuela.
Unos actos de demostración de fuerza que avisan al régimen de Nicolás Maduro de la predisposición de Estados Unidos de golpear dentro de las fronteras de Venezuela. Lo que empezó como una operación antidroga podría derivar en una crisis de consecuencias imprevisibles.
El día 24 de octubre de 2025, el Departamento de Defensa (ahora de Guerra) de Estados Unidos anunció el envío del grupo aeronaval encabezado por el portaaviones nuclearUSS Gerald R. Ford al aérea de responsabilidad del Comando Sur. Esto son más de 100.000 toneladas de diplomacia militar, con una importante cantidad de cazabombarderos, plantadas a pocos kilómetros de territorio venezolano.
El grupo aeronaval del USS Gerald R. Ford (carrier strike group, en la terminología de la armada estadounidense) lo forma el más moderno de los portaaviones nucleares estadounidenses y cuatro destructores de escolta. Estaban desplegados frente a Dubrovnik, en la costa adriática de Croacia, cuando les llegó la orden de poner rumbo al Caribe. Previamente, habían realizado ejercicios con buques de la OTANen aguas noruegas, al norte del Círculo Polar Ártico. El USS Gerald R. Ford levó anclas el día 26 de octubre y tardará aproximadamente una semana en llegar a su destino.
El primer indicio de movimientos de importancia el Mar Adriático fue el vuelo de un avión de patrulla marítima Boeing P-8 Poseidón realizando patrones de búsqueda y cuyo rastro fue seguido por la comunidad de inteligencia de fuentes abiertas. Posiblemente, no todos los cuatro destructores acompañen al USS Gerald R. Ford al Caribe, donde ya hay un importante despliegue de buques de combate.
La presencia de un crucero clase Ticonderoga y varios destructores clase Arleigh Burke significaba que, en caso de realizar operaciones de ataque dentro de las fronteras de Venezuela, el arma principal a emplear sería los misiles de crucero Tomahawk que los buques estadounidenses llevan discretamente en los silos verticales Mk.41 VLS. Es el mismo alojamiento que emplean los misiles antiaéreos SM-2 y SM-6, por lo que las cantidad de misiles Tomahawk transportadas nunca son conocidas.
El despliegue de un portaaviones nuclear aumenta las opciones militares si el presidente de los Estados Unidos decidiera emprender acciones ofensivas contra Venezuela. El USS Gerald R. Ford embarca el 8ª Ala Aérea Embarcada, formada por tres escuadrones de cazabombarderos monoplaza F/A-18 Super Hornet, un escuadrón de cazabombarderos biplazas F/A-18F Super Hornet, un escuadrón de aviones de guerra electrónica EA-18G Growler y un escuadrón de aviones de alerta aérea temprana E-2D Hawkeye, además de un escuadrón de transporte logístico y varios escuadrones de helicópteros.
El número de aviones embarcados varía en función de la disponibilidad y misión encomendadas, sumando normalmente cada ala aérea en torno a los 70 ejemplares. De ese total, el grueso de aviones de combate F/A-18E, F/A-18F y EA-18G suman más de la mitad. Esto significa que cuando llegue a su zona de operaciones, el USS Gerald R. Ford tendrá a sus disposición más aviones de combate que la fuerza aérea venezolana.
¿Y el mellado escudo venezolano?
La Fuerza Aérea de Venezuela (FAV) llegó a ser un cliente privilegiado de la industria militar estadounidense, recibiendo un lote de 24 cazas F-16A Bloque 15 en 1983. Por aquel entonces, no existía en toda Iberoamérica una fuerza aérea con un modelo tan avanzado. Inicialmente se pusieron pegas desde la Casa Blanca a la transferencia de este diseño de primera línea. Objeciones que fueron vencidas apelando a la potencial amenaza de los MiG-23 y MiG-21 soviéticos de la fuerza aérea cubana, junto a los planes de la Nicaragua sandinista de adquirir también MiG-21.
El cambio de alianzas geopolíticas del país llevó a la búsqueda de nuevas proveedores, llegando a Venezuela cazabombarderos 24 Sujoi Su-30Mk2 rusos y 24 entrenadores Hongdu K-8 Karakorum chinos. Estos últimos carecen de radar, emplean fundamentalmente armamento no guiado y pueden ser dotados de misiles aire-aire PL-5E, por lo que su capacidad de enfrentarse a aviones modernos es muy liimitada. Los cazabombarderos Su-30MK2, encuadrados en los Grupos Aéreos de Caza 11 y 13, son en cambio la verdadera punta de lanza de la aviación militar venezolana.
Cuando llegaron los Su-30MK2 a Venezuela en 2006 dotaron al país, al menos sobre el papel, de los aviones de combate más avanzados de Hispanoamérica. Sin embargo, su operatividad se cuestiona por los problemas económicos del país y la falta de repuestos. Un informe de la organización civil Control Ciudadano de 2022 alertaba del aumento de los accidentes de aeronaves militares en Venezuela y señalaba "problemas de obsolescencia de sistemas y de mantenimiento y falta de repuestos".
Más recientemente, el medio especializado Pucará Defensa, ofrecía una cifra de entre 2 y 4 ejemplares operativos de cada uno de los dos modelos de avión de combate. Una cifra que, de ser cierta, sería sorprendentemente baja.
La situación de los aviones de combate no parece ser muy diferente de otras ramas de las fuerzas armadas del pías. La defensa del espacio aéreo venezolano corre a cargo del Comando de Defensa Aeroespacial Integral (CODAI), que combina varios modelos de sistemas de defensa antiaéreos rusos como el S-125 Pechora-2M, BUK-M2E y S-300VM con radares chinos de largo alcance.
El despliegue del portaaviones nuclear USS Gerald R. Ford no es la única novedad dentro de las operaciones militares estadounidenses en el Caribe. Bombarderos B-52 Stratofortress y B-1 Lancer han realizado diversos vuelos partiendo de suelo estadounidense para atravesar el Caribe y pasearse frente a la costa de Venezuela por aguas y cielos internacionales.
El despliegue de esos bombarderos, que suele ser habitual, es un recordatorio de que la suma de una gran autonomía y una enorme flota de aviones de reabastecimiento en vuelo, permite a Washington golpear globalmente. En el pasado los bombarderos furtivos B-2 realizaron misiones desde suelo estadounidense contra objetivos en Oriente Medio y Asia Central demostrando que la distancia no es un obstáculo.
En el Caribe también se ha constatado la presencia del buque MV Ocean Trader , un antiguo buque civil portacontenedores modificado para servir de base flotante de las fuerzas de operaciones especiales estadounidenses.
Mientras que los helicópteros especializados MH-60M Blackhawk y MH-6M Little Bird, que emplea el 160º Regimiento de Aviación de Operaciones Especiales, fueron fotografiados cerca de una plataforma petrolífera en la costa de Trinidad y Tobago. Durante los años 80 las fuerzas de operaciones especiales estadounidenses fueron desplegadas en el Golfo Pérsico en la operació de escolta de petroleros kuwaitíes y participaron en acciones ofensivas contra buques y plataformas iraníes.
La actual acumulación de fuerzas estadounidenses en el Caribe está lejos de la empleadas en la operación "Causa Justa" en Panamá en 1989 o la invasión de Iraq de 2003, donde se produjeron cambios de régimen respaldados por varias divisiones de infantería.
La entidad de la actual fuerza en el Mar Caribe apunta a que si Donald Trump plantea acciones ofensivas contra Venezuela será una campaña limitada, como por ejemplo la vista contra los hutíes en Yemen, con operaciones aéreas y lanzamiento de misiles Tomahawk contra objetivos en tierra pero sin que se haya "botas sobre el terreno".
La única pista sobre un potencial despleigue de más entidad la da que la IIª Fuerza Expedicionaria de Infantería de Marina, un cuartel general de entidad división, ha sido puesto al frente de una fuerza de tarea dentro del Mando Sur para la lucha contra el narcotráfico. Pero la decisión no ha sido acompañada del despliegue de más unidades del ejército o de la infantería de marina, manteniendo esta última en el Caribe sólo un batallón reforzado.
Los logros alcanzados por la actual operación son la destrucción de varias embarcaciones que presuntamente transportaban droga y que en otras circunstancias habrían sido detenidas por la Guardia Costera estadounidense, cuyos tiradores a borde de helicóptero son capaces de inhabilitar los motores de embarcaciones ligeras.
Ahora en cambio hemos visto incluso la destrucción de un narcosubmarino, una embarcación que no supone una amenaza militar, mediante los disparos de 25mm de un avión cañonero AC-130. Se trata de métodos contundentes pero no realmente necesarios que proporcionan una imagen de "mano dura" para el gobierno de Donald Trump y que son un mensaje de consumo interno para su electorado. Las dudas sobre su legalidad fueron posiblemente la causa del prematuro paso a retiro del jefe del Mando Sur, el almirante Alvin Holsey, al que le quedaban dos años de mandato.
La duda a resolver es si en la Casa Blanca están convencidos de que la combinación de una reducción de los tráficos ilícitos que parten de Venezuela, operaciones encubiertas de los servicios de inteligencia y una campaña militar limitada puede llegar a producir un cambio de régimen en Venezuela, un país con graves problemas económicos y serias carencias en servicios públicos.
Si se produjera tal cambio de régimen la tarea del nuevo gobierno para solucionar los problema del país sería titánica. Y siempre cabe la posibilidad de que la resistencia de elementos del régimen caído junto a grupos armados del crimen organizado pudieran hacer ingobernable el país.
Tras varias semanas de operaciones militares contra supuestas narcoembarcaciones ligeras, el despliegue estadounidense en el Caribe entra en una nueva fase. Una con potencia para ejecutar operaciones militares limitadas, pero de alto calado estratégico. El Pentágono ha despachado a la zona un grupo aeronaval encabezado por un portaaviones nuclear dotado de más aviones de combate que toda la fuerza aérea venezolana. En paralelo, fuerzas de operaciones especiales y bombarderos estadounidenses se ejercitan en aguas cercanas a las costas de Venezuela.