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Jodorkovski: "Solo se puede negociar con Putin si se amenaza a su vida y su entorno"
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Entrevista a Mijaíl Jodorkovski

Jodorkovski: "Solo se puede negociar con Putin si se amenaza a su vida y su entorno"

Jodorkovski conoce de cerca los círculos del poder en Rusia. Fue uno de los símbolos de la oligarquía que emergió tras el colapso de la Unión Soviética. Ahora, el Kremlin le acusa de intento de golpe de Estado

Foto: Mijail Jodorkovski, antiguo presidente de la compañía petrolífera Yukos. (Getty/Sean Gallup)
Mijail Jodorkovski, antiguo presidente de la compañía petrolífera Yukos. (Getty/Sean Gallup)
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En su momento el hombre más rico de Rusia, Mijail Jodorkovski es hoy una de las principales voces de la oposición rusa en el exilio y fundador del Comité Antibélico de Rusia, una plataforma que se opone a la guerra de Vladímir Putin en Ucrania. Hace apenas unos días, el 14 de octubre, el servicio de inteligencia interior (el FSB) le acusó de presuntamente planificar un golpe de Estado contra el Gobierno. Las acusaciones han sido catalogadas por Jodorkovski como "absurdas" y pensadas para desalentar cualquier organización de la oposición rusa en el exilio. "El Kremlin entiende perfectamente que una legitimidad para la oposición rusa podría convertirse en un factor político muy importante en caso de una... transferencia repentina del poder", afirmó al Financial Times.

En entrevista ahora con El Confidencial, explica que solo una amenaza personal podría obligar a Putin a detener su ejército en Ucrania y sentarse a la mesa de negociación. También lanza una advertencia a la Unión Europea: debe rearmarse y convertirse en un verdadero sujeto político, o corre el riesgo de transformarse en un vasallo del Kremlin. Al mismo tiempo, asegura que hay que prepararse para la transición tras Putin, un momento en el que se abrirá una ventana de oportunidad para Rusia y Occidente.

PREGUNTA. ¿Cuál es su visión respecto a las negociaciones sobre la guerra en Ucrania?

RESPUESTA. La situación es simple: Putin cree que puede obtener al menos todo el Donbás, mientras que [Volodímir] Zelenski no puede ceder las zonas que Rusia aún no ha ocupado. La sociedad ucraniana difícilmente aceptaría algo así y Zelenski perdería su posición. Por lo tanto, en ausencia de imprevistos, todos esperarán hasta que las tropas rusas conquisten los territorios que Putin considera necesarios.

P. En Rusia, muchos analistas creen que Trump tiene palancas de influencia sobre Zelenski y que puede obligarlo a aceptar que las fuerzas ucranianas salgan del Donbás.

R. Trump no puede presionar demasiado a Zelenski, porque sabe cuál es la posición dentro de su propio electorado. Y esa posición, según las encuestas, muestra que la sociedad estadounidense hoy en día —incluidos los republicanos, en gran medida— apoya a Ucrania. Otra cosa es que este tema no está entre los más urgentes para los estadounidenses. Por lo tanto, Trump no quiere de ninguna manera aparecer como el que ha abandonado a Kiev.

P. Hemos visto que Trump intenta presionar a Putin con sanciones económicas. ¿Será suficiente para obligarlo a sentarse a la mesa de negociaciones?

R. Sin crear una amenaza para Putin de carácter personal, no hay alternativa a lo que hablábamos antes. Putin percibe la posible entrega de misiles Tomahawk a Ucrania exactamente como una amenaza a su vida y a la de su entorno. Y ese es el nivel máximo de amenaza. Es decir, la respuesta puede ser cualquiera. Pero después de hablar con Putin, Trump retrocede y así debilita su posición negociadora. Y Putin inmediatamente vuelve a su antigua línea de negociación.

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Jodorkovski conoce de cerca los círculos del poder en Rusia. Fue uno de los símbolos de la oligarquía que emergió tras el colapso de la Unión Soviética, amasando una inmensa fortuna como presidente de Yukos, entonces una de las mayores petroleras del país. A comienzos de los años 2000 fue acusado de fraude y otros delitos económicos —acusaciones que él considera una represalia por su oposición a Vladímir Putin— y condenado a una década de prisión en una cárcel siberiana. En diciembre de 2013 fue indultado y forzado al exilio.

Tras años en Occidente, el Servicio Federal de Seguridad ruso (FSB) movió ficha hace dos semanas contra Jodorkovski y los otros miembros del Comité Antibélico de Rusia en dos causas penales: una por intento de toma violenta del poder y otra por organizar y participar en una organización terrorista, en teoría, en connivencia con unidades militares ucranianas. Aunque Rusia ha utilizado en numerosas ocasiones todas sus armas legales, policiales o judiciales para la persecución de la disidencia política, este caso marca un nuevo nivel. Paralelamente, nos da una pista, quizá, de la creciente preocupación del Kremlin por cualquier influencia que puedan tener los exiliados en el extranjero, pese a las afirmaciones oficiales de que la oposición es irrelevante.

De hecho, las acusaciones contra Jodorkovski llegaron poco después de que la Asamblea Parlamentaria del Consejo de Europa anunciara la creación de una plataforma de diálogo con la oposición rusa en el exilio.

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P. Usted dijo que Putin es una persona que "solo entiende el lenguaje de la fuerza". ¿Qué debe hacer Europa para aplicar esa fuerza sin arriesgarse a la Tercera Guerra Mundial?

R. Sin arriesgarse a la Tercera Guerra Mundial no se puede hacer nada. Y lo que hoy en día ve Putin es que Europa Occidental no se involucra, y que los aliados occidentales, sin contar Estados Unidos, producen en un año tantas armas como Rusia produce en un mes, y nada cambia. Desde este punto de vista, Europa no es un sujeto en las conversaciones. Lo que Europa puede hacer es presentarle a Putin que realmente, en 2028 y quizás incluso en 2027, comenzará a producir armas y equipamiento militar en la misma cantidad que Rusia produce hoy. Si Europa toma tal decisión, se convertirá en un sujeto político. Si no toma esa decisión, significa que parte de su soberanía la está cediendo no solo a Estados Unidos, sino también a Rusia. Eso ya ocurrió antes en la historia de Europa, cuando Rusia fue llamada el gendarme de Europa, cuando ningún asunto europeo se resolvía sin la palabra del emperador ruso.

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P. Muchos piensan que Rusia no tiene intención de ir más allá de Ucrania y atacar territorios de la OTAN. ¿Qué les diría usted?

R. Yo les diría que la última vez que Putin dijo que no tenía reclamaciones territoriales hacia Ucrania fue a finales de 2021, es decir, muy poco antes de la guerra. Mirando hacia atrás, podemos decir que cuatro veces, cuando su popularidad bajó, comenzó una guerra: en Chechenia, en Georgia y dos veces en Ucrania. Que su popularidad bajará es evidente, porque en cuanto se detenga la guerra, la sociedad rusa comprenderá que su nivel de vida no crece desde hace diez años. Ahora también lo entiende, pero todo se justifica por la guerra. Después, ya no podrá justificarse. Además, quienes hoy participan en la guerra recibirán una reducción de cinco veces en su salario. Todo esto no será bueno para Putin. ¿Y cómo resolverá ese nuevo problema? Su método es una nueva guerra. ¿Quién será el objetivo? Probablemente Europa tendrá que enterarse entonces.

P. ¿Por qué cree usted que las autoridades rusas decidieron tomar estas medidas contra ustedes, la acusación del golpe y de terrorismo, justo ahora?

R. Lo único verdaderamente cierto en estas acusaciones está relacionado con la decisión de la Asamblea Parlamentaria del Consejo de Europa. Porque durante los últimos 25 años, el Kremlin ha estado preocupado sobre todo por impedir la consolidación de la oposición. Y de repente ocurre un evento dentro del cual una gran parte de la oposición rusa se une en el marco de un proyecto así, y obtiene una cierta legitimidad por parte de organismos como la PACE, que sigue siendo una institución respetada.

Esto es desagradable para el poder, pero no representa una amenaza directa… salvo por una cosa: si el poder espera que vaya a haber un tránsito en un futuro cercano, entonces, en ese caso, todos los que recibirán el poder tendrán una legitimidad dudosa. Y en esa situación, la existencia de un punto alternativo de consolidación y reconocimiento se vuelve realmente peligrosa. Si ellos tienen la sensación de que la transición no comenzará dentro de 7–10 años, sino en un futuro cercano, entonces se entiende su reacción furiosa.

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P. ¿Cree usted que los días de Putin están contados?

R. Los dictadores rusos suelen dejarnos entre los 70 y 80 años, y Putin ya está en ese intervalo. Puede dejarnos en cualquier momento por causas inevitables. Rusia tiene una amplia experiencia en transiciones de poder de dictadores, y no hay ejemplos de que el curso político continúe sin cambios. Además, el entorno de Putin está descontento con la guerra. A nadie le hace falta excepto a Putin. Esta situación cambiará, independientemente de quién sea el sucesor. Y eso será una ventana de oportunidad. Y surge la pregunta: ¿hasta qué punto Occidente estará preparado para aprovechar esa ventana o ayudar a quienes considera sus aliados políticos en Rusia?

P. La oposición rusa en el extranjero tiene hoy muy poca influencia sobre lo que ocurre dentro de Rusia. Entonces, ¿qué papel puede desempeñar?

R. Estoy totalmente de acuerdo. Dado que en Rusia hay totalitarismo, es evidente que dentro de Rusia no existe una oposición influyente, ni puede existir. Entonces, ¿para qué sirve la oposición? Primero: limita el espacio de maniobra del Kremlin. En condiciones de guerra, eso ya es importante. Que el Kremlin tema decretar otra movilización —en mi opinión— es también resultado del trabajo de la oposición. Se le dice a la gente: "esto no es correcto, puede haber otro camino; si rechazan la movilización, habrá quienes les ayuden". Segundo: sostiene la parte significativa de la sociedad que mantiene posiciones proeuropeas y anti-guerra. Son menos que en tiempos normales, pero aun así, alrededor de 15–20%. Estas personas deben mantenerse, porque limitan la libertad de maniobra del Kremlin y serán muy importantes en el momento de la transición.

En su momento el hombre más rico de Rusia, Mijail Jodorkovski es hoy una de las principales voces de la oposición rusa en el exilio y fundador del Comité Antibélico de Rusia, una plataforma que se opone a la guerra de Vladímir Putin en Ucrania. Hace apenas unos días, el 14 de octubre, el servicio de inteligencia interior (el FSB) le acusó de presuntamente planificar un golpe de Estado contra el Gobierno. Las acusaciones han sido catalogadas por Jodorkovski como "absurdas" y pensadas para desalentar cualquier organización de la oposición rusa en el exilio. "El Kremlin entiende perfectamente que una legitimidad para la oposición rusa podría convertirse en un factor político muy importante en caso de una... transferencia repentina del poder", afirmó al Financial Times.

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