Es noticia
Países Bajos celebra sus elecciones más atípicas: Wilders va en cabeza, pero no gobernará
  1. Mundo
El dique sanitario

Países Bajos celebra sus elecciones más atípicas: Wilders va en cabeza, pero no gobernará

Las encuestas sitúan de nuevo al PVV de Wilders en cabeza, pero con un problema mayúsculo a la hora de formar gobierno: casi todos los partidos restantes se han comprometido a no pactar con él

Foto: Geert Wilders. (Reuters/Piroschka van de Wouw)
Geert Wilders. (Reuters/Piroschka van de Wouw)

Los neerlandeses vuelven a votar este miércoles en la que será su tercera elección general en apenas cinco años. El país que durante décadas encarnó el consenso, el compromiso y el pragmatismo político llega a las urnas inmerso en una crispación inédita y ante el probable escenario de que la fuerza más votada sea incapaz de reunir una mayoría para gobernar. Toda una anomalía en un sistema político acostumbrado a hacer de la fragmentación una virtud, con 27 partidos en liza y más de 15 con opciones de obtener representación parlamentaria.

La convocatoria llega tras el colapso del Gobierno de Dick Schoof, una suerte de tecnócrata independiente nombrado primer ministro apenas once meses atrás. Su Ejecutivo saltó por los aires en junio, después de que el Partido por la Libertad (PVV), la formación de extrema derecha de Geert Wilders, abandonara la coalición de Gobierno. La justificación de esta salida fue el rechazo de sus socios a un plan migratorio presentado de forma súbita y que incluía un despliegue del Ejército para asegurar las fronteras y el rechazo automático de cualquier solicitud de asilo en el país.

El movimiento fue ampliamente interpretado como una detonación controlada de Wilders del mismo Gobierno que su partido lideraba. La coalición —formada por el PVV, el movimiento agrario BBB, el centrista Nuevo Contrato Social (NSC) y los liberales del VVD— se había transformado en un gabinete atenazado por las tensiones internas y encabezado por un primer ministro sin autoridad política alguna, lo que le impidió sacar legislación adelante. Antes de cargar con su desgaste, el líder ultraderechista prefirió hacerlo saltar por los aires.

Ahora, las encuestas sitúan de nuevo al PVV de Wilders en cabeza, pero a una distancia muy estrecha del resto de partidos y con un problema mayúsculo a la hora de formar gobierno: casi todos los partidos restantes se han comprometido a no pactar con él bajo ninguna circunstancia.

El segundo lugar en las encuestas, a unos cuatro puntos porcentuales de distancia de Wilders, lo ocupa Frans Timmermans. El veterano político, exvicepresidente de la Comisión Europea, vuelve a liderar la misma coalición entre Verdes y Socialdemócratas (GroenLinks-PvdA) que en 2023 parecía destinada a ganar las elecciones, pero a la que Wilders adelantó por la derecha. A continuación se sitúa el Partido Demócrata Cristiano (CDA), que tras una debacle histórica en los últimos comicios parece haber renacido bajo el mando de Henri Bontenbal, un físico y asesor energético que ha prometido “hacer la política aburrida otra vez”.

El partido con más capacidad de dar la sorpresa es el liberal-progresista D66, que ha experimentado un ascenso meteórico en algunas encuestas a lo largo de las últimas semanas. Un movimiento probablemente impulsado por el buen desempeño en los debates de su líder, Rob Jetten, el exministro de Clima y Política Energética de apenas 38 años que se ha lanzado a seducir a votantes moderados con un tono optimista y europeísta.

placeholder El líder del PVV, Geert Wilders, conversa con el candidato de D66, Rob Jetten, antes del último debate televisado de la campaña. (EFE)
El líder del PVV, Geert Wilders, conversa con el candidato de D66, Rob Jetten, antes del último debate televisado de la campaña. (EFE)

Gran parte de estas fugas proceden del VVD, la formación liberal-conservadora con la que el actual secretario general de la OTAN, Mark Rutte, dominó la política neerlandesa durante más de una década. Hoy, sin embargo, atraviesa horas bajas: la mayoría de las encuestas apenas le conceden en torno al 10% de los votos.

Si los sondeos se confirman —algo nada garantizado, dado que en 2023 las encuestas subestimaron en más de diez escaños el apoyo a Wilders—, la mayoría de los analistas neerlandeses anticipan una futura coalición de centro compuesta por tres de estos cuatro partidos mayoritarios ajenos al PVV, siempre que logren sumar los 76 de 150 escaños necesarios para la mayoría. De cumplirse ese escenario, sería la primera vez en medio siglo que el partido vencedor de unas elecciones neerlandesas queda fuera del gobierno.

La única formación de peso que parece dispuesta a pactar con Geert Wilders es JA21, otro partido de derecha radical liderado por Joost Eerdmans y Annabel Nanninga que cuenta con un apoyo en torno al 7% según las encuestas. Un aliado insuficiente para el tipo de respaldo que el líder del PVV necesitaría.

Los dos pilares de la elección

Más allá de los nombres y las siglas, la elección se juega en torno a dos asuntos que concentran la ansiedad nacional: la vivienda y la inmigración.

Foto: vivienda-precios-alquiler-bce-eurostat-especulacion-burbuja

La escasez de vivienda no es un fenómeno nuevo en el país, pero, como en la gran mayoría de Europa, ha ganado una enorme prominencia en los últimos años. Según cálculos oficiales, faltan unas 430.000 casas para satisfacer las necesidades de un país de apenas 18 millones de habitantes. De ellas, más de 350.000 corresponden a solicitantes de asilo o familias migrantes y 80.000 a neerlandeses, en su mayoría jóvenes que buscan su primera vivienda.

Las principales causas de esta escasez, según analistas consultados por El Confidencial, responden a la liberalización del mercado inmobiliario iniciada en los noventa, la progresiva privatización de las corporaciones de vivienda social —que durante décadas fue uno de los pilares del Estado del bienestar neerlandés— y los límites físicos del país más densamente poblado de la UE, donde el suelo disponible compite con las exigencias agrícolas y las normativas medioambientales.

El resultado es un sector importante de neerlandeses de clase media que se sienten expulsados de las ciudades, jóvenes atrapados en habitaciones compartidas y migrantes obligados a permanecer meses o incluso años en centros de acogida saturados. En una encuesta realizada en septiembre por EenVandaag, un 46% del electorado mencionaba la vivienda como el asunto de mayor importancia de cara a las elecciones.

En primer lugar, no obstante, se encontraba la inmigración.

Como también ocurre en España, en 2024, la población de Países Bajos creció principalmente por el saldo migratorio, con 316.000 llegadas netas. En el discurso del Wilders y otros partidos de ultraderecha, ambos problemas se han fundido en una misma narrativa: la de un país que ya no puede “cuidar de los suyos”. La idea de que no hay sitio para todos ha calado entre gran parte del electorado y las manifestaciones contra la apertura de centros de acogida de refugiados se han multiplicado, algunas con episodios de violencia.

Foto: como-geert-wilders-dinamito-gobierno

En 2024 las solicitudes de asilo disminuyeron un 16%, hasta 32.200, y Países Bajos ocupa el puesto 14º en Europa en número relativo de peticiones. Pero la percepción pública va en la dirección contraria. Un 37% de los votantes dice preocuparse por la “identidad neerlandesa”. Según explicaba a Al Jazeera el sociólogo Mark van Ostaijen, profesor de la Erasmus University de Róterdam, la inmigración se ha convertido en un tema transversal que atraviesa la vivienda, la sanidad, la educación y la política cultural. “Este será un tema que rondará nuestra política y nuestro discurso y toma de decisiones democráticas durante bastante tiempo”, afirmó.

Muestra de ello es que la práctica totalidad del espectro político ha propuesto medidas para contener la inmigración en Países Bajos. El PvdA–GroenLinks, de Timmermans, defiende desde 2023 límites a la migración neta anual. El CDA, de Bontenbal, propone endurecer la política de refugiados, acortar la duración de los permisos temporales y reforzar la cooperación con países de origen para facilitar los retornos. Y el VVD, ahora liderado por Dilan Yesilgöz, aboga por reducir el número total de solicitantes de asilo, restringir la reunificación familiar y endurecer las condiciones para obtener la residencia.

Serán las urnas las que decidan si estos posicionamientos son suficientes para frenar al PVV de Wilders. Países Bajos no es ajeno a las crisis políticas: más de la mitad de sus gobiernos en los últimos cincuenta años han caído antes de completar el mandato. Pero esas rupturas han acabado integrándose en el propio equilibrio del sistema, que siempre ha sabido recomponerse a través de nuevos pactos. Durante décadas, el país ha sabido reinventar el consenso tras cada colapso. La incógnita, en estas elecciones, es si ese reflejo aún sobrevive en un país donde prácticamente ninguna formación parece dispuesta siquiera a sentarse con el partido más votado.

Los neerlandeses vuelven a votar este miércoles en la que será su tercera elección general en apenas cinco años. El país que durante décadas encarnó el consenso, el compromiso y el pragmatismo político llega a las urnas inmerso en una crispación inédita y ante el probable escenario de que la fuerza más votada sea incapaz de reunir una mayoría para gobernar. Toda una anomalía en un sistema político acostumbrado a hacer de la fragmentación una virtud, con 27 partidos en liza y más de 15 con opciones de obtener representación parlamentaria.

Países Bajos
El redactor recomienda