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Descomposición en la Iglesia anglicana: los ultras fuerzan un 'golpe de Estado' contra la delfín de Carlos III
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Una 'deriva liberal' que no ha sido aceptada

Descomposición en la Iglesia anglicana: los ultras fuerzan un 'golpe de Estado' contra la delfín de Carlos III

La Iglesia anglicana podría estar al borde de una ruptura sin precedentes que termine en un cisma, dejando atrás la institución tal y como la conocemos hoy

Foto: Anuncio de la nueva arzobispa de Canterbury que dirigirá la Iglesia de Inglaterra. (Reuters/Toby Melville)
Anuncio de la nueva arzobispa de Canterbury que dirigirá la Iglesia de Inglaterra. (Reuters/Toby Melville)
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En 2001, cuando estaba a punto de cumplir los 40, Sarah Mullally tomó una decisión que transformó su vida y que, probablemente sin imaginarlo, acabaría sacudiendo los cimientos de la Iglesia anglicana. Una institución que, en 2034, conmemorará cinco siglos de existencia tras el cisma provocado por la ruptura entre Enrique VIII y Roma.

Ese año, Mullally —entonces enfermera dedicada al cuidado de pacientes con cáncer— fue ordenada sacerdotisa, iniciando un recorrido que culminó el pasado 3 de octubre, al convertirse en la primera mujer en ser nombrada arzobispa de Canterbury en los 491 años de historia del anglicanismo, aunque la diócesis ya existía desde el siglo VI.

Se trata del cargo eclesial de mayor rango en la Iglesia de Inglaterra, que si considera al monarca inglés —en este caso Carlos III— el "gobernante supremo", tiene ahora en esta mujer a la auténtica guía espiritual y moral de la Comunión Anglicana mundial y a sus 85 millones de fieles repartidos en 165 países, en 47 iglesias diferentes, que se organizan en 42 provincias autónomas e interdependientes y 5 iglesias extraprovinciales.

Cuando en marzo de 2026 tenga lugar su ceremonia de investidura como la 106.ª arzobispa de Canterbury, la antigua enfermera de cuidados paliativos —que hace apenas siete años se convirtió también en la primera obispa de Londres— pasará a ser primus inter pares entre los obispos de las otras 41 provincias anglicanas, con la tarea de convocar la Reunión de Primados y la Conferencia de Lambeth, los principales órganos deliberativos de la comunión.

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Sin embargo, para entonces, si prosperan las amenazas que llegan desde algunas de estas provincias —especialmente en África y Asia—, la Iglesia anglicana podría estar al borde de una ruptura sin precedentes que termine en un cisma, dejando atrás la institución tal y como la conocemos hoy.

"¿Una enfermera liberal para dirigir una iglesia moribunda? "Parece que la Iglesia de Inglaterra se está autoeutanasiando"; "Con poca formación e inexperiencia, y con un trabajo adecuado en otro lugar, la única razón por la que se convirtió en obispo fue que era mujer cuando las mujeres eran deseadas y escaseaban"… Este ha sido el tenor de la acogida a este nombramiento en los últimos días por parte de algunos teólogos anglicanos del hemisferio norte, aunque el golpe de mano vino de África, del bloque conservador agrupado en la Conferencia Global del Futuro Anglicano (GAFCON), creado en 2008 debido a lo que varios obispos consideraron el "abandono de las Escrituras por parte de algunos de los líderes más importantes de la Comunión Anglicana y para buscar su arrepentimiento".

Deriva liberal

Desde entonces, su desacuerdo ha ido creciendo con lo que considera una deriva liberal, a la par que la Iglesia de InglaterraCanterbury— avanzaba en la ordenación de mujeres (2014), la acogida a los homosexuales y finalmente, la bendición de parejas del mismo sexo (2023). Esto estuvo a punto de provocar hace dos años el cisma larvado que se viene cocinando desde comienzos del tercer milenio. Ya directamente el matrimonio entre sacerdotes o sacerdotisas les ha parecido aberrante.

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"No hemos abandonado la Comunión Anglicana; somos la Comunión Anglicana". Con un contundente comunicado saludó ahora GAFCON la elección de Mullally —ratificada por Carlos III—, una inequívoca declaración rupturista en la que invita al resto de iglesias anglicanas a la rebelión contra "la Iglesia Madre" de Inglaterra, anunciando que toma las riendas del anglicanismo mundial.

"El reinicio de nuestra amada Comunión está ahora únicamente en manos de GAFCON y estamos listos para tomar la iniciativa", declara solemne Laurent Mbanda, el cabecilla de la revuelta y primado de la Iglesia Anglicana de Ruanda, en el continente en donde se estima que viven dos tercios de quienes practican esta confesión religiosa.

En ese comunicado, los críticos con el nombramiento de Mullally —que no admiten tener que estar supeditados a la guía espiritual de una mujer— han puesto incluso fecha y lugar al cisma: del 3 al 6 de marzo de 2026, en Abuja, Nigeria, coincidiendo ­—salvo "arrepentimiento"— con la toma de posesión de la arzobispa de Canterbury en la catedral de esa localidad inglesa. Será entonces cuando este grupo de 26 iglesias cismáticas constituirá la Comunión Anglicana Global.

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Y para que vean que van en serio, desde ya rechazan la autoridad de Canterbury y demás órganos de gobierno y deliberación porque, aducen, "no podemos seguir teniendo comunión con aquellos que propugnan la agenda revisionista, que ha abandonado la palabra inerrante de Dios como autoridad final". Animan, además, "a las provincias que aún no lo hayan hecho a que modifiquen su constitución para eliminar cualquier referencia a la comunión con la Sede de Canterbury y la Iglesia de Inglaterra".

Por supuesto, también cesan con cualquier tipo de contribución económica con quienes consideran que "no han logrado defender la doctrina y la disciplina de la Comunión Anglicana". Frente a esto, los rebeldes —entre los que están líderes de provincias en Alejandría, Chile, Congo, Kenia, Myanmar, Nigeria, Sudán del Sur y Uganda, así como facciones separatistas como la Iglesia Anglicana en América del Norte— prometen "reordenar" el anglicanismo para que la Biblia sea "traducida, leída, predicada, enseñada y obedecida en su sentido sencillo y canónico, respetuosa de la lectura histórica y consensual de la Iglesia".

A las críticas de GAFCON se han unido las de la Comunidad de Iglesias Anglicanas del sur global, que agrupa a 12 provincias de África, América del Sur y Oceanía, creando de esta manera un frente que supone en la práctica la pérdida de autoridad moral para la Iglesia de Inglaterra y los países occidentales, tradicionalmente con más peso en esa comunión. Aboca, además, al mayor cambio en la estructura del anglicanismo desde su origen en el siglo XVI.

Enseñanzas "antibíblicas"

Sin embargo, hay que decir que no todos han recibido de una manera tan contundente el histórico nombramiento de la primera arzobispa de Canterbury. Hay varias provincias, entre ellas la de España, que apoyan el nombramiento de Mullally, aunque será difícil reconducir un debate con posturas tan encontradas como las que mantiene GAFCON por boca de su presidente Mbanda, para quien la exenfermera "ha promovido repetidamente enseñanzas antibíblicas y revisionistas con respecto al matrimonio y la moralidad sexual".

Esta seria amenaza de cisma no es el único riesgo que afronta la Iglesia de Inglaterra. Ya lo 'profetizó' en 2013, quien había sido el arzobispo de Canterbury. "Estamos a solo una generación de la extinción", dijo entonces Lord George Carey, atendiendo a la caída en picado de fieles. Aunque hay 23 millones de bautizados sobre una población inglesa de 57 millones (41%), solo el 12% se identifican como anglicanos y únicamente el 4,3%, unos 2,5 millones de personas, se consideran fieles comprometidos.

En esto, la Iglesia de Inglaterra comparte los mismos males que la Iglesia católica, sobre todo en el hemisferio norte. Ambas sufren un galopante proceso de secularización en donde los casos de abusos sexuales por parte del clero no han hecho más que agudizar, y precisamente el ocultar casos fue lo que llevó al anterior arzobispo de Canterbury, Justin Welby, a presentar su renuncia hace ahora un año.

Pero la crisis de la Iglesia en Inglaterra es un espejo en el que se refleja de alguna manera la que afecta a la católica. Mientras en un hito histórico celebrado en la Capilla Sixtina el pasado 23 de octubre el rey de Inglaterra y el papa León XIV rezaban juntos por primera vez en casi un siglo, un gesto de acercamiento tras siglos dándose la espalda, desde el Sur las voces de iglesias, anglicanas y católicas, reclaman más fidelidad a la Tradición.

Foto: El papa León XIV recibe al rey Carlos III de Inglaterra y la reina Camila. (Foto: Cordon Press/Cecilia Fabiano)

Tampoco en África gustó la polémica declaración Fiducia supplicans firmada por el papa Francisco en diciembre de 2023, mediante la cual se permitía la bendición de parejas homosexuales. También entonces la rebelión salió de aquel continente, donde los obispos no se escandalizan tanto si los curas tienen su propia familia, pero donde algunos apoyan la pena de muerte con la que son condenados los homosexuales.

Liderando a los críticos con esa declaración, el cardenal Ambongo, de la República Democrática del Congo, se plantó en el Vaticano. Amenazaba incendio en uno de los graneros del catolicismo mundial y Francisco tuvo que ceder para dejar a Fiducia supplicans sin vigencia en las iglesias africanas, quitando así los argumentos a quienes hacía tiempo venían amenazando con un cisma. No lo tendrán tan sencillo en la Iglesia anglicana, donde el cisma ya está en marcha.

En 2001, cuando estaba a punto de cumplir los 40, Sarah Mullally tomó una decisión que transformó su vida y que, probablemente sin imaginarlo, acabaría sacudiendo los cimientos de la Iglesia anglicana. Una institución que, en 2034, conmemorará cinco siglos de existencia tras el cisma provocado por la ruptura entre Enrique VIII y Roma.

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