Así nacen los huracanes: el fenómeno cada vez más frecuente que golpea al Caribe, México y EEUU
Los huracanes, que se alimentan del calor del océano y la humedad tropical, azotan cada año al Caribe, México y Estados Unidos. La frecuencia y la fuerza de estas tormentas preocupan cada vez más a los expertos
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Cada año, entre los meses de junio y noviembre, los huracanes regresan con fuerza al Caribe, al golfo de México y a la costa este de Estados Unidos. Estas gigantescas tormentas, capaces de arrasar ciudades enteras, se forman gracias a una combinación de calor, humedad y movimiento atmosférico que convierte una simple perturbación tropical en una de las fuerzas más destructivas de la naturaleza, según explica la Administración Nacional Oceánica y Atmosférica de Estados Unidos (NOAA).
Los huracanes, llamados "tifones" en el Pacífico noroeste y "ciclones" en el Índico y el Pacífico sur, son esencialmente el mismo fenómeno: un ciclón tropical. Sin embargo, el término "huracán" se reserva para los que se originan en el Atlántico norte y en el noreste del Pacífico. Su proceso de formación comienza, en la mayoría de los casos, con una onda tropical, una perturbación atmosférica que genera un área de baja presión y que suele nacer en África oriental a mediados de verano, según informa la BBC.
Para que esa onda se transforme en un huracán, debe moverse sobre aguas cálidas con una temperatura superior a los 27 grados Celsius y contar con una capa profunda de agua caliente que le sirva de combustible. El aire húmedo asciende, se enfría y condensa formando nubes cargadas de energía. La liberación de ese calor refuerza el sistema y provoca una caída adicional de presión, lo que atrae aún más aire húmedo desde el océano. Este ciclo continuo da lugar a la estructura en espiral tan característica del huracán.
El corazón del huracán
Cuando el sistema gana fuerza, aparece el conocido ojo del huracán, una zona de calma relativa rodeada por una pared de nubes densas donde se registran los vientos más intensos. A su alrededor se extienden las bandas nubosas que giran en sentido contrario a las agujas del reloj, impulsadas por el efecto de la rotación terrestre, el llamado efecto Coriolis. Es en esta etapa cuando la tormenta se organiza y puede alcanzar velocidades superiores a los 118 kilómetros por hora, convirtiéndose oficialmente en huracán.
Category 5 Hurricane Melissa has officially made landfall on Jamaica as the strongest landfalling hurricane in Atlantic history, with sustained winds of 185 mph and gusts up to 225 mph.
— Colin McCarthy (@US_Stormwatch) October 28, 2025
A tragic moment for Jamaica. pic.twitter.com/zA9OQ6IE7F
La magnitud de su fuerza se mide a través de la escala Saffir-Simpson, que clasifica los huracanes en cinco categorías según la velocidad del viento. Según la NOAA, la energía liberada por un solo huracán podría equipararse a la mitad de la capacidad de generación eléctrica del planeta. Sin embargo, como recuerda la Sociedad Americana de Meteorología, el mayor peligro no proviene solo del viento, sino también de las marejadas ciclónicas y las inundaciones asociadas, responsables de casi la mitad de las muertes por huracanes en Estados Unidos entre 1963 y 2012.
Los científicos advierten que el cambio climático podría intensificar estos fenómenos. El aumento de la temperatura del océano favorece la formación de huracanes más potentes, al proporcionar una mayor cantidad de energía térmica, lo que se traduce en huracanes con categorías más altas. Aunque todavía no hay consenso sobre la magnitud del impacto, los expertos coinciden en que el calentamiento global podría extender las zonas del planeta donde los huracanes encuentran condiciones para sobrevivir.
Por qué el Caribe es una zona de huracanes
Los países del Caribe, el golfo de México y Estados Unidos se encuentran entre las regiones más vulnerables del planeta por su ubicación geográfica y son especialmente propensos a estos fenómenos. Todo ello se debe a su alta temperatura marina y su humedad constante, factores que alimentan la energía del sistema.
Como explica la NOAA, el agua cálida actúa como “combustible” para las tormentas tropicales, mientras que los vientos alisios (corrientes que soplan de este a oeste en el trópico) transportan las tormentas formadas en África hacia el Atlántico, donde encuentran condiciones ideales para fortalecerse. Este patrón, junto con la baja presión y las corrientes oceánicas, convierte la región en un escenario recurrente para el nacimiento de huracanes.
Además, la presencia del anticiclón de las Bermudas-Azores influye en su trayectoria: si este sistema de alta presión se desplaza hacia el oeste, los huracanes suelen dirigirse hacia el golfo de México o Florida; si se mueve al este, tienden a desviarse hacia el norte del Atlántico.
A medida que las temperaturas globales continúan subiendo, más combustible tendrán estas “bombas de energía” naturales
En el océano Pacífico oriental también se generan ciclones con frecuencia, aunque muchos de ellos se desplazan hacia el oeste, lejos de las costas mexicanas, y se disipan al encontrar aguas más frías. Solo algunos de estos sistemas logran girar de nuevo hacia tierra firme si los vientos son favorables. Por el contrario, el Atlántico sur apenas registra huracanes debido a la ausencia de ondas tropicales y a la escasa influencia del efecto Coriolis cerca del ecuador. Aun así, hay excepciones, como el ciclón Catarina, que en 2004 azotó el sur de Brasil, causando 11 muertos y más de 30.000 desplazados.
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Cada año, entre los meses de junio y noviembre, los huracanes regresan con fuerza al Caribe, al golfo de México y a la costa este de Estados Unidos. Estas gigantescas tormentas, capaces de arrasar ciudades enteras, se forman gracias a una combinación de calor, humedad y movimiento atmosférico que convierte una simple perturbación tropical en una de las fuerzas más destructivas de la naturaleza, según explica la Administración Nacional Oceánica y Atmosférica de Estados Unidos (NOAA).