Vuelven los coches bomba: así ha sido el "salto cualitativo" de las amenazas a periodistas en Italia
La explosión del vehículo del periodista de investigación Sigfrido Ranucci ha dado paso a un reguero de pesquisas policiales y choques políticos, a la vez que arroja luz sobre las crecientes intimidaciones que los informadores sufren en el país
Restos de los coches de Sigfrido Ranucci. (EFE/Emanuele Valeri)
Hacía 20 minutos que su hija había llegado a casa. Allí aparcó el coche junto al de su padre y pasadas las 22.00 horas escucharon “un estruendo tremendo”. Había explotado una bomba en los bajos del vehículo del periodista italiano Sigfrido Ranucci, amenazado desde hace años por sus trabajos de investigación. Como él mismo explicó el pasado viernes, el día de los hechos, se trató de un “artefacto rudimentario”, con "al menos un kilo de explosivo", que provocó daños en su coche y el de su hija, además de en la casa de un vecino. “Aparte del susto, todo está bien”, explicaba el informador, aunque se lamentaba: "Mi hija pasó delante de mi coche pocos minutos antes de la explosión... podían haberla matado".
Ranucci ha recibido amenazas contra su persona desde hace casi dos décadas y cuenta con escolta, pero advierte de que esto se trata de un “salto cualitativo” en las presiones en su contra. Es una reconocible figura del periodismo de investigación en Italia, especialmente con su programa Report de la RAI, con el que se ha convertido en una figura incómoda para el crimen organizado, el mundo de las finanzas o el gobierno de Georgia Meloni, con el que ha mantenido importantes desavenencias en los últimos años. Hasta el punto de que el ministro de Finanzas, Giancarlo Giorgetti, el de Industria, Adolfo Urso, y el jefe de gabinete de Meloni, Gaetano Caputi, han presentado todos demandas judiciales contra el programa.
Ranucci ha explicado que hace dos meses ya intentaron entrar por la fuerza en otra casa que tiene en la provincia de Latina. También encontró hace un año balas en la hierba que rodea su casa en Campo Ascolano, a unos 30 kilómetros al sur de Roma y donde ahora se ha producido la explosión. “He recibido amenazas desde 2009, quizá en algunos casos fueron infravalorados, pero ahora por fin se están analizando todas”, ha explicado Ranucci en declaraciones recogidas por el Corriere della Sera. El ministro del Interior, Matteo Piantedosi, dijo que aumentaría el dispositivo que protege al periodista y el propio Ranucci confirmó que podrá contar a partir de ahora con un coche blindado.
La Fiscalía antimafia ha asumido la investigación y la hipótesis principal es que el ataque fue encargado por el crimen organizado. Mientras, se busca a un hombre encapuchado al que se vio alejarse del lugar momentos antes de la explosión en un pequeño coche oscuro que fue captado por las cámaras de la zona. Sin embargo, desenmarañar la red de presiones recibidas por Ranucci plantea una tarea complicada para las autoridades, por lo que no descartan ninguna dirección que pueda tomar la investigación. Por ahora, se están analizando desde las amenazas del cártel mexicano de Sinaloa que recibió hace un año a conexiones con la mafia albanesa, especialmente tras un episodio de Report sobre la construcción de los centros para la recepción de migrantes promovidos por el gobierno de Meloni, de acuerdo con informaciones del diario La Repubblica.
La punta del iceberg
Pese al salto cualitativo que ha supuesto el ataque a Ranucci, tal como lo ha descrito él mismo, este suceso es solo “la punta del iceberg de un fenómeno más amplio y profundo”, según explica Ossigeno per l’informazione, un observatorio dedicado a registrar y analizar las presiones que reciben los periodistas en el país. Para esta organización, este fenómeno consiste en “amenazas, intimidación y demandas espurias que tienen como objetivo a cientos de periodistas en Italia cada año para silenciarlos".
Precisamente, el último informe publicado este jueves por el Ministerio del Interior sobre intimidaciones a periodistas señala que en el primer semestre de este año las amenazas crecieron un 76% en comparación con el mismo periodo del año anterior, hasta alcanzar un total de 81 incidentes. De ellos, la policía atribuyó 40 a “contextos sociopolíticos”, 28 a “contextos de crimen común” y 11 al “crimen organizado”. Y aunque la mayoría se trataron de amenazas por escrito, los ataques físicos se duplicaron frente al año anterior.
Tras el coche bomba, se celebró una manifestación este martes en las calles de Roma en apoyo a Ranucci y él mismo acudió. Allí recordó que Italia es el país europeo donde se encuentra el mayor número de periodistas amenazados y exigió que aumente la protección, puesto que considera que la explosión dirigida contra él "es un acontecimiento importante para todos los que hacen este trabajo". De hecho, Italia ha caído este año cuatro puestos, hasta el 49, en el índice de libertad de prensa de Reporteros sin Fronteras. Para esta organización, la libertad de prensa allí “sigue estando amenazada por las organizaciones mafiosas” y por “grupúsculos extremistas violentos”. Sin embargo, también destaca las denuncias de los profesionales por el “intento de la clase política de entorpecer la libre información en asuntos judiciales”. Ya sea mediante la nueva "ley mordaza" que sacó adelante el gobierno de Meloni, con la que prohíbe la publicación de un auto de prisión preventiva hasta el final de la audiencia preliminar, como por “las acciones judiciales abusivas” habituales en el país, explica la organización.
La bronca política
En este clima, la inmediata condena de Meloni contra el coche bomba no ha evitado que se haya convertido en otro elemento de confrontación con la oposición. “La libertad y la independencia de la información son valores esenciales de nuestras democracias, que continuaremos defendiendo”, expresó la mandataria ante "el grave acto de intimidación” sufrido por el informador. Pero la líder de Fratelli d’Italia ha sido diana de las críticas de la oposición por las presiones de sus aliados contra el programa que presenta el periodista.
“La semana pasada, Meloni dijo en Florencia que la oposición era peor que los terroristas. Quiero mostrar mi solidaridad con Sigfrido Ranucci”, expresó Elly Schlein, líder del Partido Democrático, durante un congreso de los socialistas europeos en Ámsterdam. “La democracia está en riesgo y la libertad de prensa está en riesgo cuando la extrema derecha está en el Gobierno”. La reacción de Meloni llegó a través de las redes sociales. En una publicación de Instagram que recogía las declaraciones de Schlein, la primera ministra italiana escribió: “Estamos en un momento de puro delirio. Qué vergüenza, Schlein. Estás difundiendo falsedades por todo el mundo”.
Quello che è accaduto stanotte a Sigfrido #Ranucci non riguarda solo lui, ma il clima che stiamo accettando. Quando si decide che un giornalista può diventare un bersaglio, significa che qualcuno vuole stabilire che certi argomenti non si devono toccare.
El escritor Roberto Saviano, amenazado de muerte por la mafia napolitana, también ha querido advertir tras el ataque a Ranucci, que “cuando se convierte a alguien en blanco público, tarde o temprano, alguien pensará que también puede contraatacar fuera de la pantalla” y ha remarcado que “la deslegitimación, que es muy diferente de la crítica, no ataca las ideas ni el trabajo, sino a la persona”. El propio Ranucci denunció recientemente “el intento” de deslegitimarle en los últimos meses y la asociación de periodistas de la RAI también desveló que la cadena pública ha ido reduciendo el espacio disponible para Report, clamando contra “el clima de odio e intolerancia con las investigaciones del equipo editorial”.
La asociación, que considera que el ataque devuelve a Italia a “sus años más oscuros”, ha denunciado que durante el prime time de Rai1, “el funcionario más alto del Estado fue tan lejos como para llamar a los compañeros de Report calumniadores en serie sin que el presentador o la empresa distanciaran”. Así, los compañeros de Ranucci han llamado a que la “campaña de odio contra el periodismo de investigación” llegue a su fin.
Hacía 20 minutos que su hija había llegado a casa. Allí aparcó el coche junto al de su padre y pasadas las 22.00 horas escucharon “un estruendo tremendo”. Había explotado una bomba en los bajos del vehículo del periodista italiano Sigfrido Ranucci, amenazado desde hace años por sus trabajos de investigación. Como él mismo explicó el pasado viernes, el día de los hechos, se trató de un “artefacto rudimentario”, con "al menos un kilo de explosivo", que provocó daños en su coche y el de su hija, además de en la casa de un vecino. “Aparte del susto, todo está bien”, explicaba el informador, aunque se lamentaba: "Mi hija pasó delante de mi coche pocos minutos antes de la explosión... podían haberla matado".