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¿El principio del fin del experimento de Milei en Argentina? Lo veremos hoy
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En juego 127 de los 257 escaños

¿El principio del fin del experimento de Milei en Argentina? Lo veremos hoy

Este intento de rescate de un Milei justo en horas bajas no ha venido gratis. A principios de septiembre, perdió en Buenos Aires. Ahora se enfrentaría a unas elecciones muy reñidas que podrían bloquear su política económica

Foto: Javier Milei, presidente de Argentina. (Reuters/Cristina Sille)
Javier Milei, presidente de Argentina. (Reuters/Cristina Sille)
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Pocas veces unas elecciones de medio mandato atraen tanto la atención como las que se celebran este domingo en Argentina. Sobre el papel, apenas están en juego 127 de los 257 escaños de la Cámara de Diputados, así como un tercio del Senado. En realidad, estos comicios son el filo del cuchillo para el presidente de Argentina, Javier Milei, y su experimento económico. Enfermería o puerta grande. Bloqueo o gloria para continuar con su ambicioso proceso de reformas.

El test al que se enfrenta Milei este domingo es tan grande que hay otro protagonista en las elecciones. No está en la boleta, ni en el país, ni siquiera es argentino. Se trata de Donald Trump y su astronómico plan de ayuda financiera para sostener al que es su mayor aliado en América Latina, y quizá de todo el mundo, solo por detrás de Benjamín Netanyahu. Para los nuevos EEUU de Trump, Milei es el ejemplo ideológico necesario en su área de influencia, las Américas.

El 21 de octubre, el secretario del Tesoro de EEUU anunció que había firmado un acuerdo de "estabilización económica con Argentina". Ya antes, Trump había ofrecido al país sudamericano un paquete de rescate ciertamente notable: 20.000 millones de dólares en un mecanismo ‘swap’, que intercambia dólares, la divisa más valorada en el mundo, por pesos argentinos, una moneda radiactiva para la práctica totalidad del globo. Washington ya ha gastado, de hecho, más de 1.000 millones de dólares en comprar pesos, según The Economist. Paralelamente, la Administración Trump está intentando convencer a varias de las instituciones financieras más importantes de su país de que abran una línea de crédito por valor de otros 20.000 millones de dólares adicionales para Argentina, invirtiendo capital político y jugándose su imagen ante esos mismos bancos y fondos.

No parecen los mercados estar muy dispuestos a jugársela, pero es posible que la ascendencia de la Casa Blanca sobre ellos acabe convenciéndolos. Casi más que los argentinos, son los mercados de bonos quienes examinan con ansiedad cada encuesta.

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Este intento de rescate de un Milei justo en horas bajas no ha venido gratis. A principios de septiembre, perdió las elecciones regionales en Buenos Aires. Ahora se enfrentaría a unas elecciones muy reñidas cuyos resultados podrían bloquear gran parte de sus esfuerzos para su política económica. "Si él pierde, no vamos a ser generosos con Argentina", afirmó el propio Trump el pasado 14 de octubre, en la reunión cara a cara con Milei en la Casa Blanca. "Estoy con este hombre porque su filosofía es la correcta. Si gana nos quedamos con él, y si no gana, nos vamos", amenazó, en un claro intento de mandar un mensaje a los votantes. O con Milei, o de vuelta al caos.

En el Air Force One, el magnate dijo que Argentina está "luchando por su vida" y que la situación es tan grave que "se están muriendo". Las palabras de Trump volvieron a asustar a los mercados, y el peso necesitó de nuevo de reanimación.

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"Esas declaraciones impactan porque el atributo más importante de Milei era su capacidad para manejar la economía, y eso quedó en duda con este episodio", destaca Mario Riorda, investigador argentino y presidente de la Asociación Latinoamericana de Investigadores en Campañas Electorales (ALICE).

Pero, ¿tan mal está Milei para necesitar semejante espaldarazo de la economía más poderosa del mundo? La pregunta es complicada.

Milei llegó a Argentina en 2023 como un huracán, como quien ve a un enfermo lleno de gangrena y, en lugar de aplicar la enésima cura con paños calientes, ordena amputar carne y hueso. Con una motosierra, como le gusta decir a él. Planes radicales y furiosa condena a "la casta".

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Los primeros resultados de este ataque frontal al gasto público argentino y la cultura del clientelismo fueron buenos. La inflación mensual cayó del 13% en 2023 a alrededor del 2% hoy día. También ha bajado el superávit primario. El índice de pobreza ha caído a niveles de 2018.

Y si bien a principios de 2025 parecía que tenía buenas posibilidades de reeditar una victoria por goleada en estas elecciones de medio término, las últimas encuestas no dejan claro que llegue incluso a su objetivo de mínimos, que sería asegurarse apenas un tercio en el Congreso que le permita mantener su amplio uso de veto presidencial.

El proyecto de Milei ha empezado a hacer aguas por dos vertientes: la económica y la política.

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Toda la estructura económica del ‘plan Milei’ se sostenía en mantener fuerte y estable el peso, la moneda local. Pero para hacerlo, tuvo que abrazar herramientas de intervencionismo que, esporádicamente usadas, son útiles, pero que ahora se han convertido en la norma.

El pasado abril, tuvo que reflotar parcialmente el peso gracias a un rescate del Fondo Monetario Internacional y desde entonces ha tenido que gastar miles de millones de dólares en reservas de divisas, ya muy escasas, lo que ha dejado al país vulnerable a las crisis cambiarias y ha impulsado las tasas de interés por las nubes, subiendo de un día para otro un 100%. Para más inri, el 7 de septiembre el partido de Milei, La Libertad Avanza (LLA), perdió sonoramente ante los peronistas en las elecciones legislativas de la provincia de Buenos Aires (donde se acumula el 40% de la población argentina). Los mercados entraron en pánico y abandonaron el peso. Esto obligó al banco central a gastar más de 1.000 millones de dólares en solo dos días, para evitar que el peso se saliera de su banda, agotando las reservas de divisas casi por completo. Ahí es cuando se produjo esa llamada de socorro a Trump.

Así que ahora a los votantes les preocupa la consecuencia inevitable de ello: por esas tasas de interés estratosféricas, el crecimiento económico se ha ralentizado y con él, el empleo y el poder adquisitivo.

Equilibra, una consultora argentina, ha estudiado el ingreso real promedio de 14,5 millones de argentinos, incluyendo empleados públicos y privados y pensionistas, desde que Milei asumió. Cayó drásticamente, se recuperó algo, y desde marzo pasado está estancada en torno a un 6%, por debajo de los niveles previos a Milei.

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Todo en un cóctel complicado por la voracidad de la demanda de dólares y de la fuga de capitales de Argentina, que van poco a poco devaluando el peso, a pesar de todos los esfuerzos de Milei por mantenerlo.

En la foto finish antes de la cita electoral, el peso está sobrevalorado y bajo fuerte presión, amenazándose con salirse del margen que el gobierno de Milei se había fijado a sí mismo. Los bonos argentinos cotizan en algo menos de 60 centavos de dólar. Y a los votantes, según las encuestas, les preocupan más los empleos que celebrar la caída de la inflación.

Todo esto viene aún más enfangado por errores políticos. A la renuencia a buscar grandes coaliciones políticas con otras formaciones en Argentina, que ha minado su capacidad de gestión, el primer ‘susto’ vino en febrero, cuando promovió personalmente una criptomoneda que inmediatamente perdió todo su valor. En agosto, se dio a conocer su primer gran caso de corrupción, que afectó de lleno a su hermana y mano derecha, Karina, quien presuntamente se llevaba un "3 o 4%" en sobrecostes de contratos públicos amañados. El caso dañó su popularidad y quizá le cobró su primera derrota electoral, en las elecciones de septiembre en Buenos Aires.

Por último, precisamente en Buenos Aires, las papeletas del candidato de Milei llevan aún la cara del candidato anterior, José Luis Espert, que se ha retirado a última hora por presuntos vínculos con el narcotráfico. Sin ni siquiera poder reimprimir las papeletas, no es el mejor escenario para intentar reconquistar a aquellos votantes que ya le dijeron que "no" el pasado septiembre.

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Es posible, sin embargo, que LLA lo haga mejor en estas elecciones nacionales. Esa primera terrible derrota (por 14 puntos porcentuales) de Milei frente al peronismo, y la espantada subsecuente de los mercados, quizá empuje ahora a los votantes centristas a votar. Quizá no están entusiasmados con Milei, pero resienten a los peronistas. Además, Buenos Aires siempre ha sido más contrario a Milei que el resto del país, donde cosecha mayor aprobación. Después de todo, la inflación está controlada y el peso todavía no se ha salido de sus bandas de oscilación. Gracias a Trump.

Milei necesitará, como mínimo, un tercio de los escaños de la Cámara Baja (85 escaños) para impedir que sus vetos presidenciales sean anulados. Actualmente, La Libertad Avanza (LLA) cuenta con 37 diputados propios (29 no están en juego en estas elecciones), y este domingo busca duplicar su fuerza.

Según proyecciones internas de LLA citadas por Canal 12, Milei baraja dos escenarios postelectorales principales: uno "pesimista" en el que la LLA lograría sumar 73 escaños (es decir, 44 escaños nuevos de los 127 en juego este domingo), y uno optimista, en el que logran hacerse con 92 (es decir, 63 de los disponibles en esta elección). En el primero, aunque no alcanzan el mínimo de 85 escaños para el veto, podrían aun así hacerlo mediante coaliciones.

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Públicamente, el Gobierno ha defendido que Milei tiene garantizado conseguir bastantes escaños porque ahora mismo cuenta con muy pocos, y eso debería tranquilizar a los mercados. "Cualquiera sea el resultado, la inestabilidad desaparece", declaró Federico Sturzenegger, ministro de Desregulación.

Pero para esa necesaria estabilidad de los mercados, Milei tiene que ganar estas elecciones primero. Y en Buenos Aires ya han aparecido carteles que afirman que el político argentino está "vendiendo" el país a Trump.

"Es una intromisión histórica. Es la primera vez que un mandatario de su envergadura realiza semejante intervención de manera directa", asegura a El Confidencial el analista Nicolás Cereijo, profesor de la Universidad de Buenos Aires (UBA). Se refiere, sobre todo, al comentario supeditando la ayuda estadounidense a la victoria del políico argentino. Ese comentario hizo correr ríos de tinta en Argentina y fue muy criticada por amplios sectores sociales del país sudamericano, no sólo de la oposición más dura a Milei.

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Desde la llegada de Donald Trump a la Casa Blanca, varios miembros del gabinete, empezando por J.D. Vance, pasando por la responsable de Seguridad Nacional Kristi Noem y terminando por el exlíder de DOGE Elon Musk, han lanzado mensajes claros en busca de un cambio "de régimen" en países europeos, como Alemania o Reino Unido. Sin mucho éxito.

Sin embargo, esta sería la primera vez que el magnate arriesga su capital político en una injerencia electoral tan clara.

"Es un trato personalista. Se avanza por encima de las instituciones y se hacen acuerdos interpersonales, no institucionales. El acuerdo, más que para Argentina, es de Trump para Milei", destaca el experto.

Sin embargo, el acuerdo —y la promesa de movilizar más millones de dólares a cambio de un siempre peligroso peso argentino que, si se desploma, EEUU tendría que comprar a pérdidas— ha levantado algunos callos dentro del país norteamericano.

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En un momento en el que el campo estadounidense se resiente por los aranceles recíprocos y por la falta de mano de obra por las redadas contra la inmigración, 20.000 millones de dólares para Buenos Aires no han sentado muy bien al sector del agro. China ha dejado de comprar soja a los agricultores estadounidenses y ha pasado a adquirir este producto de forma masiva en Argentina.

Pero Trump tiene, según los analistas, razones de peso para mantener a Milei: económicas e ideológicas.

"El Tesoro de EEUU empieza a dejar entrever intercambios compensatorios con Argentina o transacciones en áreas claves como el uranio o el litio", destaca el analista Mario Riorda, de la Asociación Latinoamericana de Investigadores en Campañas Electorales (ALICE). Esos recursos no son codiciados solo por Washington.

"China tiene una presencia muy fuerte en América Latina y también en Argentina, y el gobierno argentino pareciera ser el único que estaría más dispuesto en principio a abandonar el acercamiento que tiene con Pekín", apostilla Cereijo.

Estados Unidos estaría, de hecho, trabajando para redirigir esa asociación Argentina-China. El secretario del Tesoro, Scott Bessent, ha estado en negociaciones en las semanas recientes con Luis Caputo, ministro de Economía de Argentina, para frenar la capacidad de China para acceder a los recursos del país, incluidos minerales críticos, según una filtración del Wall Street Journal. Además, habrían discutido conceder a EEUU un mayor acceso al suministro de uranio del país y estarían animando a los líderes argentinos a cerrar acuerdos con empresas estadounidenses como forma de arrancar proyectos de infraestructura e inversiones en sectores clave como las telecomunicaciones.

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Las ideológicas van por otro lado. "El tridente de fuerza de EEUU en América Latina está compuesto por el salvadoreño Nayib Bukele, el ecuatoriano Daniel Noboa y Milei. De esos tres está claro que Argentina es la tercera economía de América Latina, detrás de Brasil y México, gobernados por la izquierda, y es claramente el socio más importante de ese tridente que apoya a Trump", considera Cereijo.

"Son socios del mismo club de líderes de derecha antisistémicos, antiwoke y contra la ideología de izquierda en el mundo. Es un club que está más definido de cara a lo que se oponen que por lo que los une, porque por ahí pueden tener algunas diferencias ideológicas entre ellos", considera Luis Rosales, periodista, analista y ex candidato vicepresidencial. "Otro elemento, del que no se habla mucho, es que Milei es muy popular entre los seguidores de Trump y al presidente estadounidense le interesa siempre rodearse de gente con popularidad e impacto", añade.

De momento, parece que la asistencia prometida por Trump no ha producido una clarísima remontada. "Hacia afuera, el discurso opositor sostiene que la economía argentina no solo está intervenida, sino que algunos plantean que el ministro de Economía de Argentina es hoy Besson, el secretario del Tesoro norteamericano", asegura Riorda. Y no ayuda el condicionamiento electoral de la ayuda. "El antinorteamericanismo y el antitrumpismo en Argentina es muy grande, en una proporción de tres a uno frente a una mirada pro norteamericana y mucho menos pro Trump", añade el analista.

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Con estas elecciones se abren tres caminos, y dos no son nada halagüeños, según las estimaciones económicas más clásicas.

Primero: Milei pierde, los mercados se desploman y su partido pierde la capacidad de seguir imponiendo sus reformas legislativas que continúen con el experimento argentino.

Segundo: Milei consigue ese mínimo de un tercio de la Cámara legislativa y mantiene su capacidad de bloqueo. El político continúa con sus medidas implementadas hasta ahora, dilapidando todas las remesas posibles con el afán de mantener el peso artificialmente estable. Los tipos de interés siguen subiendo, la economía se estanca. El experimento argentino funcionó temporalmente, pero pierde fuelle y termina fracasando.

Tercero, el único positivo para un análisis que publica The Economist: Milei gana, consigue ese mínimo de un tercio en la Cámara legislativa o más. Pero entonces, el político argentino debería abrir un nuevo capítulo del proyecto económico. Eliminar el control cambiario del peso (con la expectativa inicial de una fuerte caída) y, paralelamente, anunciar un marco para fijar las tasas de interés domésticas y controlar la inflación. Una receta, admite el rotativo británico, que se ha intentado muchas veces antes, pero que la disciplina fiscal de la motosierra Milei y sus ataques a las redes clientelares del peronismo podría ser suficiente para capear el repunte temporal de la inflación. Especialmente si cuenta con el apoyo de Donald Trump y sus dólares.

El problema es que esa receta es la receta clásica. La que ofrecieron economistas una y otra vez. Y Milei llegó a Argentina para defender otra cosa: el shock. En estas elecciones, ese experimento puede caer a un lado u otro de la hoja del cuchillo. Enfermería o puerta grande.

“El problema que tiene hoy la economía es de índole cambiario”, expone el analista Hernán Letcher, director del Centro de Economía Política Argentina (CEPA).

“Desde mediados del año 24 el Gobierno viene atendiendo el frente cambiario con dólares ajenos. ¿Qué dólares inyectó? Los del blanqueo de capitales, los dólares del préstamo del FMI, que son unos 14.400 millones, de préstamos, y adelantó dólares de liquidaciones futuras. Es decir, que inyectaste una cantidad sustancial de dólares, que estimamos en unos 85.000 millones, pero no resolviste la cuestión cambiaria. Por eso nosotros decimos que la ayuda de EEUU sin un cambio en la política cambiaria es pan para hoy, y hambre para mañana”, asegura el analista.

“El Gobierno se cansó de decir que el problema era la cuestión fiscal y que con el superávit se resolvían todos los problemas. Al final teníamos razón aquellos que decíamos que el problema principal de la economía argentina es el desfasaje, o el desequilibrio entre oferta y demanda de dólares. La ayuda de EEUU no es sustentable cuando tenés una corriente cambiaria deficitaria, en una economía como la de Argentina, que tiende a dolarizar el excedente. Se hace insustentable en el tiempo”, añade Letcher

Pocas veces unas elecciones de medio mandato atraen tanto la atención como las que se celebran este domingo en Argentina. Sobre el papel, apenas están en juego 127 de los 257 escaños de la Cámara de Diputados, así como un tercio del Senado. En realidad, estos comicios son el filo del cuchillo para el presidente de Argentina, Javier Milei, y su experimento económico. Enfermería o puerta grande. Bloqueo o gloria para continuar con su ambicioso proceso de reformas.

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