No se conocen todavía los detalles del acuerdo con España, pero Gibraltar ya está viviendo un 'boom' empresarial
Con acceso continuo a Reino Unido para servicios y acuerdo con la UE para libertad de movimiento de personas y bienes, la Roca queda ahora en una posición única para inversores
Edificios de La Línea de la Concepción iluminados por el sol bajo el Peñón de Gibraltar. (Reuters/Jon Nazca)
La llegada de Starbucks a Gibraltar no es pura anécdota. Como tampoco lo es la apertura del primer local de Rodilla o la posibilidad cada vez más real de comenzar a recibir pedidos de Amazon. La Roca está viviendo una auténtica revolución. El pasado mes de junio, tras cuatro años de intensas negociaciones, el Reino Unido y la UE alcanzaron finalmente un acuerdo histórico que ponía fin al limbo en el que había quedado el Peñón tras el Brexit. Los detalles aún no se han hecho públicos, pero no parece que sea necesario.
“Estamos en un punto de inflexión estratégico que permitirá a las empresas desbloquear nuevos modelos transfronterizos en bienes, servicios e infraestructuras”, explica Fabian Picardo, ministro principal de Gibraltar, en entrevista con El Confidencial. “Sin frontera y con todo el Campo de Gibraltar como objetivo de prosperidad compartida, estamos buscando nuevas industrias”, matiza.
Picardo se muestra satisfecho con un acuerdo cuyos detalles finales aún se están afinando. Considera que “las cosas fundamentales están ahí” y ante la pregunta de si habrá “letra pequeña” que pueda ser interpretada de forma distinta por las partes implicadas, señala que eso es necesario para “que ninguna se sienta comprometida”. “Mientras eso no cambie las obligaciones de cada uno, creo que eso es lo mejor que podría pasar y es el arte de un tratado como este”, apunta.
La confirmación para demoler la verja física que separa España de la colonia británica, el último muro de la Europa continental, ha desencadenado una transformación económica sin precedentes. Con acceso continuo a Reino Unido para servicios y acuerdo con la UE para libertad de movimiento de personas y bienes, la Roca queda ahora en una posición única para inversores, con todas las implicaciones que conlleva eso también para el Campo de Gibraltar.
Las solicitudes de residencia se han disparado de tal forma —más de 3.000 han migrado en los últimos dos años—, que el gobierno de Picardo ha tenido que anunciar una “pausa administrativa temporal” para no desbordar un territorio 231 veces más pequeño que Londres, apenas 6,8 kilómetros cuadrados.
Fabian Picardo durante el evento en Londres. (Cedida)
Tentadores incentivos fiscales
El interés por los beneficios fiscales es obvio. Se aplicará a todas las empresas y grandes patrimonios de cualquier país que quieran mudarse al Peñón. A todos, menos a las españolas, ya que el tratado fiscal que ya existe entre el Reino Unido y España sobre Gibraltar —con el entendible objetivo de Madrid de evitar la fuga de capitales— no se altera.
Todas estas cuestiones fueron abordadas el pasado martes en el OXO Tower de la capital británica. Con privilegiadas vistas al Támesis y la Catedral de San Paul, más de 400 representantes de una amplia gama de sectores empresariales, la mayoría de ellos con sede en el Reino Unido, se dieron cita en el primer evento que Gibraltar ha celebrado para empresas no financieras tras el anuncio del acuerdo post Brexit. Las entradas volaron y hubo lista de espera.
En definitiva, se está viviendo un auténtico boom. Pero todas las luces tienen sus sombras. “La gente se está volviendo loca comprando locales para luego poder alquilarlos y esto ya está afectando al mercado inmobiliario”, asegura un llanito a este diario. Como cualquier proceso de gentrificación en la calle, también se respira cierto nerviosismo ante la posibilidad de que el Peñón se termine convirtiendo en un “nuevo Mónaco”.
En el memorando técnico con el que el Gobierno gibraltareño trabaja sobre el impacto del acuerdo, se dibuja una nueva estructura territorial que redefine el nuevo modelo urbano entre La Línea y el Peñón tras la desaparición de la Verja para crear una especie de metrópoli compartida de 80.000 habitantes, donde los flujos de trabajadores, servicios y capital circularán sin fricciones. A día de hoy, alrededor de 30.000 personas cruzan a diario la verja. Entre ellos, 15.000 trabajadores, de los cuales 10.000 son españoles del Campo de Gibraltar.
La cuestión de la soberanía siempre se mantuvo al margen de las negociaciones post-Brexit, pero inevitablemente nunca ha dejado de estar presente. Desde la perspectiva española, muchos consideran que se ha perdido una ocasión única. Pero otros consideran que el nuevo escenario abre una cooperación sin precedentes con un nivel de integración de la Roca en España nunca visto.
Grandes inversiones tecnológicas
Este giro se traduce en inversiones concretas. En septiembre, la compañía Pelagos Data Centres anunció la construcción en Gibraltar de un macrocentro de datos de 1.800 millones de libras, uno de los mayores del sur de Europa. La instalación, de 250 megavatios y 20.000 metros cuadrados junto al puerto, se desarrollará en cinco fases hasta 2033, con la primera operativa en 2027. Su financiación es enteramente privada, con 500 empleos directos previstos, y contará con suministro energético independiente para garantizar su resiliencia.
Gemma Arias-Vásquez en Londres. (Cedida)
Por su parte, al otro lado de la futura división invisible, La Línea de la Concepción también ha movido ficha. El ayuntamiento que dirige Juan Franco ha propuesto comprar los terrenos de la actual aduana española, que quedarán sin función cuando la verja desaparezca, e integrarlos en el proyecto tecnológico LLG4IR, impulsado por Carlos Moreira, fundador de la suiza WISeKey, y Julián Fernández, CEO de Fossa Systems. La idea es levantar un centro de la Cuarta Revolución Industrial especializado en ciberseguridad y satélites, conectado funcionalmente con Gibraltar.
El memorando municipal defiende la “redefinición de un espacio estratégico para actividades de alto valor añadido”, sugiere revisar la planificación de accesos al aeropuerto y al litoral este y sugiere incluso reservar suelo para una terminal aeroportuaria compartida.
“Gibraltar está subiendo de nivel. Está perfeccionando su producto”, señaló la ministra de Negocios, Gemma Arias-Vásquez, quien, ante la pausa en las nuevas solicitudes de residencia, subrayó que se trataba de una medida para garantizar que el acceso siguiera siendo “justo, transparente y sostenible”, y no una señal de restricción. “Para los verdaderos inversores, emprendedores, profesionales e innovadores, Gibraltar continúa recibiéndolos con los brazos abiertos”, dijo a los presentes en la cita en el OXO Tower.
Por su parte, el fiscal general de Gibraltar, Michael Llamas, quien junto con Picardo es uno de los actores centrales del equipo negociador, aseguró que el tratado se estructura sobre una base jurídica de la UE bien establecida y creará certeza a largo plazo para los inversores. “Todavía estamos trabajando en los detalles, pero el borrador actual tiene más de 250 páginas, con un gran número de protocolos, anexos y disposiciones administrativas, algunos de los cuales se basan también en el derecho europeo”, dijo.
Unión aduanera con La Roca
Uno de los cambios más significativos será la creación de una unión aduanera a medida entre Gibraltar y la UE que permitirá el movimiento sin fricciones de bienes. Los productos colocados en el mercado de Gibraltar deberán cumplir con las normas de la UE, pero el IVA no se aplicará. En su lugar, “se utilizará un impuesto sobre transacciones para preservar el modelo fiscal del Peñón mientras se mantiene el acceso al mercado”. Aunque pese al tecnicismo, se puede decir que en la práctica será un IVA al uso.
Pese a que el tratado garantizará acuerdos que protejan los sectores existentes de Gibraltar, como los servicios financieros y el juego, se abre también la puerta a nuevos modelos de producción, incluidos el ensamblaje de alto valor y la fabricación final dentro de Gibraltar. Los fabricantes podrían vender en la UE siempre que cumplan las normas necesarias.
Según Picardo, la transparencia proporcionada por el tratado fiscal que ya existe con España, junto con la estabilidad que aporta el nuevo tratado en proceso de finalización con la UE, eliminaría las dudas históricas sobre el uso de estructuras con sede en Gibraltar para inversiones en España. “Ahora una empresa gibraltareña podrá usarse para comprar, por ejemplo, una propiedad en Madrid y, si hay una disputa entre accionistas, esa disputa se resuelve en el Tribunal Supremo de Gibraltar… de acuerdo con mecanismos de derecho consuetudinario en lugar de una disputa de derecho civil en un tribunal español y en un idioma extranjero”, matizó.
Respecto a las preocupaciones sobre la creación de un nuevo Mónaco, Picardo descartó por completo la posibilidad, asegurando que los gibraltareños “nunca van a tener que abandonar Gibraltar porque se vuelva demasiado caro para vivir allí”. En definitiva, la fotografía que emerge es la de un territorio en plena metamorfosis, donde la combinación de certeza jurídica, infraestructura de vanguardia y ambición empresarial crea un clima de inversión único. Gibraltar se está transformando en un económico transfronterizo. Lo que comenzó con la llegada de café del Starbucks y los sándwiches de Rodilla puede acabar como una nueva centralidad económica del sur de Europa, con un modelo replicable de cooperación, planificación y prosperidad compartida.
La llegada de Starbucks a Gibraltar no es pura anécdota. Como tampoco lo es la apertura del primer local de Rodilla o la posibilidad cada vez más real de comenzar a recibir pedidos de Amazon. La Roca está viviendo una auténtica revolución. El pasado mes de junio, tras cuatro años de intensas negociaciones, el Reino Unido y la UE alcanzaron finalmente un acuerdo histórico que ponía fin al limbo en el que había quedado el Peñón tras el Brexit. Los detalles aún no se han hecho públicos, pero no parece que sea necesario.