El año en el que México vivió peligrosamente: así adelantó la heredera de AMLO a su maestro
La mandataria tiene un 73% de aprobación en su primer año de gobierno gracias a sus políticas de ayudas sociales y su gestión política frente a las medidas de Donald Trump
La presidenta de México, Claudia Sheinbaum, durante su conferencia de prensa en Palacio Nacional de Ciudad de México. (EFE/Mario Guzmán)
La presidenta de México, Claudia Sheinbaum, sopló las velas de su primer aniversario como jefa de gobierno mexicana sobre un pedestal. No estaba claro que eso fuera a suceder cuando inició su mandato entre nubarrones internos y externos. Diversos sondeos sitúan su aprobación en el entorno del 75%. Supera los números del expresidenteAndrés Manuel López Obrador, AMLO, lo que casi es sacrilegio entre sus votantes, y se coloca entre esa extraña lista de mandatarios con niveles de aprobación muy altos a los que la oposición acusa de practicar autoritarismo.
No es una política con el carisma de su predecesor y, sin embargo, ha conseguido convencer a una masa de votantes que heredó en préstamo. ¿Cómo? Los propios números de la encuesta dan algunas pistas y, además, el terremoto político de Donald Trump en Estados Unidos ha tenido algo que ver. Pero vamos por partes.
"Sheinbaum es una política más técnica y menos ideológica que López Obrador. Ella es una doctora en ciencias, con una formación muy sólida, también familiar. Él acabó la licenciatura años después de haberla iniciado. Ahí hay ya un fuerte contraste entre ambos", indica Antonio Ocaranza, director de OCA Reputación y ex portavoz del presidente Ernesto Zedillo, a El Confidencial.
En democracialos números en bruto son todo, pero también, más allá de que la máxima del sistema es que la mayoría "tiene razón", dejan pistas claras de por dónde van las cosas. Y los contrastes en la aprobación de Sheinbaum son significativos. La presidentacosecha un fabuloso 73% de aprobación global en la encuesta del periódico El Financiero pese a que el 75% la suspende en corrupción, el 74% en crimen organizado y el 54% en las políticas de seguridad públicas. Números que contrastan con el 75% que la apoya en sus políticas de programas sociales y el 53% que aprueba su política económica.
¿Esos datos infieren que México se sitúa en el espectro de algunos gobiernos latinoamericanos que tuvieran gran apoyo popular con políticas de altas subvenciones sociales? "Si trasladas el apoyo o la aprobación de los programas sociales y la popularidad, prácticamente son los mismos números. Quizás sea muy superficial decir 'recibo dinero y apoyo a la presidenta', no necesariamente es así. Cuando ves las encuestas de la elección presidencial, te das cuenta de que el perfil de la persona que recibe apoyos sociales, algún tipo de subvención federal, es el votante sólido del Gobierno. Entonces, sí hay una relación muy cercana entre la gente que recibe una subvención y la gente que apoya a Sheinbaum", señala Ocaranza.
El analista puntualiza: "Los números de reducción de la pobreza son reales. Hay 14 millones de mexicanos que han salido de la pobreza extrema con este gobierno gracias a esos programas".
"Hay 14 millones de mexicanos que han salido de la pobreza extrema con este gobierno gracias a esos programas"
Voces muy críticas con el actual Gobierno, como la del analista Jesús Silva-Herzog, apuntalan la idea de que la gente apoya también a Morena porque esa enorme masa de pobreza que existe en el país ha mejorado sus condiciones de vida. "Los altos niveles de respaldo del régimen no son simplemente el encantamiento con el discurso, ni gratitud por las transferencias. Algo hay de ello, desde luego, pero el núcleo del respaldo proviene de un aumento en los ingresos de la gente", señala el autor en una pieza de agosto de 2025 titulada El éxito.
Herzog, sin embargo, señala en el texto el destrozo heredado por Sheinbaum de lo que define como políticas neoliberales, hay cierta ironía en el término, que implementó su predecesor: "La desastrosa gestión en salud del gobierno de López Obrador tuvo consecuencias igualmente patentes. Su sexenio les arrebató a más de 20 millones de mexicanos el acceso a los servicios de sanidad. Contra su retórica antineoliberal, el gobierno anterior impulsó eficazmente la privatización de la salud. Más dinero en el bolsillo, peores escuelas y medicinas inaccesibles".
Algo de eso enseñan las encuestas. Sólo el 48% cree que va bien la educación y el 44% la sanidad. Menos de la mitad de los mexicanos aprueban, por tanto, al Gobierno en dos partidas claves, lo que, junto al claro suspenso en corrupción y seguridad, hace más complejo de explicar el sobresaliente final.
Además, esa reducción de la pobreza no va de la mano del crecimiento económico del país, que sigue en su eterno estancamiento con y sin amenazas de tarifas desde Estados Unidos. El Banco Mundial estima que en 2025 el crecimiento será de un 0,5% y para 2026 aventura un 1,4%, Trump mediante. Eso significa que el enorme aumento del gasto social, que en programas sociales prioritarios ha sufrido desde 2019 hasta 2024 un aumento del 131%, tiene el riesgo de no ser sostenible salvo nuevos ingresos.
El combate contra la corrupción y el mejor control de las aduanas debían compensar ese gasto, prometió Morena, pero en la realidad eso no se ha producido, ya que la medida tenía más de eslogan político que de efectividad práctica. ¿Es sostenible este sistema de subvenciones sin hipotecar la economía del país? ¿Era sostenible la desigualdad y pobreza en las que vivían decenas de millones de personas?
Dos fantasmas
La presidenta ha tenido primero que ganarse el puesto y luego el cariño de los votantes. Fue bendecida por el expresidente en una suerte de extrañas primarias con encuestas hechas por Morena, formación cuyas siglas verdaderas son AMLO. Morena es un invento suyo, creado de la nada por López Obrador, y que le ha entregado como quien otorga un regalo a su discípula. Superar esa alargada sombra no parecía sencillo. "Acaba de ser elegida por una mayoría aplastante como la primera mujer presidenta de México. El futuro de la democracia mexicana depende de si logra romper con las costumbres de su predecesor y forjar su propio camino democrático", escribía en junio de 2024 el analista León Krauze.
Los opositores y críticos, en un México profundamente polarizado, creen que un año después esa ruptura no se ha producido y aventuran una especie de golpe de Estado democrático en el que las instituciones y normas se reforman para garantizar el poder de Morena. Sheinbaum ha reformado la Justicia, idea también heredada del anterior sexenio. Todos los jueces han pasado a ser elegidos por votación popular, lo que garantiza al partido mayoritario el control de la judicatura que justamente debe fiscalizar sus decisiones.
Y tiene previsto imponer ahora una reforma electoral que podría consolidar más el poder de la formación mayoritaria, acabando entre otras cosas con los representantes plurinominales (200 de los 500 diputados), que de alguna manera garantizaban la representación de ciertas minorías.
Lo que pasa es que todo ese engranaje legal sucede junto a la aparición de una figura indispensable para entender México, la del archienemigo gringo y su más destacado representante, Donald Trump. Cuando la patria está bajo ataque, la población suele unirse con los que la defienden. "Ese elemento funciona. Esa cosa tan mexicana de enrollarte en la bandera nacional, como el Niño Héroe que se lanza al vacío (leyenda de un cadete, Juan Escutia, que se habría lanzado al vacío en el castillo de Chapultepec en plena invasión estadounidense de 1847 de Ciudad de México enrollándose en la bandera patria para que la enseña no fuera mancillada).
En más de una ocasión, la presidenta, en sus conferencias mañaneras, ha recitado el himno nacional como un último recurso contra Estados Unidos", recuerda Ocaranza.
Por ahora no le ha ido mal. Tanto Trump como Sheinbaum lanzan ciertos mensajes nacionalistas para consumo interno que cuajan entre los suyos. La presidenta, que tiene un poder absoluto en las cámaras, mayor incluso del que gozó AMLO, sabe que es la capitana de una nave prestada en la que con facilidad podrían ocurrir motines.
"Es una mujer que camina sobre dos cuerdas flojas en un precipicio. La primera cuerda tiene que ver con mantenerse en el equilibrio entre la eficiencia gubernamental y la lealtad a López Obrador. Porque en la medida en que ella es eficiente en seguridad, la gente dice: ¿Y por qué estábamos tan inseguros? En la medida en que ella lucha contra la corrupción ocurrida en el Gobierno de López Obrador, le pega a su predecesor. Entonces, ella tiene que decir: "¿Cómo le hago para dar resultados y al mismo tiempo no dispararme en el pie?", explica el ex portavoz del presidente Zedillo.
La política de seguridad para combatir la violencia en México, el gran lastre del país, es precisamente uno de los puntos que más le distancian con el expresidente. Sheinbaum está intentado tapar un agujero que dejó AMLO en la seguridad ciudadana con medidas como un plan contra la extorsión. Con estos planes, la mandataria ha seguido su propio camino político, pero algunos miembros del partido no están de acuerdo. Y, a pesar de las iniciativas, las cifras siguen siendo atroces.
Ella heredó hasta un gabinete que de alguna manera AMLO le impuso. Los que compitieron con ella en las primarias o no la apoyaron, Marcelo Ebrard, Ricardo Monreal, Fernández Noroña… debían formar parte del Ejecutivo o tener altos cargos para que la PAX Morena se afianzara. "Varios de estos personajes son todo menos militantes, digamos, de la causa de la presidenta Claudia Sheinbaum", resume el analista Manuel López a Univisión.
Sin AMLO, Morena puede saltar por los aires. Su alianza con el Partido del Trabajo y el Partido Verde parece que pasa por dificultades en los próximos comicios. Los escándalos de corrupción salpican a gobernadores de la formación, y la presión de EEUU puede poner nuevos nombres en la palestra. El escándalo del llamado "huachicol fiscal", con denuncias de miles de millones de pesos desaparecidos de las cuentas públicas en el anterior sexenio, debe probar hasta dónde la presidenta tiene las manos libres para actuar.
La presidenta de México, Claudia Sheinbaum, habla en una rueda de prensa. (EFE/Mario Guzmán)
Lo que pasa es que mientras ella va tomando el control de todo, no hay una posición enfrente que le meta en aprietos. No hay un líder sólido que represente a unos opositores que no saben cómo salir del galimatías ideológico de parecer que su programa es algo más que "todos contra Morena".
Al votante pobre que recibe ayudas del Gobierno que le mejoran la vida, lo de la macroeconomía y las libertades no parece que le preocupe, señalan las encuestas. Su preocupación es sobrevivir, en el presente, porque el futuro es un lujo que no pueden permitirse. Morena, que también ha subido el salario mínimo, ha sabido entender esa urgencia que durante décadas otros gobiernos no entendieron. Y con esos mimbres, instaura un régimen que a futuro genera dudas de si es sostenible, como ha sucedido en algunos países latinoamericanos, y en el que la democracia se debilita bajo su ortodoxia ideológica.
Sheinbaum, mientras, goza de un fuerte apoyo popular en medio de una enorme polarización interna con dos visiones:
"La presidenta se celebra con una concentración en el Zócalo. No le basta ejercer un poder prácticamente absoluto, no le basta la imponente popularidad que registran todas las encuestas. No le bastan la mayoría legítima ni la supermayoría tramposa. No es suficiente la sumisión del Poder Judicial y su grotesca devaluación profesional. Sheinbaum ha querido seguir la ruta de las movilizaciones para rendirse homenaje a sí misma. La populista necesita mostrar sus credenciales y convertir al pueblo en matraca de su egolatría", escribe Silva-Herzog.
"La presidenta Claudia Sheinbaum Pardorepresenta a una estadista patriota del siglo XXI, que transforma su tiempo histórico. Como Juárez o Mandela, encarna una visión ética y científica que devuelve al Estado mexicano su esencia: servir al pueblo, garantizar justicia y preservar soberanía", dice de ella Ricardo Peralta en el periódico Excelsior.
El pueblo, por ahora, parece decantarse por la segunda.
La presidenta de México, Claudia Sheinbaum, sopló las velas de su primer aniversario como jefa de gobierno mexicana sobre un pedestal. No estaba claro que eso fuera a suceder cuando inició su mandato entre nubarrones internos y externos. Diversos sondeos sitúan su aprobación en el entorno del 75%. Supera los números del expresidenteAndrés Manuel López Obrador, AMLO, lo que casi es sacrilegio entre sus votantes, y se coloca entre esa extraña lista de mandatarios con niveles de aprobación muy altos a los que la oposición acusa de practicar autoritarismo.