Un día después de su viaje exprés a Oriente Medio —en el que, en una misma tarde, auguró un "nuevo amanecer" desde la Knéset y presidió una cumbre en Egipto— Donald Trumpapremió para que su plan de paz no cayera en el olvido. Recién aterrizado, con la tregua ya en marcha, pero aún a gatas, el presidente estadounidense publicó en su red social particular: "¡¡La segunda fase empieza YA!!".
Ni a Hamás ni a Israel les había dado tiempo a mostrarse capaces de respetar la primera parte del acuerdo. El grupo palestino había vuelto con violencia a las calles de la Franja, y Benjamín Netanyahu amenazaba con reanudar la campaña si no recuperaba los cadáveres de sus últimos rehenes. La primera violación llegó menos de un día después del mensaje de Trump, y dos días más tarde el Ejército israelí acusó a Hamás de disparar contra sus tropas y lanzó un ataque aéreo sobre el enclave palestino.
Ni en Gaza ni en Tel Aviv se hablaba aún de segundas fases: Hamás denunciaba la muerte de 97 palestinos y el bloqueo de la entrada de ayuda humanitaria por el paso de Rafah; y Netanyahu pedía explicaciones sobre los 15 cuerpos que aún siguen en Gaza.
Trump se encargó de resolver la crisis. A Hamás lo amenazó de "erradicarlo" por redes sociales, y para ocuparse de Netanyahu mandó refuerzos que han llegado esta semana a Israel. La visita, una semana después del presidente, de su enviado a la región, Steve Witkoff, y su yerno, Jared Kushner, se antoja a algunos como un tirón de orejas al primer ministro israelí. "Están aquí para hacer ‘Bibi-sitting’", acuñó el martes la periodista estadounidense Lesley Stahl, del programa 60 Minutes, en una entrevista con Kushner y Witkoff.
La estrategia de la Casa Blanca no quedó ahí. El martes también, aterrizó en Tel Aviv el vicepresidente, JD Vance, con una petición: "Va a llevar un poco de tiempo", dijo el estadounidense en su reunión con Netanyahu, refiriéndose a los restos que Hamás aún debe entregar. "Es difícil. No va a suceder de la noche a la mañana. Algunos de estos rehenes están enterrados bajo miles de kilos de escombros. De otros, ni siquiera se sabe dónde están", añadió. Pero Vance también viene para tener una conversación incómoda con Netanyahu, que durante los últimos días ha llamado —junto con algunos ministros de su gabinete— a terminar los objetivos de la guerra.
Citando fuentes anónimas de la Administración Trump, el New York Times ha revelado que a EEUU le preocupa que Israel "renuncie" al plan del presidente, que prevé una fuerza de estabilización internacional para desmilitarizar Gaza y un comité "tecnocrático y apolítico" para gobernar la Franja. El diario neoyorquino también ha confirmado que Kushner, Witkoff y Vance se encuentran en Israel paraevitar que reanude una guerra total contra Hamás. En la reunión de este miércoles con Vance, Netanyahu ha rechazado a priori el papel de Turquía —garante del plan de Trump— como parte de la fuerza de estabilización internacional. "Tengo opiniones muy firmes al respecto. ¿Adivinas cuáles son?", le ha preguntado el primer ministro israelí a Vance.
Mientras en Israel parece demasiado pronto para hablar de una segunda fase del alto el fuego, hay quienes se preguntan qué le depara a Gaza si la situación actual se mantiene. Hamás, que solo dio el visto bueno a los primeros seis puntos del plan de Trump y rechaza entregar sus armas más que a un Estado palestino, puede esperar un futuro parecido al de Hezbolá. La milicia libanesa, que firmó un alto el fuego con Israel el pasado mes de noviembre, también se resiste a desarmarse y, pese al fin de la guerra, las zonas bajo su dominio siguen bajo ataque casi diario del Ejército israelí.
Mona Yacoubian, directora del programa sobre Oriente Medio del Center for Strategic and International Studies, describe la realidad actual en el Líbano como un "less-fire" (menos fuego) en oposición al ‘ceasefire’ (alto el fuego) que se esperaba que trajera el acuerdo auspiciado por Joe Biden el pasado otoño. Esta guerra de baja intensidad, en la que han muerto más de 270 personas en once meses, "podría servir perfectamente como modelo para Gaza, dando esencialmente libertad a las fuerzas israelíes para atacar cuando lo consideren una amenaza sin que se reanude el conflicto por completo", afirma Yacoubian.
La teoría tiene adeptos dentro del aparato militar israelí. Según Yoshi Yehoshua, periodista del Yedioth Aharonoth, el jefe del Comando Sur del Ejército, Yaniv Assor, dijo este fin de semana mientras visitaba las protestas que pretende "libanizar" el frente gazatí.
Igual que pasó —y sigue pasando— con Hezbolá, la atención mediática israelí se vuelve estos días hacia el posible rearme militar de Hamás. Según la televisión pública hebrea, el grupo palestino mantiene operativos a 20.000 de los 40.000 combatientes con los que contaba antes de la guerra, y ha empezado a reclutar a algunos nuevos, "aunque con una formación muy pobre".
A Israel le preocupa que, mientras llega una nueva fase del alto el fuego, Hamás consiga recomponerse, y por eso le ha pedido a EEUU que paralice por el momento los planes de reconstrucción en Gaza. Pero este impasse no va a ayudar a nadie. Según un informe publicado este martes por el centro de investigación Crisis Group, una primera fase prolongada ad aeternum mantendría el enclave palestino "dividido y empobrecido, con la mitad de su territorio bajo control directo israelí, con las agencias de ayuda proporcionando un apoyo limitado mientras Hamás gobierna el resto".
En tal escenario, "es improbable que los combatientes o grupos afiliados detengan toda su actividad", explica el estudio. El rechazo de ambas partes a un plan como el de Trump —que, entre otros defectos, peca de vago e ignora la conexión de Gaza con Cisjordania— impide que se resuelvan asuntos tan cruciales para ambas partes como el desarme, la entrada de ayuda humanitaria, el desmantelamiento de la red subterránea de túneles o la gobernanza de la Franja.
Si el alto el fuego en Gaza se queda enconado donde está ahora, quedará un vacío "que solo Hamás sabrá llenar de nuevo", vaticina Kobi Niv, columnista de Haaretz. Y, para cumplir lo que Israel le pide, el grupo palestino necesita una garantía de supervivencia política. Dejarán las armas, y, probablemente, sus bases se reconfigurarán en partidos políticos que defiendan las mismas ideas. Ese, al menos, es el patrón que el think-tank Rand Corporation identificó en su estudio de 2008, "Cómo terminan los grupos terroristas". El mismo ensayo reveló que, desde 1968, la fuerza militar rara vez ha conseguido derrotarlos, ni en Irlanda del Norte, ni en Colombia, ni en Sudáfrica. Pero, de momento, la guerra perpetua, como la seguimos viendo con un alto el fuego en vigor, se presenta como la opción preferida por Israel.
Un día después de su viaje exprés a Oriente Medio —en el que, en una misma tarde, auguró un "nuevo amanecer" desde la Knéset y presidió una cumbre en Egipto— Donald Trumpapremió para que su plan de paz no cayera en el olvido. Recién aterrizado, con la tregua ya en marcha, pero aún a gatas, el presidente estadounidense publicó en su red social particular: "¡¡La segunda fase empieza YA!!".