El hombre más incómodo para Bukele: "El algoritmo parece ser el nuevo Dios... y él es su maestro"
Desde el exilio, Carlos Dada dirige El Faro y sigue destapando los secretos del poder en El Salvador. Mientras, la represión y persecución de periodistas en el país se acelera
El director del periódico salvadoreño El Faro, Carlos Dada. (EFE/Xoán Rey)
Nayib Bukele se autodenomina en Twitter “rey filósofo”. Carlos Dada, director de El Faro, prefiere llamarlo por su nombre: dictador. Es el fundador del primer periódico digital de América Latina. Desde que Nayib Bukele llegó al poder en El Salvador, en 2019, tanto Dada como sus trabajadores llevan denunciando y revelando la cara oculta del presidente salvadoreño: pactos con pandillas, intercambios de presos opacos con los Estados Unidos, corrupción y una represión escondida bajo una exitosa campaña de propaganda online.
Los periodistas de El Faro han pagado caro su enfrentamiento con el poder y han denunciado espionaje, amenazas y persecución. No saben cuándo podrán volver a la redacción en la que empezaron. Ni siquiera saben si podrán volver a su país. Recientemente, la principal asociación de periodistas de El Salvador, la APES, anunció su exilio mientras denuncia la existencia de una "lista negra" de periodistas y activistas pendientes de captura en el país.
No hay evidencias de quién figura en esta "lista negra". Tampoco si Carlos Dada está entre ellos, aunque el director de El Faro lleva años exiliado por la represión del Gobierno de Bukele.
Dada nos recibió este septiembre en la Casa de América, en Madrid, con el tráfico de Paseo de Recoletos de fondo y frente a una exposición de fotografías del golpe de Estado de Augusto Pinochet en Chile. Una parte de la memoria de la convulsa historia latinoamericana de la que todavía quedan capítulos por escribir. Carlos Dada es uno de los protagonistas del capítulo salvadoreño. Pero él insiste en no serlo.
PREGUNTA. En múltiples ocasiones ha criticado que se trate a los periodistas como héroes, que no tienen que ser protagonistas. ¿Qué se siente al ser protagonista a veces, aunque sea a la fuerza?
R. Bueno, mira, yo estoy descubriendo una cosa. A mí me incomoda mucho esa posición de protagonista. Sí. Pero también estoy asumiendo desde hace un par de años que necesitamos contar nuestra historia, también es un vehículo para contar la historia de lo que está pasando en mi país. Por más que a mí me incomoda.
P. ¿Cómo se hace periodismo de sábanas o "a la antigua" frente a gente que hace política con tuits?
R. ¿Cómo se hace periodismo a secas contra gente que invierte millones y millones de dólares en aparecer en los teléfonos de taxistas en Asunción, Paraguay ,o en Bogotá?... ¿Cómo combatir eso? Si ahora en este mundo contemporáneo, el algoritmo parece ser el nuevo Dios. Quien tiene el conocimiento, los recursos y la tecnología para aparecer en tu celular, aparecerá en tu celular… y Bukele es el maestro de estas cosas.
P. Mario Guevara, el periodista salvadoreño que fue detenido por ICE, hace unos días le escribió una carta a Bukele en la que le pedía que lo sacara de la cárcel, y finalmente fue deportado. ¿Cómo se recibe que Bukele persiga periodistas dentro del país y otros desde fuera le pidan ayuda?
R. Lo primero que eso te indica es que en mi país la única manera de conseguir legítima defensa es apelar a la voluntad de un dictador, Mario Guevara no está apelando a instituciones, está apelando al tipo que controla todo el Estado. Al tipo en cuyo poder puede decidir la suerte de quien le dé la gana en el territorio en el que se ha instalado. En realidad es un caso distinto porque él ni siquiera está ejerciendo en El Salvador, está ejerciendo en Estados Unidos.
P. ¿No le resulta curioso que un país como EEUU, que se enorgullece de “esa tradición de libertad de prensa”, persiga ahora a un periodista por cubrir las manifestaciones contra ICE?
R. Estados Unidos ya no es el Estados Unidos de hace 9 meses, estamos en un mundo muy distinto.
P. Siempre se trata a Latinoamérica como "el patio chico de los EEUU.", Trump está hablando últimamente de “narcoterrorismo”, ¿está Trump intentando volver a reafianzar esa influencia perdida en Latinoamérica?
R. Es un buen ejemplo. Antes creíamos en el imperio de la ley... Que nadie es culpable hasta que te agarren con las manos en la masa o demostraran tu culpabilidad. Ahora sin juicio de por medio se avienta un misil contra lanchas. Estamos pasando a un nuevo orden mundial, en el que las cosas que creíamos más apreciadas que se habían conseguido después de la Segunda Guerra Mundial habían llegado para quedarse. Pues resulta que no, que no se están quedando.
Por ejemplo: durante su primer periodo como presidente, Trump creó una fuerza especial llamada Vulcan,compuesta por agentes de la DEA, del FBI y de ICE, cuya única tarea era localizar a líderes pandilleros de la Mara Salvatrucha y llevarlos a Estados Unidos para ser sometidos a juicio, porque en Estados Unidos es una organización terrorista.
Bukele, que pactó con las pandillas, liberó a cabecillas de la Mara Salvatrucha, que luego fueron capturados en México y entregados a EE. UU. Esos pandilleros ahora están esperando juicio en Nueva York; si tienen su día en la corte, revelarán sus pactos con el señor Bukele.
Marco Rubio secretario de estado de EEUU junto a Bukele en Febrero de 2025 (Reuters/Mark Schiefelbein )
No hay nada ahora más importante para Bukele que evitar ese juicio. El secretario de Estado Marco Rubio visitó San Salvador en marzo; fue su primer viaje como secretario de Estado a Centroamérica. Hizo un acuerdo con Bukele al que ni los congresistas norteamericanos han tenido acceso…
Pero el mismo secretario Rubio dio a conocer que el acuerdo incluía que Estados Unidos enviara a todos sus “indeseables”, a cambio de un pago, por cada prisionero que Bukele mantendría en su megacárcel. Después supimos otros pormenores de ese acuerdo, lo que le exigió como punto de honor es que le enviaran a Bukele los cabecillas de la Mara Salvatrucha que están en Nueva York. Ya enviaron al primero.
Ya el Departamento de Justicia está pidiendo desestimar las acusaciones contra otro de ellos para enviarlo a El Salvador. Son nueve los capturados en Nueva York esperando a juicio. Es decir, el mismo Trump está actuando contra el trabajo de su propia fuerza especial. Porque esto es lo que en su concepción de la política requiere este momento.
P. ¿Estamos volviendo a ese Estados Unidos sin la careta de los setenta? ¿Vuelve a ser el Estados Unidos de la Operación Cóndor?
R. No, yo más bien veo en Estados Unidos un Estados Unidos muy similar al del macartismo. El presidente Trump no pierde oportunidad de hablar de la izquierda radical como la culpable de todos los males en Estados Unidos. De amenazarlos, de exigir los despidos de toda la gente (...) hay una cacería de todos quienes les han sido críticos que yo creo que no veíamos desde el macartismo. Una caza de brujas a gran escala.
P. Bukele es uno de ellos, se autodenomina en Twitter como "rey filósofo" y tiene de fondo una foto del ejército salvadoreño que parece "los malos" de Star Wars. ¿Qué ha aprendido Trump de Bukele? Da la sensación de que se imitan el uno al otro.
R. Bueno, Trump se lo dijo en la Casa Blanca: "que le gustaba mucho cómo hablaba Bukele y que le iba a robar alguna de sus frases". Bukele le dijo en esa conversación: "Nos acusan de haber detenido a 80 000 personas. Yo más bien digo que hemos liberado a 6 millones." El Salvador es ahora el país del mundo con la mayor tasa de población encarcelada... más que Estados Unidos.
La solución a nuestros males ya no es inversión social, ya no es la presencia del Estado en las comunidades más necesitadas, sino que simplemente es encarcelar a toda la población. Y el presidente Trump ha demostrado que ese es el tipo de soluciones que le gusta.
P. Hablabas antes de la relación entre Bukele y las bandas traficantes dentro de El Salvador... No es el único país donde la gente está dispuesta a renunciar a sus libertades a cambio de intercambiarlas por seguridad.
R. La gente estaba viviendo desesperada y nuestra obligación, como periodistas, es entender a la gente. Una buena parte de la población salvadoreña, que no es mi caso, vivía sometida al yugo de unas mafias criminales que eran las pandillas, que los extorsionaban para llegar a su casa, que les ponían la pistola en la cabeza, que los mataban, que violaban a sus hijas.
Presos durante una búsqueda en la prisión de Izalco El Salvador. (Reuters)
Sí, decidieron hacer un pacto faústico y la historia nos ha demostrado que esto no lleva ningún buen camino. No es parte de una estrategia del señor Bukele, el señor Bukele no tiene estrategias. La única estrategia de seguridad que tuvo desde el principio era pactar con las pandillas para disminuir la tasa de homicidios. Cuando ese pacto se le rompió, entonces soltó el ejército y desarmó toda la represión que seguimos viviendo.
Los salvadoreños estamos entrando a nuestro cuarto año bajo régimen de excepción. Lo cual implica que un policía te puede capturar porque le da la gana, sin necesidad de una orden judicial, y entonces entras en el hoyo negro del sistema penitenciario. Sin derecho a ver a tus abogados, sin derecho a visitas, caés en un hoyo negro en el que básicamente desaparecés.
La tortura sistemática ha vuelto a nuestras cárceles. Los presos políticos han vuelto por primera vez desde los años de la guerra a principios de los noventa. ¡Amnistía Internacional ha declarado presos de conciencia en El Salvador!, cosa que no existió durante toda nuestra era democrática...
P. ¿Se ha vuelto El Salvador una cleptocracia?
R. Nosotros acabamos de sacar un reportaje sobre esto, sobre cómo él ha desaparecido 3.000 millones de dólares en un país muy pobre. Sabemos que ha multiplicado sus propiedades. Sabemos que su círculo interno ha multiplicado su riqueza. Sabemos que algunos diputados de su partido también lo han hecho.
Sabemos que Bukele ha emprendido una especie de plan de sustitución de élites con él a la cabeza utilizando contratos a dedo, desde que Bukele entró al poder, entre pandemia y régimen de excepción llevamos tres cuartas partes de su gobierno sin aplicación de la ley de contrataciones del Estado. Como vivimos en emergencia, tampoco hay rendición de cuentas.
"Sabemos que Bukele ha emprendido una especie de plan de sustitución de élites con él a la cabeza utilizando contratos a dedo"
P. ¿Y a esto se suma la reforma constitucional para permitir la reelección indefinida?
R. Fue una interpretación de la sala de lo constitucional de la Corte Suprema, que Bukele mismo instaló. Despidió a los jueces anteriores, puso a los suyos y sorpresivamente su primer acto fue reinterpretar siete artículos específicos. Seis artículos específicos de la Constitución salvadoreña prohíben la reelección, ¡seis...! Literalmente no hay dudas ni ambigüedades, lo dice de todas las maneras posibles.
Sin embargo, ahí está el señor, no hay manera de hacer que se respete la Constitución en el país. No hay manera de sujetar al presidente y hacer que cumpla con la Constitución.
P. Has reportado sobre algunos de los peores momentos de la historia reciente de Centroamérica, entre ellos Nicaragua. ¿Crees que la juventud salvadoreña que en principio apoyó a Bukele podría hacerle frente como los nicaragüenses?
R. Ahora mismo no veo ninguna posibilidad para eso... todo esto ha agarrado a la mayor parte de la gente por sorpresa. Para esto, Bukele sí tiene un plan. Es decir, para mí el proyecto político de Bukele es un proyecto de acumulación de riqueza y de poder. Es así de vulgar. No hay utopías políticas. Él sabe que ha estirado mucho su popularidad de una manera magistral y hay que concederle ese mérito. Pero sabe que se le va a terminar porque esto así es, los ciclos así son.
P. Vuestro periódico está ahora mismo en el exilio en Costa Rica, decías: "Nunca se ha hecho mejor periodismo de investigación en Latinoamérica que ahora”, resulta curioso cuando toda Latinoamérica está cayendo en las métricas de libertad de prensa. ¿Cómo es esto posible?
R. A mí me parece justo una razón para homenajear a todos mis colegas. Cuando con más cosas en contra están, más comprometidos a seguir haciendo su trabajo, a investigar y a destapar los escándalos de corrupción de nuestros respectivos gobiernos. Yo creo que estamos viendo utilizar nuevas herramientas por una generación de periodistas en la que muchos han decidido asumir el reto histórico.
Un reto histórico en condiciones terribles, y es cierto que muchos otros han desertado y yo no los culpo. No los culpo porque ellos se metieron a ser periodistas en democracia.
P. ¿Vuestro proyecto, El Faro, también comenzó en democracia?
R. Claro, pero yo tengo una edad suficiente como para haber conocido mi país sin democracia.
P. ¿Cómo se vive ese proceso de empezar El Faro con esa ilusión que siempre viene después de la llegada de la paz y una nueva democracia y ahora verla desaparecer de tu país?
R. Quizás yo lo que te digo, porque soy de otra generación, veo ahora nuestros años de democracia como un paréntesis en nuestra historia de regímenes autoritarios. Pero los jóvenes de las redacciones salvadoreñas, incluyendo los de El Faro, les está costando mucho lidiar con esto porque no saben cómo se come en una dictadura, no saben cómo se hace periodismo en una dictadura.
P. ¿Cómo se hace el periodismo bajo una dictadura?
R. Es una pregunta importante… Pues con mucho ahínco, ¿Qué más te puedo decir? Es mucho más complicado hacer periodismo así, el exilio tiene un montón de riesgos periodísticos. Perdés el contacto con la población, las fuentes de información están cerradas, no como una democracia. Sobre todo, para quienes ejercemos periodismo de investigación, toma muchos años cultivar fuentes que desarrollen la suficiente confianza en tu prudencia para protegerlas.
Cuando nosotros hicimos público que teníamos el Pegasus (el software de espionaje), que lo teníamos todos en el periódico, hicimos una editorial que se titulaba "A nuestras fuentes", en el que decía: "Hemos hecho todo lo posible por protegerles, pero sépanse que hay alguien que tiene todas nuestras comunicaciones y ahí podrías estar”... por supuesto, nadie nos volvió a contestar un teléfono en algún tiempo.
Ahora las consecuencias ya no solo vienen de una cárcel o ya no solo vienen de una pandillas, vienen del mismo Estado, de un Estado criminal, que mete a la cárcel a sus enemigos políticos, que lleva ya más de 400 muertos por torturas en las prisiones.
Marcha de familiares detenidos durante el régimen de excepción en El Salvador 2024. (EFE/Rodrigo Sura)
P. Publicabais hace poco una pieza sobre un caso de corrupción en relación con aguas residuales de San Salvador. ¿Cómo se hace periodismo de investigación local tan concreto con toda la redacción exiliada?
R. No lo hago yo, ahora ya casi no reporteo y ya casi no escribo, no me dedico más a dirigir un periódico y tratar de que sobreviva esta etapa. Lamentablemente, porque a mí lo que me gusta es ese libro que tenés ahí en la mano (Los pliegues de la cintura), eso es lo que me gusta hacer. Lo hago poco hoy.
P. ¿Cómo se vive el exilio, el cansancio, esa sensación de decir no sé cómo van a estar las cosas dentro de aquí a diez años?
R. No es lo mismo para todos, a lo mejor esto me condiciona la vida por completo o a lo mejor no vuelvo a mi país. Por eso te digo que hay una diferencia generacional. Este es mi segundo exilio. Mi primer exilio fue por mis padres, no por mí... Para ellos este es el primero. La historia de El Salvador se podría contar solo a partir de sus olas de exilio.
Ahora hay mucha gente ya mayor, nicaragüenses, salvadoreños, que está exiliada, que ya no se preguntan: ¿yo cuándo podré regresar? Lo que se preguntan es: ¿y dónde me van a enterrar?
"La historia de El Salvador se podría contar solo a partir de sus olas de exilio"
P. Es muy duro…
R. Pues ya te digo, será más duro para algunos que para otros, todo exilio es una tragedia personal. Eso yo lo tengo muy claro.
P. ¿Qué le dices a tus compañeros periodistas, a los que son más jóvenes, para que sean capaces de llevar esta situación?
R. Yo les he repetido, sobre todo a mi redacción: "Entiendo que ninguno de ustedes se metió a este trabajo asumiendo que el precio que había que pagar era tan alto". Lo entiendo perfectamente y no tienen por qué aceptar. El que quiera irse que se vaya... creo que tal vez es lo más saludable mentalmente.
Además, es que es la única manera de evitar que te estén interceptando el teléfono con Pegasus, sacándote fotos de tus hijos y de tu familia, de tener gente afuera de tu casa, de que te metan drones por la ventana, de estar recibiendo amenazas por internet... a las chicas las amenazan de violarlas en las redes sociales… Solo hay una manera muy fácil de evitar todo esto, y es renunciar.
El que se quede tiene que saber que no se va a quedar en El Faro para estar callado.
"El que se quede tiene que saber que no se va a quedar en 'El Faro' para estar callado"
P. ¿Qué le dirías a ese ciudadano, español o latinoamericano que tiene Centroamérica olvidada, que les resulta indiferente?
R. Aquí en España, yo me subo un taxi y el taxista me habla de Bukele, a Bukele sí que le conocen, pero de Nicaragua no tienen idea (...) Les diría: "Mire, sean responsables como ciudadanos, no se queden con lo que le dijo un influencer en su teléfono". Y sépanse que la historia nos demuestra que las dictaduras nunca son buenas, nunca. Ya pasamos por este camino, ya sabemos cómo termina.
P. Si tuvieras cara a cara a Bukele, ¿qué le dirías?
R. Show me the money! (Enseñame el dinero)
Me encantaría hacerle una entrevista, lo primero que le preguntaría es: ¿cuál es tu proyecto político?, ¿cómo es posible que estés en tu segundo periodo presidencial y no conozcamos cuál es tu utopía política? ¿Cuál es tu proyecto, cuál es tu visión de nación? Me interesaría mucho saber eso, aunque me temo que no hay respuesta.
Me temo que no hay una utopía para mí.
Nayib Bukele se autodenomina en Twitter “rey filósofo”. Carlos Dada, director de El Faro, prefiere llamarlo por su nombre: dictador. Es el fundador del primer periódico digital de América Latina. Desde que Nayib Bukele llegó al poder en El Salvador, en 2019, tanto Dada como sus trabajadores llevan denunciando y revelando la cara oculta del presidente salvadoreño: pactos con pandillas, intercambios de presos opacos con los Estados Unidos, corrupción y una represión escondida bajo una exitosa campaña de propaganda online.