Más allá del 'logro feminista' de la primera líder de Japón: ¿vuelta al Ejército Imperial?
Fanática del heavy metal, discípula de Shinzo Abe y defensora de revisar la Constitución pacifista, su victoria abre una nueva era cargada de incógnitas para Japón
La líder del Partido Liberal Democrático (PLD), actualmente en el poder en Japón, Sanae Takaichi. (Reuters/Kim Kyung-Hoon)
Sanae Takaichi, exministra de Seguridad Económica, fanática del heavy metal y admiradora confesa de Margaret Thatcher, ha hecho historia al convertirse en la primera mujer que gobernará Japón en su historia moderna. Tras imponerse el pasado octubre en las primarias del gobernante Partido Liberal Democrático (que, pese a su nombre, es conservador), este martes ha conseguido los apoyos suficientes para ser investida en el Parlamento japonés.
Su ascenso rompe el techo de cristal más alto de la política nipona, una sociedad fuertemente patriarcal, pero lo hace desde una posición que combina continuidad y controversia: es la heredera del ala más dura del partido y sus posturas ultraconservadoras —desde la revisión de la Constitución pacifista japonesa hasta el rechazo al matrimonio homosexual— anticipan un mandato tan histórico como divisivo. Una 'halcón' del "Japón primero" elegida apenas unos días antes del inicio de la gira, esta semana, de Donald Trump a Asia.
El camino no ha sido fácil. La inicial victoria de Takaichi llegó tras derrotar en segunda vuelta al ministro de Agricultura, Shinjiro Koizumi, hijo del carismático ex primer ministro Junichiro Koizumi, conocido como el "Richard Gere japonés". El duelo fue leído en un inicio como una batalla generacional —una veterana de 64 años frente a un joven de 43—, pero la capacidad de la dirigente para aglutinar las facciones más conservadoras y tranquilizar a los pesos pesados del partido resultó determinante. Su victoria supuso un triunfo para el ala derecha del PLD tras un año bajo el liderazgo más moderado de Ishiba.
Sin embargo, esa dureza de las posturas de Taikaichi, especialmente en materia de seguridad, le granjeó la peligrosa salida de la coalición gobernante japonesa del partido budista Komeito, una formación pacifista que mantenía una alianza de 26 años con el PLD y que actuaba como un freno a las políticas de defensa más agresivas del Partido Liberal Democrático. La disolución de esta alianza abrió una ventana de oportunidad a que la dividida oposición japonesa encontrara su propio candidato a primer ministro. Finalmente, no sucedió y Takaichi logró hacerse con el apoyo del partido opositor de extrema derecha Nippon Ishin (Partido de la Innovación Japonés). Gracias al apoyo de Nippon Ishin, a Taikaichi solo le faltarían dos únicos votos para lograr la mayoría en la votación de investidura de este martes por la tarde.
Considerada una auténtica 'halcona' en materia de seguridad nacional y antigua protegida política del difunto primer ministro Shinzo Abe, Takaichi fue elegida por primera vez diputada en 1993 como independiente por su circunscripción natal de Nara, muy cerca de Osaka. De madre policía y padre trabajador de la industria del automóvil, Takaichi es licenciada en Administración de Empresas por la Universidad de Kobe. Según figura en su página oficial, trabajó como becaria parlamentaria en el Congreso de los Estados Unidos antes de iniciar su carrera política. Además, fue presentadora de televisión y destacó por su afición a las motos y a la batería en grupos de heavy metal cuando era estudiante.
A menudo describe a la ex primera ministra británica Margaret Thatcher como su modelo a seguir, aunque, desde su primera legislatura, Takaichi se ha mantenido al margen del predominio masculino que caracteriza al establishment político japonés. Defiende un papel mucho más firme para Japón frente a las amenazas de China y Corea del Norte. Partidaria de reformar la constitución pacifista de la posguerra, busca ampliar las capacidades militares de las Fuerzas de Autodefensa, aumentar su dotación presupuestaria y situar la seguridad en el centro de su mandato. Al igual que su mentor y ex primer ministro Shinzo Abe, busca completar la misión de revisar la constitución de posguerra para reconocer formalmente el papel de las Fuerzas de Autodefensa. Su visión de la seguridad se basa en buscar "la paz a través de la fuerza", lo que implica la defensa de unas fuerzas armadas japonesas más robustas. Este mismo año ha planteado incluso la posibilidad de una "casi-alianza de seguridad" con Taiwán.
Revisionista del papel de Japón en la Segunda Guerra Mundial, es visitante habitual del santuario Yasukuni, que honra a los caídos en la guerra —incluidos criminales de guerra condenados a muerte—, un gesto que los países vecinos leen como una provocación y un recordatorio del pasado militarista japonés. Durante la campaña suavizó su retórica hacia Pekín, pero se espera que mantenga una línea dura en cuestiones territoriales y comerciales. Al mismo tiempo, mantiene el principio de Abe de un "Indo-Pacífico libre y abierto", en estrecha sintonía con Estados Unidos, aunque insiste en que el "primer interés nacional" debe guiar todas las decisiones de política exterior.
En el ámbito social, Takaichi mantiene un discurso tajante contra la inmigración: exige controles más estrictos sobre la entrada y permanencia de extranjeros, insiste en que el empleo y los servicios deben priorizar a la población local (el famoso nihonjin faasuto —japoneses primero) y ha mostrado su rechazo al impacto del turismo masivo en la vida cotidiana. Durante su campaña, Takaichi defendió restricciones a la compra de propiedades por parte de extranjeros y un endurecimiento de la lucha contra la inmigración ilegal.
La líder electa del partido gubernamental cree que el país debería "reconsiderar las políticas que permiten la entrada de personas con culturas y orígenes completamente distintos", un discurso que, según analistas, refleja el giro a la derecha y se asemeja a los movimientos populistas en auge en otras partes del mundo.
También ha prometido medidas más estrictas contra los extranjeros que incumplan la ley. Ha alimentado, además, la preocupación pública por el turismo masivo al citar supuestas pruebas de visitantes extranjeros pateando a los ciervos "sagrados" del famoso parque de Nara, un argumento con fuerte carga simbólica que le ha servido para conectar con sectores de la sociedad nipona recelosos del aumento de visitantes foráneos.
En el terreno de los derechos civiles, Takaichi se ha manifestado en contra del matrimonio entre personas del mismo sexo y defiende un modelo de familia anclado en valores tradicionales. Su postura la sitúa firmemente en el ala más conservadora del PLD. Ha generado críticas tanto de organizaciones de derechos humanos como de empresas multinacionales, que alertan de que, si se llevan a cabo estas políticas, podrían dañar la imagen internacional de Japón y dificultar la atracción de talento en un país marcado por el rápido envejecimiento de su población.
Además, ha respaldado la política del PLD, que promueve a las mujeres en sus roles tradicionales de "buenas madres y esposas", y defiende tanto la sucesión exclusivamente masculina en la familia imperial como la oposición al matrimonio entre personas del mismo sexo. También rechaza reformar la legislación civil del siglo XIX que permitiría a las parejas casadas conservar apellidos distintos, una medida destinada a evitar que las mujeres se vean presionadas a abandonar el suyo.
Sin embargo, en un inusual gesto de franqueza personal, reconoció recientemente sus propios problemas con la menopausia y subrayó la importancia de educar a los hombres en salud femenina para mejorar la vida de las mujeres en el ámbito escolar y laboral, un matiz que contrasta con su línea ideológica de fondo.
En el plano económico, la nueva líder apuesta por recuperar el modelo de su padrino político, resucitando el modelo Abenomics, basado en una combinación de estímulo fiscal, política monetaria expansiva y desregulación, con el objetivo de mitigar el alza del coste de la vida y reactivar la desacelerada economía japonesa. Entre sus propuestas destacan créditos fiscales y ayudas directas para los sectores de bajos ingresos, junto a un firme compromiso con la disciplina fiscal.
Además, la futura líder del país del sol naciente ha cuestionado la decisión del Banco de Japón de subir los tipos de interés. Con este planteamiento, Takaichi se perfila como defensora de una estrategia fiscal más expansiva y de una política monetaria menos restrictiva. Sin embargo, los analistas advierten que tales medidas chocan con una deuda pública ya descomunal —la más alta entre el G7 y las economías desarrolladas— y podrían sembrar dudas entre los inversores si no se acompañan de un plan creíble de sostenibilidad presupuestaria.
En el ámbito diplomático, la gestión de Takaichi se dará, además, en un momento de incertidumbre sobre el papel de Washington en Asia, con Donald Trump en la Casa Blanca y sus posiciones imprevisibles hacia los aliados. Aunque la líder japonesa ha reiterado su apoyo a la alianza bilateral, ya ha dejado entrever que no dudará en revisar acuerdos clave, como el pacto de inversiones por valor de 550.000 millones de dólares, si considera que va en detrimento del "interés nacional" de Japón. Esta postura marca una línea de mayor asertividad en la relación con Estados Unidos, en la que Takaichi pretende situar a Tokio no solo como socio estratégico, sino como actor con voz propia en la definición del equilibrio regional.
Al mismo tiempo, su perfil nacionalista y su disposición a adoptar posiciones firmes frente a Pekín o Pyongyang podrían tensionar las relaciones diplomáticas de Japón en Asia. Aunque Takaichi respalda la cooperación con Estados Unidos, Corea del Sur y Filipinas para contener las amenazas regionales, analistas advierten que un exceso de confrontación, especialmente con China, podría dejar a Tokio aislado si Washington opta por reducir su implicación en la región. El riesgo, señalan, es que la apuesta por la firmeza se traduzca en un debilitamiento de los márgenes de maniobra diplomáticos justo cuando Japón busca afianzar su liderazgo en el Indo-Pacífico.
El reto para Sanae Takaichi es, en definitiva, doble: hacer historia como la primera mujer en llegar al cargo más alto del país y, al mismo tiempo, gobernar con un ideario que genera tanta esperanza entre sus bases como recelo en amplios sectores de la sociedad japonesa y de la comunidad internacional. Fanática del heavy metal, devota del santuario Yasukuni y autoproclamada discípula de Margaret Thatcher, su perfil mezcla símbolos de ruptura y ecos del pasado más controvertido de Japón. La incógnita que se abre es si pasará a la historia como la líder que rompió el techo de cristal o como la primera ministra que devolvió al país a sus fantasmas más oscuros.
O, tal vez, como ambas cosas a la vez.
Sanae Takaichi, exministra de Seguridad Económica, fanática del heavy metal y admiradora confesa de Margaret Thatcher, ha hecho historia al convertirse en la primera mujer que gobernará Japón en su historia moderna. Tras imponerse el pasado octubre en las primarias del gobernante Partido Liberal Democrático (que, pese a su nombre, es conservador), este martes ha conseguido los apoyos suficientes para ser investida en el Parlamento japonés.