El papa León XIV no es Francisco, pero ya ha lanzado su primera guerra: contra Trump y sus MAGA
Este religioso agustino ha estado buscando su sitio, su propio acento y en los primeros diez días de octubre ha despegado ya por sí solo y lo ha hecho interviniendo de una manera más nítida en la política interior de su país natal
El papa León XIV en la audiencia semanal en la plaza de San Pedro. (EFE)
Medio año ha tardado León XIV —el primer papa estadounidense de la historia— en enseñarle las garras a su compatriota, el presidente Donald Trump. Se dice que Robert F. Prevost, sobre quien pesa la sombra de Francisco como una losa, no sería una mera copia del papa Bergoglio. Sin embargo, resulta indudable que comparte con él la misma hoja de ruta pastoral para la Iglesia católica en este segundo cuarto de siglo, una senda trazada con la inconfundible impronta del pontífice argentino.
Por eso, más frío y reflexivo que el temperamental jesuita, este religioso agustino ha estado buscando su sitio, su propio acento y en los primeros diez días de octubre ha despegado ya por sí solo y lo ha hecho interviniendo de una manera más nítida en la política interior de su país natal. Fin de la primera fase de lanzamiento.
Donald Trump acudió al Vaticano en abril para el funeral de Francisco pensando que se libraba de un molesto líder moral y saludó con optimismo la elección de un compatriota de 69 años nacido en Chicago. No fue el único en verlo así dentro de su Administración, donde una especie de religión a la carta impregnada de cristianismo con no poco de culto (o peloteo) al líder permea muchas decisiones, aunque choquen con el mismísimo evangelio en el que pretenden fundamentarse.
En estos casi seis meses, Prevost ha escuchado, analizado y esperado para lanzar su mensaje. La ocasión partió de su país, donde una decena de obispos, jaleados en las redes por la variopinta galaxia MAGA, se echaron encima de uno de los suyos, el cardenal de Chicago, Blaise Cupich, tras anunciar este su intención de premiar la larga trayectoria en defensa de los inmigrantes a un senador demócrata y católico practicante. ¿La razón? Dick Durbin es, además, un conocido defensor del derecho al aborto, algo que, según denunciaron en una carta abierta los obispos críticos, ponía en entredicho su credibilidad en la defensa de la vida.
"Entiendo la dificultad y las tensiones. Pero creo que, como yo mismo he dicho en el pasado, es importante considerar muchos aspectos relacionados con la enseñanza de la Iglesia", respondió el 30 de septiembre el papa a preguntas de los periodistas. "Quien dice estar en contra del aborto, pero a favor de la pena de muerte, no es realmente provida", añadió el Pontífice. "Y quien dice estar en contra del aborto, pero a favor del trato inhumano a los inmigrantes en Estados Unidos, no sé si eso es provida".
¿Un 'papa woke'?
"¿Es el papa católico León XIV un idiota o un auténtico woke o ambas cosas?"; "Algunos papas son una bendición. Algunos son una maldición"… Las descalificaciones contra Prevost llegaron de inmediato de vuelta arrojada con no demasiada consideración por influencers y activistas de extrema derecha, calificando los más mesurados de "terribles" y "decepcionantes" sus palabras al poner las dos cuestiones al mismo nivel y afirmando que se trataban de un ataque directo a los republicanos.
La propia Administración Trump eludió el enfrentamiento, pero defendió a través de la secretaria de prensa, Karoline Leavitt —ella misma una fervorosa católica que reza con su equipo antes de cada comparecencia ante los periodistas—, la política de deportaciones masivas puesta en marcha por Trump nada más acceder a su segundo mandato, en enero, como "la forma más humana posible" de hacer cumplir la ley.
Al día siguiente de criticar "el trato inhumano" de sus deportaciones, León XIV volvió a soltar una velada crítica a Trump durante un acto con motivo del décimo aniversario de la considerada primera 'encíclica verde' del papa Francisco subrayando el hecho de que tras la publicación de Laudato Si’ "no faltaron quienes intentaron minimizar los signos cada vez más evidentes del cambio climático, ridiculizar a quienes hablan del calentamiento global e incluso culpar a los pobres".
Ese comentario del papa se producía justo una semana después de que Trump calificara el cambio climático como "la mayor estafa jamás perpetrada en el mundo" en un discurso marca de la casa ante la asamblea general de la ONU. No todos hicieron esa conexión, pero las críticas en las redes arreciaron entre los negacionistas del MAGA igualmente tras conocer que en el momento cumbre del acto por la encíclica y después de pronunciar su discurso, el papa Prevostbendijo un trozo de hielo de más de 20.000 años de antigüedad desprendido por el cambio climático de un glaciar en Groenlandia.
Pero en la agenda del líder espiritual de 1.400 millones de fieles había más momentos para incidir en unos mensajes que fueron vistos como un claro intento de posicionarse y llamar la atención al menos del 20% de los católicos estadounidenses. La mayoría de los cuales (55%) votó al candidato republicano en las elecciones del pasado noviembre, otorgándole un nada desdeñable 22% de sus votos.
Así, el 8 de octubre, Mark Seitz, obispo de El Paso, diócesis fronteriza con México, y sus colaboradores vieron emocionarse hasta las lágrimas al papa cuando le mostraron un vídeo de cuatro minutos con testimonios de inmigrantes aterrorizados por las deportaciones masivas que estaban destrozando a familias enteras, separando a padres de hijos. "papa León, somos una familia mixta. Estoy muy triste, con mucho dolor y miedo. Llevo dos semanas sin salir y cuando salgo tengo miedo hasta para ir al doctor (…) papa León, usted sabe toda la situación que vive todo el mundo, que hay mucho dolor y que no tenemos paz. Pedimos sus oraciones para que hable con quien tenga que hablar. También pido oración para Donald Trump para que su corazón se llene de Amor, Compasión y Empatía", pudo leer Prevost en una de las cartas que también le entregaron.
"La Iglesia no puede callar"
"La Iglesia no puede callar ante la injusticia. Ustedes me apoyan, y yo los apoyo", contó en X que les dijo Dylan Corbett, del Hope Border Institute, presente en el encuentro. "El papa León dijo que le gustaría mucho que los obispos [estadounidenses] hablaran juntos sobre este tema", declaró luego el obispo Seitz en America Magazine, la revista de los jesuitas, remarcando que el papa mostró su deseo de que los obispos católicos y la Iglesia en Estados Unidos "estén unidos" en este asunto crucial, que es "una cuestión de dignidad humana", les dijo.
Al día siguiente, en un mensaje enviado a la red Catholic Charities USA, que reúne a 168 agencias diocesanas que ayudan a 15 millones de personas necesitadas en la primera potencia del mundo, el papa les instó a seguir apoyando a los migrantes y refugiados, actuando como "constructores de puentes entre naciones, culturas y pueblos". Ese mismo día, en una audiencia al cardenal Cupich, al que acompañaban líderes sindicales de su ciudad natal, donde Trump ha desplegado en los últimos días a las fuerzas federales para hacer redadas, Prevost les exhortó a acoger a los inmigrantes y refugiados y a apoyar los comedores sociales y refugios para ellos.
Y ya sería al día siguiente, 10 de octubre, cuando el pidió al presidente de los obispos de los Estados Unidos —buena parte de los cuales no había conectado con el papa Francisco— que su Conferencia Episcopal se mostrase más unida en la defensa de los inmigrantes. "Hablamos de los desafíos que enfrentamos cuando la gente se alinea más rápidamente con posiciones políticas que con el mensaje del Evangelio", explicó el arzobispo Timothy Broglio, reconociendo las distintas sensibilidades en aquel episcopado. "Me llevé algunas buenas lecciones del Santo Padre sobre ese mismo tema", añadió a los medios vaticanos.
Al regresar a casa comenzaron a notarse los efectos del llamado papal a la acción. El cardenal Cupich —a quien León XIV no solo no reprendió por su intención de reconocer a un líder demócrata proabortista, aunque defensor de los migrantes, sino que pocos días después nombró asesor de la Comisión Pontificia para el Estado de la Ciudad del Vaticano, en el puesto que había ocupado el propio Prevost antes de su elección como papa— calificó la estrategia migratoria de Trump de "innecesaria e intolerable", orientada a "aterrorizar". Además, instó al resto de los obispos a alzar "una voz moral y ética" sobre este asunto.
El obispo de El Paso criticó sin ambages la visa dorada implantada por Trump que otorga la ciudadanía estadounidense a extranjeros que pagan 5 millones de dólares. "A veces me pregunto si puedo reconocer a nuestro país. Porque nos fundamos sobre estos principios y nuestra Estatua de la Libertad se ha erigido donde tantos inmigrantes han entrado como un símbolo de esperanza, como un lugar de justicia", dijo Seitz, que a su vez es el presidente de la comisión de migraciones de la Conferencia Episcopal.
En ella, en la próxima plenaria de noviembre, Seitz presentará un documento para dar una respuesta común a la política migratoria de Trump, que ya ha deportado a 400.000 extranjeros, según datos de finales de septiembre del Departamento de Seguridad Nacional. Esperan cumplir el objetivo de los 600.000 a finales de 2025.
Medio año ha tardado León XIV —el primer papa estadounidense de la historia— en enseñarle las garras a su compatriota, el presidente Donald Trump. Se dice que Robert F. Prevost, sobre quien pesa la sombra de Francisco como una losa, no sería una mera copia del papa Bergoglio. Sin embargo, resulta indudable que comparte con él la misma hoja de ruta pastoral para la Iglesia católica en este segundo cuarto de siglo, una senda trazada con la inconfundible impronta del pontífice argentino.