Trump se esfuerza ahora por instaurar la paz entre Marruecos y Argelia antes de fin de año
Steve Witkof y Jared Kushner revelan en una entrevista que esperan alcanzar en breve un acuerdo entre ambos países. Antes EEUU confía en que el Consejo de Seguridad respalde el plan de Rabat para resolver el conflicto del Sáhara Occidental
El enviado especial Steve Witkoff y Jared Kushner se dan la mano mientras son reconocidos en la Knesset el 13 de octubre de 2025, en Jerusalén. (Kenny Holston/REUTERS)
Después de Gaza, de Armenia y de Azerbaiyán le ha llegado el turno al Magreb. La Administración del presidente Donald Trump se esfuerza también en que los dos "pesos pesados" de la región normalicen su relación y pongan, por tanto, fin al conflicto del Sáhara Occidental.
Steve Witkoff, el enviado especial de EEUU para Oriente Próximo, lo anunció el domingo por la noche, en una entrevista con el programa "60 Minutes Overtime" de la televisión CBS: "Nuestro equipo está trabajando ahora mismo con Argeliay Marruecos y habrá paz allí en los próximos 60 días, en mi opinión". A su lado, Jared Kushner, yerno de Trump y artífice de su política para Oriente Próximo, asentía.
Massad Boulos, enviado de Trump para el continente africano, ya declaró la semana pasada a la televisión saudí "Asharq" que Argelia es "favorable a una mejora de la relación con Marruecos, el rey, su Gobierno y su pueblo". Desea "solucionar definitiva y radicalmente" el conflicto del Sáhara Occidental, añadió. Boulous fue recibido a finales de julio por el presidente argelino Abdelmadjid Tebboune.
El empeño de Trump en poner fin al conflicto entre Marruecos y el Frente Polisario, respaldado por Argelia, quedó ya puesto de manifiesto a mediados de este mes cuando la delegación de EEUU ante la ONU puso en circulación un anteproyecto de resolución sobre el Sáhara Occidental que satisface plenamente a las autoridades marroquíes.
El enviado especial de Estados Unidos para Oriente Medio, Steve Witkoff, habla junto a Jared Kushner, y el secretario de Estado de Estados Unidos, Marco Rubio. (REUTERS/Evelyn Hockstein)
El texto, que será votado el 30 de octubre por el Consejo de Seguridad, insta a Rabat y al movimiento saharaui a iniciar "conversaciones sin demora ni condiciones previas sobre la base de la propuesta de autonomía de Marruecos" que describe como "seria, creíble y realista". Es, por tanto, "la solución más viable", recalca.
La prensa argelina ignoraba hoy por la mañana este anuncio de Steve Witkoff que, en cambio, la marroquí recogía con regocijo. La Administración Trump siempre se ha mostrado complaciente con Marruecos, especialmente desde que, en diciembre de 2020, se adhirió a los llamados acuerdo de Abraham. Siguió entonces la estela de otros países árabes y estableció relaciones diplomáticas con Israel. Cabe, por tanto, suponer que Argelia está siendo el país más presionado por Washington para que ceda en la negociación secreta en curso.
La relación entre Marruecos y Argelia es mala desde que este país accedió a la independencia de Francia en 1962. Ambas potencias libraron incluso una guerra directa, en 1963, que duró un mes. Rabat reivindica el este de Argelia que, argumenta, le pertenece, pero le fue amputado por el colonizador francés.
Tras la salida de España del Sáhara en 1975, ambas potencias continuaron enfrentándose a través del Polisario, que reivindica la independencia de la antigua colonia española, hasta el alto el fuego de 1991. Marruecos lo rompió en 2020, pero la guerra que allí se libra ahora es de muy baja intensidad. El Ejército argelino proporciona a la guerrilla saharaui armas vetustas y también la entrena.
Argelia cerró la frontera terrestre con Marruecos en 1994. Es la más larga del mundo (1.560 kilómetros) que permanece cerrada. En 2021 cortó el suministro de gas a España, a través del gasoducto Magreb-Europa, que abastecía también a Marruecos, y rompió relaciones diplomáticas con su vecino. Hoy en día no hay ni siquiera vuelos directos entre ambos países.
Marruecos y, en menor medida, Argelia, tienen como principal socio comercial a la Unión Europea. Es además la primera inversora en la región. Aun así, la UE y sus Estados miembros han sido incapaces de fomentar una mejora de la relación entre los dos "pesos pesados" del Magreb. Varios estudios señalan que si se pusiera en marcha un proceso de integración económica en el norte de África, este dinamizaría las economías del sur de Europa, especialmente la española.
Si la Administración Trump logra ahora instaurar cierta normalidad en la relación argelino-marroquí, quedará de nuevo patente el fracaso de la UE. Irrelevante en la negociación del alto el fuego en Gaza, podría también serlo en las conversaciones en curso para instaurar cierta concordia en su mismo patio trasero.
Después de Gaza, de Armenia y de Azerbaiyán le ha llegado el turno al Magreb. La Administración del presidente Donald Trump se esfuerza también en que los dos "pesos pesados" de la región normalicen su relación y pongan, por tanto, fin al conflicto del Sáhara Occidental.