Las protestas juveniles en Marruecos dan el salto y estallan en un puñado de disturbios con la Policía
La Fiscalía envía a prisión a 18 jóvenes que bloquearon una autopista mientras continúan las detenciones. Aun así, las manifestaciones reivindicando sanidad y educación se prologaron el martes, por cuarto día, en todo el país
La policía detiene a varias personas durante una manifestación en Rabat. (Reuters/Ahmed El Jechtimi)
La represión se acentúa en Marruecos, pero las protestas juveniles no decaen. La Fiscalía de Casablanca anunció el martes el ingreso en prisión de 18 jóvenes, mientras que otros seis, menores de edad, también serán enviados ante un magistrado especializado en la infancia. Aunque se carece de datos precisos, un puñado de manifestantes del pasado fin de semana también fueron encarcelados en varias grandes ciudades de Marruecos. Más de medio millar de personas han sido detenidas desde el sábado.
A través de las redes sociales, sobre todo la plataforma Discord, el colectivo juvenil GenZ212 volvió a convocar concentraciones el martes por la tarde en numerosas ciudades, algunas de las cuales, como Beni Melal o Berkane, se han añadido ahora al listado. En origen la movilización iba a durar solo el fin de semana, pero se sigue alargando. Las reivindicaciones también se amplían y a las mejoras en sanidad y educación se añaden la vivienda, las subvenciones a los productos de primera necesidad, etcétera. Son sociales y no políticas.
A media tarde del martes, centenares, a veces miles de jóvenes, se concentraban en Ait Amira, en la periferia de Agadir, o recorrían en motocicleta dando bocinazos la avenida Allal el Fassi de Marrakech porque la policía les vetó el acceso a la célebre plaza Jamaa el Fnaa. En Fez la columna juvenil sí parecía poder acercarse al centro de la ciudad.
Al caer la noche, los manifestantes dejaron de huir ante la policía y le hicieron frente por primera vez. Las manifestaciones se tornaron violentas. Los jóvenes destrozaban, por ejemplo, el mobiliario urbano en Inzigan, cerca de Agadir, obligando a los antidisturbios a replegarse. En otras ciudades prendieron fuego a vehículos estacionados intentando que las llamas les protegieran de las cargas. La policía no dudó, por su parte, en Oujda en embestir a los manifestantes con sus furgones atropellándolos.
Desde algunas cuentas aparentemente vinculadas al movimiento se pide incluso el boicoteo de la Copa Africana de las Naciones (CAN) que enfrenta a las principales selecciones del continente. Marruecos la acogerá a finales de diciembre. Es un poco la antesala del Mundial de 2030 que organiza junto con España y Portugal.
La hostilidad al ingente gasto presupuestario en infraestructuras futbolísticas, en lugar de la sanidad pública, aflora con frecuencia en las manifestaciones. Unos paneles electrónicos que anunciaban en Casablanca la CAN fueron hackeados el martes. "Todos los policías son hijos de p…", fue la frase que sustituyó a la publicidad.
El éxito digital de GenZ212 no se traduce sobre el terreno. Pese a que convocan con escasa antelación, para dificultar el despliegue de los antidisturbios, los jóvenes apenas logran manifestarse. Cargas policiales y detenciones abortan en buena medida las citas que se dan online. Hasta la prensa marroquí lo reconoce.
"Aun así, no tienen miedo y están determinados", explica al teléfono Omar Radi, un periodista marroquí excarcelado hace un año y que se reunió con varios jóvenes. "Argumentan que no tienen nada que perder", añade. "Son audaces", recalca. Algunos se han hecho selfis sonrientes dentro de los furgones policiales que les conducían a comisaría. La socióloga Samira Mizbar ensalzaba de nuevo el martes "la valentía de estos jóvenes".
Su atrevimiento les ha llevado a "lugares que los viejos militantes no osaban pisar" desde hace décadas, prosigue Omar Radi. Uno de ellos es la autopista urbana que cruza Casablanca, en cuyos aledaños los disturbios de 1981 se saldaron con al menos 600 muertos causados por las fuerzas del orden. "Era un lugar tabú", insiste Radi. Empujados, en parte, por las cargas policiales, los jóvenes no dudaron en cortarla el domingo, provocando un gigantesco atasco.
Por obstaculizar allí la circulación y además "consumir droga", Abdellatif Saadi, el fiscal general adjunto de Casablanca, decidió enviar a prisión a 18 jóvenes, según anunció él mismo el martes a la agencia de prensa oficial (MAP). Las autoridades quisieron probablemente así advertir a los manifestantes de los riesgos que corrían si persistían.
El rapero marroquí Hamza Raid, conocido en buena parte del mundo árabe, fue objeto de un ensañamiento policial incomprensible. Detenido dos veces, la última cuando estaba en un café, ha pasado largas horas en comisaría y será puesto en breve a disposición judicial. No solo sus seguidores le han expresado su solidaridad, sino también numerosos artistas.
Otra forma de combatir la movilización juvenil ha sido la aparición de un puñado de cuentas falsas en redes sociales que, en nombre de GenZ212, hacen llamamientos a la violencia. Tratan de socavar los mensajes originales que insistían la semana pasada en el carácter pacífico de las manifestaciones y en el respeto a las instituciones, empezando por la monarquía.
Desde la prensa oficialistatambién se ataca a GenZ212. "El discurso del movimiento juvenil oculta una lógica subversiva", escriben varios de los diarios digitales del grupo Barlamane afín al aparato de seguridad. Su objetivo es "sembrar dudas y alimentar una ruptura entre ciudadanos e instituciones", prosiguen. Lo sucedido recuerda "a la estrategia empleada por el movimiento del 20 de febrero de 2011 [versión marroquí de la "primavera árabe"] que bajo una apariencia de contestación social llevaba consigo un proyecto de desestabilización (…)".
Las autoridades de Marruecos sortearon la versión local de la "primavera árabe" estableciendo un diálogo que desembocó, entre otras cosas, en la elaboración de una nueva Constitución aprobada en referéndum en 2011. La nueva Carta Magna apenas reduce la autoridad del monarca, que sigue ostentando el grueso del poder ejecutivo. La "primavera árabe" quedó en nada.
Hasta el lunes las autoridades marroquíes no parecían muy propensas al diálogo. El primer ministro, Aziz Akhannouch, convocó, sin embargo, el martes por la tarde una reunión de los líderes de los partidos que componen su mayoría gubernamental. Concluyó proclamando su disposición a una "escucha atenta y a la comprensión de las reivindicaciones sociales". "El diálogo y el debate son los únicos medios para tratar eficazmente los problemas nacionales", insistieron, al tiempo que alababan "la actuación mesurada de las fuerzas del orden".
Si este pronunciamiento no es un mero intento de desactivar las protestas y quiere, de verdad, dialogar, Aziz Akhannouch se enfrenta a un problema. "GenZ212" es un movimiento reivindicativo anónimo y muy joven. Carece de líderes. Para sustituirles, el Gobierno marroquí no entablará contacto con los veteranos opositores, algunos exiliados, que les apoyan. Carece de interlocutores.
La represión se acentúa en Marruecos, pero las protestas juveniles no decaen. La Fiscalía de Casablanca anunció el martes el ingreso en prisión de 18 jóvenes, mientras que otros seis, menores de edad, también serán enviados ante un magistrado especializado en la infancia. Aunque se carece de datos precisos, un puñado de manifestantes del pasado fin de semana también fueron encarcelados en varias grandes ciudades de Marruecos. Más de medio millar de personas han sido detenidas desde el sábado.