La ofensiva del ¿'Don Quijote Costa'? en Copenhague: la UE busca sortear los vetos húngaros con Ucrania
Los Veintisiete abordan la idea de un crédito a Ucrania con activos congelados rusos y una propuesta del presidente del Consejo Europeo para tratar de desbloquear el proceso de adhesión
Los líderes de la UE se reúnen en Bruselas para debatir sobre Ucrania y la defensa europea. (Reuters/Christian Hartmann)
Los jefes de Estado y de Gobierno de la Unión Europea se reúnen este miércoles en Copenhague en una cumbre informal centrada en dos grandes asuntos: el refuerzo de la defensa europea y las fórmulas para garantizar el apoyo a Ucrania frente a la invasión rusa. Mientras, de fondo se trata de esquivar las trabas internas, es decir, el uso de vetos por parte de Hungría. Tanto la Comisión Europea como el presidente del Consejo, António Costa, exploran sus propias vías para librarse del bloqueo que Orbán lleva utilizando desde hace tiempo en distintos ámbitos relacionados con Ucrania. El objetivo: dar a Kiev estabilidad y previsibilidad. O, en palabras de una fuente europea esta semana, “mantenerles en la lucha”.
Por un lado, el Ejecutivo comunitario ha circulado un papel de reflexión donde presenta a las capitales su plan para el uso de los activos congelados rusos, con el objetivo de usarlos para emitir un crédito por valor de unos 140.000 millones de euros a Ucrania que sirva de inyección financiera al país. Es una idea que Von der Leyen ya planteó en su discurso del estado de la Unión a principios de septiembre, pero que ahora empieza a tomar forma, con muchos Estados miembros viéndolo con buenos ojos, pero todavía con necesidad de darle robustez jurídica.
La propuesta es sencilla: una serie de bonos rusos, que están congelados en territorio europeo por la congelación de activos que se ha aplicado con las sanciones que se han venido aprobando desde 2022, ya han vencido, por lo que se han convertido en efectivo, pero “debido a las sanciones (se) ha impedido realizar pagos a Rusia, por lo que este efectivo se está acumulando en Euroclear”, explica el documento exploratorio de la Comisión. La idea de Bruselas es utilizar ese dinero para conceder un crédito a Ucrania, que no tendría que devolverlo: se saldaría en el futuro con las reparaciones de guerra que, al menos desde la perspectiva de la UE, Rusia debería entregar a Kiev al término del conflicto.
Para dar seguridad jurídica a la operación, el Ejecutivo comunitario propone que esos fondos estén garantizados por los Estados miembros, de manera que ellos cubran esos 140.000 millones para poder asegurar a Euroclear que, pase lo que pase, el dinero estará disponible en caso de que se cumplan las condiciones para devolverlo a Rusia.
Esas son las condiciones son la paz y, en consecuencia, el levantamiento de las sanciones europeas. El problema es que esas sanciones tienen que renovarse cada seis mesespor unanimidad, y en Bruselas hay preocupación con que en el futuro pueda haber Estados miembros que se opongan a prolongar las sanciones, lo que provocaría su levantamiento y, en consecuencia, obligaría a devolver el dinero confiscado a Rusia. Por eso, la Comisión Europea quiere cambiar la base jurídica sobre la prolongación de las sanciones, usando un artículo de los tratados, el 31.2, que permite hacerlo por mayoría cualificada, y no por unanimidad.
Los 18 paquetes de sanciones que se han aprobado hasta el momento han contado, evidentemente, con el visto bueno de todos los Estados miembros, pero nada garantiza que ese respaldo siga ahí en el futuro. Hungría es un socio muy inestable que ha demostrado estar dispuesto a bloquear asuntos clave, y en las elecciones que se celebran en distintos países la cuestión del apoyo a Ucrania es, en ocasiones, un punto clave. Si se procede con este plan, Bruselas necesita tener perfectamente atado el veto de los países antes de la renovación semestral de las sanciones, no vaya a provocar la suspensión de las mismas y obligue a devolver esos activos a Rusia.
Los líderes abordarán el asunto en Copenhague, pero distintas fuentes insisten en que hace falta mucha seguridad jurídica, especialmente para Bélgica, el país donde se sitúa Euroclear. Sin embargo, la urgencia es obvia. La preocupación no es únicamente por un futuro veto, sino por la necesidad de canalizar dinero a Kiev, que necesita, solamente para gastos civiles, 60.000 millones de euros en 2026 y 2027, y mucho más si se tiene en cuenta el gasto militar. El bloqueo de Hungría en algunos ámbitos está complicando mucho la financiación. Por ejemplo, 6.600 millones de euros de fondos para el reembolso de envío de armas a Ucrania siguen congelados por el veto del Gobierno húngaro. Quedan también muchos detalles por cerrar, como el hecho de que todas las capitales se comprometan a ofrecer las garantías necesarias para el crédito. “No puede ser que algunos Estados miembros hagan garantías y otros no”, ha explicado una fuente diplomática.
La maniobra de Costa
Por otro lado, Costa y su equipo buscan esquivar el veto húngaro en otro ámbito: la adhesión de Ucrania a la Unión Europea. La negociación para que un país entre en el club consiste en la apertura de distintos “capítulos”, en los que tiene que ir demostrando que se alinea con las normas europeas en cada una de las materias. Para abrir y cerrar estos capítulos se requiere de unanimidad. Aunque con Ucrania los Veintisiete han dado luz verde al inicio de las conversaciones usando una argucia legal para esquivar el veto húngaro, el proceso está bloqueado en la apertura de capítulos.
El portugués, durante su tour por las veintisiete capitales del club, ha planteado la posibilidad de cambiar las normas para que la apertura de los distintos capítulos de las negociaciones de ampliación se decida por mayoría cualificada, aunque el cierre de esos mismos capítulos requiera unanimidad. El plan parece tener pocas opciones de prosperar, aunque una alta fuente europea defiende que, aunque sea difícil, Costa “no es Don Quijote” y no avanzaría con algo que sea “imposible”. “El presidente solamente intenta esto porque ve que hay opciones, de lo contrario no lo habría puesto sobre la mesa. Así que, por el momento, no tiene la impresión de que esto sea completamente imposible”, explica la misma fuente.
Sin embargo, en Bruselas son muchos los que le ven poco futuro. “La adhesión es un asunto tan importante que creemos que las normas que nos hemos dado deben mantenerse, es decir, que para la apertura de cada capítulo se requiere unanimidad. No solamente para Ucrania, sino para todos los países candidatos”, explica una fuente diplomática, que señala que su país no está “nada convencido de cambiar las reglas del juego durante el mismo”.
Los jefes de Estado y de Gobierno de la Unión Europea se reúnen este miércoles en Copenhague en una cumbre informal centrada en dos grandes asuntos: el refuerzo de la defensa europea y las fórmulas para garantizar el apoyo a Ucrania frente a la invasión rusa. Mientras, de fondo se trata de esquivar las trabas internas, es decir, el uso de vetos por parte de Hungría. Tanto la Comisión Europea como el presidente del Consejo, António Costa, exploran sus propias vías para librarse del bloqueo que Orbán lleva utilizando desde hace tiempo en distintos ámbitos relacionados con Ucrania. El objetivo: dar a Kiev estabilidad y previsibilidad. O, en palabras de una fuente europea esta semana, “mantenerles en la lucha”.