Los ataques híbridos de Rusia en Europa se han cuadruplicado. El culpable es este departamento
Desde 2023, el llamado Departamento de Tareas Especiales (SSD) ha absorbido las unidades encargadas de sabotajes, asesinatos y otras acciones de 'guerra no convencional' contra la OTAN, que sigue los manuales soviéticos
Vista general de los cuarteles generales del servicio de inteligencia militar ruso (GRU), en una foto de 2018. (Reuters/Stringer )
Camiones del ejército quemados en la ciudad alemana de Erfurt. Torres de telecomunicaciones saboteadas en Suecia. Una fuga intencionada en un gasoducto de Gdansk. Bases militares y almacenes incendiados en Polonia. Satélites GPS bloqueados en Lituania. Las compuertas de una presa en Noruega abiertas a la fuerza por hackers. Drones militares penetrando en el espacio aéreo de una decena de países de la OTAN. Y todo ello solamente en los últimos tres meses.
Son solo algunos de los recientes incidentes contra países de la OTAN, en los cuales hay un único sospechoso: una Rusia cada vez más hostil, que trata así de dejar claro que las acciones de apoyo a Ucrania tendrán una respuesta, aunque sea asimétrica. El volumen de episodios de este tipo es tal que la mayoría acaban pasando desapercibidos para el gran público, a no ser que uno esté prestando muchísima atención. Pero las cifras son claras: el número de acciones híbridas contra los estados occidentales se ha cuadruplicado desde 2024, según un reciente informe del Instituto Internacional de Estudios Estratégicos (IISS, por sus siglas en inglés).
“Rusia está librando una guerra no convencional en Europa. A través de su campaña de sabotaje, vandalismo, espionaje y acción encubierta, el objetivo de Rusia ha sido desestabilizar gobiernos europeos, minar el apoyo público a Ucrania imponiendo costes sociales y económicos a Europa, y debilitar la capacidad colectiva de la OTAN y la Unión Europea de responder a la agresión rusa”, señala el documento. “Mientras Rusia hasta ahora no ha logrado su objetivo principal, las capitales europeas han tenido problemas para responder a las operaciones rusas de sabotaje y han encontrado dificultades para acordar una respuesta unificada, actuar de forma coordinada, desarrollar medidas de disuasión efectivas e imponer costes suficientes al Kremlin”, sostiene.
Las conclusiones de este informe coinciden con las de otro publicado por el Centro de Estudios Estratégicos e Internacionales (CSIS) el pasado marzo: “El incremento de ataques señala que Occidente ha fracasado a la hora de obligar a Rusia a detener su campaña de sabotaje y subversión”, apunta dicho documento. “Los Estados Unidos y los países europeos, incluidas la Unión Europea y la OTAN, se han enfocado sobre todo en medidas defensivas para contrarrestar las acciones rusas, tal y como compartir inteligencia y reforzar la resiliencia (incluida la ciberdefensa). Pero aunque estos esfuerzos son necesarios, no son suficientes”, sostiene el informe.
El número de incidentes se redujo ligeramente durante los seis primeros meses de 2025, lo que algunos expertos interpretaron a la luz de los intentos del Kremlin de congraciarse con la Administración Trump, pero han vuelto a dispararse desde entonces. La situación ha llegado a tal punto que la OTAN ha empezado a diseñar una nueva estrategia contra este tipo de ataques, para actualizar la doctrina vigente desde 2015, que se considera ya totalmente desfasada.
Base aérea de la Bundeswehr en Colonia, durante el cierre decretado en agosto de 2024 por un intento de sabotaje. (EFE/Benjamin Westhoff)
El Departamento de Tareas Especiales
El responsable de gran parte de lo que está sucediendo es una unidad relativamente nueva y muy desconocida dentro de los servicios de inteligencia de Rusia: el llamado Departamento de Tareas Especiales (SSD, por sus siglas en ruso), creado en 2023 como respuesta al apoyo occidental a Ucrania. Aunque forma parte del GRU (la inteligencia militar rusa), en cuyo cuartel general tiene la base, también ha asumido algunas funciones que anteriormente le pertenecían al FSB, la agencia de inteligencia interior rusa, como por ejemplo las operaciones kinéticas en el espacio postsoviético.
Según los servicios de inteligencia occidentales, el SSD ha absorbido varios elementos tradicionales de la guerra híbrida de Rusia en el extranjero, como la llamada Unidad 29155, encargada de operaciones como el intento de envenenamiento del ex espía Sergei Skripal en el Reino Unido, el intento de golpe de estado en Montenegro en 2018 o la voladura de un depósito de armas en la República Checa en 2014. Después de que el trabajo de la organización de investigadores en fuentes abiertas Bellingcat permitiese identificar a casi todos sus miembros, esta unidad perdió su utilidad para las operaciones encubiertas.
El máximo responsable de la Unidad 29155 era Andrei Vladimirovich Averianov, un coronel general (un rango específico del ejército ruso) muy bien relacionado con el Kremlin, y que ahora ha sido puesto al frente del SSD. Averianov es sospechoso de haber orquestado el accidente de avión en el que murió el fundador del Grupo Wagner, Yevgeni Prigozhin, tras su breve rebelión en el verano de 2023. Las estructuras de Wagner en África, de hecho, también han sido absorbidas por el SSD.
El principal subordinado de Averianov en este departamento es el teniente general Ivan Sergeevich Kasianenko, un ruso nacido en el Kajazistán soviético en 1975, que se unió al GRU tras un período en la fuerza aérea, y de quien se cree que coordinó la operación de envenenamiento de Skripal. Habla persa fluido y ha operado bajo cobertura diplomática en Teherán, y los servicios de inteligencia occidentales le han identificado como un actor clave en la transferencia de tecnología, drones y misiles de Irán a Rusia desde el estallido de la guerra de Ucrania. En diciembre del año pasado, tanto EEUU como la UE impusieron sanciones al SSD y a sus miembros más relevantes.
Alexander Petrov y Ruslan Boshirov, dos miembros de la Unidad 29155, captados por una cámara durante la operación para evenenar al exespía ruso Sergei Skripal con Novichok en Salisbury, Reino Unido, en 2018. (Reuters)
Doctrina soviética
“Rusia cree que está en conflicto con lo que llama ‘el Occidente colectivo’, y está actuando conforme a eso, llegando hasta a amenazarnos con un ataque nuclear y un refuerzo de su ejército”, declaró James Appathurai, un subsecretario de la OTAN a cargo de las operaciones de guerra híbrida contra los países de la alianza, al diario The Wall Street Journal en un detallado artículo de este año sobre el Departamento de Tareas Especiales.
Lo más sorprendente es que este tipo de acciones parecen estar siguiendo al pie de la letra la doctrina del llamado Decimotercer Departamento del KGB, dedicado a planear operaciones de sabotaje contra los adversarios del Kremlin durante la época soviética, tal y como ha descubierto la historiadora checa Daniela Richterova buceando en los archivos de los servicios secretos comunistas de la antigua Checoslovaquia. “Las operaciones de sabotaje que estamos viendo hoy parecen imitar la doctrina de la Guerra Fría de manera importante. Un examen cuidadoso de los archivos de seguridad e inteligencia de checoslovacos, antaño ‘top secret’, sugieren que la elección de los objetivos de hoy está dirigida por una racionalidad similar a la de la Guerra Fría”, escribe Richterova en un detallado artículo.
Esta información era tan sensible que, según un documento de agosto de 1964, los instructores soviéticos que entrenaban a los operativos checoslovacos pidieron a sus aliados que no dejaran nada por escrito. Sin embargo, la burocracia de la Checoslovaquia comunista fue más fuerte. De acuerdo con los archivos, en abril de 1963 el Servicio de la Seguridad del Estado checoslovaco (StB) creó una unidad especial llamada Servicio de Propósitos Especiales, probablemente como reacción a la crisis de Berlín de 1961 y la crisis de los misiles de Cuba al año siguiente. La unidad estaba diseñada para “preparar y llevar a cabo distracciones, sabotaje, vandalismo y otras operaciones, dirigidas a la disrupción del potencial económico y militar del adversario durante tiempos de paz, pero principalmente durante una guerra, con el propósito de apoyar la política exterior y la seguridad del sistema socialista mundial”, según sus propios documentos.
El KGB presentó al StB una lista del tipo de objetivos a atacar, como infraestructuras energéticas, plantas eléctricas, ductos o refinerías; sistemas de comunicación, como ferrocarriles, o de telecomunicaciones, como torres telefónicas, cables o radares; almacenes, plantas químicas, industrias o reservas de agua; y bases militares. Justamente el mismo tipo de instalaciones que han sido objeto de sabotajes en los últimos años.
El plan, de acuerdo con los propios documentos, era desmoralizar al gobierno y minar su determinación a la hora de hacer frente a la URSS, así como erosionar el apoyo público a esas políticas. También se buscaba crear divisiones internas, no solo entre diferentes facciones políticas, sino también entre los diferentes países miembros de la OTAN. Por último, los sabotajes permitirían dañar económicamente al adversario y limitar sus capacidades militares.
Armin Papperger, consejero delegado de la firma de armamento Rheinmetall, objeto de un plan de asesinato por parte del SSD. (Reuters/Thilo Schmuelgen)
Polonia y Alemania, los más afectados
Polonia y Alemania son los países donde más incidentes y de mayor severidad se han producido. En mayo de 2024, un incendio en Varsovia destruyó el complejo comercial Marywilska 44, que daba empleo a 3.000 personas, obra de una célula de saboteadores desarticulada por las autoridades polacas en julio de este año. La célula estaba formada por 32 personas de nacionalidad rusa, ucraniana y bielorrusa, así como por un colaborador local polaco y un colombiano de 27 años. Pero no es la única: en lo que va de año, Polonia ha sufrido otros incendios intencionados en Wroclaw, en el metro de Varsovia, en un almacén de un contratista de defensa en Siemianowice Slaskie, y en una base militar en Minsk Mazowiecki. También varias explosiones en subestaciones eléctricas en Varsovia y Legionowo, y una fuga intencionada en un gasoducto en Gdansk.
Las bases militares y las infraestructuras de defensa en territorio alemán son también uno de los objetivos predilectos para este tipo de acciones, como el incendio en la fábrica del contratista militar Diehl en el extrarradio de Berlín, el arresto de dos individuos con doble nacionalidad germano-rusa que presuntamente planeaban hacer estallar instalaciones militares e industriales alemanas siguiendo instrucciones del GRU, o los intentos de envenenar el suministro de agua en dos bases del ejército en Renania del Norte-Westfalia, todo ello en 2024. Los servicios de seguridad alemanes, avisados por EEUU, también lograron abortar un plan para asesinar a Armin Papperger, el consejero delegado de una de las principales empresas de defensa alemanas, Rheinmetall, muy implicada en el suministro de armamento a Ucrania.
En mayo de este año las autoridades de Suiza y Alemania detuvieron a otros tres sospechosos acusados de preparar paquetes bomba destinados a estallar durante el transporte, para sembrar el pánico y crear caos y desconfianza pública, según la fiscalía. “Los individuos habían aceptado, no más tarde de finales de marzo de 2025, llevar a cabo incendios y atentados con bomba en transportes de paquetería en Alemania, siguiendo instrucciones de las autoridades estatales rusas”, declaró el ministro del Interior de Renania del Norte-Westfalia, Herbert Reul, en la rueda de prensa en la que se anunciaron estas detenciones. Los investigadores creen que los miembros de esta célula ensayaron el plan enviando paquetes con rastreadores GPS, y tenían intención de utilizar termita como químico incendiario.
Este plan se asemeja a otro descubierto el año pasado cuyo objetivo final, se cree, era colocar paquetes bomba en aviones destinados a EEUU y Canadá, y de hecho uno de los implicados, un ciudadano ucraniano llamado Vladislav Derkavets, habría jugado presuntamente un papel crucial en ambas operaciones. Los agentes rusos colocaron explosivos dentro de paquetes de almohadas, cosméticos y juguetes sexuales, que acabaron detonando los días 19, 20 y 21 de julio de 2024 en varios almacenes de la empresa de mensajería DHL en Birmingham (Reino Unido), Leipzig (Alemania) y Varsovia (Polonia). Un cuarto artefacto sin detonar fue hallado también en la capital polaca. Los paquetes bomba incluían compuestos químicos de magnesio o nitrometano altamente incendiarios, activados mediante detonadores de tiempo fabricados con aparatos electrónicos chinos baratos como los que se utilizan para rastrear objetos perdidos.
“El patrón en evolución de estas actividades apunta a un esfuerzo deliberado del Kremlin y los servicios de inteligencia de Rusia para aumentar la presión y la incertidumbre. La ausencia de bajas masivas no implica ausencia de intención o capacidad. Más bien, refleja una estrategia diseñada para intimidar, perturbar y poner a prueba la determinación de los gobiernos europeos de una manera cuidadosamente calibrada para evitar cruzar el umbral que desencadenaría una respuesta de represalia contundente. Sin embargo, el margen de escalada es estrecho: un solo fallo de seguridad podría resultar en bajas”, señala el informe del IISS. “El impacto acumulativo de los ataques rusos contra objetivos físicos, virtuales y mediante operaciones de información ha socavado la resiliencia occidental y dividido a las sociedades europeas. El efecto también ha sido reducir el umbral para una futura escalada y aumentar el riesgo de errores de cálculo estratégico en ambas partes”, añade el documento.
La situación, de hecho, todavía puede escalar aún más. En los últimos meses, por ejemplo, Rusia ha utilizado drones y navíos espía en el Báltico, el mar del Norte, el canal de la Mancha, el Mediterráneo y otros lugares para mapear infraestructuras energéticas y cables submarinos, que se teme que podrían ser objeto de sabotaje en el futuro. También se han detectado operaciones de vigilancia contra bases militares en Alemania y otros países de la OTAN. Objetivos potenciales que también figuran en las antiguas listas del KGB. “Todos estos paralelismos sugieren que la larga sombra de la doctrina de sabotaje soviético sigue guiando la forma en la que Putin hace la guerra de forma encubierta”, apunta Richterova. “Si este es el caso, va a haber más de todo ello”, predecía. Ya lo estamos viendo.
Camiones del ejército quemados en la ciudad alemana de Erfurt. Torres de telecomunicaciones saboteadas en Suecia. Una fuga intencionada en un gasoducto de Gdansk. Bases militares y almacenes incendiados en Polonia. Satélites GPS bloqueados en Lituania. Las compuertas de una presa en Noruega abiertas a la fuerza por hackers. Drones militares penetrando en el espacio aéreo de una decena de países de la OTAN. Y todo ello solamente en los últimos tres meses.