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Esta española está cruzando Europa en tacones y tiene una buena razón para hacerlo
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De Barcelona a Rumanía

Esta española está cruzando Europa en tacones y tiene una buena razón para hacerlo

Dora lleva siete meses de camino a Rumanía. Su objetivo es recaudar 15.000 € para luchar contra la trata de mujeres con fines de explotación sexual en Rumanía y honrar la memoria de su madre

Foto: Dora Alcover posando con su equipaje para el viaje.
Dora Alcover posando con su equipaje para el viaje.
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Dora Alcover nunca había caminado más de 15 km seguidos. Siempre lleva consigo un carrito de bebé, una garrafa de agua, algo de ropa y dos pares de tacones de repuesto. Ese es todo su equipaje para la travesía que inició el 6 de febrero. Desde entonces ha recorrido 1.687 kilómetros y está justo a mitad de camino de su meta. Su objetivo: llegar a Rumanía desde Barcelona caminando en tacones y recaudar 15.000 € para combatir la trata de mujeres con fines de explotación sexual.

En diciembre de 2024, Dora abrió tres cuentas de Instagram —una en inglés, otra en francés y otra en español— para empezar a compartir su camino a convertirse en la primera persona en cruzar Europa en tacones. Pero Dora no es una runner aventurera ni una fanática de los récords Guinness; este reto solidario es su manera de honrar la memoria de su madre.

“Ella falleció cuando yo tenía 10 años. Era una mujer que siempre encontraba lo bueno en las peores situaciones. Tenía claro que algún día debía encontrar un proyecto para transformar todo lo que me pasó en algo positivo”, cuenta a este diario. Hace casi un año desde que comenzó a buscar una causa por la que luchar en nombre de su madre y pronto lo tuvo claro: “Es fácil, como mujer, sentirse apelada e impotente por problemas como la violencia sexual”.

La trata de personas con fines sexuales implica captar, trasladar o retener a alguien mediante engaño, abuso de poder o coacción, para explotarla sexualmente, incluida la prostitución forzada. Decidir de un día para otro luchar contra la trata puede sonar ambicioso, y Dora lo sabe: “Yo pensaba, ¿quién soy yo para cambiar algo tan terrible? No puedo rescatar a las niñas porque no tengo suficiente fuerza mental ni recursos”. Por eso decidió aliarse con alguien que sí podía hacerlo.

Foto: sexo-prostitucion-calles-barrios-flyers

Iana Matei fue una de las primeras en ponerle nombre a la trata en Rumanía a finales de los años 90. Es fundadora de la asociación Reaching Out Romania y ha dedicado su vida a asistir a las mujeres rescatadas de las redes de tráfico sexual en Rumanía. Dora conoció a Iana por Internet y tuvo claro que con ella sí había algo en lo que podía aportar: “Lo que sí puedo hacer es algo que gane atención y después desviar esa atención hacia lo que es verdaderamente importante”.

Elegir Rumanía como destino final no es casual. La trata es un problema estructural que afecta especialmente a mujeres jóvenes y menores, convirtiendo al país en un importante origen de víctimas que luego son explotadas en otros países europeos, entre ellos España.

Nada en el recorrido de Dora es casual, ni su vestimenta, ni la decisión de ir en tacones lo son: “Son un símbolo de mi manera de sentir el empoderamiento femenino. Puede que algunos lo juzguen o lo encuentren ridículo, puede ser, pero yo reivindico nuestro derecho a vivir como queramos”. Dora quiere lanzar un mensaje sobre la sexualización del cuerpo femenino: “¿Quieres mirarme por la ropa que llevo? Entonces mira lo que realmente importa. Estoy usando la atención que se me da para enfocarla en algo muy, muy importante”.

El recorrido tampoco es fortuito. Comenzó en el barrio de la Sagrada Familia, en Barcelona, en el lugar exacto donde sus padres se conocieron, y terminará en la frontera con Rumanía. Su ruta sigue, en sentido inverso, el camino que muchas de las mujeres captadas por redes de trata recorren hacia su explotación en Europa. España es uno de los principales países de tránsito y destino de la trata con fines de explotación sexual en Europa, y en menor medida de explotación laboral, según la Asociación para la Prevención, Reinserción y Atención a la Mujer Prostituida (APRAMP). Las víctimas proceden sobre todo de Rumanía, Brasil, Paraguay, Nigeria y China.

En los últimos diez años, la Policía ha liberado a 1.685 víctimas de trata sexual en España, la mayoría extranjeras. Estas cifras reflejan más la eficacia de las operaciones policiales que la verdadera magnitud del problema, ya que obtener datos precisos sobre un fenómeno clandestino es casi imposible. “Es muy difícil calcular cuántas mujeres caen en estas redes, porque es un fenómeno cambiante y oculto”, explica Matei.

En 2024, un macroestudio del Ministerio de Igualdad estimó que al menos 114.500 mujeres se encuentran en situación de prostitución en España, y 92.500 de ellas, en torno al 80% estarían en riesgo de ser víctimas de trata con fines de explotación sexual. La nacionalidad de los traficantes detenidos refleja la estructura de las redes internacionales: después de España, Nigeria, Colombia, Venezuela y Rumanía concentran el mayor número de detenciones en la última década en España.

Hasta ahora, Dora ha recaudado 5.966€ a través de crowdfunding. Este dinero se destinará al proyecto de prevención que Reaching Out Romania lleva a cabo con menores en entornos desfavorecidos. “La base de nuestro trabajo es la prevención. Nos aseguramos de que las niñas estén escolarizadas e intentamos educarlas para que sean menos manipulables”, explica Iana Matei.

En sus casi 30 años de experiencia, Matei ha visto cómo las vías de captación han ido cambiando, pero la base sigue siendo la misma: aprovecharse de la vulnerabilidad. “Los traficantes reclutan a niñas de entre 11 y 15 años y las explotan en Rumanía hasta que alcanzan la mayoría de edad. Cuando cumplen 18, muchas han perdido toda esperanza y no ven alternativas. Es entonces cuando las envían a Europa”, relata la activista.

“En estos años han cambiado algunas cosas, pero no sé cómo de honesta es esa preocupación”, cuenta la activista. Iana Matei siempre se ha dedicado al trabajo social, pero a la trata llegó por casualidad: “Un día llamó la policía diciendo que hacía falta ropa para tres prostitutas detenidas. Cuando llegué, lo que encontré eran tres niñas de 14 y 15 años”, recuerda.

En aquel momento no existía un término para las víctimas de trata, y ni la policía ni ella podían concebir que no se prostituyeran por voluntad propia. “Cuando hablé con ellas, me explicaron que las habían vendido. En aquel momento las vendían por 200 lei —unos 205 euros en aquel momento—, no tenían hogar al que volver, e incluso una de ellas fue prostituida por su propia madre a cambio de vodka y cigarrillos”, cuenta. La policía le dijo que, tras la detención, las niñas volverían a la calle. Fue entonces cuando Iana decidió que tenía que actuar.

“Yo no entendía cómo se podía vender a una persona. Estaban muy asustadas y no querían quedarse solas, así que empecé a buscar gente que me ayudara”. No había nadie a quien acudir, entonces decidió buscar un hogar para ellas. Así es como creó el primer hogar para víctimas de trata en Rumanía que daría lugar a la creación de Reaching Out Romania. El encuentro con estas niñas fue en mayo de 1999; para julio de ese mismo año ya tenía 13 chicas a su cargo. Desde entonces, su asociación ha asistido a más de 470 víctimas de trata de personas con fines de explotación sexual.

"Yo no entendía cómo se podía vender a una persona. No querían quedarse solas, así que empecé a buscar gente que me ayudara"

Desde Reaching Out Romania aseguran que la implicación institucional es insuficiente: “Para las ONG es muy difícil trabajar en esta área, necesitamos de las instituciones públicas, estamos todo el tiempo buscando gente que nos apoye”. Esa falta de compromiso refuerza la convicción de su fundadora de que la sensibilización social es clave.

“Yo al principio pensaba que en el momento en que la gente supiera que esto estaba pasando pararía, ahora tengo claro que no es suficiente”, lamenta. Sin embargo, ella confía en el poder de las acciones como las de Dora, al menos, para que el mundo no se olvide de que esto sigue pasando. “Deberíamos hablar de esto todos los días, la gente se olvida de que estamos hablando de niñas explotadas. Son niñas, vidas destrozadas”.

placeholder Dora en Italia.
Dora en Italia.

El proyecto de Dora es, ante todo, un ejercicio para mantener la conversación viva, al menos durante el tiempo que dure su camino. Ya lleva siete meses de ruta y espera llegar a Rumanía en los próximos cuatro. Durante este recorrido, todas las sorpresas que ha encontrado han sido positivas: “Iba por Italia y las señoras mayores me decían ¡Bellísima!, y me animaban a seguir”, recuerda.

Lo que más le ha sorprendido, sin embargo, es la sensación de seguridad que ha experimentado. “Algunas personas podrían pensar que es muy peligroso, pero llevo meses aquí y, si tuviera miedo, no continuaría. He sentido más ansiedad y estrés por los comentarios en internet que por lo que realmente he vivido en la vida real”, confiesa.

Ahora, al pasar por Venecia, ya ha destrozado dos de sus tres pares de tacones, ha añadido a su equipaje un silbato para ahuyentar a los perros —después de haber sido mordida una vez— y ha recaudado la mitad de su objetivo. Lo que no ha cambiado es su motivación: “Cuando voy sola, pienso en mi madre y en el propósito del proyecto, y eso me hace sentirme segura. Tengo muchas ganas de ver el final y de hacerlo por las niñas que son víctimas de todo esto”.

Dora Alcover nunca había caminado más de 15 km seguidos. Siempre lleva consigo un carrito de bebé, una garrafa de agua, algo de ropa y dos pares de tacones de repuesto. Ese es todo su equipaje para la travesía que inició el 6 de febrero. Desde entonces ha recorrido 1.687 kilómetros y está justo a mitad de camino de su meta. Su objetivo: llegar a Rumanía desde Barcelona caminando en tacones y recaudar 15.000 € para combatir la trata de mujeres con fines de explotación sexual.

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