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Los carísimos cañonazos de la OTAN contra drones rusos de saldo: el alto coste de no actuar
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España participa en el refuerzo oriental

Los carísimos cañonazos de la OTAN contra drones rusos de saldo: el alto coste de no actuar

Más allá de las interpretaciones geopolíticas del reciente sobrevuelo del espacio aéreo de Polonia y Rumanía por drones rusos, este incidente invita a repensar de manera urgente la defensa antiaérea europea o pagar el coste

Foto: Alemania envió cinco Eurofighter para reforzar la defensa de Polonia. (EFE)
Alemania envió cinco Eurofighter para reforzar la defensa de Polonia. (EFE)

El reciente sobrevuelo del espacio aéreo de Polonia y Rumanía por drones rusos ha empujado a la OTAN a lanzar una nueva operación militar llamada 'Centinela Oriental'. Esa entrada no autorizada fue respondida con el despegue de cazas de varios países e incluso la intervención de un avión de alerta temprana italiana. Pese a esta muestra de fuerza militar aliada, las incursiones rusas reflejan la vulnerabilidad ante un nuevo tipo de amenaza y la reacción de la Alianza, el perenne dilema de querer matar moscas a cañonazos. Hacen falta con urgencia nuevos medios antidron que no impliquen gastar una fortuna para derribar drones de saldo.

Desde la invasión rusa a gran escala de Ucrania del 24 de febrero de 2022, los episodios de caída de misiles y drones en territorio de países europeos miembros de la OTAN han sido contados y de impacto limitado. Sin embargo, recientemente y en el intervalo de pocos días se sucedieron las penetraciones de drones rusos en el espacio aéreo de Polonia y Rumanía. En principio podría parecer que fueron hechos accidentales, resultado de un error de navegación por fallo de los propios drones o por la acción de medios de guerra electrónica de los países implicados. Pero se trataron de demasiados casos en noches donde las cifras de misiles y drones lanzados por Rusia no eran más altas de lo habitual.

Otro dato llamativo resultó ser que los drones encontrados en suelo polaco no correspondían a modelos de ataque de la familia Geranio, adaptaciones rusas del diseño iraní Shahed 136, sino al modelo Gerbera, usado normalmente para misiones de reconocimiento o como señuelo. Todo apunta, por tanto, a una intencionalidad rusa en el empleo de drones en las fronteras de Ucrania con países OTAN, y más allá, de forma más agresiva.

La respuesta de las autoridades polacas y rumanas ante el sobrevuelo de su espacio aéreo por drones rusos fue ordenar el despegue de cazas interceptores. En el caso de Polonia, participaron los F-35 de Países Bajos y un avión de alerta temprana italiano. En el caso de Rumanía, despegaron aviones F-16 de la fuerza aérea rumana y una pareja de Eurofighter alemanes. Los aparatos de otros países europeos estaban allí desplegados dentro del marco OTAN. Las noticias desde Rumanía es que los cazas hicieron un seguimiento de los drones intrusos hasta que abandonaron el espacio aéreo del país.

En el caso polaco, donde la caída de los drones generó daños materiales pero no personales, se descubrió pocos días después que entre los restos encontrados había elementos pertenecientes al misil AIM-120 AMRAAM. Se trata de un misil de origen estadounidense de guía activa, lo que significa que cuenta con su propio radar de búsqueda de blancos, con capacidad para atacar objetivos más allá del alcance visual. Es un misil caro y sofisticado. El AIM-120 en su variante C7 le costaba al Pentágono en 2024 aproximadamente unos 1,3 millones de dólares. En cambio, los drones rusos derivados de drones iraníes son diseños pensados para la producción masiva y su precio se cifra en pocas decenas de miles de dólares.

Los miembros de la OTAN se enfrentan así a un dilema ya vivido en Israel. Los sistemas de defensa antiaérea como la 'Cúpula de Hierro' emplean un misil interceptor muchísimo más caro, dada su sofisticada electrónica, que los cohetes de artillería que emplean grupos como Hamás o Hezbolá (que simplemente siguen una trayectoria parabólica). Durante la guerra de salvas que tuvo lugar durante la operación israelí para destruir el programa nuclear militar secreto iraní, Estados Unidos tuvo que acudir en ayuda de su aliado desplazando buques con capacidad de defensa frente a misiles balísticos porque los arsenales israelíes de misiles de los sistemas defensivos como el 'Honda de David' se iban vaciando a un ritmo preocupantemente rápido.

Los drones rusos y los misiles balísticos iraníes son armas completamente diferentes, pero han generado las mismas dicotomías a los países que se han visto bajo su ataque. La respuesta ante ambos armas ofensivas es emplear sistemas caros y complejos que hacen insostenible la defensa en el largo plazo. Idéntica disyuntiva a la que sufre Ucrania, donde la necesidad ha espoleado la imaginación para evitar gastar mucho dinero para derribar los drones enemigos.

La segunda vida de las reliquias

Desde el comienzo de la invasión rusa pidió ayuda militar y sólo el avance de la guerra fue convenciendo a los países de la OTAN de entregar material cada vez más avanzado. La naturaleza defensiva de los misiles antiaéreos permitió que se entregaran a Ucrania sin la polémica que acompañó la entrega de carros de combate Leopard 2 o misiles de precisión de largo alcance. Ucrania ha recibido desde misiles de largo alcance Patriot a misiles disparados desde el hombre Stinger, pasando por lanzaderas de medio alcance NASAMS.

El consumo de misiles ha sido enorme y su recepción ha sido prioritario para el gobierno ucraniano, que recientemente se quejaba de la ralentización de la entrega de misiles Patriot. El gobierno de Donald Trump ha manifestado que el apoyo a Ucrania ha reducido peligrosamente los arsenales del país para atender crisis como la recientemente vivida en Oriente Medio u otras potenciales en el Indo-Pacífico. La solución de compromiso para enfrentar la amenaza de los misiles de crucero y drones fue entregar sistemas viejos, pero suficientemente capaces frente a un tipo de objetivos que carecen de las capacidades aerodinámicas y de respuestas de un caza tripulado.

Entre los viejos misiles recibidos por Ucrania se encuentran los veteranos misiles MIM-23 HAWK estadounidenses. Su primera generación entró en servicio en 1962, antes incluso de la existencia de sistemas computarizados. En España vivieron sucesivas modernizaciones que pretendían alargar su vida útil hasta 2030. Unos planes cambiados por la guerra de Ucrania.

Otro sistema recibido por Ucrania es el misil Aspide, versión italiana de lanzamiento terrestre del misil de guía semiactiva AIM-7 Sparrow. Se trata de un diseño de origen estadounidense inmediatamente antecesor del AIM-120 AMRAAM y que requiere la iluminación del blanco junto con instrucciones de guiado por parte del sistema lanzador. Tanto el sistema HAWK como el Aspide sirvieron en el Ejército de Tierra español y han sido donados por España en un movimiento que ha servido para acelerar la modernización del Mando de Artillería Antiaérea español.

Otro sistema veterano entregado a Ucrania y que ha generado sorpresa por su eficacia en el campo de batalla es el Gepard. Se trata de un sistema de artillería antiaérea autopropulsado que monta dos cañones Oerlikon de 35mm en una torreta con radar sobre un chasis de carro de combate Leopard I. Originalmente fue diseñado en la Guerra Fría para acompañar a las fuerzas mecanizadas en el campo de batalla.

Pero la proliferación de helicópteros de ataque con misiles anticarro de largo alcance hizo obsoleto el concepto. Los modernos helicópteros del siglo XXI podían golpear sus objetivos desde fuera del alcance de los cañones del Gepard. Así que en la Europa de la posguerra fría, con las guerras convencionales de alta intensidad descartadas como crisis posibles en el horizonte europeo y la mencionada obsolescencia tecnológica, el Gepard se vio condenado al retiro.

Foto: polonia-test-rusia-otan

La nueva amenaza de la proliferación de drones de ataque que vuelan bajo y relativamente lentos, pero que, sobre todo debido a su precio contenido, permiten su producción masiva y el lanzamiento de ataques de saturación llevó a que se donaran vehículos Gepard a Ucrania. Allí desempeñaron un papel destacado y de pronto un viejo modelo de la vieja Guerra Fría ya retirado se convirtió en objeto de deseo. Los países donantes de ayuda militar a Ucrania terminaron buscando sistemas Gepard debajo de las piedras, recomprando los suyos a Jordania

Derribar drones que volaban recto y relativamente lento ha sido también misión en Ucrania para los helicópteros de ataque Mil Mi-24 e incluso de los helicópteros de transporte Mil Mi-17. En cambos casos se trata de desviar de su función principal aparatos que seguro son más útiles realizando las operaciones militares para las que fueron concebidas. De ahí que alguien tuviera la idea de emplear viejos entrenadores básicos con motor de pistón Yakovlev Yak-52. Los aparatos ucranianos vuelan con piloto y observador. Este último emplea un fusil de asalto o incluso una escopeta para atacar los drones rusos. El coste del derribo de un dron ruso por parte de un Yak-52 ucraniano frente a un F-16 polaco disparando uno de los misiles aire-aire más avanzados de la OTAN debe ser de una magnitud varios órdenes inferior.

Bueno, bonito y, sobre, todo barato

La OTAN ha anunciado la misión "Centinela Oriental" para proteger el espacio aéreo de sus países miembros frente a la amenaza de los drones rusos. Países como Dinamarca aportan una fragata antiaérea y Francia ha desplegado en Polonia cazabombarderos Rafale, que ya han realizado su primera misión ante la potencial incursión de más drones rusos. Ambas soluciones implican el disparo de caros misiles antiaéreos frente a drones mucho más baratos que el medio empleado para derribarlos. Defender un país OTAN disparando misiles de precio millonario a drones baratos sería inviable en caso de un conflicto prolongado Pero los ejemplos de la guerra de Ucrania marcan el camino.

El Ejército del Aire francés desplegó entrenadores Pilatus PC-21 en los cielos de París durante los Juegos Olímpicos de 2024. Se trata del mismo avión que emplea actualmente la Academia General del Aire en San Javier (Murcia). El Ejército del Aire y del Espacio español no ha expresado intención de armar a unos aparatos que se encargan de formar a los futuros pilotos, pero es fácil predecir que tarde o temprano veremos iniciativas que repliquen la experiencia ucraniana con los más modestos Yak-52 dotando de armamento a entrenadores de hélice. De hecho, ya se están comercializando soluciones asequibles como armamento aire-aire.

Foto: otan-iniciativa-militar-flanco-oriental-violacion-polonia

Uno de los caminos seguidos dentro de los países OTAN es desarrollar armamento de precisión de un precio lo más contenido posible para poder emplearlo extensamente contra drones. Ese es el objetivo del programa que permite convertir a la variante guiada APKWS del cohete Hydra de 70mm, que ya era una solución de bajo coste, en una munición especializada contra drones. Su fabricante pretende ofertarlo como una alternativa barata al empleo de misiles aire-aire desde aviones Eurofighter. Misiones como "Centinela Oriental" acelerarán su entrada en servicio.

El éxito del veterano sistema "Gepard" llevó a Alemania a entregar el nuevo sistema de defensa antiaérea Skynex de Rheinmetall, también basado en un cañón de 35mm pero con munición especial frente a drones. Donde antes se veía a los sistemas de defensa antiaérea con cañones como algo anticuado, la nueva amenaza de los drones kamikazes le ha dado una nueva razón de a este tipo de arma.

En España, una alianza de EM&E (Escribano) con MBDA pretende ofrecer el sistema Sentinel Rocket que, como su nombre indica, incluye un cohete como arma frente a drones. Se trata de un derivado del sistema de defensa de punto para uso naval Sentinel que la empresa española ha desarrollado pensando en una de las grandes carencias de la Armada. Mientras tanto, ya hemos visto al Ejército de Tierra desplegar en Eslovaquia, dentro del contexto OTAN, el sistema antidron Cervus de diseño español. Un sistema que se basa en la guerra electrónica para neutralizar la amenaza de los drones.

La reciente experiencia de Polonia y Rumanía obligará a repensar las caras soluciones previstas sobre el papel para hacer frente a una amenaza que en la experiencia real de Ucrania tiene forma de ataques masivos con cientos de aparatos de bajo costo. La industria española debería aprovechar la combinación de presupuestos expansivos y nuevas demandas de sistemas defensivos.

El reciente sobrevuelo del espacio aéreo de Polonia y Rumanía por drones rusos ha empujado a la OTAN a lanzar una nueva operación militar llamada 'Centinela Oriental'. Esa entrada no autorizada fue respondida con el despegue de cazas de varios países e incluso la intervención de un avión de alerta temprana italiana. Pese a esta muestra de fuerza militar aliada, las incursiones rusas reflejan la vulnerabilidad ante un nuevo tipo de amenaza y la reacción de la Alianza, el perenne dilema de querer matar moscas a cañonazos. Hacen falta con urgencia nuevos medios antidron que no impliquen gastar una fortuna para derribar drones de saldo.

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