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Las drogas son el nuevo terror: la guerra de Trump que hace rechinar dientes en Venezuela
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descarten una invasión, por ahora

Las drogas son el nuevo terror: la guerra de Trump que hace rechinar dientes en Venezuela

Este es el primer ataque reconocido por EEUU en su nueva guerra contra el terror, que ahora apunta a los narcos. Mientras, el despliegue aeronaval del Pentágono en el Caribe ha generado un ambiente prebélico en Venezuela

Foto: Maduro con militares venezolanos en 2019. (EFE)
Maduro con militares venezolanos en 2019. (EFE)

Esta semana, Estados Unidos confirmó el ataque contra una embarcación ligera, presuntamente dedicada al tráfico de drogas, en aguas del Caribe. El ataque se saldó con once muertos, supuestos miembros de la organización criminal venezolana Tren de Aragua. Se trata del primer asalto público dentro de la nueva guerra contra el terror que impulsa la Casa Blanca y con la que ahora busca poner coto al narcotráfico. Para esta misión, el Pentágono ha realizado un despliegue aeronaval en el Caribe que está haciendo rechinar dientes en Venezuela.

Las drogas son el nuevo terrorismo

El mismo día que juró el cargo como 47º presidente de Estados Unidos, Donald Trump emitió una orden ejecutiva que declaraba a los grupos criminales dedicadas al narcotráfico como "organizaciones terroristas extranjeras". ¿El motivo? Elevar a los narcotraficantes a la categoría de terroristas permite al presidente, en virtud de los poderes especiales recibidos tras el 11-S todavía vigentes, lanzar contra ellas todo el poderío militar del país sin consultar al Congreso. Semanas después, el Departamento de Estado publicó la lista de bandas que estaban en su mira. Entre ellas, el Tren de Aragua, una de las estructuras delictivas más poderosas de Venezuela.

Hasta la fecha, los efectos concretas de esta nueva etapa de la guerra contra el narcoterrorismo fueron discretas o testimoniales. Por ejemplo, militares estadounidenses dando formación a sus pares mexicanos, o drones de la CIA sobrevolando el espacio aéreo mexicano. Todas lejos de la intervención militar directa en México que los halcones de la derecha estadounidense piden al Despacho Oval.

Siete meses después de asumir el cargo, Trump ordena el primer gran movimiento militar en su nueva guerra contra las drogas. El 14 de agosto, el Pentágono realizó un despliegue aeronaval en las aguas del Caribe frente a Venezuela. Inmediatamente, Caracas anunció preparativos para una supuesta invasión inminente de la que el chavismo lleva años alertando. En realidad, las fuerzas implicadas hasta la fecha permiten descartar una intervención estadounidense a gran escala en estos momentos.

Diplomacia de cañoneras

La armada estadounidense ha desplazado dos grupos de buques al Mar Caribe. Uno está constituido de buques de combate que, presumiblemente, tienen como misión la vigilancia de los tráficos ilícitos por mar y aire en la región. El otro es una unidad de asalto anfibio de entidad batallón reforzada, con capacidad de desembarco. El buque de mayor entidad de esta flotilla es el crucero USS Lake Erie (numeral CG70), buque de la clase Ticonderoga. Se trata de una serie de 27 navíos de gran porte diseñados para dar escolta a los grandes grupos aeronavales que encabezan los portaaviones nucleares.

Los cruceros clase Ticonderoga cumplen funciones de escolta antiaérea gracias al sistema AEGIS, el mismo que emplean las fragatas españolas de la serie F-100. Aunque cuentan con una cantidad de pozos Mk.41 VLS para misiles abrumadoramente mayor a las nuestras (122 frente a los 48 de las F-100). Esos pozos pueden llevar misiles antiaéreos de corto y largo alcance, y también misiles de crucero Tomahawk, cuyo rango de acción es de entre 1.600-2.500 kilómetros. Este dato ha dado pie a especulaciones de que, llegado el caso, el USS Lake Erie podría golpear objetivos en suelo venezolano.

El tipo de buque más presente en la flotilla movilizada para la nueva misión en el Caribe es el destructor de clase Arleigh Burke, con tres unidades: el USS Gravely (numeral DDG-107), el USS Jason Dunham (numeral DDG-109) y el USS Sampson (numeral DDG-102). Estos destructores son el verdadero caballo de batalla de la armada estadounidense. Cuando se construya el último previsto de su clase, un total de 117 unidades habrán servido en la US Navy. Al igual que los cruceros clase Ticonderoga y las F-100 españolas, los destructores de clase Arleigh Burke están dotados del sistema de defensa antiaérea AEGIS. En sus últimas variantes cuentan con 96 pozos verticales Mk.41 VLS para llevar una variedad de armamento, que también incluye misiles de crucero Tomahawk.

Por último, el Pentágono ha desplegado dos unidades navales más. Una es el buque de combate litoral USS Minneapolis-Saint Paul (numeral LCS-21). Se trata de un tipo de buque pensado para conflictos de baja intensidad y dotado de armamento modular que resultó un proyecto fallido por problemas de diseño. La otra es el submarino USS Newport News (numeral SSN-750), un submarino nuclear de ataque de la clase Los Angeles. Es previsible que el submarino aporte a la flotilla sus discretas capacidades de obtención de inteligencia y, también, sus propios misiles de crucero Tomahawk.

Sin señales de una invasión inminente

El elemento más polémico del despliegue es la presencia de un grupo de asalto anfibio (Amphibious Ready Group), formado por tres buques y una fuerza de desembarco del Cuerpo de Infantería de Marina, los marines. El grupo incluye el portaaeronaves USS Iwo Jima (numeral LHD-7), un buque dotado de cubierta de vuelo para aviones de despegue corto y aterrizaje vertical tipo Harrier o F-35B, además de dique inundable para el empleo de barcazas de desembarco. Salvando las distancias por las diferencias en tamaño y tecnología, es un buque con una configuración equiparable al buque insignia de la Armada española, el LHD Juan Carlos I.

Al USS Iwo Jima le acompañan dos buques de asalto anfibio tipo LPD de la clase San Antonio. Se trata del USS San Antonio (numeral LPD-17) y el USS Fort Lauderdale (numeral LPD-28). Siguiendo con el símil, estos serían los clase Galicia de la Armada española. Pero nuevamente, en el caso estadounidense el porte es muchísimo mayor. De hecho, los buques clase San Antonio son otro ejemplo de cómo los planificadores estadounidenses exigieron un buque de líneas futuristas y complicados sistemas electrónicos que, desde el primero de la serie, dieron muchos problemas. La solución fue simplificar el diseño del buque, eliminando el mástil integrado. Una diferencia visible entre el USS San Antonio, cabeza de serie, y el USS Fort Lauderdale, parte de la primera subvariante.

Los tres buques de asalto anfibio transportan la 22ª Unidad Expedicionaria de Infantería de Marina (22nd MEU), formada por un elemento de mando, un batallón de desembarco reforzado, un escuadrón de helicópteros y un grupo logístico. En tiempo de paz suman unos 2.200 militares. Las unidades expedicionarias son la fuerza de asalto anfibio más pequeña que puede desplegar el Cuerpo de Infantería de Marina de Estados Unidos. Su desempeño tradicional ha sido la de fuerzas de contingencia ante crisis, por ejemplo evacuar civiles en una ciudad costera de un país en guerra. Por tanto, no sería probable que actúen como fuerza punta de lanza de una invasión.

Mientras el grueso de las unidades navales desplegadas en el Caribe se dedican a vigilar los tráficos ilícitos por mar y aire, la fuerza expedicionaria anfibia no parece tener una función clara. Así que el presidente ordenó que se dirigiera a Puerto Rico para realizar ejercicios de desembarco anfibio. Según el comunicado oficial, los infantes de marina aprovecharán que el "terreno desafiante y el clima tropical" de la isla proporcionan un entorno natural para un entrenamiento realista. Además, los marines estrecharán lazos realizando ejercicios con unidades de la Guardia Nacional de Puerto Rico.

Venezuela, esperpento y esperanza

La respuesta del Gobierno venezolano ante la movilización de fuerzas estadounidenses en el Caribe ha sido agitar la amenaza de una invasión y movilizar a militares y reservistas en ejercicios de demostración de fuerza que han llegado a lo esperpéntico y lo ridículo. El último fin de semana de agosto tuvo lugar una jornada nacional de reclutamiento de reservistas, mientras los medios oficiales mostraban todo el día a los integrantes de actividades militares, como el II Curso de Operaciones Especiales Revolucionarias.

Las fuerzas desplegadas por Estados Unidos en el Caribe no son suficientes para invadir Venezuela y propiciar una caída de régimen, pero Nicolás Maduro está aprovechando la amenaza exterior para cohesionar sus filas y le da más margen para presionar a la oposición, con la excusa de ser traidores al servicio de una potencia extranjera. Y, sin agresión militar, presentará como una victoria haber evitado una invasión del Imperio estadounidense.

La maniobra propagandista ha sido denunciada por analistas y opositores, pero muchos venezolanos (dentro del país y en la diáspora) tienen puestas sus esperanzas para recuperar la democracia en una acción externa. Así que el despliegue estadounidense está siendo seguido con interés y expectación. Y con muchos rumores y especulaciones. Muchos influencers sin escrúpulos siguen los movimientos estadounidenses día a día como el prolegómeno de una incursión inminente y salvadora. Pero nada apunta en esa dirección.

Aparte de los gritos y aspavientos de carácter teatral que acompañan a las demostraciones de fuerzas de los militares del régimen chavista, también han presentado un nuevo dron marino venezolano llamado RAMMAX con apariencia de juguete infantil y de dudosa utilidad militar. Más allá de la propaganda y los esperpentos, las fuerzas armadas venezolanas cuentan con una serie de medios capaces encargados de la defensa de su espacio aéreo y marítimo.

Revolución armada

La punta de lanza de la Aviación Militar Bolivariana es una veintena de cazambombarderos Sujoi Su-30MK2 de origen ruso. En el pasado contó con una veintena de F-16 de origen estadounidense, en su momento los aparatos más avanzados del subcontinente sudamericano, pero cuya operatividad ahora mismo es más que dudosa. La vigilancia del espacio aéreo venezolano es responsabilidad del Comando de Defensa Aeroespacial Integral. Cuenta para ello con sistemas de misiles antiáereos S-300VM de largo alcance, Buk-M2E de medio alcance y S-1252M Pechora de corto alcance, todos de origen ruso.

La armada por su parte es una fuerza que contó en su momento con unidades avanzadas dentro de su contexto regional. De la media docena de fragatas italianas clase Mariscal Sucre que entraron en servicio entre 1980 y 1982, sólo queda una en servicio. Mientras que es desconocida la operatividad de los dos submarinos de origen alemán Tipo 209, que entraron en servicio en 1976 y 1977.

Las unidades navales más modernas de Venezuela llegaron al país gracias a un gran contrato firmado con España en la era del presidente José Luis Rodríguez Zapatero. Se trata de cuatro buques Avante 2200, el mismo diseño de Navantia vendido a Arabia Saudita en configuración corbeta, que en el caso de Venezuela se exportaron como Patrulleros Oceánicos de Vigilancia de la Zona Económica Exclusiva (POVZEE). Los buques se vendieron con reservas de peso y espacio sólo con planes de dotarle misiles antibuque chinos posteriormente.

A esto se añaden cuatro patrulleros del diseño Avante 1400 de Navantia que en Venezuela fueron denominados Buque de Vigilancia Litoral y que hoy en día cumplen servicio en la fuerza de guardacostas del país. Un POVZEE quedó fuera de servicio por accidente y un BVL se hundió tras abordar un buque de pasajeros rompehielos.

Es difícil imaginar que los buques venezolanos puedan presentar un desafío a las fuerza aeronavales estadounidenses. Y de hecho, las principales novedades en el ámbito de la defensa en Venezuela han sido la llegada de embarcaciones ligeras lanzamisiles y drones iraníes. Esto significaría que hay planes para llevar a cabo una estrategia de defensa con medios asimétricos pero, salvo sorpresas, no se han visto drones de tecnología equiparable a la empleada por Ucrania en el Mar Negro.

Ya se han producido llamamientos desde Rusia para proporcionar a Venezuela drones con capacidad de ataque de largo alcance. Quizás esta sea una de las últimas crisis donde veamos tal disparidad de medios y en el futuro las lecciones que tomen otros países. Quizás la más eficiente no es gastar recursos para contar con una armada de buques modernos y complejos (algo que Venezuela demostró no dominar) y quizás sea más útil invertir los medios limitados en drones de bajo coste y alta letalidad.

Esta semana, Estados Unidos confirmó el ataque contra una embarcación ligera, presuntamente dedicada al tráfico de drogas, en aguas del Caribe. El ataque se saldó con once muertos, supuestos miembros de la organización criminal venezolana Tren de Aragua. Se trata del primer asalto público dentro de la nueva guerra contra el terror que impulsa la Casa Blanca y con la que ahora busca poner coto al narcotráfico. Para esta misión, el Pentágono ha realizado un despliegue aeronaval en el Caribe que está haciendo rechinar dientes en Venezuela.

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