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Un primer gobierno europeo ha colapsado por culpa de Israel. Y puede que no sea el único
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'un gobierno de restos'

Un primer gobierno europeo ha colapsado por culpa de Israel. Y puede que no sea el único

Una parte del Gobierno neerlandés ha dimitido en bloque tras la negativa para sancionar a Israel por la ofensiva en Gaza. Sin embargo, el gabinete actual ha superado la moción de censura

Foto: El primer ministro Dick Schoof antes de la reunión de su gabinete para afrontar la crisis de Gobierno, el 26 de agosto. (EFE / Remko de Waal)
El primer ministro Dick Schoof antes de la reunión de su gabinete para afrontar la crisis de Gobierno, el 26 de agosto. (EFE / Remko de Waal)
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El viernes pasado, Caspar Veldkamp finalizaba su jornada laboral yéndose a casa para escribir su carta de dimisión como ministro de Asuntos Exteriores de Países Bajos. Durante semanas, había intentado que su país endureciera su postura hacia Israel por la operación militar sin precedentes en Gaza. Pero todas sus propuestas fueron rechazadas por su Gobierno y dijo que se sentía "limitado" para sancionar a Tel Aviv, un camino que considera "necesario". Horas después, empezaba el efecto dominó y otros cuatro ministros, así como cuatro secretarios de Estado de la misma formación que Vedkamp, Nuevo Contrato Social (NSC), presentaban sus renuncias.

El colapso del Gobierno neerlandés ha marcado un punto de inflexión en Europa, donde algunas de sus ciudades, históricamente aliadas de Israel, han empezado a perder la paciencia con Benjamin Netanyahu. Y decisiones que antes parecían impensables, como reconocer al Estado palestino o suspender acuerdos militares, dividen hoy a gobiernos y amenazan con fracturar coaliciones. Es el caso de Países Bajos, que debatirá este miércoles cómo afrontar esta crisis de Gobiernio inédita.

La salida del ministro de Exteriores ha provocado la retirada en bloque del partido de derechas Nieuw Sociaal Contract (NSC), y ha dejado al primer ministro Dick Schoof con un gabinete mutilado, sostenido únicamente por los liberales de derechas del Partido Popular por la Libertad y la Democracia (VVD) y el Movimiento Campesino-Ciudadano (BBB). Estos suman apenas 32 de los 150 escaños del Parlamento. "Debemos respetar estas decisiones, pero las lamentamos profundamente", admitió Schoof cuando le tocó dar explicaciones ante el Congreso la semana pasada.

El resultado es rompkabinetje. Un gobierno 'de restos' que afronta el desgaste con ministros acumulando carteras imposibles. Ruben Brekelmans, de Defensa, ha debido asumir Exteriores en plena crisis humanitaria en Gaza. Mona Keijzer, de Vivienda, carga además con Migración y ahora con Asuntos Sociales, concentrando carteras de gran peso en una sola persona. "Nunca un partido entero había abandonado un gabinete en funciones", subraya el catedrático de derecho constitucional Wim Voermans a la prensa local.

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Sin embargo, el primer ministro en funciones y su gabinete han superado este miércoles una moción de censura. Solamente dos partidos políticos que cuentan con seis de los 150 escaños han votado a favor de la moción --propuesta por la formación izquierdista Denk- en la Cámara de Representantes de La Haya, que ha acortado su receso de verano tras la crisis política provocada por las dimisiones.

Hasta el momento de la votación, no había una previsión clara sobre lo que va a pasar. En los últimos días, el Congreso, desbordado por la crisis, terminó en votaciones caóticas. La mayoría declaró que "Hamás debe ser destruido totalmente y no tener ningún papel en el futuro de Gaza", pero al mismo tiempo rechazó reconocer a Palestina, prohibir la compra de armas a Israel o boicotear productos de los asentamientos.

El detonante de la crisis ha sido la guerra de Israel, pero Veldkamp fue el que rompíó los esquemas políticos. Diplomático de carrera y exembajador en Tel Aviv, reconocía antes de dimitir: "No tengo confianza en que, en las próximas semanas o meses, pueda actuar como considero necesario".Fue aún más lejos ante las cámaras del canal israelí 12. "El Gobierno de Netanyahu ha perdido legitimidad a ojos del mundo". El periodista que lo entrevistó calificó esas palabras de "preocupantes" y admitió que "es el ejemplo clásico de cómo Israel pierde el apoyo de políticos que antes le eran afines". Lo del exministro es un cambio radical: Veldkamp siempre se ha declarado un "amigo de Israel" y no era muy propenso a las sanciones.

La crisis se extiende a Bélgica

En paralelo, otros países europeos se enfrentan a un escenario similar. En Alemania, donde durante décadas el apoyo a Israel fue un pilar intocable, se ha dado un paso que marcado un antes y después al anunciar que Berlín no seguirá suministrando armas que puedan usarse en Gaza. Y la fractura amenaza ahora con reproducirse en Bélgica.

Su ministro de Exteriores, Maxime Prévot, exige reconocer a Palestina y sancionar a Israel, con la amenaza de bloquear toda la agenda gubernamental y la coalición del primer ministro Bart De Wever (N-VA). Prévot, del partido Les Engagés, advertía con bloquear otros expedientes del Gobierno si no se aprueban medidas duras contra Israel y el reconocimiento oficial del Estado palestino. "Como guardián de nuestra política exterior no puedo permitir que sigamos arrastrando los pies", dijo en una entrevista con De Standaard. Entre sus propuestas: veto de entrada a los ministros israelíes ultras Itamar Ben-Gvir y Bezalel Smotrich, y prohibición de productos de los territorios ocupados.

Prévot insiste en que Bélgica se juega su credibilidad internacional, y los palestinos su pueblo: "Si no actuamos, pronto no quedará nada de Palestina". Y recordó el acuerdo de coalición: "Apoyamos la solución de dos Estados. Pues para eso hacen falta dos Estados". CD&V (democristianos flamencos) y Vooruit (socialistas) lo respaldan y han advertido que, sin pasos concretos, la gobernabilidad de la coalición será inviable.

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Pero las otras dos patas frenan el planteamiento. El liberal francófono MR, liderado por Georges-Louis Bouchez, mantiene la línea proisraelí histórica de su familia política desde los años ochenta. Y la N-VA de De Wever aparece dividida. Mientras algunos dirigentes expresan dudas morales sobre las acciones de Israel y Hamás, el primer ministro se ha mantenido al margen, publicando fotos de vacaciones en Sudáfrica mientras sus socios exigían un cónclave urgente.

Este miércoles, por primera vez desde el receso de verano, De Wever deberá enfrentarse al tema en una reunión del Consejo de Ministros belga (el kern, la mesa reducida de gobierno). Si MR no cede y Prévot cumple su amenaza, la coalición belga podría saltar por los aires antes de la Asamblea General de la ONU en septiembre, donde Gaza y el reconocimiento de Palestina dominarán la agenda.

Mientras tanto, Francia y Reino Unido barajan reconocerla como Estado, y las encuestas reflejan un desgaste acelerado de la imagen de Israel y de Netanyahu. Pero, pese a la orden de arresto de la Corte Penal Internacional por crímenes de guerra y de lesa humanidad, y al aislamiento diplomático creciente, el primer ministro israelí sigue con su ofensiva en Gaza y se mantiene desafiante. El hartazgo europeo se traduce en iniciativas hasta hace poco inimaginables. Francia, Reino Unido,

Netanyahu, desatado y blindado por EEUU

Al otro lado del mundo, Canadá y Australia tomaban sus propias medidas y advertían que si Israel no detiene sus operaciones militares y no permite la entrada de ayuda humanitaria, reconocerán al Estado palestino. Emmanuel Macron ya adelantó esa posibilidad y recibió la furia de Netanyahu, que lo acusó de "avivar el fuego antisemita en Francia". Al australiano Anthony Albanese lo calificó de "líder débil que traiciona a Israel".

Lejos de moderarse, Netanyahu opta por la contraofensiva diplomática. En Jerusalén se baraja incluso cerrar el consulado francés. Y mientras tanto, en La Haya, la oposición reclama medidas que tampoco prosperan, como el boicot a los productos de los asentamientos, reconocimiento de Palestina, embargo de armas. "Un embargo de armas provocaría grandes problemas en la operatividad de Defensa", alegó Brekelmans, que sustituye a un Veldkamp ya dimitido. La UE tampoco logra dar el salto a las sanciones. El mes pasado Bruselas debatió suspender el acuerdo comercial con Israel, pero no alcanzó la mayoría necesaria.

El aislamiento de Netanyahu se agrava por otra circunstancia histórica: la CPI emitió en noviembre de 2024 una orden de arresto contra él por crímenes de guerra y de lesa humanidad, entre ellos el uso del hambre como arma de guerra en Gaza. Hoy, el primer ministro israelí puede viajar con seguridad a muy pocos países, más allá de Estados Unidos —donde la administración Trump lo protege— y gobiernos afines como el de Viktor Orbán en Hungría.

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"El actual Ejecutivo no escucha a sus amigos. El 20 o 30% de la población cree en la superioridad judía y no le importa lo que piense el mundo, pero no son mayoría", apuntó al canal público holandés el exasesor Eran Etzion. Añade que "prácticamente todo israelí arrastra traumas no resueltos", lo que dificulta aceptar críticas. "Desde el 7 de octubre nos defendemos, pero medio mundo habla de genocidio y crímenes de guerra. Además, la mayoría de los ciudadanos están aislados de lo que ocurre en Gaza por el Gobierno y los medios".

Una encuesta internacional del Pew Research Center en 24 países muestra que en veinte de ellos la mayoría tiene opinión desfavorable de Netanyahu, con picos de rechazo cercanos al 75 % en Francia, Alemania, Países Bajos o Suecia.La paradoja es clara:

El poder del simbolismo

Netanyahu es cada vez más vulnerable en el terreno diplomático, con su margen de maniobra reducido a Washington y pocos más, pero al mismo tiempo sigue blindado porque Occidente no se atreve a ir más allá de los gestos. Reconocer a Palestina, vetar a ministros israelíes, cortar parte del suministro militar… todo eso erosiona su imagen, pero no detiene su ofensiva.

El problema para el primer ministro es que la grieta se abre precisamente en el núcleo de países que más apoyo le han brindado durante décadas. El problema para Europa es que, mientras se acumulan las declaraciones sobre los derechos humanos y el derecho internacional, la guerra en Gaza suma casi 63.000 muertos, entre ellos más de 18.000 niños y un centenar de bebés muertos por hambre.

El premier, sin embargo, sigue imperturbable. Ni la orden de arresto de la CPI, ni la fractura de gobiernos aliados, ni el hartazgo de Berlín y Bruselas parecen alterar su estrategia. La pregunta no es si Occidente ha perdido la paciencia, sino si Netanyahu sobrevivirá precisamente gracias a esa falta de valentía occidental. Porque mientras Europa se limita al simbolismo, el político israelí sigue adelante como si nada.

El viernes pasado, Caspar Veldkamp finalizaba su jornada laboral yéndose a casa para escribir su carta de dimisión como ministro de Asuntos Exteriores de Países Bajos. Durante semanas, había intentado que su país endureciera su postura hacia Israel por la operación militar sin precedentes en Gaza. Pero todas sus propuestas fueron rechazadas por su Gobierno y dijo que se sentía "limitado" para sancionar a Tel Aviv, un camino que considera "necesario". Horas después, empezaba el efecto dominó y otros cuatro ministros, así como cuatro secretarios de Estado de la misma formación que Vedkamp, Nuevo Contrato Social (NSC), presentaban sus renuncias.

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