5 motivos que impiden a Ucrania retirarse del territorio que Putin exige para detener la guerra
Estratégicos, políticos, legales, identitarios y sociales. A Kiev le sobran argumentos para no plegarse a las peticiones de Moscú, que el Kremlin antepone en cualquier negociación
Cartel con la leyenda "El Donbás es Ucrania" durante una protesta contra la invasión rusa en París, en febrero de 2025. (Reuters/Sarah Meyssonnier)
Putin no ha perdido 4.000 tanques y centenares de miles de hombres solo para conquistar Sloviansk y Kramatorsk. Y, aun así, estas dos ciudades, y el restante 25% de la región de Donetsk bajo control de Kiev, son la exigencia de Moscú para detener su invasión. Los motivos de Rusia para desear su control son muchos y algunos, si no todos, coinciden con los que tiene Ucrania para seguir atrincherada y no ceder un territorio en el que ambos países se desangran desde hace más de una década.
Entregarla, permitiría “un avance rápido y mayor de las fuerzas rusas hacia la ciudad de Dnipro”. Y facilitaría a Putin “alcanzar los objetivos de la agresión por otros medios”, según el documento ucraniano presentado a Donald Trump este lunes al que tuvo acceso el Financial Times.
El Donbás, que apenas suma kilómetros al mapa, encierra todo: el símbolo de la resistencia ucraniana, el fuego de la batalla y el dique que contiene los fantasmas de la guerra que teme Europa. En su geografía se cruzan razones militares, políticas y sociales que, en el cuarto año de la invasión a gran escala, lo mantienen como corazón de la defensa.
Bastión militar
Los cañones ya rugen desde el interior de la capital administrativa de Donetsk, mientras cientos de metros de redes antidrones se colocan cada día para proteger las carreteras de acceso y tránsito en la región. La guerra de drones ha convertido el este de Ucrania en un escenario peligroso, incluida la retaguardia, favoreciendo la narrativa de un avance ruso imparable por las tierras negras del Donbás.
Pero los datos no dicen exactamente lo mismo. Tras la retirada rusa de Kiev, la línea defensiva ucraniana en Donetsk se ha mantenido relativamente estable. Desde agosto de 2022, Rusia solo ha logrado ocupar un 20% de la región –5.300 km², o una extensión similar a La Rioja—, pese a ser el objetivo prioritario de Moscú. Su mayor conquista: Bajmut, una ciudad de 70.000 habitantes. El Kremlin capturó también un 22% en los primeros meses de la invasión, mientras Ucrania resistía ataques por norte, este y sur. Y ya controlaba otro 35% desde 2014.
Donde Kiev establece su defensa –la cuarta parte del total—, hay una línea de ciudades clave: Kramatorsk, Sloviansk, Druzkivka y Kostiantynivka, cuyos límites descansan entre 8 y 24 kilómetros de distancia de las tropas rusas. Al ritmo actual, Rusia tardaría cuatro años y medio en conquistar toda la región, según el Ministerio de Defensa Británico.
Pero el cálculo tiene un problema: los avances pocas veces son lineales en la guerra.
Menos aún desde que los drones se han convertido en la principal herramienta en el campo de batalla. Estas aeronaves convierten las rotaciones y logística en un infierno, pero, al mismo tiempo, dificultan rupturas sorpresa, gracias a la monitorización constante desde el cielo. Así se explica que unas pocas tropas mantengan el último baluarte ucraniano en el sur de la región de Donetsk. Pokrovsk resiste a dos kilómetros del enemigo cuando muchos analistas vaticinaron su caída en agosto de 2024.
Allí, hace meses que la carretera de acceso es una zona de muerte con agujeros de artillería, edificios destruidos y coches calcinados por los drones en el arcén. En su tamaño e importancia, Pokrovsk recuerda a Bajmut, pero con una diferencia decisiva. En enero de 2023, cuando los rusos controlaban algunas calles de la segunda, aún se podía entrar en coche y caminar por la ciudad. Algo impensable en la actualidad.
Fermín Torrano. Frente de Járkiv / Frente de Zaporiyia
Bajmut caería en mayo, tras una defensa numantina que será complicado volver a ver. Los mandos rusos saben que tomando carreteras y castigando sin descanso las rutas de acceso es más fácil forzar la retirada de una urbe. Eso intentaron la semana pasada en la dirección de Dobropilia, aunque Ucrania, finalmente, repelió la infiltración. Sostener la línea de Sloviansk, Kramatorsk, Druzkivka y Kostiantynivka –más Pokrovsk al sur— aspira a reducir los avances rusos y frenar también su expansión hacia el centro (Dnipro) norte (Járkiv) y sur (Zaporiyia) del país.
El presidente finlandés,Alexander Stubb, lo resumió en la reunión privada del Despacho Oval: la región de Donetsk es “un bastión ante los hunos”.
Policías ucranianos intentan convencer a los residentes de Pokrovsk de que evacuen la ciudad, en mayo de 2025. (Reuters/Anatolii Stepanov)
Terreno y calendario
La capacidad de resistencia ucraniana se explica también por la situación geográfica del territorio, algo más elevado que la estepa que lo rodea. El Donbás ha sido un campo de tiro para las tropas de Kiev, sacando partido al terreno durante meses para destruir miles de blindados rusos. Avdiivka, Chasiv Yar o Vulhedar pasarán a la historia como algunas de las pesadillas del Kremlin.
En los últimos tres años, cada repliegue ucraniano ha buscado alturas, núcleos urbanos o cuerpos de agua sobre los que establecer nuevas posiciones.Retrocesos acompañados de la construcción de zanjas antitanque, trincheras y posiciones bajo tierra. Fortificaciones, tiempo y dinero que Ucrania no ha destinado a las regiones a las que debería retirarse, según las pretensiones de Moscú.
Lo mismo sucede con otros elementos básicos para hacer la guerra: gasolineras, supermercados, oficinas de correos, talleres de coche o carreteras bien asfaltadas para acoger y abastecer a las decenas de miles de soldados que sujetan el frente. Conexión y servicios bien establecidos en el cinturón de Sloviansk-Kramatorsk-Druzkivka-Kostiantynivka, tras más de una década siendo la retaguardia de un frente cada vez más cercano.
¿La caída completa del Donbás supondría, entonces, la derrota de Ucrania? No, pero el ‘timing’ importa.
Al igual que los 86 días de resistencia en Mariúpol concedieron un oxígeno vital al resto del país, con Donetsk sucede lo mismo, aunque en un marco temporal más prolongado. El tiempo es un recurso decisivo en esta guerra, y ha permitido a Ucrania fortificar ciudades, formar nuevas brigadas, adoptar armamento europeo, entrenar pilotos, recibir cazas F-16 e impulsar su industria de defensa. Con cada vuelta al reloj, Kiev amplía sus capacidades militares y aumenta su probabilidad de supervivencia como Estado. Primer y último motivo del pueblo ucraniano para seguir luchando.
Tierra de sangre derramada
En sus 34 años de historia reciente, Ucrania ha demostrado ser un país insumiso al poder. En 2004, las protestas revirtieron unas elecciones fraudulentas. En 2014, obligaron al presidente a huir en helicóptero. Y, a menor escala, este verano, con la primera gran manifestación durante la guerra contra el gobierno de Zelenski, que se vio forzado a dar marcha atrás y restituir la independencia de los organismos anticorrupción.
Por eso, aunque el presidente ya ha rechazado ceder terreno, tampoco podría. El artículo 73 de la Constitución ucraniana obliga a celebrar un referéndum en toda Ucrania, y parece poco probable que se atreva a llevar la contraria al pueblo. “Los ucranianos no regalarán su tierra al ocupante”, dijo Zelenski en un vídeo a principios de este agosto.
Menos aún el estamento militar. Brevemente ocupadas en 2014, la reconquista de Kramatorsk y Sloviansk fue la constatación de que Ucrania era un país con identidad propia y que sus ciudadanos estaban dispuestos a luchar para no vivir bajo el yugo de Moscú. Desde entonces, el Donbás se ha convertido en algo más que la unión de Donetsk y Lugansk. Es el territorio en el que soldados mal equipados se convirtieron en el ejército más capaz de Europa. Donde diferentes generaciones de ucranianos se han curtido. Un lugar en el que luchan, matan y se enamoran por primera vez.
Donetsk es sinónimo de lágrimas, sangre y pertenencia. De una idea en la que decenas de miles decidieron creer. La prueba de que Ucrania resiste como Estado y que defender un país nunca es solo combatir por un trozo de tierra o los colores de un trapo. Donetsk es estrategia e identidad. Y Ucrania sabe que no la puede entregar.
Putin no ha perdido 4.000 tanques y centenares de miles de hombres solo para conquistar Sloviansk y Kramatorsk. Y, aun así, estas dos ciudades, y el restante 25% de la región de Donetsk bajo control de Kiev, son la exigencia de Moscú para detener su invasión. Los motivos de Rusia para desear su control son muchos y algunos, si no todos, coinciden con los que tiene Ucrania para seguir atrincherada y no ceder un territorio en el que ambos países se desangran desde hace más de una década.