Las 'tácticas del miedo' de Netanyahu dividen a la sociedad israelí: "Todo es una cortina de humo"
La movilización del pasado domingo mostró que un sector enorme de la población exige un cambio de rumbo respecto a la guerra. La oposición israelí, muy dividida, acusa al gobierno de ser cada vez más autoritario
Manifestantes cortan una carretera durante una protesta pidiendo el retorno de los rehenes en manos de Hamás, en Tel Aviv, el 19 de agosto de 2025 (Reuters/Ammar Awad)
El pasado domingo, alrededor de medio millón de israelíes hicieron huelga y se manifestaron en todo el país oponiéndose al nuevo plan de invasión total de Gaza y exigiendo que se firme un acuerdo para poner fin a la guerra en Gaza y se devuelva a los rehenes. O al revés, que se devuelva a los rehenes y para ello se ponga fin a la guerra. Aunque también están los que se manifiestan por el fin de la guerra y punto, pero son los menos.
La huelga general fue convocada por el Consejo de Octubre, que representa a algunos familiares de los rehenes y de los muertos el 7 de octubre de 2023, así como a los supervivientes del ataque que creen que la guerra contra Hamás en Gaza debe terminar y que los dirigentes de Israel deben asumir la responsabilidad por no haber podido impedir la masacre liderada por Hamás hace dos años.
Es probable que el seguimiento desigual de la huelga tuviera que ver con que la federación de sindicatos israelíes, la Histadrut, no participara del llamamiento. Su director, Arnon Ben David, dijo estar a favor del espíritu de la huelga, pero en una reunión con las familias de los secuestrados expresó su preocupación de que la participación de la poderosa organización desviara hacia la política el debate público sobre el regreso de los rehenes.
"Si tuviera la certeza de que una huelga —no solo de un día, sino más larga— pondría fin al asunto, detendría la guerra y traería de vuelta a los rehenes, la apoyaría con todas mis fuerzas", dijo Bar-David. "Desafortunadamente, y aunque mi corazón rebosa de ira, no tiene ningún resultado práctico". Sin embargo, pidió a los diferentes sectores flexibilidad para que los trabajadores que quisieran acudieran al llamamiento.
En este clima en el que el jefe sindical reniega del arma principal con la que cuenta su ramo de operaciones, la huelga, la directora de Desarrollo de Recursos y Difusión de la Asociación para los Derechos Civiles en Israel, Keren Saar, sostiene que si no se usan los derechos, se pierden, y precisamente de eso se trata ahora. “El puro hecho de salir a manifestarse es importante para preservar ese derecho. Si no lo hacemos, si no mantenemos el que todos puedan manifestarse sin violencia policial, sin que algunas municipalidades prohíban las concentraciones, sin que la policía decida que un cartel en específico no les parece [aceptable] y lo arranquen, si no lo mostramos sobre el terreno todo el tiempo, eso se va a perder”.
Lo cierto es que no todas las comunidades de Israel salen a manifestarse (los que no se sienten representados, no lo hacen, y son las minorías), la policía -montada a caballo y sin montar- es violenta, los carteles son confiscados y los ayuntamientos a veces prohíben las protestas. “La situación más absurda que he presenciado fue en una manifestación en Tel Aviv en la que se pedía el fin de la guerra, no había carteles de los rehenes, solo de parar la guerra, y alguien iba con un cartón donde estaban los 10 mandamientos, señalando el ‘no matarás’, y la policía se lo quitó violentamente, rompieron el ‘no matarás’ y le gritaron que no incitara”, explica Saar.
Policías israelíes detienen a un manifestante durante una protesta contra el reclutamiento de judíos ultraortodoxos en Bnei Brak, el 19 de agosto de 2025 (EFE/Abir Sultan)
"Manipulación psicológica"
Tras el caluroso y convulso domingo -con cientos de miles manifestándose en muchas ciudades durante todo el día, calles y avenidas cortadas, hogueras y cánticos, con la adhesión de las empresas tecnológicas más grandes del país y de asociaciones profesionales de abogados o médicos, y que acabó con más de 30 personas arrestadas- los organizadores prometieron que este solo era el principio.
Por su parte, ministros del gobierno y en particular el primer ministro, Benjamin Netanyahu, criticaron a los manifestantes por intentar crear caos en la vida cotidiana, al tiempo que dijeron que ni la huelga ni las protestas tuvieron impacto real por su poco seguimiento, a la par que les acusaban de hacer un favor a Hamás pidiendo el fin de la guerra antes de derrotarlos y exponían con sus actos la desunión del país frente al enemigo.
Culpables de un enorme daño, pero con poco impacto. Suena contradictorio. “Y lo es, pero así es la propaganda del régimen de Netanyahu, deslegitimadora de cualquier oposición, ya sea fuerte o débil”, dice Assaf David, cofundador y director académico del Foro de Pensamiento Regional y director de la unidad de Israel en Medio Oriente en el Instituto Van Leer de Jerusalén. “Es luz de gas, manipulación psicológica constante en la que el régimen se apoya para existir”, añade.
David, quien creció en una familia sionista religiosa en un asentamiento en Cisjordania, sirvió en el Ejército durante once años y fue herido gravemente en uno de los primeros atentados suicidas de Hamás, asegura que Israel es un sistema autocrático desde hace años. “No es una democracia en encogimiento, sino una autocracia en expansión. El gobierno Netanyahu es un gobierno minoritario, se apoya sobre una minoría parlamentaria, y hace de todo para continuar en el poder. Como cambiar el sistema constitucional, quitar a un jefe del Estado Mayor y poner otro, quitar al del Shin Bet [la agencia de seguridad interior] y poner otro, y luego cambiarlo de nuevo, intentar cargarse a los medios de comunicación…”, enumera.
Un blindado israelí maniobra junto a la frontera de Gaza, el 19 de agosto de 2025 (Reuters/Amir Cohen)
Cortinas de humo
Karen Saar señala que el hecho de que el gobierno israelí últimamente haya estado anunciando, una tras otra, una iniciativa más descabellada que la anterior, es una mera táctica: desde el plan de convertir Gaza en un destino turístico, la iniciativa de la Fundación Humanitaria de Gaza (la empresa estadounidense a la que se le adjudicó el reparto de suministros y es muy criticada por su modo de operar que cuesta muchas vidas), después la llamada "ciudad humanitaria", e incluso la ocupación total de la Franja de Gaza.
“Cada una de las iniciativas, el debate, las aprobaciones, los recursos que se le asignan, el escándalo, los análisis sobre su legalidad, Israel siempre está ‘a punto de’… todo eso es una cortina de humo para perpetuar una crisis permanente, una guerra permanente, para que la atención esté en otro lugar, mientras se continúan rompiendo las bases del estado democrático”, dice Saar.
Y como ninguno de esos planes son realizables, además de ser ilegales, acaban fracasando, pero es que tampoco había ninguna intención de cumplirlos, escribe Noa Sattath, directora de la Asociación para los Derechos Civiles en el diario Haaretz. Más bien se trata de saturar al público con propuestas antidemocráticas “destinadas a abrumar, distraer y agotar a la oposición”. “En lugar de organizar acciones coherentes y una resistencia efectiva, la opinión pública y el mundo se ven continuamente obligados a responder a iniciativas absurdas e imposibles, siempre presentadas como si fueran soluciones genuinas a la crisis de Gaza”, apuntó la rabina Sattath.
Como resultado, “quienes se oponen a esos planes se encuentran debatiendo la irracionalidad de ocupar Gaza o la inmoralidad de una ‘ciudad humanitaria’, en lugar de centrar la atención en el verdadero fracaso: la continuación de una guerra cuyo costo humano es asombroso desde el punto de vista moral, legal, económico, diplomático y de seguridad. Una guerra que se libra por razones políticas, sin un plan de resolución”.
"En lugar de apoyar la justa guerra de Israel contra Hamás, que llevó a cabo el ataque más horrible contra el pueblo judío desde el Holocausto, Alemania está recompensando el terrorismo de Hamás al embargar armas a Israel", afirmó un comunicado de la oficina de Netanyahu. Mentar a Alemania y el Holocausto es algo en lo que Israel no incurría. En el resto, sí.
El primer ministro escribió al presidente francés, Emmanuel Macron, tras sus declaraciones sobre el reconocimiento de un Estado palestino: "Me preocupa el alarmante aumento del antisemitismo en Francia y la falta de acción decisiva de su gobierno para combatirlo", en una carta fechada el 17 de agosto de 2025. Y añadía: "En los últimos años, el antisemitismo ha asolado las ciudades francesas. Desde sus declaraciones públicas atacando a Israel y señalando el reconocimiento de un Estado palestino, ha aumentado".
Protesta propalestina en París, el pasado 31 de julio de 2025 (Reuters/Tom Nichols)
Un mundo "inseguro"
Los medios de comunicación nacionales, en su aplastante mayoría, refuerzan la idea de que el mundo no es seguro para los israelíes ni para los judíos, al tiempo que apoyan la narrativa gubernamental de que en realidad no hay hambruna en Gaza. Tampoco se informa de lo que allí sucede.
“Yo digo ¡basta! ¡Basta ya! No se puede soportar más la postura de víctima constante apoyada en el Holocausto para justificar las cosas más monstruosas que hace este país”, dice Braja Ron, nacida en Varsovia en 1938 y residente en Tel Aviv desde 1949, en un piso en el que no permite que entre mucha luz del día, “porque aún hoy me siento más segura en la oscuridad, como cuando estuvimos escondidos mis padres y yo durante dos años en un bajo oscuro en la casa de una cristiana polaca”.
El historiador experto en el Holocausto Yoel Schvartz explica que al principio de la guerra sus colegas del Museo del Holocausto Yad Vashem discutían si se le podía llamar Holocausto a lo que pasó ese día a los israelíes. “Lo remarcable del asunto es que al poco tiempo se invirtió el discurso político. Ya no nos preguntamos si lo nuestro fue una Shoá [Holocausto en hebreo], sino que nos estamos defendiendo de la acusación de cometerla”, reflexiona. Señala además que los israelíes tienen muy incorporada la relativización de la Shoá, “es una mancha más del tigre, está naturalizado su uso en el discurso político para cosas muy diversas que nada tienen que ver con la Shoá”. Y así como los israelíes tildan de nazis a Hamás, Hamás en sus comunicados consistentemente usa la expresión “nazis sionistas”.
Alejandro RequeijoFotografías: Patricia J. Garcinuño
Una de las frases que muchos israelíes pronuncian sin tapujos desde hace dos años es “desde el 7 de octubre no siento empatía por los palestinos”. Assaf David dice que ese es el legado de Hamás. “Las masacres del 7 de octubre fueron el horror que fueron y el gobierno alimenta el sentimiento de venganza, y por eso continúa la guerra. El gobierno tiene interés en que el público tenga miedo y siga traumatizado, es muy fácil encender esas mechas. Es más, Netanyahu trabaja en la ‘traumatización’ de los judíos israelíes desde hace años. Unos treinta”.
David cree que, si el espacio político lo ocupara un discurso diferente, el público lo seguiría, pero no hay sustituto por ahora y esta es la narrativa, señala. “No se puede esperar que la mayoría de los manifestantes que llenan las calles griten contra la ocupación de los palestinos, contra la injusticia de la guerra, pero sí se puede esperar que griten para que pare la guerra, aunque sea solo para recuperar a los rehenes. Es lo que hay”, dice. “Y es que los de Hamás devolvieron la conciencia de la Shoá a los israelíes, si bien no somos una minoría ni estamos en Alemania, pero parece que eso ya no importa”, lamenta.
El pasado domingo, alrededor de medio millón de israelíes hicieron huelga y se manifestaron en todo el país oponiéndose al nuevo plan de invasión total de Gaza y exigiendo que se firme un acuerdo para poner fin a la guerra en Gaza y se devuelva a los rehenes. O al revés, que se devuelva a los rehenes y para ello se ponga fin a la guerra. Aunque también están los que se manifiestan por el fin de la guerra y punto, pero son los menos.