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Ibtissam Lachgar, la feminista marroquí que será juzgada por insultar a Alá en una camiseta
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PROCESO POR BLASFEMIA

Ibtissam Lachgar, la feminista marroquí que será juzgada por insultar a Alá en una camiseta

La veterana activista volvió de nuevo a desafiar a un Estado cuya religión oficial es el islam La legislación marroquí prevé penas de hasta cinco años por blasfemia. El juicio está previsto para el 27 de agosto

Foto: La feminista marroquí Ibtissam Lachgar. (Cedida)
La feminista marroquí Ibtissam Lachgar. (Cedida)
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Ibtissam Lachgar, de 50 años, apodada Betty, tiene como militante feminista una larga historia en Marruecos de desafíos o provocaciones a las autoridades de su país y a buena parte de la sociedad marroquí impregnada de un islam conservador. El pasado 8 de agosto Lachga tomó una iniciativa más temeraria que en ocasiones anteriores. Ese día subió a las redes sociales una foto suya con una camiseta con la siguiente inscripción: "Alá es lesbiana". La primera palabra estaba escrita en árabe y el resto en inglés. Tachaba de paso al islam, en el mismo mensaje, de religión "fascista" y "misógena".

Las redes sociales se llenaron de insultos a Lachgar y, el 13 de agosto, el fiscal del rey ante el tribunal de primera instancia de Rabat ordenó investigar "una publicación que contiene un insulto a la religión islámica", según el comunicado que publicó. La feminista, que ya había sido detenida, está desde entonces en prisión preventiva a la espera de juicio. Previsto para mediados de mes, este se ha aplazado al 27 porque su abogada, Naima Elguellaf, pidió más tiempo para preparar su defensa. Solicitó además la puesta en libertad de su clienta que fue rechazada.

Lachgar corre el riesgo de ser condenada por "atentar contra la religión musulmana". El artículo 267-5 del código penal marroquí prevé entre seis meses y dos años de cárcel, además de una multa, pero la condena puede llegar a los cinco años si el ataque contra el islam se ha perpetrado en público, es decir a través de redes sociales.

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Nacida en una familia acomodada, Ibtissam Lachgar estudió en el liceo francés de Rabat y después se trasladó a París para cursar la carrera de psicología clínica, criminología y victimología. Desde joven se declaró atea y lesbiana. A los 34 años fundó el Movimiento Alternativo para las Libertades Individuales (MALI) e inició su lucha por los derechos de las mujeres y los de la comunidad LGTBIQ+.

En 2009 se estrenó convocando un picnic en pleno Ramadán, algo punible, según el artículo 222 del código penal. Las fuerzas de seguridad abortaron ese almuerzo en un lugar público, a plena luz del día, durante el mes de ayuno diurno de los musulmanes. Cuatro años después otro hito del MALI fue el beso público que se dieron parejas, alguna homosexual. Aquello se hizo en defensa de una pareja heterosexual de 15 años que, en octubre de 2013, subió a Facebook la foto del beso que se dieron.

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Ambos adolescentes fueron entonces detenidos e ingresaron en centros de reclusión de menores. "Nuestro mensaje es que estaban defendiendo el amor, la libertad para amar y besar libremente", explicó entonces Lachgar en la televisión francesa. Ella, en cambio, fue hasta ahora más bien ignorada por las autoridades y nunca llegó a sentarse en el banquillo para ser juzgada.

Rechazo en Marruecos

La camiseta con la que se exhibió en las redes sociales ha suscitado mayoritariamente reprobación en Marruecos. "El insulto premeditado e intencionado a la sacralidad religiosa debe ser sancionado conforme a la ley", afirmó el islamista Mustafa Ramid, que fue ministro de Justicia. El gesto de Lachgar "rebasa los límites de la libertad de expresión", declaró Abderrazak Boughanbour, presidente de la Liga Marroquí de Defensa de los Derechos Humanos. "Libertad si, pero no libertinaje", títula sutribuna la periodistaPatricia Medjidi Juez.

Otros columnistas sostienen además que encarcelar a Ibtissam Lachgar es, en el fondo, protegerla porque al proferir tal blasfemia ha puesto en riesgo su vida. Para convencerse del peligro que corre, insisten, basta con ver las amenazas que se profieren contra ella en redes sociales.

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Pocos son los que en Marruecos han salido en su defensa. Lo hizo, por ejemplo, Souad Brahma, presidenta de la Asociación Marroquí de Derechos Humanos, la más activa y la única independiente en ese ámbito. Recordó que se trataba "ante todo de libertad de expresión y de opinión, garantizadas por las convenciones internacionales". Pidió que la feminista fuese excarcelada y que su juicio fuese imparcial.

Las que sí han expresado su solidaridad fueron, el sábado, las feministas francesas junto a la Torre Eiffel en París. Bajo el lema "Blasfemar no es un crimen", las españolas lo harán el 27 de agosto, el día en que se celebre el juicio, ante los consulados de Marruecos en Barcelona, Madrid, Algeciras y quizás alguno más.

No solo la blasfemia sino la homosexualidad y las relaciones sexuales fuera del matrimonio siguen figurando el código penal de Marruecos. A condición de ser muy discretos, hay, sin embargo, algo más de permisividad sobre todo para aquellos que gozan de un alto nivel de vida. En las grandes ciudades hay bares frecuentados por una clientela gay.

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El único avance legal concreto ha sido la supresión en mayo del requisito del libro de familia que demuestre que una pareja heterosexual está casada para poder compartir habitación de hotel. Esa formalidad solo estaba en vigor para los marroquíes y no para los turistas extranjeros.

Ibtissam Lachgar, de 50 años, apodada Betty, tiene como militante feminista una larga historia en Marruecos de desafíos o provocaciones a las autoridades de su país y a buena parte de la sociedad marroquí impregnada de un islam conservador. El pasado 8 de agosto Lachga tomó una iniciativa más temeraria que en ocasiones anteriores. Ese día subió a las redes sociales una foto suya con una camiseta con la siguiente inscripción: "Alá es lesbiana". La primera palabra estaba escrita en árabe y el resto en inglés. Tachaba de paso al islam, en el mismo mensaje, de religión "fascista" y "misógena".

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