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Putin lleva la delantera: ¿qué pueden conseguir los líderes europeos y Zelenski en EEUU?
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Putin lleva la delantera: ¿qué pueden conseguir los líderes europeos y Zelenski en EEUU?

Los mandatarios europeos no quieren convertirse en meros espectadores porque saben que lo que está en juego es el propio futuro de Europa

Foto: Merz recibe a Zelenski en la cancillería federal. (EFE/Filip Singer)
Merz recibe a Zelenski en la cancillería federal. (EFE/Filip Singer)
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En la cumbre de Alaska, Vladimir Putin dejó claro que no desea que los europeos participen en las conversaciones sobre un posible desenlace en la guerra en Ucrania. Pero los mandatarios del Viejo Continente no quieren convertirse en meros espectadores porque saben que lo que está en juego es el propio futuro de Europa. Permitir al Kremlin salir victorioso sólo hará que coja más fuerza para el siguiente asalto.

De ahí que Volodímir Zelenski llegue este lunes a Washington para su reunión con Donald Trump custodiado por la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, y representantes de la llamada "Coalición de los dispuestos", iniciativa liderada por Reino Unido y Francia de cara a una posible misión de mantenimiento de la paz.

La presencia en la Casa Blanca del premier británico Keir Starmer, el canciller alemán Friedrich Merz, el francés Emmanuel Macron, la primera ministra italiana Giorgia Meloni, el secretario general de la OTAN, Mark Rutte, y el presidente finlandés Alexander Stubb tiene un claro objetivo: evitar que se repita la infame encerrona que Trump y el vicepresidente, JD Vance, orquestaron el pasado mes de febrero contra el líder ucraniano.

Con todo, algunos de los ingredientes parecen inquietantemente similares, ya que Trump se prepara para culpar a Kiev si sus planes fracasan. "Lleguen a un acuerdo", ha aconsejado el republicano a Zelenski a través de Fox News. "Rusia es una gran potencia. Ustedes no lo son", añadió. En la entrevista, concedida tras la cumbre de Anchorage, Trump aseguró que las naciones europeas "tienen que involucrarse un poco", aunque la responsabilidad del resultado de los contactos, según subrayó, corresponde al presidente ucraniano.

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Previa a la cita clave de este lunes en Washington, los líderes europeos se reunieron el domingo con Zelenski, quien expresó su gratitud a "Coalición de los dispuestos" asegurando que "existe un claro apoyo a la independencia y soberanía de Ucrania". "Todos coinciden en que las fronteras no deben modificarse por la fuerza", apuntó en su cuenta de X. En este sentido, considera que cuestiones clave como el territorio debían discutirse con la participación de Ucrania en un formato trilateral: Ucrania, Estados Unidos y Rusia.

Putin aún no ha aceptado públicamente ninguna negociación a tres. Aunque varios medios —como The Economist y Axios— señalan que Trump está interesado en reunirse con los líderes ucranianos y rusos el 22 de agosto. A pesar de los evidentes obstáculos, el republicano parece comprometido con su solución rápida de paz. Pero la gran preocupación que existe en Europa es qué puede considerarse como una "paz integral".

Recibido con alfombra roja

Para Putin, esto parece seguir significando eliminar lo que él llama las "causas profundas" de la guerra en Ucrania, una visión que esbozó en un beligerante ensayo de 2021 donde se opuso a la expansión de la OTAN hacia el este desde la caída del Muro de Berlín y a la independencia de Kiev, refiriéndose a Ucrania y Rusia como "un solo pueblo". El viernes, su retórica se suavizó y habló de relaciones "fraternales", algo que, sin embargo, resulta difícil de asimilar tras tres años y medio de una brutal invasión que ha causado cientos de miles de bajas ucranianas y millones de refugiados.

De momento, se puede decir que Putin ha conseguido gran ventaja en las negociaciones. Empezando por el hecho de que su simple presencia en Anchorage —con alfombra roja y palmaditas en la espalda— demostró que la política occidental de aislarlo no ha funcionado. Asimismo, la amenaza de duras sanciones por parte de Washington no se ha cumplido.

Rajan Menon, profesor emérito de relaciones internacionales en el City College de Nueva York e investigador principal en el Instituto Saltzman de Estudios sobre la Guerra y la Paz de la Universidad de Columbia- asegura que, tras la cumbre de Alaska, "Zelenski y los líderes europeos se sienten aliviados de que Putin y Trump no cerraran un acuerdo para poner fin a la guerra mediante la partición de Ucrania". Pero matiza que "la disposición de Trump a aceptar la insistencia de Putin en esta reunión bilateral tras el fracaso de los esfuerzos estadounidenses por incluir a Zelenski ya había sembrado más desconfianza entre Washington y Europa".

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"Ahora Trump ha adoptado la postura de Putin de que no puede haber un alto el fuego sin un acuerdo general que aborde todos los aspectos del conflicto. De hecho, también ha respaldado el llamamiento de Putin a Ucrania para que ceda el Donbás a cambio de la congelación del frente. Estos cambios aumentarán la desconfianza de Ucrania y Europa hacia Trump, en beneficio de Putin", asegura.

El republicano cree que la invasión rusa no supone una amenaza para Estados Unidos, por lo que corresponde a los europeos apoyar la defensa de Kiev, un punto que J.D. Vance también ha reiterado. "Los países europeos han aumentado su gasto en defensa y su apoyo militar a Ucrania. Pero es mejor que estén preparados para hacer aún más y convocar a la unidad necesaria para mantener el rumbo", matiza Menon.

El principal objetivo militar de Rusia siempre ha sido el Donbás, una región rica en recursos minerales. Putin estaría dispuesto a poner fin a la guerra si Ucrania se retira del 30 por ciento de Donetsk que las tropas rusas aún no han conquistado. A cambio, se ofrece a devolver pequeñas porciones del territorio ocupado en las provincias de Sumy y Járkov, y congelar las líneas actuales en Zaporiyia y Jersón.

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Zelenski ha declarado que ceder voluntariamente cualquier territorio ucraniano requeriría una reforma constitucional. Pero debe sopesar si las fuerzas ucranianas podrán conservarlo si la guerra continúa y cuál podría ser el precio a pagar. Esta evaluación deberá incluir hasta qué punto Occidente, considerando el potencial de paz, seguirá facilitando sus esfuerzos defensivos y la eficacia de Ucrania por sí sola.

Trump ha estado discutiendo garantías de seguridad con los europeos como parte de un acuerdo final. Esto no incluiría la pertenencia a la OTAN, que en cualquier caso no sería aceptable para Putin. Es poco probable que se trate de un tratado internacionalmente vinculante, sino más bien de un acuerdo tipo "Artículo 5" de la OTAN, por el cual los Estados participantes acordarían defender a Ucrania en caso de ataque. Esto no sería más que promesas políticas similares a las garantías previas otorgadas a Kiev, que posteriormente no se cumplieron. El propio Trump ya ha dejado claro en su cuenta de Truth Social, horas antes de su reunión con Zelenski y los líderes europeos, que espera que Ucrania no solo renuncie a la OTAN, sino que también ceda Crimea, como supuesta vía rápida hacia la paz.

En este sentido, Richard Justin, coronel del ejército británico ya retirado, apunta que la "geografía por sí sola dicta que los países europeos deberían, en teoría, invertir más en el futuro de Ucrania que Estados Unidos, y son ellos quienes deberían asumir la carga de las garantías de seguridad en lugar de mirar siempre al otro lado del Atlántico". "Se habla constantemente de la "coalición de los dispuestos", con fuerzas europeas lideradas por Reino Unido y Francia que enviarían tropas para garantizar un alto el fuego o quizás un acuerdo de paz. Sin embargo, esto siempre va acompañado de la condición de un respaldo estadounidense para que funcione", matiza.

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Los líderes europeos temen que si Putin se sale con la suya esto le anime a intensificar la agresión y todo apunta a que, si no todo, va a conseguir gran parte de sus objetivos. Por lo que los analistas aseguran que, más allá de simples promesas de aumentar el gasto en defensa para reparar sus desvalidas fuerzas armadas, Europa tendría que endurecer el pensamiento político, alejarse de décadas de compromisos insustanciales, apaciguamiento y acomodación, y propiciar un cambio real para estar preparados en caso de que Moscú actúe de nuevo, sin esperar a que el Tío Sam -es decir, Estados Unidos- venga a rescatarlos.

Años de guerra han sometido a la tensión al pueblo ucraniano y Rusia continúa aprovechando su ventaja en efectivos y hombres en el frente. Las encuestas de opinión muestran ahora un claro cambio hacia el pragmatismo en cuanto a las concesiones a cambio de la paz. La mayoría de los ucranianos encuestados está ahora a favor de reconocer la ocupación de facto de las zonas que Rusia ya controla a cambio de garantías de seguridad genuinas por parte de Occidente.

Sin embargo, existen mayorías consistentes y abrumadoras en contra de realizar más concesiones territoriales a Moscú. Según Anton Hrushetskyi, director ejecutivo del Instituto Internacional de Sociología de Kiev, menos de uno de cada cinco ucranianos estaría dispuesto a aceptar el tipo de intercambio de tierras que, todo apunta, Trump favorece a fin de poner fin al conflicto y colgarse la medalla para pedir su Nobel de la Paz.

En la cumbre de Alaska, Vladimir Putin dejó claro que no desea que los europeos participen en las conversaciones sobre un posible desenlace en la guerra en Ucrania. Pero los mandatarios del Viejo Continente no quieren convertirse en meros espectadores porque saben que lo que está en juego es el propio futuro de Europa. Permitir al Kremlin salir victorioso sólo hará que coja más fuerza para el siguiente asalto.

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