Este 'youtuber' español arrasa en Taiwán explicándoles su propio país
Se convirtió en uno de los primeros 'influencers' de Taiwán, habla en chino, da clases de español y creó una marca de ropa inspirada en ese país asiático
Jesús Trapero Sandoval, youtuber español asentado en Taiwán, en un programa de televisión local. (Cedida)
Jesús Trapero Sandoval es un youtuber madrileño que lleva casi 20 años en Taiwán haciendo videos en chino. El más popular tiene más de un millón de visualizaciones y habla de sus primeros tropiezos con el mandarín en Taiwán. Lo subió, se fue al cine y al regresar tenía 5.000 solicitudes de amistad en Facebook. La vida le cambió por completo en ese junio de 2014: los paparazzis se agrupaban alrededor de su casa y las televisiones le pedían su opinión del último producto random que había salido al mercado.
Los primeros videos que publicó Trapero lo mostraban dando clases de español en 2011. Era el típico principiante: se le escuchaba con ruidos de fondo y no cortaba la parte en que apagaba la cámara. Cuando publicó el video que lo catapultó, todavía tenía cabello e interpretaba varios personajes cambiándose de ropa. Ahora el chino le sale mucho más fluido, se ha quedado calvo y dejó atrás etapas como la de publicar una decena de videos con recomendaciones para ligar en Taiwán. Prefiere indagar en las contradicciones de esa sociedad y en la hegemonía de Pekín en la región, cada vez más extendida en occidente. De ahí sus videos analizando las relaciones chinas con el Gobierno de Pedro Sánchez o las apuestas de Xi Jinping en Latinoamérica.
El Confidencial es una de las fuentes predilectas de Trapero para informarse de asuntos como el lobby chino del expresidente Zapatero, y por eso aceptó con gusto nuestra solicitud de entrevista. A fin de cuentas, solo conversó hace casi diez años con un medio español. Mientras aquí es un perfecto desconocido, goza de popularidad y buena reputación en Taiwán. En la calle hay gente que lo detiene para sacarse una foto y sus referencias positivas llegan hasta los pasillos del Ministerio de Asuntos Exteriores taiwanés.
Trapero se siente muy identificado con la vida que lleva y no contempla la opción de regresar a España, pero teme adquirir la nacionalidad de la República de China (nombre oficial de Taiwán), porque podría ser peligroso. Pensó solicitarla antes del covid, cuando su canal no era “tan político”, pero debía renunciar a la ciudadanía española y durante la pandemia le resultó imposible volver para hacer ese trámite. Después de señalar tanto a Pekín con su trabajo, ya no se plantea cambiar su residencia permanente por un pasaporte: “Las autoridades chinas podrían secuestrarme en un aeropuerto tras considerar que soy un ciudadano chino que viola la ley de seguridad nacional. Eso ya le pasó a un sueco-hongkonés en Tailandia, por ejemplo”.
A pesar de todo el éxito acumulado como creador de contenido, Trapero es pesimista sobre su futuro. Cree que tarde o temprano las cosas cambiarán en la isla que lo acogió: “Creo que lo que va a pasar es que de aquí a un año y medio China va a anexionarse Taiwán a través de los propios taiwaneses. Habrá un cambio de gobierno y llegarán leyes y acuerdos de colaboración disfrazados de paz. Vendrá mucha población china para luego imponer el principio de ‘un país, dos sistemas’, una de las muchas mentiras de China para anexionarse territorios como Hong Kong. Prometerán libertades, pero impondrán sus políticas. Cuando eso ocurra, yo me iré a algún país del sudeste asiático para continuar con mis canales, no regresaría a España”.
Además de los 473.000 suscriptores que Trapero reúne en su canal principal hablando en chino, tiene otro para público hispanoparlante dedicado casi exclusivamente a asuntos políticos. Sin embargo, baraja la idea de tocar otros temas porque le desgasta mucho leer noticias negativas todos los días para grabar “videos políticos confrontativos”. “Recibo insultos y amenazas de forma permanente”, lamenta.
Jesús Trapero Sandoval, youtuber español asentado en Taiwán. (Cedida)
Salir de Taiwán tampoco es que sea un plan descabellado. De hecho, se trata de un destino poco frecuente entre españoles: solo 633 vivían allí a finales de 2022. A sus 45 años, Trapero ha sido profesor de universidad, empresario, locutor y diseñador de moda. Si sale de Taiwán algún día quiere probar suerte en el marketing digital, pero de momento seguirá allí hablando mandarín.
P. ¿Crees que ha aumentado o puede aumentar la cantidad de españoles que van a Taiwán?
R. No, somos muy pocos aquí. Taiwán no es un destino turístico ni un sitio donde muchos extranjeros se vean viviendo. Al ser un país desarrollado y caro, no llama la atención de los turistas, quienes prefieren países subdesarrollados donde tienen una ventaja competitiva porque aumenta su poder adquisitivo. Taiwán también es un país proteccionista y la mayoría de los extranjeros que hay son profesores de idiomas. Aquí la población posee además una gran educación, el nivel académico suele ser alto y cuesta encontrar buenas oportunidades.
P. ¿Cómo llegaste a Taiwán?
R. Desde pequeño me atraía la cultura asiática, a los diez años comencé a comer con palillos y veía mucho anime. En un viaje a Irlanda con 20 años, estudié chino y quedé fascinado con ese idioma. En Madrid continué estudiando mandarín y luego vi una película en 2001 que me hizo querer venir a Taiwán. En 2006 encontré una beca para estudiar aquí un año. Luego decidí que ese tiempo no era suficiente para hablar como un nativo. Mi objetivo era poder hacer cualquier cosa hablando en chino. Al mismo tiempo, quería disfrutar la vida de aquí, que me gusta más que la de España. Entonces me busqué dos trabajos, uno en la radio y otro de profesor universitario, y me quedé.
P. ¿Por qué te gusta más la vida de allí?
R. Al llegar descubrí que todo está pensado para la comodidad porque hay menos burocracia. En España a lo mejor necesitas dos semanas para matricularte en la universidad, por ejemplo, y aquí lo haces en un día. Cualquier tramitación es bastante complicada en España, y no puedes enfadarte con el funcionario para no perjudicarte aún más, pero en Taiwán ocurre lo contrario. Cuando llegué también me llamó la atención la enorme red de lugares con internet gratis y otros servicios que te hacen la vida más fácil. Todavía voy a una biblioteca en la que un robot tocaba un piano. Taipéi también es una ciudad muy limpia y da gusto ir a un baño en una estación de metro, por ejemplo.
Luego está la parte de la seguridad. En Taiwán una persona puede pasear sin problemas a cualquier hora por cualquier zona. A veces cuento cosas que mis amigos no me creen, a pesar de que algunos han venido. Aquí, por ejemplo, tú puedes ir a una cafetería, ir al baño y dejar el ordenador, la billetera y el móvil durante media hora sobre la mesa, que cuando regreses estarán ahí. Yo no estaba adaptado a eso en España. Yo me crié en el Madrid de los años 80 en un barrio pobre y complicado, entre San Isidro y Puerta del Ángel, y allí era imposible algo así.
También mi forma de ver la vida y mis valores coincidían con los de esta sociedad, y sentí que aquí encontré un sitio que nunca hallé en España.
Jesús Trapero Sandoval en una manifestación en Taiwán. (Cedida)
P. Al ver tus videos, lo bien que hablas chino y la devoción que tienes hacia la sociedad taiwanesa, creo que de cierta forma eres un asiático que nació en el país equivocado.
R. Sí, de alguna forma es así. De hecho, en mis videos hay un comentario que se repite constantemente: “Este tipo sabe más de Taiwán o le importa más Taiwán que a los mismos taiwaneses”. Es un comentario que me duele un poco porque indica que algunos nativos pasan de conocer a su país. Llegué a crear una marca de ropa relacionada con Taiwán y con el contenido de mi canal, que se llama “Damn I love Taiwan”. Ahora mismo he pausado ese proyecto, lo empecé en 2019 y estuve con él hasta 2024.
P. ¿Cuáles son las diferencias más grandes que ves entre España y Taiwán?
R. Los taiwaneses rehúyen de los conflictos. Eso tiene un lado positivo y otro negativo, pero en general hace que la vida sea mucho más cómoda. Aquí se aprecia mucho el trabajo y el estudio y hay más respeto por la gente mayor. Los ancianos cuando se jubilan tienen dos cosas muy claras: que tienen que buscarse una ocupación para que no todo sea ocio, y que deben hacer deporte. Aquí está muy bien visto cuidarse y tomar agua en vez de alcohol, por ejemplo. Eso es otra cosa que me encanta. Como español me pasé casi toda mi adolescencia y primera juventud bebiendo todos los fines de semana, porque es lo que hace la gente en España para socializar. Aquí tienen problemas para socializar, no todo es perfecto, pero esa parte me gusta mucho.
Un problema de aquí es que falta naturalidad para socializar. En Taiwán se hace complicado hablar con alguien que no conoces. Suelen tener una barrera psicológica para acercarse a gente desconocida. Aquí tampoco están acostumbrados al pensamiento crítico, todos están adaptados a obedecer constantemente y eso afecta a la sociedad de forma negativa.
P. ¿De cierta forma has expuesto todo esto en tus videos?
R. Yo empecé a subir videos para enseñar a mis estudiantes cuando ni siquiera existía la profesión de youtubercomo tal. Usaba directamente un laptop con cámara y aquello se escuchaba fatal. Entonces empecé a hacer videos sobre diferencias culturales a partir de lo que iba viviendo y también un poco como terapia para quejarme de manera positiva o jocosa. Un día subí uno de esos videos y unas horas después, al volver del cine, encontré 5.000 solicitudes de amistad en Facebook. Mis amigos empezaron a llamarme y decirme que me había vuelto famoso. El video explotó en visualizaciones en Taiwán, porque en la China continental no se puede ver mi contenido. [Los chinos] tendrían que utilizar aplicaciones VPN para verlo. Eso es ilegal y puede pagarse con cárcel.
A partir de ahí mi vida cambió, pero a la vez caí en una cadena de errores que me impidieron crecer y crear una empresa en torno al canal. Seguí sacando un video a la semana y creí que con eso ya me iría bien. Encima me empezaron a llegar colaboraciones pagadas, me entrevistaban todos los días y las televisiones me preguntaban sobre cualquier cosa. Salía una nueva película y venían a buscar mi opinión sobre la película. Creí que tenía el futuro resuelto y me equivoqué. Solo fue una racha porque apenas tenía competencia. Fui el primer extranjero en crear contenido en mandarín para el mercado específico de Taiwán. Nunca me profesionalicé ni dejé de dar clases de español, que era lo que tenía que haber hecho. También dejé el desarrollo de mi canal en manos de una compañía del sector muy importante en Taiwán, que tenía intereses diferentes a los míos. A los dos años me puse a trabajar en una empresa química que se dedica a la producción de fragancias.
Jesús Trapero Sandoval durante un viaje por la costa este de Taiwán en 2009. (Cedida)
P. Fue ahí cuando conociste gran parte de Asia.
R. Sí, empecé a viajar constantemente por países como Tailandia, Vietnam, Indonesia y China. Esa experiencia fue muy importante porque aprendí muchas cosas sobre China que me hacen tener una visión muy clara sobre su sistema. Mientras seguía en la empresa mantenía el canal como algo más personal. En 2022 entré en una crisis con el trabajo, dejé la empresa y fui a España para ver a la familia, llevaba tres años sin ir. Al mes y medio regresé y decidí profesionalizarme. Tenía ahorros, porque soy minimalista y gasto poco, e invertí todo en profesionalizar el canal.
Empecé a hacer videos más cortos porque YouTube empezó a darle más importancia a los shorts. Como los videos de diferencias culturales ya no tenían sentido por el tiempo que llevaba en Taiwán, comencé a crear contenido sobre cosas que no me encajaban de aquí, sobre todo relacionadas con la identidad de la gente. Por ejemplo, si paras a varias personas por la calle y le preguntas de dónde son, te dirán que de Taiwán, cuando su identificación y pasaporte dice que son de la República de China. Hay muchas cosas que los taiwaneses no tienen claro sobre su propio país.
Aquí tampoco hay una percepción real del peligro que supone China. Muchos viven su día a día en plan de que no pasará absolutamente nada. Yo sabía que la gente no quería tratar esos temas por miedo y entonces los convertí en el propósito de mi trabajo. Por eso he cambiado tanto mi contenido hacia la política, para exponer cómo el Partido Comunista chino lleva años ejecutando un plan para, de forma silenciosa, adueñarse de Taiwán. Yo creo que hay un 80% de probabilidades de que en el próximo año y medio tenga que salir de este país para salvar mi vida, porque China nos está invadiendo de una forma mucho más inteligente de lo que la gente ve.
P. Esa sensación de desconocimiento se extiende un poco al exterior. En uno de los pocos videos en español que tienes en tu canal principal recorres las calles de Madrid preguntando por Taiwán a gente que no tenía ni idea. ¿A qué crees que se debe ese desconociemiento?
R. En general, cuando algo te pilla lejos no le prestas atención. Sobre China también se sabe poco porque su gobierno trabaja activamente para controlar la información que sale al extranjero. Invierten cantidades ridículas de dinero en propaganda para consumo extranjero. Es muy fácil navegar por redes sociales y encontrar videos que dicen que en China todo es tecnología, edificios altos y robots. Con mi trabajo intento contrarrestar toda esa propaganda, pero al final es muy difícil luchar contra tanto dinero invertido en lavar la imagen de Pekín. Mi canal en español lo he dedicado a contar la influencia del Partido Comunista chino en el mundo, porque me di cuenta que a mucha gente le daba igual ese tema.
Mi objetivo es advertirle al público hispanohablante de que China es una potencial amenaza, y de que su injerencia en países latinoamericanos como Perú o Argentina, por ejemplo, tiene consecuencias. Detrás de todo esto hay una cosa que a mí me peta la cabeza, y es que en Europa hay una conciencia muy clara de que el nazismo es algo muy malo que no se puede repetir en la historia. ¿Por qué no se tiene la misma postura ante el comunismo que defiende el Gobierno chino? China es la dictadura con la mayor cantidad de muertos de la historia de la humanidad. Solo con el Gran Salto Adelante murieron más personas que con el Holocausto. Si preguntas por Mao Zedong, como mucho te dicen que fue un chino, pero no existe esa conciencia masiva sobre los crímenes que promovió.
Jesús Trapero Sandoval es un youtuber madrileño que lleva casi 20 años en Taiwán haciendo videos en chino. El más popular tiene más de un millón de visualizaciones y habla de sus primeros tropiezos con el mandarín en Taiwán. Lo subió, se fue al cine y al regresar tenía 5.000 solicitudes de amistad en Facebook. La vida le cambió por completo en ese junio de 2014: los paparazzis se agrupaban alrededor de su casa y las televisiones le pedían su opinión del último producto random que había salido al mercado.