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Trump y Putin sí han sacado algo de su encuentro… y no tiene que ver con un acuerdo de paz en Ucrania
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¿FRACASO EN ALASKA? NO PARA TODOS

Trump y Putin sí han sacado algo de su encuentro… y no tiene que ver con un acuerdo de paz en Ucrania

Ni concesiones territoriales ni incentivos económicos. Los logros que ambos líderes obtienen de la cumbre de Alaska tienen más que ver con cuestiones inmateriales, pero muy valiosas para ellos

Foto: Donald Trump y Vladimir Putin en una base militar en Anchorage, Alaska, el 15 de agosto de 2025 (EFE/Sputnik/Gavriil Grigorov)
Donald Trump y Vladimir Putin en una base militar en Anchorage, Alaska, el 15 de agosto de 2025 (EFE/Sputnik/Gavriil Grigorov)
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Este viernes, la dificultad de lograr cualquier avance hacia la paz en Ucrania quedaba subrayada por lo evidente: la guerra continúa. Horas antes de que los presidentes de EEUU y Rusia se encontrase en Alaska, las fuerzas aéreas rusa y ucraniana bombardeaban los respectivos territorios del enemigo. Un cruce de bombardeos como los que ocurren prácticamente a diario, que ya solo trascienden a los medios internacionales cuando el número de bajas y daños es inusualmente elevado. Esta vez no fue el caso, y ni siquiera la reunión entre Donald Trump y Vladimir Putin hizo que estos ataques entrasen en el ciclo informativo.

El motivo, en parte, es que prácticamente nadie esperaba que de Alaska emergiese un verdadero acuerdo de paz. Los peores temores de Ucrania, el que Trump tratase de imponer una cesión territorial a Kiev a cambio de un alto el fuego sin garantías de seguridad, parecían despejados tras la movilización de la diplomacia europea para coordinarse con la estadounidense. El riesgo entonces pasó a ser otro: que el Kremlin, con el caramelo de unas mejores relaciones comerciales y la posibilidad de grandes negocios que tan tentadoras han demostrado ser una y otra vez para Trump, lograse sentar las bases para un futuro levantamiento de sanciones, justo en el momento en el que el efecto sostenido de estas empieza a notarse de verdad en la economía rusa.

Foto: economia-rusa-no-ha-colapsado-horas-mas-bajas

Tampoco sucedió. La reunión concluyó este viernes sin ningún tipo de acuerdo, aunque hay pocas dudas de que ha cimentado la afinidad personal entre Trump y Putin. Y aunque gran parte de la prensa occidental tildó la cumbre de “fracaso”, lo cierto es que ambos jefes de estado sacaron beneficios de la reunión, aunque no fuesen los que la Administración Trump buscaba a priori.

Desde el punto de vista de las relaciones públicas, la imagen es inmejorable para el Kremlin: soldados estadounidenses arrodillándose ante la escalerilla de un avión donde dice “Rusia” en letras gigantescas, el ministro de Exteriores Sergei Lavrov paseándose con una camiseta con la leyenda “CCCP” (“URSS”, en ruso), Putin recibido en una alfombra roja y con todos los honores y siendo alabado por el presidente estadounidense. El desparpajo del líder ruso en la pista de aterrizaje de la base aérea, donde se saltó el protocolo para colarse directamente en la limusina del presidente norteamericano sin intérpretes ni asistentes, demuestra la ascendencia que tiene sobre este último.

Foto: trump-putin-alaska Opinión

Para Rusia, desde luego, los logros del encuentro están claros. Se ha roto el aislamiento internacional de Rusia sin que Moscú haya tenido que hacer ninguna concesión, esquivando el fantasma de nuevas sanciones, como las impulsadas por el congresista republicano Lindsey Graham con apoyo bipartidista contra aquellos países que compren petróleo ruso, todavía no aprobadas. Putin, bajo el que pesa una orden de detención de la Corte Penal Internacional, ha podido entrar y salir del país más poderoso del mundo sin ser molestado.

¿El Nobel de la Paz? No por ahora

Los beneficios para Trump son menos claros. El presidente estadounidense está obsesionado con lograr un acuerdo de paz en Ucrania porque quiere un Premio Nobel de la Paz a toda costa. Tanto es así que, según la prensa de Noruega, el mes pasado llamó “en frío” al ministro de Finanzas de ese país, Jens Stoltenberg, mientras este caminaba por la calle, y le dijo directamente que quería que le dieran el Nobel. Y por lo visto, no era la primera vez que sacaba el tema con el anteriormente secretario general de la OTAN.

Para ello, Trump ha instado a la diplomacia estadounidense a tratar de lograr el máximo número de acuerdos de paz en conflictos de todo el mundo en el menor plazo posible. Ese es uno de los motivos de que la firma oficial del acuerdo entre Armenia y Azerbaiyán, en realidad ya alcanzado el mes de mayo anterior, tuviese lugar en la Casa Blanca la semana pasada. EEUU también medió para frenar la escalada bélica entre India y Pakistán en mayo, después de que los combates amenazasen con afectar a instalaciones nucleares, y entre Camboya y Tailandia a finales de julio. “He parado seis guerras. Estamos parando una guerra al mes, de media”, alardeaba el propio Trump el pasado 28 de julio desde su campo de golf en Escocia, sin aclarar muy bien a cuáles se refería, aunque su administración citó posteriormente, además de las ya mencionadas, la diplomacia entre Israel e Irán, la República Democrática del Congo y Ruanda, Serbia y Kosovo, y Egipto y Etiopía.

Foto: un-acuerdo-de-paz-historico-o-una-rendicion-disfrazada-armenia-y-azerbaiyan-sellan-en-washington-el-fin-de-una-er

Queda por ver si esos acuerdos tendrán un verdadero recorrido a posteriori. Uno de ellos, el alcanzado a mediados de julio con mediación estadounidense entre el gobierno de la RDC y la fuerza rebelde M23 apoyada por Ruanda, ya ha saltado por los aires con la reanudación de los combates esta misma semana. Y el alto el fuego en Gaza impuesto por Trump antes incluso de su inauguración como presidente apenas duró dos meses.

En todo caso, el Nobel no vendrá de las negociaciones sobre Ucrania, al menos por ahora. En Alaska no hubo prácticamente ningún avance en ese sentido, aunque el asunto fue abordado durante el encuentro, si bien las exigencias rusas acabaron por abrumar al equipo estadounidense. La reportera de Fox News Jacqui Heinrich lo describía así: “La atmósfera en la sala no era buena. No parece que las cosas hayan ido bien. Al parecer Putin entró avasallando, se metió de lleno en lo que quería decir, se fotografió junto al presidente y luego se fue”. Los malos resultados en ese sentido quedaron reflejados en el hecho de que las delegaciones de ambos países prefiriesen no almorzar juntas, a diferencia de lo sucedido en encuentros anteriores.

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Aún así, Trump se esfuerza por mantener esa puerta abierta. “Hablaremos dentro de poco y probablemente nos volvamos a ver muy pronto. Muchas gracias, Vladimir”, dijo el presidente estadounidense durante la rueda de prensa, a lo que el líder ruso le respondió con agilidad (y, significativamente, en inglés): “La próxima vez, en Moscú”. Lejos de rechazar la invitación, Trump añadió: “Me van a criticar por eso, pero veo que podría suceder”.

Validación de falsedades

Porque apenas unos minutos Putin le había concedido a Trump algo muy valioso para él: una validación de varias de sus narrativas propagandísticas, incluida alguna que otra falsedad patente. “Hoy, cuando el presidente Trump dice que si él hubiera sido presidente en aquel entonces [durante el inicio de la invasión en 2022, no habría habido guerra, estoy seguro de que así sería. Lo confirmo”, dijo Putin durante la brevísima rueda de prensa conjunta, repitiendo casi verbalmente una de las frases que Trump ha repetido en sus alusiones a Ucrania en numerosas ocasiones, ya desde la campaña electoral, para atacar a su predecesor Joe Biden.

El otro gran ejemplo habría tenido lugar durante la propia reunión, tal y como ha relatado el propio Trump: “Vladimir Putin ha dicho algo, de las cosas más interesantes. Ha dicho: ‘Vuestras elecciones fueron amañanadas porque tenéis voto por correo… Ningún país tiene voto por correo. Es imposible tener voto por correo y tener elecciones limpias’. Y me ha dicho eso porque hemos hablado sobre 2020. Ha dicho: ‘Usted ganó esas elecciones por mucho, y así es como hemos llegado aquí’. Ha dicho: ‘Y si hubiese ganado, no habríamos tenido una guerra. Tendríamos a todos esos millones de personas vivas en lugar de muertas’. Y ha dicho: ‘Perdió por el voto por correo. Fueron unas elecciones amañadas’.

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Trump lo contó en una entrevista de media hora que corrió a concederle a Sean Hannity, uno de los presentadores estrella de Fox News, inmediatamente después del encuentro. En ella desgranó varias de las claves de la reunión, al menos desde el punto de vista del presidente estadounidense. Según él, Putin no solo está abierto a la paz, sino que “quiere verla realizada”. También anunció su disposición a mantener una reunión trilateral en la que esté incluida Ucrania.

Y una de las claves de lo que viene ahora quedó de manifiesto en otro de sus comentarios: Trump dijo que ahora “es cosa del presidente Zelenski lograr [la paz], y quizá las naciones europeas, tienen que implicarse un poco”. Más tarde añadió que su consejo a Zelenski es que “llegue a un acuerdo”. El mensaje está claro: ahora les toca a Ucrania y Europa mover ficha, con el consiguiente riesgo de que la Casa Blanca traslade ahora la presión hacia ellos en lugar de hacia Rusia, lo cual podría haber sido uno de los objetivos prioritarios del gobierno ruso a la hora de manipular al líder norteamericano. “Evidentemente Putin sabe que susurrar las mentiras favoritas de Trump en su oído es el camino hacia su corazón. Funcionó”, escribió David Smith, comentarista político del diario británico The Guardian enviado a Alaska a cubrir la cumbre, en un análisis de la entrevista.

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En su conversación con Hannity, Trump aseguró que ahora Putin “respeta” a EEUU, cosa que según él no hacía durante la época de Biden, y añadió que su valoración del encuentro era de “un 10 [sobre 10], en el sentido de que nos hemos llevado genial”. La entrevista fue un intento bastante transparente de vender la cumbre de Alaska como un gran éxito, para lo que Putin le habría dado a Trump los suficientes anclajes argumentales como para convencer al menos a una buena parte de sus seguidores. Un premio de consolación aceptable ante la falta de avances, para que ambos líderes puedan pretender que la rueda de la diplomacia sigue girando en Ucrania.

Este viernes, la dificultad de lograr cualquier avance hacia la paz en Ucrania quedaba subrayada por lo evidente: la guerra continúa. Horas antes de que los presidentes de EEUU y Rusia se encontrase en Alaska, las fuerzas aéreas rusa y ucraniana bombardeaban los respectivos territorios del enemigo. Un cruce de bombardeos como los que ocurren prácticamente a diario, que ya solo trascienden a los medios internacionales cuando el número de bajas y daños es inusualmente elevado. Esta vez no fue el caso, y ni siquiera la reunión entre Donald Trump y Vladimir Putin hizo que estos ataques entrasen en el ciclo informativo.

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