La UE y EEUU han sellado la 'pax arancelaria', pero lo más difícil está por llegar
Trump quería un acuerdo antes del 1 de agosto. Y lo tiene. Pero se trata de un acuerdo político, que no es jurídicamente vinculante
El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, observa durante una reunión con la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen. (Reuters/Evelyn Hockstein)
Cuando Donald Trump se sentó el domingo junto a una cohibida Ursula von der Leyen en Escocia, lo dejó claro: “No estoy de buen mood (ánimo)”. “No aceptaré nada por debajo del 15%”. Poco después, ambos líderes sellaban la pax arancelaria. Pero los detalles del acuerdo comercial todavía se desconocen. La UE y EEUU preparan a contrarreloj una declaración conjunta que aclare los muchos puntos que quedan abiertos y sobre los que los dos bloques tienen lecturas diferentes. El 1 de agosto entran en vigor los primeros aranceles del 15%, pero el corto, medio y largo plazo está plagado de incertidumbre.
Trump quería un acuerdo antes del 1 de agosto. Y lo tiene. Pero se trata de un acuerdo político, que no es jurídicamente vinculante. La negociación entre los europeos y los norteamericanos no ha hecho más que empezar. Por lo pronto están llamados a publicar en las próximas jornadas una declaración conjunta que aclare y detalle lo pactado.
Bruselas espera a que el presidente de Estados Unidos firme una orden ejecutiva que dé validez legal al acuerdo al otro lado del Atlántico, mientras que en la Unión Europea el proceso se prevé mucho más largo. Las instituciones comunitarias aún no han especificado cuál será el procedimiento legal a seguir, aunque podría requerir una mayoría cualificada en el Consejo o la aprobación del Parlamento para establecer la base jurídica.
El 2 de abril ya está grabado a fuego en el calendario global como el autoproclamado por Trump 'Día de la Liberación', cuando el republicano tabla en mano anunció gravámenes a todos los rincones del globo. Incluso a islas solo habitadas por pingüinos. Tras meses de agónicas e intensas negociaciones, el 27 de julio llegó el acuerdo comercial transatlántico, que para críticos como el ex primer ministro francés Dominique de Villepin pasará a ser el Día de la Declaración Europea de Dependencia.
La otra jornada clave será el viernes, 1 de agosto. Estados Unidos comenzará a aplicar un arancel máximo del 15% a la mayoría de productos ‘Made in EU’. Este techo se aplicará también a los automóviles y a sus piezas, actualmente sujetos a un tipo arancelario del 27,5%. Pero todavía quedan dudas sobre cuál será el régimen aplicado a los productos farmacéuticos o a los semiconductores. Además, la UE quiere exenciones para el vino o las bebidas espirituosas y un sistema de cuotas para el acero y el aluminio. Para cerrar todos estos cabos sueltos se esperan negociaciones toscas y largas.
Lo alcanzado hasta la fecha no es baladí, esquiva la guerra comercial, los aranceles estadounidenses del 30% y las contramedidas europeas por valor de 93.000 millones de euros. Pero es aire hasta que no se estampen las firmas. “El verdadero desafío está por delante: pulir los detalles. Sin documentos legalmente vinculantes, la puerta permanece abierta a malas interpretaciones. Hemos visto este desarrollo recientemente con el acuerdo entre EEUU y Japón, concluido apresuradamente hace unos días y que ya genera diversas interpretaciones”, aventura Cinzia Alcidi, experta del think tank CEPS.
De hecho, durante las horas del post-acuerdo, Bruselas y Washington se han apresurado a emitir comunicados explicativos con narrativas dispares en puntos cruciales como los productos farmacéuticos. Según la Comisión estarán exentos por el momento de este 15%; en boca de la Casa Blanca serán gravados a partir del viernes.
A todo ello se suma la imprevisibilidad de un Donald Trump que muestra nula sintonía con una organización multilateral como la UE y que es imposible de leer y de anticipar. Además, la complejidad de la naturaleza de lo acordado tampoco lo pone fácil… El compromiso de invertir 750.000 millones de dólares en energía, de 600.000 millones más en Estados Unidos y el de acelerar la compra de armas Made in USA es una voluntad, pero excede las competencias gubernamentales, ya que son las empresas privadas las que adquieren o venden esos productos.
"No se trata solo del comercio, sino también de la seguridad, se trata de Ucrania"
El acuerdo sellado entre bambalinas en el campo de golf Turnberry que Trump tiene en Escocia deja incógnitas más allá del ámbito económico. "No se trata solo del comercio, sino también de la seguridad, se trata de Ucrania. Se trata de la actual volatilidad geopolítica. Aunque no puedo dar más detalles”, afirmó un día después Maros Sefcovic, jefe negociador de la delegación europea. La mayoría de capitales han apretado los dientes contra el pacto. “Ningún entusiasmo”. “Es desequilibrado”. “La economía sufrirá”. Pero la realidad es que todos los países querían evitar el choque directo con Trump. Y así fue cómo la UE aplicó la fórmula OTAN: ceder para mantener a su aliado histórico y natural alineado.
Si un mes antes los 32 aliados sellaron la declaración de La Haya para aumentar al 5% el gasto militar para mantener a Estados Unidos dentro de la Alianza, la Unión asume el tarifazo del 15% arrastrada en buena medida por las dependencias en seguridad que le proporciona el paraguas norteamericano. “Vamos a enviar equipo militar y de otro tipo a la OTAN, y ellos harán lo que quieran, pero supongo que, en su mayor parte, colaborarán con Ucrania”, afirmó Trump el mismo domingo. Desde el inicio de la guerra en Ucrania, Europa ha condicionado buena parte de sus relaciones bilaterales con países terceros a sus posturas con Kiev y Moscú. Y en este sentido, Estados Unidos no es un país cualquiera, sino el único capaz de suministrar a las tropas de Zelenski con el material bélico que precisan.
De fondo, también colea el temor europeo a que Estados Unidos cumpla sus amenazas y retire aparte de los cerca de 84.000 efectivos que tiene estacionados en el Viejo Continente. Lo que dejaría al bloque mucho más indefenso en caso de un ataque ruso. De hecho, el ministro de Defensa alemán, Boris Pistorius, viajó este lunes a Washington con este punto en lo alto de la agenda. Tras su reunión con Pete Hegseth, secretario de Estado de Defensa norteamericano, reconoció que "los estadounidenses acabarán haciendo menos[en la defensa europea]". "Debemos reconocer que tienen sus propios intereses: en el Indopacífico y en la seguridad de las rutas comerciales marítimas", apostilló.
Alivio en el presente, tensión en el futuro
Los reproches a Europa son muchos y llegan desde muchos frentes: no negociar con mano de hierro; amendentrarse ante la lógica trumpiana; aceptar aranceles ilegales que ponen patas arriba el multilateralismo o el comercio global; o no haber aprovechado el momentum de abril cuando los mercados se desplomaron ejerciendo una enorme presión a Trump.
Pero la Unión ha hecho su apuesta asumiendo todos estos daños para dar predictibilidad a sus empresas y para mantener los canales abiertos con la Casa Blanca, que continúa siendo el hermano mayor en la seguridad de Europa. En Bruselas, una de las prioridades actuales pasa por diversificar y abrirse a otras partes del globo, especialmente en Asia. Pero el gran referente, tras décadas bajo su resguardo, continúa siendo EEUU.
El impacto económico de la tensión comercial y de los nuevos aranceles es todavía difícil de cuantificar. Sin embargo, la presión sobre potencias exportadoras como Alemania o sobre sectores como el campo europeo amenaza con disparar la incertidumbrey las divisiones internas del bloque. “La UE se enfrentará a una creciente presión para compensar a las industrias por las pérdidas sufridas a causa del aumento de aranceles. Estas peticiones deben rechazarse rotundamente. Hacerlo trasladaría la carga de los aranceles estadounidenses de los consumidores estadounidenses a los contribuyentes europeos. Esto no solo sería económicamente ineficiente, sino que también le otorgaría a Trump una mayor victoria”, concluye Alcidi.
Cuando Donald Trump se sentó el domingo junto a una cohibida Ursula von der Leyen en Escocia, lo dejó claro: “No estoy de buen mood (ánimo)”. “No aceptaré nada por debajo del 15%”. Poco después, ambos líderes sellaban la pax arancelaria. Pero los detalles del acuerdo comercial todavía se desconocen. La UE y EEUU preparan a contrarreloj una declaración conjunta que aclare los muchos puntos que quedan abiertos y sobre los que los dos bloques tienen lecturas diferentes. El 1 de agosto entran en vigor los primeros aranceles del 15%, pero el corto, medio y largo plazo está plagado de incertidumbre.