Sin noticias del marino español Miguel Moreno: lo que hay detrás del barco 'secuestrado' por Venezuela
Hace más de un mes que la familia del también periodista canario no tiene información sobre él después de haber sido retenido por las autoridades marítimas venezolanas
El 12 de junio de 2025, el periódico canario La Provincia publicaba un artículo sobre dos jóvenes locales que habían convertido el mar en su hogar. Uno de ellos era Miguel Moreno Dapena, periodista de profesión y antiguo redactor del diario. A bordo del buque N35, formaba parte de un equipo que busca barcos hundidos de la Primera y Segunda Guerra Mundial. Moreno concedió la entrevista desde las aguas entre Guyana y Venezuela, y comentó que, en ese momento, él y el resto de la tripulación estaban esperando a que se solucionaran "unos problemas" que tenía la embarcación.
Una semana después, el 20 de junio, fue la última vez que se tuvo noticias del periodista canario. A fecha de publicación de este artículo, 24 de julio, se cumple ya más de un mes desde su desaparición.
Los "problemas" a los que se refería Miguel Moreno empezaron a finales de mayo, cuando la Fuerza Armada Nacional Bolivariana (FANB) identificó el buque en aguas venezolanas. Según las autoridades del país, el barco había traspasado su zona económica exclusiva y, 12 días después de hacerles un seguimiento de "labores de observación", la Armada venezolana se aproximó al N35 y lo abordó, retuvo a toda su tripulación y tomó control del navío para después inspeccionarlo en el puerto de Guamache, en la Isla de Margarita.
La tripulación del barco llegó al puerto el 15 de junio y, hasta el 19 de ese mismo mes, Miguel Moreno estuvo en contacto con su familia y no reportó ningún tipo de abuso por parte de las autoridades venezolanas, que lo retenían a él y al resto de la tripulación bajo custodia preventiva. A partir de ahí, no hay más noticias de él ni del resto de la tripulación. Junto al periodista canario, estaría el capitán del barco, Pim de Rhodes, y su esposa (ambos neerlandeses), tres ciudadanos de Honduras, identificados en la prensa como Johnnie Martínez, Walter López y Willy Bowman, así como el panameño Olmedo Núñez Peñalba, una persona de Indonesia, y una mujer húngara, ambos sin identificar.
El Ministerio de Asuntos Exteriores español ha confirmado a El Confidencial que están llevando a cabo las gestiones para obtener información del paradero y situación exacta de Miguel Moreno por parte de las autoridades venezolanas y poder seguir el caso. Además, sostienen que tienen información sobre él, que no pueden compartir por lo delicado de la situación.
Por su parte, la Secretaría de Relaciones Exteriores de Honduras informó a este periódico que los tres hondureños retenidos en Venezuela "están bien". A pesar de que no hay todavía cargos oficiales, el organismo sostiene que la única información que tienen es que el barco con banderas panameñas ha sido acusado de estar en aguas venezolanas. Específicamente, la Guayana Esequiba, rica en hidrocarburos y objeto de una disputa histórica con Guyana.
Venezuela puso pronto el ojo sobre el N35, que navegaba peligrosamente cerca de esas aguas, cargadas ahora de especial un peso político e incluso militar. Según la justificación de las autoridades militares venezolanas, el barco "era muy sospechoso", así que identificaron la misión como "de exploración y operación marítima submarina". Tras el abordaje y remolque del barco a territorio venezolano, el ministro de Defensa, Vladimir Padrino López, defendió en una declaración pública que el barco, "pintado de gris, con una nomenclatura militar, pero sin ser militar" estaba haciendo investigación científica en "zona económica exclusiva" venezolana. "Ya nos están llegando a las bocas del Orinoco, cómo vamos a permitir nosotros eso", defendió.
Según el relato del ministro, la tripulación, entre la que se encontraba Miguel Moreno, "opuso resistencia". "La Armada bolivariana hizo su trabajo en la mar, impecable como siempre, llevando a cabo los procedimientos. Y aun con toda la resistencia que opuso la tripulación del barco, la Armada actuó con valentía, le puso su remolque y véngase a Santa Margarita, a puerto venezolano, para ser inspeccionado".
Vendida la detención en labios del ministro de Defensa como un acto de defensa de la soberanía, varios medios venezolanos se han hecho eco, y uno de ellos difundió la grabación de la primera conversación entre las autoridades marítimas de Venezuela y el capitán del barco, Pim de Rhoodes.
ARMADA: "Requerimos información sobre el tipo de buque y a qué actividad se dedica".
DE RHOODES (en inglés): "Estamos rastreando una ruta para encontrar un barco de la Segunda Guerra Mundial que es muy antiguo y no es de Venezuela, que no está en aguas venezolanas ni suelo venezolano".
ARMADA (en inglés): "Esta actividad en zona exclusiva económica de Venezuela no está autorizada ni permitida por Venezuela".
El capitán entonces insiste en que su mapa indica que se encuentran en aguas de Guyana, o de Trinidad y Tobago, no de Venezuela. Ante la inminencia del abordaje venezolano, De Rhoodes insiste en que los venezolanos le envíen pruebas de que se encuentran en aguas venezolanas, porque quiere "pelear" el caso "en los tribunales". Consultado por este diario, Países Bajos está al tanto del caso, pero sin dar más información. Otra fuente, sin embargo, ha dado más información a un diario holandés centrado en asuntos marítimos: "La Armada venezolana le negó al abogado de Pim el permiso para abordar el barco, y desconocemos el paradero actual de la tripulación" lamenta la fuente al Schuttevaer. "Las embajadas de los países involucrados están buscando una solución diplomática, pero esto podría llevar tiempo porque el prestigio de Venezuela está en juego", continúa.
'Ni son espías ni terroristas'
Una vez atracado el barco, las autoridades venezolanas inspeccionaron el navío y los materiales que la tripulación había recopilado para sus investigaciones marítimas. El reporte, del canal teleSUR, plantea si las personas detenidas son 'cazadores de tesoros' o 'si hay algo más'. Algunos oficiales del Ministerio Público que tiene el caso en sus manos, plantean en la grabación que el equipo cuenta con estudios de alta precisión sobre las aguas de la zona.
"(Los detenidos) reconocen la importancia de la información recopilada y están diciendo 'no la vamos a vender ni usar para fines estratégicos, no se la vamos a dar otro gobierno'. Pero ¿cómo me garantizas tú a mí eso?", plantea uno de los oficiales. "El estudio, si lo venden o utilizan porque fueron empleados por algún tipo de país agresor, podría emplearse para operaciones submarinas", añade otro funcionario venezolano. La prensa local recoge también un comentario de un almirante que acusa a la tripulación de "buscar yacimientos petrolíferos y vender los datos al mejor postor".
La página web del buque N35 informa que sus servicios incluyen el rescate, reparación o retiro de barcos, así como descubrir o proteger un tesoro histórico o ecológico de la Primera o la Segunda Guerra Mundial. "Somos una empresa naviera especializada en la búsqueda y rescate de metales valiosos de barcos pequeños y medianos, incluidos restos de barcos antiguos de la Primera y Segunda Guerra Mundial", reza la web oficial.
El último contacto tanto de Moreno como de De Rhoodes, cada uno por su lado, parece haber sido el mismo 19 de junio. Moreno informó a su familia que ese mismo día serían interrogados por la Fiscalía, mientras que De Rhoodes aseguró que "la armada venezolana los estaba bajando del barco para interrogarlos", según el medio neerlandés. Desde entonces, no se ha sabido nada más de ellos.
La madre de Miguel Moreno, María Jesús Dapena, dijo a la agencia EFE que la familia estaba en contacto con el ministerio de Asuntos Exteriores y que habían denunciado la "desaparición forzada" ante la Organización de Naciones Unidas. Además, insiste en que no pierde la esperanza en tener noticias de su hijo. "Porque ellos no han hecho nada, ni son espías, ni son terroristas, ni son nada de nada. Yo espero que, cuando prueben que es un barco de expedición (…) los suelten".
Dapena sostiene que el N35 estaba en Trinidad y Tobago porque estaban esperando unos permisos que habían solicitado en Europa. "Se dedican a exploración submarina y, cuando localizan un pecio, solicitan a las autoridades el derecho o el permiso para explotarlo", explica a la agencia. Además, explica que lo más probable es que cometieran el error de pasar por el alto que la zona del Esequibo está considerado territorio venezolano por Caracas, aunque esté sujeta a un contencioso con la vecina Guyana.
Al igual que Miguel Moreno, tampoco hay información sobre los otros 8 tripulantes. La familia del panameño Olmedo Javier Núñez Peñalba ha denunciado también que no han recibido noticias desde el pasado mes de junio. La madre del detenido, Ruth Peñalba, señaló en medios panameños que la ausencia de una embajada panameña en Venezuela dificulta las gestiones consulares. La familia pidió a las autoridades panameñas intensificar las gestiones diplomáticas para conocer el estado de los tripulantes y proteger sus derechos. Panorama similar se dibuja para la mujer húngara, cuyo país tampoco cuenta con embajada, y que la prensa todavía no parece haber detectado su caso.
El 12 de junio de 2025, el periódico canario La Provincia publicaba un artículo sobre dos jóvenes locales que habían convertido el mar en su hogar. Uno de ellos era Miguel Moreno Dapena, periodista de profesión y antiguo redactor del diario. A bordo del buque N35, formaba parte de un equipo que busca barcos hundidos de la Primera y Segunda Guerra Mundial. Moreno concedió la entrevista desde las aguas entre Guyana y Venezuela, y comentó que, en ese momento, él y el resto de la tripulación estaban esperando a que se solucionaran "unos problemas" que tenía la embarcación.