Las elecciones en Japón son el fin de una era: el partido de la 'estabilidad perfecta' se tambalea
Aunque el gobierno actual podrá mantenerse en minoría, Japón da la bienvenida a su época política más caótica de su historia reciente
La política japonesa era la política de la constancia y la estabilidad. Y ese hilo siempre presente era el Partido Liberal Democrático (LDP). La formación conservadora ha dominado la política japonesa desde su fundación en 1955, gobernando casi ininterrumpidamente (con dos pequeños paréntesis, entre 1993-1994, y de 2009 a 2012) desde entonces. 76 años de la corta historia del Japón moderno.
Pero esa dominancia ha terminado. Los resultados de las últimas elecciones japonesas, celebradas este domingo a la Cámara Alta de representantes, dejan un panorama en el que el LDP queda por primera vez en más de 10 años en minoría en ambas cámaras del Parlamento, la Dieta. El LDP y su compañero de coalición, el budista Komeito, han logrado 47 escaños de los 50 que necesitaban para la mayoría suficiente en la poderosa Cámara Alta. Esos 47 se suman a los 75 que ya tienen y que no estaban en liza, quedándose en 122 escaños del total de 248 con los que cuenta la cámara, en una pérdida de 19 del total con el que partían este domingo. “Los votantes nos han dado un veredicto muy duro, y tenemos que aceptar humildemente el resultado”, ha declarado el primer ministro y líder del LDP, Shigeru Ishiba, quien sin embargo ha rechazado dimitir.
La fragmentadísima oposición no cuenta con la opción de organizar una moción de censura, por lo que Ishiba mantendrá su puesto salvo que las presiones lleguen desde dentro de la formación. No sería raro: ante estos resultados, el LDP, pese a ostentar el gobierno, pasa por su momento más frágil. Y la tendencia habla de que Japón está ante un momento tectónico: los años de dominancia absoluta de este único partido no van a volver. Pero tampoco la de una única oposición liberal en una suerte de alternancia política, sino que han entrado en el escenario toda una fragmentación de nuevos partidos minoritarios, populistas y radicales.
Japón da la bienvenida a su época política más caótica de su historia reciente.
La primera señal ya fue el año pasado, cuando el LDP perdió el control de la Cámara Baja tras varios escándalos relativos a la financiación del partido. En este caso, los japoneses han votado bajo la presión de una inflación galopante en algunos productos de primera necesidad, como el arroz, así como en general un alto coste de vida y presión fiscal. Justo cuando tiene que negociarse un duro acuerdo comercial con los EEUU de Donald Trump.
“Ya sea las negociaciones arancelarias con Trump o los desastres y el envejecimiento de la población, o el aumento de los precios a mayor ritmo que el de los salarios, todavía nos enfrentamos a muchos asuntos. Y tengo la responsabilidad ante la nación de lidiar con ellos”, ha declarado Ishiba, defendiendo su permanencia como líder del partido.
Pero realmente, la caída del LDP tiene más implicaciones que la mera coyuntura económica del momento.
Al menos en apariencia, el extenso dominio del LPD hizo que la política japonesa pareciera más estable que la de otras democracias económicamente desarrolladas, que han sufrido los achaques del populismo o el partidismo extremo. Pero el coste ha sido la apatía entre los votantes (al no haber competencia real, la participación ha disminuido de forma constante en la última década, lo que beneficiaba al LPD), además de limitar las consecuencias reales a los políticos del partido. Por lo que el dominio del LDP tampoco podía leerse como una satisfacción japonesa por el statu quo. Un último estudio de la empresa demoscópica Pew Research identificó seis países donde más de la mitad de la población desea "cambios importantes o una reforma completa de los sistemas político, económico y sanitario": Estados Unidos, Francia, Grecia, Italia, España y Japón.
Los resultados de este domingo han expuesto una creciente fisura generacional que está alterando la forma en la que Japón entiende la política. El ‘voto castigo’ al LDP no ha ido a los partidos tradicionales de oposición, sino una variedad de grupúsculos de nuevos partidos que atrajeron a los votantes más jóvenes. Muchos, con unos mensajes marcadamente nacionalistas, populistas y radicales, como Sanseito.
'Japón primero'
La formación populista ha sido uno de los grandes ganadores de las elecciones, obteniendo 14 escaños. Es su mayor triunfo desde que nació en 2020, durante la pandemia del coronavirus, como un partido pequeño que difundía teorías conspirativas y antivacunas. Esos inicios tuvieron lugar en YouTube, donde su líder Sohei Kamiya empezó a construir su discurso basado en el lema “Japón Primero”.
Es una clara referencia al movimiento MAGA (‘Make America Great Again’) y el ‘América First’ de Donald Trump, que se ha considerado una influencia para el líder de Sanseito por su “estilo político audaz”. El líder de Sanseito también comparte con el presidente estadounidense sus políticas antimigratorias y considera que el país asiático está sufriendo una “invasión silenciosa” por los extranjeros.
Este tema también ha sido un motivo de preocupación para el primer ministro japonés. Según las autoridades migratorias del país, el número de residentes extranjeros en Japón alcanzó un récord de 3,8 millones a finales de 2024. Además, el turismo ha alcanzado también una cifra histórica y casi 37 millones de personas visitaron el país el año pasado, generando numerosos roces con los locales.
A pesar de que el Gobierno nipón ha afirmado que tomará medidas para que estos números no afecten a una población sacudida por los altos índices de inflación, el partido Sanseito sostiene que no es suficiente. Y así lo piensan los votantes que han decidido apoyar a la formación populista que pide volver a los “valores tradicionales” del país. Para ello, persigue políticas nacionalistas, ayudar a las familias que tengan hijos y derogar las leyes sobre los derechos LGBT.
Pero una de las estrategias con más resultado de Sohei Kamiya es apostar por un discurso contra los políticos tradicionales y el orden establecido. “Muchos de sus seguidores son votantes primerizos: descontentos que sienten que los partidos tradicionales no tienen nada que ofrecerles”, dice Michael Cucek, experto en política japonesa de la Universidad Temple de Tokio, a The Guardian.
A pesar de que el número de diputados de Sanseito está lejos de obtener una mayoría, sí ha sido uno de los factores para fraccionar el voto y debilitar al Partido Liberal Demócrata. Jeffrey Hall, profesor de Estudios Japoneses en la Universidad de Estudios Internacionales de Kanda, afirmó para BBC que el apoyo a partidos más de derecha ha alejado a los votantes conservadores de la formación de Ishiba. "Muchos partidarios del ex primer ministro Shinzo Abe consideran que el primer ministro no es lo suficientemente conservador. Creen que carece de las visiones nacionalistas sobre la historia y de la firme postura contra China que tenía Abe", sostuvo.
En este escenario, Sanseito es una de las opciones para demostrar un rechazo a las políticas del Gobierno. "El éxito de (los partidos de oposición) en este momento demuestra que los votantes están hartos del statu quo de la política del establishment", añadió Rintaro Nishimura, del think tank The Asia Group, a la cadena británica.
La política japonesa era la política de la constancia y la estabilidad. Y ese hilo siempre presente era el Partido Liberal Democrático (LDP). La formación conservadora ha dominado la política japonesa desde su fundación en 1955, gobernando casi ininterrumpidamente (con dos pequeños paréntesis, entre 1993-1994, y de 2009 a 2012) desde entonces. 76 años de la corta historia del Japón moderno.