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¿Cuánto 'jugo' se le puede sacar a un papa? "Este milagro nació de un sacrilegio"
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La fe que choca con la economía

¿Cuánto 'jugo' se le puede sacar a un papa? "Este milagro nació de un sacrilegio"

Perú quiere potenciar el turismo religioso ahora que el nuevo papa León XIV pasó más de dos décadas en el país

Foto: El restaurante "Las Américas", con un cartel de "Aquí comió el papa". (Reuters/Sebastian Castaneda)
El restaurante "Las Américas", con un cartel de "Aquí comió el papa". (Reuters/Sebastian Castaneda)

"Ven aquí, te voy a enseñar algo. Todavía no lo tenemos expuesto porque nos falta… la casulla", dice Gerson, emocionado. En una pequeña salita de la Municipalidad de Chiclayo, el subgerente de Turismo y Cultura saca unos atavíos de color oscuro. “¡Son de verdad del papa! Van a ser una estrella en la exposición”, dice.

Detrás, en una esquina, un maniquí blanco, calvo y desnudo, de una altura considerable, espera antes de ser vestido con la ropa que alguna vez llevó el hombre “que llevó Chiclayo a los ojos del mundo” desde el balcón de San Pedro. El papa León XVI, antes “monseñor Prevost”. Obispo de Chiclayo durante ocho años. Y, ahora mismo, el hombre más famoso de Perú.

Eso es una oportunidad… y un riesgo.

Cada papa mueve toda una industria. Imágenes, estampitas, rosarios, velas… Una economía que mantiene desde hace siglos a un buen puñado de negocios… en Roma. Hay que tener cierta maestría, milagro, devoción o suerte para que la oleada llegue a Perú. “Y mucha cabeza fría”, admite Gerson David Cadenas Angulo.

La elección de Prevost pasó casi como una tromba por encima del subgerente de Turismo. Más de 200 periodistas de todo el mundo aterrizaron en Chiclayo para desmenuzar cada rinconcito del pueblo “tan querido” por el papa. Fueron días sin dormir, multitud de ideas y un curso acelerado sobre el periplo del papa en la zona.

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De ahí surgió la idea de, primero, una exposición sobre el papa. Y, segundo, una “Ruta del papa León” con la que lograr por fin atraer turismo extranjero en una región que, en el país de Machu Picchu, Cuzco, Arequipa, Lima y el Titicaca, se queda con apenas 8.000 visitantes foráneos.

El riesgo viene de cuántos, una vez apagada la sorpresa de un ‘papa peruano’, seguirán interesados en una ruta varias semanas después de invertir tiempo, dinero y muchas horas de sueño. Pero el ‘premio’ es goloso: el turismo religioso mueve una estimación de 1.300 millones de euros a nivel mundial y algunos en Chiclayo se atreven a soñar en Fátima o Lourdes. Después de todo, tienen su propio milagro… a medias, y toda una historia rocambolesca, sacrilegio incluido, todavía por solventar.

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"Mira, a mí me confirmó", dice Aurora, en Lima. Ha sido casualidad encontrarla, a 760 kilómetros de Chiclayo. Pero es un ejemplo, sostiene, de cómo era Prevost. “Nos confirmó a muchísimos de nosotros, era un obispo que estaba muy presente, casi nunca decía que no”.

A la escena solo le faltan las notas de ‘Debí tirar más fotos de cuando te tuve’ de Bad Bunny como banda sonora. “Cuando salió elegido papa en el balcón, todos empezamos a compartir fotografías con él. Todos nos preguntábamos por qué no nos hicimos más”, sonríe la joven. Prevost montado en un burro. Prevost levantando unos plátanos. Prevost con unos niños bailando danzas regionales. Prevost junto a un portal de belén. Y así.

placeholder El papa, y Bad Bunny
El papa, y Bad Bunny

Más afortunado es aquel que tiene algo más que una foto. Como los dos restaurantes más cerca de la Catedral de Chiclayo, Las Américas y El Trébol, que se han llenado de carteles de “aquí comió el papa León XIV”. ¿Qué comió? Sus platos favoritos, que —qué casualidad— son los típicos de la comida chiclayana: arroz con pato y seco de cabrito.

Es inevitable que choque la fe con el negocio, en lo grande y en lo pequeño.

“Mira, yo lo veía todos los días salir de la diócesis para dar la misa de la catedral, aquí enfrente, y lo veía volver. ¿Qué va a comer en esos sitios? Comía aquí, con nosotros, esa es la cocinera. No estaba para lujos”, dice Jimmy Sugar, ‘portero’ de la residencia episcopal, entre molesto y dispuesto a hacer confidencias.

El edificio ahora lo preside una efigie de cartón piedra (a un tamaño algo menor que el real) de monseñor Prevost y en su pequeño puestito se venden fotografías del antes y después (cuando era obispo, y el momento en el que da su primer discurso ya como papa) por unos cuantos soles. Unas monjas han reservado ya el cuadro enmarcado de Prevost que antes adornaba la oficina de Zuli Castillo, exsecretaria de monseñor Robert.

placeholder Una imagen de cartón piedra de Prevost en la residencia episcopal
Una imagen de cartón piedra de Prevost en la residencia episcopal

La hermana de Zuli es la cocinera de la residencia, y bien podría ser que el plato favorito de Prevost acabara siendo algún platillo de Perú. Porque algo que se puede sentir hablando con ella, o viendo la exposición en la Municipalidad, es que Prevost se tomó muy en serio su misión en Perú, acercándose en lo posible a la cultura social y religiosa del país. Quizá por ese espíritu de misionero que le inculcó su orden, la de los Agustinos. El caso es que lo primero que hizo nada más llegar a Chiclayo, recuerda Castillo, fue visitar Zaña, donde se veneraban los restos de Santo Toribio Mogrovejo, antes de ser trasladados a Lima.

Otras señales de que no estaba de paso fueron menos agradables, como su lucha contra el Soldadicio, una organización peruana ultracatólica con gusto por la parafernalia fascista y el control del poder. Primero en Perú y luego, al frente del Dicasterio para los Obispos, Prevost fue clave en la supresión de la organización como último golpe de mano de Francisco en El Vaticano.

Prevost fue clave en la supresión de la organización como último golpe de mano de Francisco en El Vaticano

Quizá por eso las campañas de última hora para hundir las posibilidades de Prevost de convertirse en papa, acusándolo de haber encubierto abusos sexuales a tres hermanas religiosas, llevaban la firma tanto de Soldadicio como de grupos ultraconservadores dentro de la Iglesia.

El milagro y 'sacrilegio' de Ciudad Eten

Y esa campaña tiene también como centro la gran ‘joya’ de la Ruta del papa, el ‘milagro’ que convierte un pequeño montón de localidades como otras cualquieras entre las iglesias coloniales de Perú en una verdadera ‘ruta’ religiosa para los creyentes. El milagro (y sacrilegio) de Ciudad Eten.

En 2018, se hacía viral un vídeo en el que monseñor Prevost intentaba acceder, sin éxito, a una pequeña capilla-santuario en Ciudad Eten, a menos de 20 kilómetros de la ciudad de Chiclayo y dentro de la provincia homónima. En esa capilla-santuario se acogía una imagen de un Niño Jesús, que era la que Prevost intentaba ‘rescatar’, detalla Jesús, una laica que ha investigado durante años sobre el conocido como ‘Niño del Milagro’.

"Las autoridades están pensando solamente en lo comercial, sin pensar en lo que hace que [una ruta religiosa] tenga la guinda"

"Es el único milagro eucarístico de Perú", explica Jesús. La historia relata que, en 1649, unos ladrones entraron en una iglesia en Quito (Ecuador), robaron las hostias consagradas y las esparcieron por los suelos. Ante la profanación del cuerpo de Cristo, se celebraron misas, algunas tan lejos como en Perú. En la de Ciudad Eten, tras la exposición del Corpus Domini, el sacerdote franciscano que daba la misa vio una aparición: el rostro de un niño enmarcado en largos rizos castaños. El 'Niño del Milagro' volvió a aparecer unos días después, esta vez acompañado de tres corazones blancos, simbolizando la Trinidad.

Muchos años después, el santuario donde se apareció el niño ha desaparecido, semiderruido, y la capilla que se construyó encima está gestionada no por la Iglesia peruana, sino por un comité multisectorial. Para Jesús, profundamente religiosa, es un escándalo: según denuncia, el comité ha llevado curas "ortodoxos, anglicanos" a celebrar las misas en dicha iglesia, que ahora la lleva "un cura casado". El comité aprovecha la fama del 'Niño del Milagro' y vende pequeños recuerdos a los que se acercan, además de controlar una imagen, traída desde España mucho más tarde, que es la reliquia más representativa del milagro eucarístico. Esa misma imagen que Prevost quiso recuperar en 2018... A petición del párroco de Ciudad Eten, uno de los acusados de los presuntos abusos. "Desde entonces, se la juraron", lamenta vehemente Jesús.

"Las autoridades están pensando solamente en lo comercial, sin pensar en lo que hace que [una ruta religiosa] tenga la guinda", defiende. El milagro eucarístico de Ciudad Eten (aunque "está en la lista recogida por el 'santo millennial' Carlo Acutis", bromea Jesús) todavía no está aceptado oficialmente por la Iglesia. "Este milagro nació de un sacrilegio [el de Quito] y si ahora no se va a poder aprobar, es porque todavía sigue existiendo ese sacrilegio. Hay que echar a los que están profanando el santuario y hacer una misa de desagravio", elabora, porque, cuando vengan los peregrinos, o venga el papa a Perú y con él miles de viajeros religiosos, ¿con qué se van a encontrar? "Hay que arreglar primero eso".

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Por el momento, Jesús y sus compañeros, ahora sin la ayuda del párroco, apartado durante la investigación del caso (que, inicialmente, quedó en nada, pero que tras la posible elección de Prevost como pontífice, volvió a reabrirse), han conseguido ya que el Parlamento Peruano apruebe una ley que declara "de interés nacional" el reconocimiento de Ciudad Eten como “Ciudad Eucarística”, con el objetivo de promover el turismo religioso. Y ahora tienen al papa León XIV de su parte.

Jesús tiene grandes sueños para los terrenos donde se levanta el pequeño santuario, cuya propiedad sigue en pleno contencioso legal entre la Iglesia y el comité que la gestiona. Muestra en su teléfono móvil una imagen renderizada de una amplia iglesia, de formas curvas, como si fuera un pañuelo que ha caído sobre la tierra. "Esto deberíamos hacer. Hay mucho potencial, mira Lourdes, mira Fátima... ¡Aquí podríamos hacer algo parecido!"

En la Municipalidad, Gerson tiene otro sueño, algo menos aparatoso que el de Jesús. Se inspira en los vídeos del DJ Guilherme, un cura que pinchó durante horas a las juventudes congregadas en la JMJ de Lisboa en 2023. "Mira, solo es una gran carpa, una gran explanada, limpia y accesible... Eso lo podríamos hacer. Imagínate, cuando el papa dé allí su misa".

En estos meses, quizá años, antes de que Prevost regrese a Perú como León XIV, hay mucho que hacer. Mientras Jesús piensa en su milagro y los falsos curas, Gerson tiene en su lista a corto plazo conseguir la aprobación de una ordenanza para declarar la Ruta del papa como “interés cultural” en la región. Fe y turismo, religión y negocio, caminos paralelos con un fin parecido.

Entretanto, Gerson quiere organizar una capacitación para artesanos de Chiclayo. “Señora, es mejor que los haga del papa”, dice a una mujer sentada en la calle que vende pequeños retales de punto de cruz con florecitas. “Seguro que habría negocio de eso”, murmura.

El fin de semana después de que se eligió al papa era Día de la Madre en Perú, y todo el merchandising ya tenía la temática de esa festividad. Aun así, cuenta Gerson, se logró movilizar a los panaderos, que hicieron figuritas del papa. En Lima, el Emporio Comercial Gamarra se montó pronto al carro y lanzó una pequeña prueba comercial en forma de algunos centenares de camisetas con motivos del papa en su vertiente más peruana. Prevost comiendo ‘King Kong’, un dulce típico del norte del país, o con una camiseta de la selección peruana bajo el lema "Ahora sí vamos al Mundial" (Perú no se clasifica desde 2018). "El sentimiento va más allá de la fe: tiene que ver con que es peruano, y que llegó a un lugar muy relevante", defiende Susana Saldaña, presidenta de la asociación empresarial.

placeholder (Cedida por Emporio Empresarial Gamarra)
(Cedida por Emporio Empresarial Gamarra)

Varias semanas después, ya queda menos de ese furor inicial: unas cuantas pancartas (repartidas por la municipalidad) en negocios aquí y allá. “¡Si hubiéramos tenido más tiempo para prepararnos!”, se lamenta Gerson. A toro pasado, en la Residencia Episcopal aseguran que, cuando se enteraron de que participaba en el Cónclave, estaban "seguros al 50%" de que saldría elegido papa.

Las lluvias de 2017 arrasaron la provincia de Lambayeque, donde se levanta Chiclayo y otros pueblitos vecinos. La iglesia de Olmos (15.200 habitantes) quedó destruida. Hoy está totalmente reconstruida, a falta de poner el suelo. El padre Melchor ya celebra misas. Fue Prevost quien, sabiendo de su capacidad de movilizar donantes privados y autoridades, llamó a su reconstrucción. Lo logró. Pero este pueblito no aparecerá en la Ruta del papa.

"Ven aquí, te voy a enseñar algo. Todavía no lo tenemos expuesto porque nos falta… la casulla", dice Gerson, emocionado. En una pequeña salita de la Municipalidad de Chiclayo, el subgerente de Turismo y Cultura saca unos atavíos de color oscuro. “¡Son de verdad del papa! Van a ser una estrella en la exposición”, dice.

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