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Cómo preparar la cumbre perfecta: Rutte saca la artillería pesada para 'torear' a Trump en la OTAN
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la cultura del 'pólder'

Cómo preparar la cumbre perfecta: Rutte saca la artillería pesada para 'torear' a Trump en la OTAN

Volodímir Zelenski podría quedar relegado a un papel secundario mientras Rutte busca contentar a Trump en la cumbre de la OTAN con un plan 'millonario' y una reunión exprés

Foto: Mark Rutte y Donald Trump, el 13 de marzo de 2025. (Reuters/Evelyn Hockstein)
Mark Rutte y Donald Trump, el 13 de marzo de 2025. (Reuters/Evelyn Hockstein)

Mark Rutte sabe qué teclas debe tocar para que la próxima cumbre de la OTAN sea un éxito. Sabe que el escenario ideal es que Donald Trump llegue a La Haya el 25 de junio, se saque una fotografía con los líderes y vuelva a Washington al día siguiente diciendo a sus votantes que ha conseguido un "gran acuerdo". Y sabe que lo ideal es que la reunión sea breve, para no correr el riesgo de que el presidente estadounidense pierda los papeles. Rutte también sabe que es mejor que la presencia del ucraniano Volodímir Zelenski sea lo más discreta posible. Antes de que los 45 jefes de Estado se encuentren en la ciudad de Países Bajos, el secretario general de la alianza transatlántica tiene mucho trabajo entre bambalinas. Deberá, más que nunca, utilizar sus artes diplomáticas.

Apodado el "susurrador de Trump", Rutte ha sido reconocido por su habilidad para saber cómo comunicarse con el republicano, especialmente en temas delicados. Si algo le permitió sobrevivir 14 años como primer ministro de Países Bajos fue su arte de convencer y contentar a todo el espectro político de su país, desde la ultraderecha hasta los socialdemócratas. Los socios de la OTAN lo eligieron precisamente porque, en el momento geopolítico actual, la alianza necesita ese don para llevarse a la gente a su terreno. Y, encima, que parezca que todos salen ganando.

Esta forma de tomar decisiones es típica neerlandesa y se llama "cultura del pólder". El polder es un terreno ganado al mar, que históricamente requería que trabajadores como granjeros, pescaderos o políticos tuvieron que juntarse para mantener los diques y evitar inundaciones. Por eso, esta "cultura" se basa en negociar, buscar consensos, ceder un poco y no imponer ideas de forma unilateral. Es decir: sentarse todos a la mesa y hablar hasta que todos estén más o menos de acuerdo.

Aplicado a la cumbre de la OTAN, este trabajo pasa a ser, de alguna manera, puro marketing diplomático. La tarea que empezó en noviembre con aquella visita de Rutte a Trump en Florida, utilizando un avión del gobierno neerlandés. Eso generó debate en Países Bajos sobre la naturaleza de su relación y los límites de la diplomacia. A pesar de las críticas, Rutte ha defendido su enfoque pragmático, argumentando que es esencial mantener a Estados Unidos comprometido con la OTAN para garantizar la seguridad colectiva. Siempre ha expresado respeto público por el republicano y su confianza en que, a pesar todo, entiende la importancia estratégica de la alianza.

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El presidente de Estados Unidos ha exigido a los miembros de la alianza un aumento considerable del gasto militar y lo ha convertido en una condición para continuar formando parte del grupo. Rutte, haciendo gala de sus artes diplomáticas, ha ideado un truco para satisfacer esas demandas y mantener a Trump a bordo del barco transatlántico. Se trata del llamado ‘Plan de Inversión de La Haya’, una enorme inversión adicional en defensa.

Desde que Rusia inició su invasión de Ucrania, la OTAN ha tratado de recuperar su tarea principal: la defensa colectiva del territorio y la disuasión frente a agresores. Para muchos ejércitos de los aliados europeos, eso implica un triple desafío. El primero, llenar los vacíos militares y reponer los arsenales agotados; el segundo, reclutar personal y adquirir nuevo equipamiento; y, finalmente, cumplir con los mayores requisitos de preparación y apoyo a las unidades.

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Asimismo, la alianza debe hacer frente a la modernización de la doctrina militar, que —a la vista de lo que ocurre en Ucrania— no puede quedarse atrás. Todo esto requiere dinero. Y, mientras tanto, Trump exige que los países gasten el 5% de su PIB en defensa. Pero, a diferencia de la norma del 2% pactada en 2014 —que 11 años después aún no han alcanzado todos los aliados—, esta nueva meta se basa en planes militares concretos.

La propuesta de Rutte contempla ese aumento colosal del gasto militar. La idea es que, en un plazo de siete años, los países aliados destinen el 5% a defensa. Esto contentaría a Trump, aunque sea una realidad maquillada. La clave está en el detalle. Según el plan de Rutte, hasta un 1,5% de ese 5% podría destinarse a seguridad digital, ferrocarriles y carreteras. Según defendió, "a veces cruzas un puente en Europa y solo confías en llegar con tu propio coche… y ni hablar de un tanque". Porque una infraestructura sólida también es necesaria si estalla una guerra. Es decir, para alcanzar la cifra que pide Trump —considerada en Europa como un objetivo irreal—, se destinaría un 3,5% a gasto militar real y el 1,5% restante a partidas "relacionadas con la defensa".

Con esta maniobra, Rutte trata también de ganarse el voto de España. El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, cree que el cambio climático es un mayor riesgo que una invasión rusa. Más gasto militar, sí, pero para defenderse de todos los peligros, incluido el clima. Aun así, se trata de inversiones enormes, difíciles de asumir para muchos aliados europeos, especialmente los países del sur con altos niveles de deuda. Aunque algunos países de la UE protestan, con Bélgica a la cabeza, la reunión de la OTAN en Bruselas de este miércoles mostró que hay grandes posibilidades de que el plan de Rutte acabe imponiéndose gracias al respaldo de Washington.

Cumbre rápida y eficaz... para ganarse a Trump

Que Rutte vaya de la mano con EEUU es lógico. La OTAN no puede funcionar sin ellos (cubren dos tercios del presupuesto total de defensa). Por eso, la operación "ganarse a Trump" en La Haya y Bruselas está en marcha. No solo con palabras bonitas, también la logística de la cumbre se adapta a sus deseos. Recientemente, se filtró que la cumbre será más corta de lo esperado. Aunque oficialmente están previstas para el martes 24 y miércoles 25 de junio, la reunión oficial se reduciría solo al miércoles.

En La Haya dicen que, aunque la reunión formal de mandatarios será solo el miércoles, todos llegarán el martes. También Trump, al menos, para asistir a la cena que organiza el rey Guillermo Alejandro en su palacio. El congreso para la industria de defensa será ese mismo día, y muchos líderes y ministros tendrán sus primeras reuniones bilaterales.

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Así que lo de la "cumbre corta" es visto en La Haya como una maniobra de relaciones públicas para agradar a Trump, que quiere parecer un negociador que cierra acuerdos rápidos. Los esfuerzos por hacer quedar bien a Trump también afectan a Zelenski. En los últimos años fue invitado como invitado de honor de la cumbre, pero se ha llegado a rumorear que quizás ni siquiera se le fuera a invitar en esta ocasión. Rutte, como anfitrión de la OTAN, tiene la última palabra, y le ha enviado una invitación, pero no está claro si vendrá, ni cuál será su rol. Mucho menos si se verá con Trump.

En la 28ª reunión del Grupo de Contacto en Bruselas, los países europeos han vuelto a subrayar su apoyo a Ucrania con compromisos valorados en "miles de millones de euros". Fue la primera vez que Estados Unidos —fundador del grupo bajo la presidencia de Joe Biden— no estuvo presente ni siquiera a nivel ministerial. Varios países, entre ellos Reino Unido, Francia y Países Bajos, anunciaron nuevos paquetes de ayuda tras la decisión de Alemania de financiar misiles de largo alcance para Ucrania. Las inversiones europeas en la industria de defensa ucraniana son cada vez mayores, mientras Washington se aleja cada vez más. Según medios estadounidenses, Trump ha pedido al presidente del Comité de Defensa del Senado que no someta aún a votación el proyecto de ley que impone sanciones a Rusia y los países que compren su petróleo y gas.

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Así que Zelenski podría ser la mayor víctima simbólica de esa cumbre. Ucrania no parece ser, tanto como lo fue estos años, la bandera de la unidad de la alianza. También hay que convencer a otros países como Lituania que consideran que el plazo propuesto por Rutte es incluso demasiado largo y abogan por alcanzar los objetivos antes de 2030 porque ven la amenaza rusa más cercana.

La habilidad de Rutte para navegar estas aguas turbulentas determinará no solo el futuro de la OTAN, sino también su legado como líder internacional en tiempos de incertidumbre. Si Trump regresa a Washington el 25 de junio con la sensación de haber cerrado un "gran acuerdo" en tiempo récord, Rutte podrá darse por satisfecho. Si además logra que el aumento de gasto militar se quede en un 3,5% en lugar del 5%, el secretario general podrá presumir de éxito. Y, como suele ocurrir en estas cumbres, nadie recordará cuándo ni cómo se decidió.

Mark Rutte sabe qué teclas debe tocar para que la próxima cumbre de la OTAN sea un éxito. Sabe que el escenario ideal es que Donald Trump llegue a La Haya el 25 de junio, se saque una fotografía con los líderes y vuelva a Washington al día siguiente diciendo a sus votantes que ha conseguido un "gran acuerdo". Y sabe que lo ideal es que la reunión sea breve, para no correr el riesgo de que el presidente estadounidense pierda los papeles. Rutte también sabe que es mejor que la presencia del ucraniano Volodímir Zelenski sea lo más discreta posible. Antes de que los 45 jefes de Estado se encuentren en la ciudad de Países Bajos, el secretario general de la alianza transatlántica tiene mucho trabajo entre bambalinas. Deberá, más que nunca, utilizar sus artes diplomáticas.

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