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El 'modelo Rafah': detrás de la entrega de comida en Gaza hay también un plan de desplazamiento
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Ataques, caos y un plan deliberado

El 'modelo Rafah': detrás de la entrega de comida en Gaza hay también un plan de desplazamiento

En su lucha contra el terrorismo de Hamás, Israel quiere ocupar cada vez más territorio y arrasarlo. Pero ¿qué viene después y qué papel juega la entrega de comida?

Foto: Familias palestinas lloran a sus muertos en Gaza. (Zuma Press/Doaa el-Baz)
Familias palestinas lloran a sus muertos en Gaza. (Zuma Press/Doaa el-Baz)

Por sus hermosas playas de palmeras, la ciudad egipcia de Al-Arish es considerada una joya del norte del Sinaí. Pero aquí no hay ni rastro de idilio mediterráneo: a lo lejos se oyen repetidas veces fuertes explosiones. Son las bombas que caen unos kilómetros al norte, más allá de la frontera con la Franja de Gaza. Las bombas parecen increíblemente cercanas y, sin embargo, tan lejanas. La puerta que separa Egipto de la Franja, en Rafah, está parcialmente abierta, pero desde allí no se puede ver Gaza, y nadie puede cruzar. Todas las solicitudes han sido rechazadas de antemano por Israel, incluidas, la de la ayuda humanitaria.

Tras once semanas de bloqueo total humanitario, el primer ministro Benjamín Netanyahu anunció a finales de mayo un relajamiento parcial, con la entrada de ayuda humanitaria solo a través de una ONG específica, con lazos con el propio gobierno israelí. El hambre ha alcanzado ya al 93% de la población de la Franja, y va en aumento.

La frustración por el bloqueo se percibe especialmente en la frontera de Rafah. Durante los últimos 20 meses de guerra entre Israel y Hamás, el paso se utilizó repetidamente como puerta para la ayuda humanitaria. La última vez fue durante el alto el fuego a comienzos de año. Pero desde el 2 de marzo todo se ha detenido.

Se acerca la fecha de caducidad

Mientras que algunas pocas toneladas de ayuda han podido pasar de Israel a Gaza por el paso de Kerem Shalom, el de Rafah sigue cerrado por orden de Tel Aviv. A pocos kilómetros, grandes cantidades de alimentos y medicamentos almacenados por la Media Luna Roja están en riesgo de echarse a perder. Las cajas, envueltas cuidadosamente en plástico, están listas para ser transportadas. La ONG habla de ayuda almacenada en una superficie de 80.000 metros cuadrados –el equivalente a once campos de fútbol–, y la fecha de caducidad se acerca cada vez más. La espera por la apertura desespera a los trabajadores humanitarios. Se sienten impotentes, especialmente con el constante ruido de las bombas como telón de fondo.

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La imagen detrás del puesto fronterizo solo puede imaginarse parcialmente: debido a la censura de medios impuesta por Israel, el mundo exterior depende de los reportes de las partes en el conflicto, trabajadores humanitarios y periodistas locales freelance, o de imágenes satelitales. Estas últimas muestran una imagen devastadora. En el lado palestino de Rafah casi no queda ningún edificio en pie. Según el experto militar israelí Emanuel Fabian, que escribe para el Times of Israel y ha estado en la zona de guerra gracias a contactos con el Ejército, las IDF "arrasaron" el área del sur.

Antes de la guerra, vivían en Rafah aproximadamente 200.000 personas. Con la invasión israelí del norte de la Franja en 2023, cerca de un millón de personas huyeron a la ciudad fronteriza. Hoy, según las IDF, "no queda ningún civil allí". Tras la ruptura del alto el fuego el 18 de marzo, el área fue nuevamente declarada zona de evacuación y ocupada por el Ejército israelí.

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Hace justo un año que Israel dio comienzo a la ofensiva sobre Rafah. Con su entrada militar en la ciudad de los refugiados, las IDF cruzaron la "línea roja" marcada por el expresidente estadounidense Joe Biden. Dio igual. Desde el otoño, Israel controla grandes partes del área. Pero durante el alto el fuego de febrero, decenas de miles de civiles habían regresado. Su destino es una representación de las muchas familias gazatíes que han sido desplazadas varias veces por los combates.

Que el ejército arrase todos los edificios tiene, según Fabian, razones tácticas. En cada zona donde entran tropas terrestres, la fuerza aérea destruye todos los edificios altos, para no dejar a Hamás oportunidades de ataque. Recientemente, los combates se concentraban en un solo distrito de Rafah. Luego, el ejército destruyó las estructuras de Hamás –arsenales y túneles– en la zona, y con ello casi toda la infraestructura restante.

El "modelo Rafah"

Según Fabian, el ejército habla del "modelo Rafah", que pretende aplicar en otras partes de Gaza. Actualmente, sobre el terreno allanado y rodeado de alambre de púas, se están estableciendo los nuevos centros de distribución de la cuestionada fundación privada estadounidense Gaza Humanitarian Foundation (GHF), que reemplazará a la ONU como distribuidora de alimentos.

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Muchos observadores están indignados. Ven en el "modelo Rafah" el intento israelí de destruir las bases de vida en Gaza y forzar a la población a una "emigración voluntaria". "Derribamos cada vez más casas. La gente ya no tiene nada a lo que volver", dijo Netanyahu recientemente. Las cifras actuales lo confirman: según la ONU, alrededor del 92% de todos los edificios de Gaza y aproximadamente el 80% de las tierras agrícolas e invernaderos han sido dañados o destruidos; además, el 72% de los barcos de pesca son inutilizables y el 95% del ganado ha sido eliminado.

Tropas a la espera de la orden

Actualmente, el Ejército israelí controla el 40% del enclave. Cada paso o transporte de ayuda debe coordinarse con el Ejército, de lo contrario, la maniobra puede ser mortal. Además, Israel ha designado otro 40% de Gaza como zona de combate o evacuación. Son zonas que, según el gobierno, se quieren ocupar a largo plazo, y de donde también se ha desplazado a todos los civiles. A Hamás, que constantemente recluta nuevos combatientes, se le debe quitar más territorio.El nuevo objetivo declarado de las FDI es controlar el 75% de Gaza en dos meses, con ayuda de cinco divisiones recientemente desplegadas.

La autoridad sanitaria de Gaza, controlada por Hamás, habla ya de 56.000 muertos, un tercio de ellos niños. Israel critica que no se haga distinción entre combatientes y civiles, pero allí se asume un número similar de víctimas. Israel calcula de dos a tres víctimas civiles por cada combatiente muerto. Los restantes 2,1 millones de civiles están hacinados en solo el 20% del enclave.

Actualmente, un millón de desplazados viven en tiendas improvisadas entre las ruinas de la ciudad de Gaza; en el centro, en Deir al-Balah, hay 350.000, y en el sur, en Al-Mawasi, al norte de Rafah, se estima que hay 700.000 desplazados en un espacio mínimo. Muchos habían huido recientemente allí tras los ataques en Khan Yunis.

Llama la atención que tres de los cuatro centros de distribución de alimentos construidos por la GHF estén en el sur de Gaza. Pero allí se encuentra solo un tercio de la población civil. Esta es una de las razones por las cuales las organizaciones humanitarias critican duramente a la GHF. La ubicación de los centros indica que el hambre debe empujar a la gente hacia el sur. El ministro de Defensa de Israel, Israel Katz, ya ha declarado su intención de "transferir" a la población al sur. Rafah podría usarse en el futuro como punto de salida, donde se organizaría una "emigración voluntaria" tras exhaustivos "controles de seguridad", especula el experto militar Fabian en el pódcast de Times of Israel.

placeholder Imágenes de satélite de Rafah en 2023 (las dos primeras), 2024 y en 2025 (Planet Labs Inc)
Imágenes de satélite de Rafah en 2023 (las dos primeras), 2024 y en 2025 (Planet Labs Inc)

Pero Rafah, donde apenas queda una casa en pie, sería demasiado pequeña para albergar a 2,1 millones de personas a largo plazo. Además, los cuatro centros de la GHF solo podrían abastecer a un máximo de 1,2 millones de personas por semana. Hasta ahora, apenas han conseguido este objetivo.

En apenas una semana, se produjeron al menos tres incidentes en centros de distribución de ayuda que han dejado más de 60 muertos. Algunos por avalanchas de personas desesperadas en los centros de ayuda de la GHF y la ONU, pero otros, bajo fuego real de las tropas israelíes; balas y desde helicópteros. Ni siquiera el planeado uso de un polémico software de reconocimiento facial para identificar a miembros de Hamás logra disuadir a la gente.

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Los paquetes de GHF contienen para una familia de cinco personas varios kilos de arroz, pasta, aceite, atún, habichuelas, harina y galletas, suficiente para unos cuatro días. Pero para aliviar mínimamente la hambruna se necesita mucho más: harina, medicinas y otros suministros por las vías humanitarias existentes.

De eso, según la ONU, sigue llegando muy poco por Kerem Shalom, y nada a través de Rafah. Allí, tras la protesta de la delegación italiana, reinan nuevamente el silencio y el ruido de bombas. En junio, activistas de todo el mundo planean marchar desde El Cairo al paso fronterizo para exigir el fin de la guerra.

* Este artículo se publicó previamente en Der Standard

Por sus hermosas playas de palmeras, la ciudad egipcia de Al-Arish es considerada una joya del norte del Sinaí. Pero aquí no hay ni rastro de idilio mediterráneo: a lo lejos se oyen repetidas veces fuertes explosiones. Son las bombas que caen unos kilómetros al norte, más allá de la frontera con la Franja de Gaza. Las bombas parecen increíblemente cercanas y, sin embargo, tan lejanas. La puerta que separa Egipto de la Franja, en Rafah, está parcialmente abierta, pero desde allí no se puede ver Gaza, y nadie puede cruzar. Todas las solicitudes han sido rechazadas de antemano por Israel, incluidas, la de la ayuda humanitaria.

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