El hombre en busca de su ego: cómo el ultra Geert Wilders dinamitó su propio Gobierno
Wilders, que fundó en 2006 un partido de ultraderecha para luchar contra el islam y la migración, ha roto con tres partidos de derechas después de menos de un año de gobierno
El ultra Geert Wilders, después de anunciar su retirada del Gobierno. (Reuters/Piroschka van de Wouw)
Noviembre de 2023 fue uno de los mejores momentos para Geert Wilders. Ese fue el mes en el que el político ultraderechista obtuvo la mayoría de los apoyos en las elecciones de Países Bajos. Conocido por su particular peinado rubio platino y su retórica agresiva contra los migrantes, el fundador del Partido por la Libertad (PVV) se convirtió en la gran sorpresa electoral del país. Pero los que le conocen de cerca afirmaron que el resultado de los comicios fue solo uno de los motivos que alegraron a Wilders. El otro, y casi más importante, "es que consiguió estar donde más le gusta: en el centro de atención", que titulaba el diario The Guardian.
Poco más de un año y medio después, el político ultra ha conseguido estar de nuevo donde más le gusta, pero por el motivo totalmente contrario. Que el gobierno holandés que ha estado dirigiendo Dick Schoof en los últimos 11 meses iba a caer, era algo que nadie parecía duda. La única pregunta era cuándo. Ha habido varias apuestas, incluso quienes lo daban por muerto antes de finalizar el 2024 por las negociaciones del presupuesto general, pero incluso esa crisis se superó para sorpresa de todos. Sin embargo, las promesas que Wilders le había hecho a sus votantes, como lo de cerrar fronteras, echar a los inmigrantes y devolver a todos los refugiados a su país, no se estaban gestando y él se estaba poniendo nervioso. Así que ha dado un ultimátum a los tres partidos que le habían permitido formar gobierno: o apoyan una lista de 10 medidas contra el asilo, o… hasta aquí hemos llegado.
Wilders anunció este martes que se retiraba de su Gobierno de coalición con otros partidos de derecha. El motivo era que el retraso por parte del Ejecutivo para aprobar su plan migratorio de 10 puntos, que incluye utilizar a los militares para cerrar las fronteras del país a todos los solicitantes de asilo, cerrar los centros de migrantes y devolver a todos los ciudadanos sirios que hayan solicitado asilo o hayan obtenido visas temporales.
La inmigración ha sido el eje central de la propuesta política de Geert Wilders y lo que también le ha convertido en una figura divisoria en Países Bajos. Mientras que algunos creen que el ultraderechista entiende las preocupaciones de la sociedad neerlandesa —como las consecuencias de un aumento de la inmigración—, otros creen que es una voz para los más fanáticos. Ese perfil divisorio en las calles traspasó este martes la línea política después de anunciar que abandonaba la coalición de Gobierno. Sus socios de las formaciones de derecha han sido los primeros en condenar la decisión. "Teníamos una mayoría de derecha y él lo deja todo pasar, por ego. Simplemente, hace lo que quiere... Esto nos hace quedar como tontos. Está huyendo, en un momento de incertidumbre sin precedentes", dijo Dilan Yesilgöz, líder del Partido Popular por la Libertad y la Democracia.
La socia de Gobierno de Wilders reconoció estar desconcertada, una postura que comparten los estamentos de la política neerlandesa. "Seguro que sus votantes también. No creo que consigamos otra mayoría de derecha", aseguró. Países Bajos ha entrado este martes en una crisis política que se formalizó con la dimisión que presentó primer ministro, Dick Schoof, al rey Guillermo. El premier permanecerá en funciones hasta que se celebren unos nuevos comicios, que podrían celebrarse este verano.
Y es aquí cuando más de uno se acordó de Mark Rutte. Si algo tenía ese anterior primer ministro holandés era visión política. Su primer gobierno, en 2010, fue posible con apoyo de la ultraderecha que encabeza Geert Wilders. Pero en 2012, cuando tocaba mancharse las manos, Wilders dejó tirado a Rutte y le retiró su apoyo parlamentario, obligando a convocar nuevas elecciones, en plena inestabilidad por las consecuencias de la crisis financiera. Rutte había vetado a Wilders desde entonces: en los 11 años posteriores, nunca volvería a confiar en él, ni negociar coalición con el ultraderechista.
Hasta que Rutte se retiró de la política el verano pasado y llegó su sucesora, Dilan Yesilgöz, quien decidió levantar el veto a Wilders y sumir a los liberales en una coalición que tenía todas las cartas de no sobrevivir toda la legislatura. Ahora, en junio de 2025 y con el panorama geopolítico en llamas, Wilders vuelve a dejar tirados a sus tres socios, por sorpresa. No llevan ni un año de gobierno, tomaron posesión en julio del año pasado, pero él veía que las cosas no se están haciendo tan rápido como a él le gustaría, que va a perder a sus votantes si sigue así y se acabó. Ahora solo mira hacia las nuevas elecciones, con “Holanda para los holandeses” y nuevas promesas de restricciones contra los refugiados como lema de campaña.
La relación entre PVV (ultraderecha, Wilders) y los otros tres partidos de derechas VVD, NSC y BBB, fue complicada desde el minuto uno. Tardaron más de siete meses en cerrar un acuerdo y la coalición parecía a punto de estallar varias veces. A nadie le entusiasmaba la idea de gobernar juntos. Especialmente reticente estaba Pieter Omtzigt, líder del NSC, que había prometido en campaña que no pactaría con el PVV porque, según gritó a los cuatro vientos, el partido de Wilders no respetaba el Estado de derecho. Y era precisamente el respeto al Estado de derecho lo que componía los cimientos del NSC. Pero las dudas eran mutuas. Los demás partidos criticaban el carácter de Omtzigt: decían que se venía abajo con facilidad y que incluso había llorado varias veces durante las negociaciones. Sospechaban que no se había recuperado del todo de su “burnout” (síndrome del trabajador quemado), lo que, según se vio después, era cierto. Omtzigt se retiró de la política hace unos días, sin saber que Wilders dejaría tirado el gobierno.
Aun así, no tenían otra opción: todos estaban condenados a entenderse para evitar repetición electoral. Coincidían en un objetivo: frenar a la alianza progresista GroenLinks-PvdA de Frans Timmermans, quien había dejado Bruselas y su cargo como vicepresidente de la Comisión Europea, para llevar a la izquierda holandesa a la cima. No había fracasado del todo, pero tampoco tenía suficientes apoyos, ni esperanzas de formar gobierno.
Para sellar el pacto, los planes más radicales del PVV se guardaron en la nevera. Se redactaron compromisos de respeto a la Constitución y a la democracia. Y así se pudo nombrar primer ministro a un independiente: Dick Schoof, que había sido alto funcionario en Justicia y Seguridad y excoordinador nacional antiterrorista, pero sin experiencia política. Wilders, líder del partido más votado, vio cómo el despacho del primer ministro se le escapaba y se desahogó en redes sociales, criticando sin piedad a un gobierno del que, paradójicamente, formaba parte.
El gabinete tomó posesión el 2 de julio de 2024. Apenas dos días después, se evidenció el caos. En el debate de investidura, el primer ministro se quedó solo y el propio Wilders lo calificó de “blandengue”, acusándolo de no defender a los ministros del PVV tras sus polémicas declaraciones. Una de las ministras habían lanzado tuits incendiarios en plenos debates sobre el uso del velo, y sus comentarios fueron percibidos como discriminatorios, mientras Schoof estaba intentando prometer que era “primer ministro de todos los holandeses”, sin importar su religión.
Después hubo varias crisis importantes. Una durante la preparación de los presupuestos, después de verano, y otra cuando se debatía qué hacer con el asilo a principios de este año. El PVV presionó para imponer medidas de emergencia, aunque acabó aceptando una ley ordinaria con nombre alarmante: “Ley de medidas de emergencia para el asilo”. Su ministra de Asilo, Marjolein Faber, anunció varias medidas que hacían parecer que el país estaba en plena guerra contra los refugiados, incluido un fracasado despliegue de la gendarmería para vigilar las fronteras y supuestamente impedir la entrada de solicitantes de asilo. El resultado fue objeto de burlas.
La sensación de desunión ha ido creciendo en los últimos meses. Cada partido remaba por su lado, y Wilders acabó convocando una rueda de prensa en solitario para denunciar la lentitud de la reforma migratoria. Al final, tras una noche de insomnio, Wilders decidió dejar caer el gobierno que él mismo luchó por formar.
Además de Dilan Yesilgöz, otros políticos de derecha han condenado la retirada del partido de Wilders, justo antes de la cumbre de la OTAN que se celebrará en La Haya a finales de junio. Caroline van der Plas y Nicolien van Vroonhoven, líderes de las otras dos formaciones gobernantes, calificaron de "irresponsable" las acciones del ultraderechista. "No prioriza a los Países Bajos, prioriza a Geert Wilders. Y lo culpo por ello", dijo Van der Plas.
La ministra de Clima, la liberal Sophie Hermans, dijo estar “enfadada, estupefacta, furiosa y decepcionada”. Acusó a Wilders de ser un “irresponsable” y de “marcharse en el momento clave”. El ministro de Exteriores, Caspar Veldkamp (democratacristiano) lo consideró también “irresponsable, porque hay guerras en Europa y alrededor de Europa, y en este momento él se va de la mesa. ¡Me parece escandaloso!”. Incluso la ministra de la derecha radical que ha ocupado Comercio Exterior y Cooperación para el Desarrollo, Reinette Klever, acusó de la situación a los otros tres partidos, pero admitió que la salida del PVV de la coalición “no era imprescindible”. Klever justificó, eso sí, el comportamiento del líder del partido al que pertenece. “Los acuerdos del acuerdo de gobierno no eran suficientes y por eso quiso llegar a acuerdos adicionales. Es una gran lástima que no haya apoyo para eso”, añadió.
El líder de la derecha radical de Países Bajos abandona y deja caer el Gobierno
Sin embargo, quien seguía de cerca la política holandesa ya se temía que la vida de este gobierno iba a ser corta. Los brotes de Wilders eran conocidos, las propuestas sobre la mesa no siempre tenían a la ley de su parte, y la derecha radical quería medidas que contentaran a su electorado, independientemente de si tenían sentido o lo que costaban.
Para los políticos opositores tampoco la decisión de Wilders no fue inesperada. "Sabes que si trabajas con Wilders en una coalición... no saldrá bien", declaró Rob Jetten, líder del partido liberal opositor D66. "Si no hubiera sucedido hoy, habría sucedido en las próximas semanas", añadió.
Y de las peores formas, con todos enfadados y frustrados, el gobierno de la ultraderecha se rompió este martes. Así terminó este matrimonio forzado, sostenido hasta ahora solo por el miedo de los partidos a unas nuevas elecciones que, según las encuestas, podían castigarles. No se sabe cuándo serán esas elecciones, ni qué podrá salir de ahí. Lo único que está claro es que más de uno echa de menos a Rutte en Países Bajos.
Noviembre de 2023 fue uno de los mejores momentos para Geert Wilders. Ese fue el mes en el que el político ultraderechista obtuvo la mayoría de los apoyos en las elecciones de Países Bajos. Conocido por su particular peinado rubio platino y su retórica agresiva contra los migrantes, el fundador del Partido por la Libertad (PVV) se convirtió en la gran sorpresa electoral del país. Pero los que le conocen de cerca afirmaron que el resultado de los comicios fue solo uno de los motivos que alegraron a Wilders. El otro, y casi más importante, "es que consiguió estar donde más le gusta: en el centro de atención", que titulaba el diario The Guardian.