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"La Iglesia tiene que generar confusión, Jesús generó mucha confusión"
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ENTREVISTA

"La Iglesia tiene que generar confusión, Jesús generó mucha confusión"

Este jesuita canadiense-checo ha estado los últimos tres años al frente del 'ministerio' vaticano para el Desarrollo Humano Integral y es experto en migración

Foto: Michael Czerny. (Reuters/Hannah McKay)
Michael Czerny. (Reuters/Hannah McKay)
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El cardenal Michael Czerny lleva colgada al cuello una cruz de madera gastada que aún conserva algunos trazos de pintura roja. "Está hecha con el casco de un cayuco de inmigrantes que se hundió en Lampedusa. No se salvó ninguna de las personas que viajaban en él", nos cuenta este jesuita de 78 años que, durante los últimos tres años ha estado al frente del Dicasterio para el Servicio del Desarrollo Humano Integral, el nuevo ‘ministerio’ del Vaticano instituido en 2016 por Francisco que se ocupa de promover la dignidad de la persona y, por extensión, los derechos humanos, la salud, la justicia y la paz, con especial atención hacia los migrantes y las víctimas de emergencias humanitarias. Antes, había sido subsecretario de la Sección Migrantes y Refugiados de ese mismo dicasterioNacido en 1946 en la ciudad de Brno, perteneciente entonces a República Socialista Checoslovaca, su abuela murió en Auschwitz durante la época nazi y su madre fue internada en el campo de concentración de Theresienstadt, al que logró sobrevivir. "Hacía ya tiempo que mi familia materna se había convertido al catolicismo, pero no sirvió de nada", nos cuenta Czerny, cuya familia emigró a Canadá cuando él tenía dos años.

Habla español perfectamente: ha vivido en varios países latinoamericanos incluido El Salvador, a donde se trasladó en una época muy convulsa: en 1989, tras el asesinato de seis jesuitas (cinco de ellos españoles), su ama de llaves y la hija de esta en la Universidad Centroamericana (UCA) a manos de militares salvadoreños.

Francisco le hizo cardenal en 2019 y será uno de los 135 purpurados (133 finalmente, pues dos han excusado su presencia por motivos de salud) que a partir del próximo miércoles, día 7, se encerrarán en la Capilla Sixtina hasta que haya ‘fumata blanca’ y la Iglesia tenga un nuevo pontífice.

Foto: entrevista-paloma-garcia-ovejero-exportavoz-papa-francisco

PREGUNTA. ¿Qué clima se respira en las congregaciones generales, las reuniones preparatorias del cónclave que están manteniendo los cardenales?

RESPUESTA. El clima es serio. Todos somos conscientes de que tenemos una gran responsabilidad.

P. ¿Qué cualidades debe de reunir en su opinión el nuevo papa, el sucesor de Francisco?

R. No, no debemos hablar del sucesor de Francisco, sino del sucesor de Pedro. Hay que buscar al papa de 2025, no al continuador del de 2013 (año en que Bergoglio fue elegido pontífice).

P. Hay quienes consideran que durante el pontificado de Francisco la polarización dentro de la Iglesia ha aumentado. ¿Usted qué piensa?

R. Lo más significativo que puedo decir sobre la polarización es que es un asunto que le gusta a los medios de comunicación. No digo que a todos, pero a algunos sí. Yo realmente sólo oigo hablar sobre polarización en la Iglesia en los medios de comunicación. Los que somos suficientemente mayores nos acordamos de que ya en tiempos de Pablo VI se hablaba de polarización, aunque entonces no se empleaba esa palabra. Entonces lo que se decía es que había diferentes visiones sobre cómo ser católico.

P. Pero lo que parece bastante evidente es que hay muchas críticas contra algunas de las innovaciones introducidas por Francisco… Solo hay que ver las entrevistas que ha dado estos días el cardenal Müller.

R. ¿Y por eso tenemos que pensar que se trata de algo generalizado? Todos sabemos quién es Müller y cuál es su opinión. Pero no creo que la mayoría de nosotros estemos confusos.

P. ¿Qué le diría a los que, como el cardenal Müller, se quejan de que Francisco ha creado confusión durante su pontificado?

R. Les diría que vivimos en un mundo confuso y que la Iglesia, para cumplir con su vocación, tiene que generar confusión. Yo creo que Jesús generó mucha confusión, muchísima.

P. ¿Qué les diría a los que aseguran que se necesita un papa que devuelva la unidad a la Iglesia y termine con la confusión?

R. La unidad es un regalo del Espíritu Santo a la Iglesia, cuya misión es evangelizar, salir de ella misma. La unidad es un don precioso, pero puede ser una estrategia, no puede ser un programa.

Vivimos en un mundo confuso y la Iglesia, para cumplir con su vocación, debe generar confusión

P. ¿Tiene la sensación de que el próximo pontífice puede ser italiano, tal y como aseguran las quinielas de papables? Hace 47 años que no hay un papa italiano

R. Yo creo que se trata de una especulación, sobre todo de la prensa italiana. Yo puedo entender e incluso simpatizar con esa especulación. Pero no puedo imaginar que vaya a tener ningún efecto en el voto de los cardenales electores, es imposible. El lugar de procedencia es una categoría sin ninguna importancia a la hora de elegir al papa. Cuando escucho decir que ha llegado la hora de un papa americano, de un papa italiano, de un papa africano, de un papa de oriente, me parece una solemne estupidez.

P. ¿Qué es lo más importante a la hora de elegir al nuevo papa?

R. La prioridad es la evangelización, llevar el evangelio a la sociedad.

P. Francisco decía que quería una Iglesia misionera y empezó varios procesos de cambio, incluido el proceso para convertir a la Iglesia en sinodal. ¿Podría haber retrocesos con el nuevo papa?

R. Entiendo sus palabras. Pero, sinceramente, me parece que no tiene sentido. En qué va pensar el papa, ¿en dar marcha atrás o en el desafío de llevar el evangelio a todo el mundo? La Iglesia además usa cosas del pasado y usa cosas nuevas. Francisco también lo hacía. No nos preocupa el nuevo papa en relación con los logros, posiciones o políticas de Francisco.

"No debemos hablar del sucesor de Francisco, sino del sucesor de Pedro. Hay que buscar al papa de 2025, no al continuador del de 2013"

P. Pero es que hay cardenales que han salido en medios de comunicación, incluido este, asegurando que hay que eliminar la confusión y restaurar el orden en la Iglesia…

R. Ya se lo he dicho. Claro que debería haber más orden. Claro que debería haber más unidad. Y también debería haber más creatividad. Y más modos de llegar a las periferias, a los agujeros negros a los que no llega el evangelio o en los que no penetra.

P. ¿Cuál es su sueño respecto a este cónclave?

R. Estoy deseando conocer al sucesor de Pedro indicado por el Espíritu Santo para guiar la Iglesia a partir de 2025. Creo que estaré tan sorprendido de saber quién será como lo estará usted.

Foto: papables-sucesion-papa-francisco-1hms

P. ¿Piensa que será un cónclave breve?

R. Si es breve, se lo podré decir cuando concluya. Lo que le puedo decir ahora es que tendrá la duración adecuada.

P. ¿Cómo se está preparando para el cónclave?

R. Haciendo lo que estoy haciendo en este momento. Para mí es muy importante tener un diálogo con los medios de comunicación, es parte de mi preparación. Por lo demás, rezo, y procuro comer y descansar bien. Como le decía antes, es una gran responsabilidad.

P. Usted conocía al papa Francisco desde hacía muchos años. ¿Cómo se enteró de su muerte?

R. Me enteré porque Joseph, mi secretario, me lo dijo. Yo iba en un autobús camino de Pescara para pasar allí dos días durante las vacaciones de Pascua, el lunes 21 y el martes 22. Y cuando estaba en el autobús, Joseph me mandó un WhatsApp. "¿Te has enterado de lo del papa?", me dijo. "No", le respondí, y entonces me lo contó. Para entonces ya había llegado a Pescara, así que cogí el primer autobús de regreso a Roma.

P. ¿Y qué sintió?

R. Sentí un inmenso dolor y una inmensa gratitud. Gratitud porque ha sido un gran papa, un gran amigo. Ha sido increíble tener la oportunidad de trabajar con él, poder contribuir al magisterio y a la vida de la Iglesia.

P. ¿Cuándo conoció a Bergoglio?

R. No recuerdo la fecha exacta. Yo estaba trabajando en el Pontificio Consejo para la Justicia y la Paz junto al cardenal Turkson, y en algún momento entre mayo y junio de 2013 acudimos a saludarlo. Pero Francisco y yo sólo empezamos realmente a trabajar juntos con ‘Laudato si’ (la encíclica de Francisco dedicada a la ecología y al planeta Tierra como casa común de la humanidad). Fue a finales del 2014 o principios de 2015 cuando me llamó. Yo estaba de hecho en una estación de tren en Alemania y el papa me llamó. "¿Puedes ayudarme?", me preguntó. "Por supuesto, estaré encantado de hacerlo"; le dije.

"Claro que debería haber más unidad. Y también debería haber más creatividad. Y más modos de llegar a las periferias"

P. ¿Le ayudó entonces a preparar el borrador de Laudato sí?

R. Yo ya estaba involucrado en el borrador de Laudato sí, porque el Pontificio Consejo para la Justicia y la Paz era el responsable del primer borrador, aunque entonces no tenía ningún contacto directo con Francisco. Lo del borrador fue en junio y julio de 2014, y el papa me llamó a finales de diciembre de ese mismo año o principio de enero de 2015. Lo que me pidió es que le ayudará a lanzar esa encíclica, y para eso desarrollamos un programa bastante elaborado.

P. ¿En qué sentido?

R. La idea es que la encíclica no podía llegar sin más, que no podíamos dejarla sobre la mesa y ya. Necesitaba preparación, algo que yo creo que es necesario con todos los documentos papales. Empezamos a trabajar en enero en el lanzamiento de ‘Laudato si’, y estuvimos medio año preparándolo. Yo trabajaba con un equipo de personas y desarrollamos, y luego ejecutamos, una estrategia para preparar a los obispos y a los medios de comunicación ante esa encíclica.

Foto: entrevista-isabel-celaa-papa

P. En pocas palabras, ¿cuál es el legado que deja Francisco?

R. El legado de Francisco se puede leer a través de los grandes documentos de su pontificado: ‘Evangelii gaudium’, ‘Laudato si’, ‘Fratelli tutti’… En el centro está siempre la renovación de la Iglesia y la alegría de evangelizar. Esa es la esencia de la Iglesia: evangelizar el mundo, un mundo que está en llamas. Además, es parte intrínseca de nuestra vocación cuidar de nuestro planeta, de nuestra casa común. No es algo secundario, ni opcional. Ser verde, ser ecológico, forma parte de lo que significa ser cristiano.

P. Acaba de decir que el mundo está en llamas…

R. Lo está. El mundo está en llamas, la sociedad está en llamas. Solo hay que ver todos los fracasos en nuestra convivencia. Y la respuesta a esos fracasos ya está en ‘Laudato si’: diálogo, diálogo, diálogo. Una respuesta más elaborada y para toda la esfera pública es ‘Fratelli tutti’.

"El mundo está en llamas, la sociedad está en llamas. Solo hay que ver todos los fracasos en nuestra convivencia"

P. ¿Y cuáles son los grandes desafíos en este mundo en llamas?

R. Lo que aprendí de Francisco es que no se puede responder a esa pregunta si no se sabe desde qué lugar se formula. Cuando se ve el mundo desde un satélite, parece todo uno, pero no lo es. La respuesta a la pregunta que ha planteado es diferente si se formula desde Bolivia, desde Johannesburgo o desde Hong Kong. Si quiere saber cuáles son los problemas importantes, pregúntele a la ONU, no a nosotros. A nosotros no nos interesan los problemas en general, sino los problemas en particular, los problemas reales. A mí me parece por ejemplo bastante tonto cuando me preguntan por la migración en general. Yo no hablo de migración, yo hablo de migrantes.

P. ¿Quiere decir que la persona, el individuo, siempre tiene que estar en el centro?

R. Necesariamente. Antes me preguntaba por el legado de Francisco. Lo primero que Francisco hizo fue estar siempre junto a los que sufren. Todo lo demás se ajustaba a eso.

El cardenal Michael Czerny lleva colgada al cuello una cruz de madera gastada que aún conserva algunos trazos de pintura roja. "Está hecha con el casco de un cayuco de inmigrantes que se hundió en Lampedusa. No se salvó ninguna de las personas que viajaban en él", nos cuenta este jesuita de 78 años que, durante los últimos tres años ha estado al frente del Dicasterio para el Servicio del Desarrollo Humano Integral, el nuevo ‘ministerio’ del Vaticano instituido en 2016 por Francisco que se ocupa de promover la dignidad de la persona y, por extensión, los derechos humanos, la salud, la justicia y la paz, con especial atención hacia los migrantes y las víctimas de emergencias humanitarias. Antes, había sido subsecretario de la Sección Migrantes y Refugiados de ese mismo dicasterioNacido en 1946 en la ciudad de Brno, perteneciente entonces a República Socialista Checoslovaca, su abuela murió en Auschwitz durante la época nazi y su madre fue internada en el campo de concentración de Theresienstadt, al que logró sobrevivir. "Hacía ya tiempo que mi familia materna se había convertido al catolicismo, pero no sirvió de nada", nos cuenta Czerny, cuya familia emigró a Canadá cuando él tenía dos años.

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