A Europa le brotan los Quijotes: ¿por qué están declarando la guerra a los molinos?
Los estados de Alemania del Este son clave porque suministran el 30% de la energía renovable de Alemania. A su vez, algunos habitantes de Turingia, por ejemplo, ven las energías verdes como un lujo cuando no pueden pagar la factura de la luz
Como si de una versión moderna del Quijote se tratara, algunos políticos europeos están explotando las diferencias entre el campo y la ciudad, señalando a un nuevo enemigo: los molinos. “No a los campos de hierro, sí a los campos de maíz”, es el eslogan de la política de extrema derecha danesa Inger Støjberg, exministra de Inmigración e Integración del partido liberal de centro Venstre en Dinamarca. Aunque Støjberg se hizo conocida por su política antiinmigración, en la actualidad, se dirige al votante agricultor. En especial, en un momento de enfado entre los granjeros por las negociaciones entre gobierno y organizaciones agrícolas sobre el primer impuesto al CO₂ de Dinamarca.
Støjberg, que ha fundado su propio partido, "Danmarksdemokraten" (Demócratas de Dinamarca), afirmó en su segundo mitin a nivel nacional: “Cuando los habitantes de Copenhague encienden sus máquinas de café expreso, son los de las provincias los que tienen que preocuparse por la vista de los paneles solares y las turbinas eólicas que han producido la electricidad”. "Støjberg pinta el cuadro de una creciente injusticia entre el campo y la ciudad", escribe el analista político danés Lars Trier Mogensen. Una estrategia que no es del todo nueva: en 2021, la francesa Marine Le Pen también prometió poner fin a la construcción de parques eólicos y desmantelar los que hay.
La AfD quiere desmantelar el idilio con la eólica
En Alemania, Alice Weidel, la lideresa del partido de extrema derecha de Alternativa para Alemania (AfD), amenazó durante su campaña con desmantelar lo que denomina: "molinos de viento de la vergüenza". Weidel criticó en un congreso del partido que la energía renovable no funciona “cuando el viento no sopla y el sol no brilla”. Alemania es la potencia líder de energía eólica de Europa. En los últimos 25 años, ha triplicado el número de turbinas, hasta las casi 30.000. En noviembre de 2023 entró en vigor una Directiva revisada de la UE sobre energías renovables (RED III), que persigue que Europa alcance el 42,5 % de energías renovables para 2030, con la ambición de alcanzar el 45%. ¿Peligran las turbinas en la potencia eólica europea?
El periodista alemán Benjamin Wehrmann ve “poco probable” que la diatriba de AfD contra la energía eólica afecte al desarrollo del sector. Primero, dice, porque la AfD tiene nulas posibilidades de entrar en el gobierno tras la victoria del candidato democristiano Friedrich Merz. Segundo es que “el resto de partidos se han comprometido a impulsar la transición energética del país”. Además, la mayoría de los alemanes, dice, están a favor de una mayor expansión. Sin embargo, Wehrmann admite que, la AfD ha logrado importantes avances en algunos estados del Este y allí sí podría tener cierta influencia sobre nuevos proyectos de energía eólica
Aunque tiene pocas posibilidades de descarrilar la transición energética alemana, "su bombardeo constante con desinformación no ayuda"
Los estados de Alemania del Este son clave porque suministran el 30% de la energía renovable de Alemania. A su vez, algunos habitantes de Turingia, por ejemplo, ven las energías verdes como un lujo cuando no pueden pagar la factura de la luz. Así que Wehrmann explica que, aunque, de momento, el partido de extrema derecha tiene pocas posibilidades de descarrilar la transición energética alemana, “su bombardeo constante con desinformación no ayuda al debate nacional”.
Una oportunidad en el país más contaminante de la UE
Una ventaja evidente de la energía eólica es que no genera emisiones de CO₂, explica a El Confidencial, Heikki Willstedt, director de Políticas Energéticas y Cambio Climático de la Asociación Empresarial Eólica (AEE). Solo en España, la eólica evita la emisión de 32,8 millones de toneladas de CO2. Alemania es el país más contaminante de la Unión Europea, seguido de Italia. Emitió 665 millones de toneladas de CO₂ en 2022. Sin embargo, estados del Este, como Turingia, han reducido las emisiones en un 61.7% desde 1990.
Además, continúa Willstedt, reduce la necesidad de importar combustibles fósiles, “fortaleciendo la seguridad energética del país”. Por ejemplo, en enero, se generaron en España 7.500 GWh de electricidad gracias al viento. Esto ha evitado un mes la importación de 15 buques metaneros de gas por un valor de 720 millones de euros. A su vez, está el componente económico. En comparación con otras alternativas como la nuclear, la eólica tiene muy pocos costes heredados, “es decir, gestión de residuos”, matiza Wehrmann. Además, es mucho más barato construirla que una nueva planta nuclear, que tendría un coste estimado de 35.000 millones de euros. Junto a esto es que en países como Alemania o España es un recurso abundante.
De manera más indirecta, Wehrmann dice que Alemania también puede beneficiarse de la experiencia que ha adquirido en lo que respecta al diseño, la construcción y la integración de turbinas en el sistema eléctrico. En un momento en que el crecimiento del sector industrial del llamado ‘motor de Europa’ se ha desacelerado, los economistas alemanes ven la industria verde como una oportunidad. A Alemania le toca reinventarse, en un contexto en el que la transformación climática global “está abriendo nuevas oportunidades de crecimiento para Alemania”, dice un informe del Boston Consulting Group (BCG) y el Instituto Alemán de Economía. Los analistas estiman que para 2030, las tecnologías verdes junto a la digitalización y la salud generen ventas globales de más de 15 billones de euros al año. Entonces, ¿por qué una energía limpia enfada a tanta gente?
Las verdades a medias sobre la eólica
En España, Vox y Teruel Existe recientemente criticaron un proyecto de 20 parques eólicos en el Maestrazgo para proteger el paisaje. Los críticos con la eólica a menudoenfatizan el impacto que las turbinas pueden tener sobre aves migratorias y murciélagos. “Son feas” y “matan a los pájaros”, dijo el actual presidente de Estados Unidos, Donald Trump, en un mitin en Nueva Jersey, el verano pasado. En España, según un informe de SEO BirdLife, las aves fallecidas por el impacto con las turbinas son un 4,6% de las muertes reconocidas por los Centros de Recuperación de Fauna Salvaje (CRF). Una cifra muy inferior, por ejemplo, a las ocasionadas por colisiones con tendidos eléctricos (38,68%). Frente a esto, el sector busca soluciones, desde pintar las palas; modelos de turbinas sin palas o con iluminación láser.
Para Heikki Willstedt, director de Políticas Energéticas y Cambio Climático de la Asociación Empresarial Eólica (AEE), la oposición a la energía eólica por parte de la extrema derecha en Europa “no se basa únicamente en preocupaciones ambientales o económicas, sino que forma parte de una estrategia política más amplia”. Willstedt dice que se combina “con el rechazo al ecologismo, la defensa de los combustibles fósiles —especialmente el petróleo y el carbón—, el euroescepticismo y la explotación del malestar social”. “El mensaje de estos partidos apela a una imagen de Europa del pasado que es imposible que vuelva, pero que al mismo tiempo frena la innovación”.
Pedagogía, planificación e implicación de las comunidades
Uno de los desafíos de la eólica “es la planificación”, explica a El Confidencial Ben Backwell, director ejecutivo del Global Wind Energy Council (GWEC) y director de la Alianza Global de Energías Renovables. “Hay que asegurarse de que la gente esté de acuerdo con lo que está sucediendo”, puntualiza. Para ello, dice que es necesario que la comunidad participe, “desde el principio del proceso, para que comprenda sus beneficios” y que se produzcan “beneficios comunitarios claros para la comunidad, reparto de ingresos”, porque “muchas veces las consecuencias se exageran o simplemente no son ciertas”.
Tractores de los agricultores bloquean la calle Juni durante una huelga en Berlín. (EFE/Filip Singer)
Backwell menciona varios ejemplos exitosos de participación ciudadana en Alemania, como cooperativas energéticas de Baviera. Es el caso de la Bürgerwindpark Fuchstal, en Bavaria, fundada en 2016, que permite un beneficio económico directo a los municipios o el Parque eólico Höhenkirchen-Siegertsbrunn, también en Baviera, donde tres municipios también han establecido un modelo cooperativo y “cuyos rendimientos financieros se invierten directamente en las comunidades locales”. Otro ejemplo de parque eólico implementado con la participación ciudadana activa, es Simmerath, en Renania, donde dice que los ingresos mejoran el desarrollo local.
Varios actores trabajan por mejorar la conciliación entre la transición energética, el impacto sobre las poblaciones y la protección de las especies. Por ejemplo, en el estado del sureste alemán de Baviera, la regla 10H, desde 2014, establece que la distancia mínima entre una turbina y el asentamiento habitado más próximo debe superar diez veces la altura del aerogenerador. Esta medida, que pretende respetar a las poblaciones, ha sido criticada por empresas que ven limitado su potencial, así como conservacionistas, porque al no instalarse en las poblaciones, los molinos deben adentrarse en los bosques y convertirse en una amenaza para algunas especies de aves como el milano real.
Backwell enfatiza que es necesaria una “regulación sensata” y “tiene que haber límites espaciales sensatos, para que [las turbinas] no interfieran en la calidad de vida de las personas”. La mayoría de las regiones han establecido una distancia mínima entre turbinas y viviendas para que estas no afecten la vida de los residentes y a su vez, permitan su expansión.
Polonia, por ejemplo, ha relajado la distancia mínima de las 10H (diez veces la altura) y ahora permite a los municipios construir parques eólicos a 500 metros de las viviendas. En España, la distancia mínima ha pasado de los 500 metros a cinco veces la altura total de la turbina en Galicia, mientras que en Castilla y León y Valencia es de, al menos, 1000 metros. También existe el desafío de la transmisión de energía. En el norte de Alemania hace viento la mayor parte del tiempo, pero no ocurre lo mismo con otros puntos del país, explica Backwell. “Así que sí, definitivamente hay desafíos, pero Alemania ha sido, en realidad, el más exitoso”, concluye.
Como si de una versión moderna del Quijote se tratara, algunos políticos europeos están explotando las diferencias entre el campo y la ciudad, señalando a un nuevo enemigo: los molinos. “No a los campos de hierro, sí a los campos de maíz”, es el eslogan de la política de extrema derecha danesa Inger Støjberg, exministra de Inmigración e Integración del partido liberal de centro Venstre en Dinamarca. Aunque Støjberg se hizo conocida por su política antiinmigración, en la actualidad, se dirige al votante agricultor. En especial, en un momento de enfado entre los granjeros por las negociaciones entre gobierno y organizaciones agrícolas sobre el primer impuesto al CO₂ de Dinamarca.