La gran pregunta que dejan las elecciones alemanas: ¿y si nunca se hubieran reunificado?
El mapa de los resultados electorales pinta la parte oeste de Alemania de color negro, el de la CDU. En la parte este, prima el azul del partido ultraderechista Alternativa para Alemania
La galería de arte al aire libre East Side Galery, en el muro de Berlín. (Reuters/Annegret Hilse)
"No puedo creerlo. Es fantástico. ¡Ha caído el muro!", decía una berlinesa minutos antes de cruzar de la zona este al oeste de la ciudad alemana. Llevaba sin poder hacerlo casi tres décadas. Han pasado otras tres y esa estructura de hormigón es ahora un monumento, un símbolo de la Guerra Fría. En algunos tramos, los graffitis lo han convertido en un museo al aire libre sobre esa división física.
El muro cayó, pero con él se erigía otro que todavía no ha podido ser derrumbado. Una nueva división ahora emocional que persiste desde ese 9 de noviembre de 1989. La fecha sería recordada como el momento en el que se reunificó el país y se rompía esa inquietante línea entre la República Federal de Alemania (RFA), respaldada por Occidente, y la República Democrática Alemana (RDA), respaldada por la Unión Soviética.
Pero las elecciones de este 23 de febrero de 2025 confirmaron lo que para muchos ya existía desde hace años: el convencimiento de que ese telón de acero nunca llegó a desaparecer del todo entre los alemanes del este. Hay una palabra alemana para reflejar incluso ese sentimiento de nostalgia de la vida en los tiempos de la antigua RDA, la Ostalgie, y que refleja que, en muchos sentidos, la reunificación nunca llegó a completarse.
Friedrich Merz ganó los comicios de este pasado domingo y está negociando una Gran Coalición con los socialistas del SPD. Una de las grandes lecciones de la jornada electoral es la caída del partido de Olaf Scholz. La segunda, el auge del partido de extrema derecha, Alternativa para Alemania (AfD), que duplicó su resultado en cuatro años y se posicionó como segunda fuerza con el 20,8% de los votos.
El mapa habla por sí solo. La parte este de Alemania está totalmente conquistadapor el color azul que representa a AfD. Del lado oeste, prima el color negro de la formación democristiana capitaneada por Merz. Si la reunificación nunca hubiera tenido lugar, el Gobierno del este del país estaría claramente representado por la ultraderecha. Pero es precisamente ese proceso político el que ha provocado que una parte del electorado oriental haya acabado pensando que la candidata de AfD, Alice Weidel, es la mejor solución para arreglar los problemas que más preocupan a los ciudadanos.
El resultado electoral es el síntoma de una división política y social que no es una sorpresa para una gran parte de los alemanes. Muchos analistas llevan años investigando cómo el cambio económico tras la caída del muro ha afectado a una población que se sigue sintiendo inferior a sus vecinos del oeste. John Kampfner, excorresponsal británico de The Daily Telegraph en Alemania durante la caída del muro y autor del libro Por qué los alemanes lo hacen mejor, apuntaba en su obra que hace tiempo que la diferencia entre un alemán de un lado y del otro ya no la marcan la marca de la ropa o los coches.
"Los alemanes orientales se fijan en cómo camina la gente (con paso más seguro en el oeste) o cómo habla ('Ya me cansan un poco las Maldivas; creo que voy a tener que cambiar mi Audi'). Algunas conversaciones —viajes al extranjero, inversiones, herencias— son delatores", apuntaba Kampfner.
A diferencia de la parte occidental de Alemania, el este se ha caracterizado por seguir teniendo mayores índices de pobreza y por un cambio económico que ha acabado provocando una sensación de inseguridad entre la población. En los años 90, la desindustrialización del este y la compra de empresas fue un golpe para muchos alemanes del este porque muchas compañías se declararon en quiebra y el desempleo aumentó de manera significativa. En las décadas siguientes a la reunificación, millones de personas migraron del este o al este y se produjo una gran fuga de cerebros.
Este fenómeno ha provocado que muchos habitantes de la zona este sean recelosos a los cambios. Un caldo de cultivo perfecto para la ultraderecha. "La cautela ha dado paso cada vez más a los temores alimentados por la extrema derecha de que sus ganancias duramente obtenidas podrían estar amenazadas por lo que AfD ha descrito repetidamente como los niveles de migración 'descontrolados' del país", explican Gareth Dale, director asociado del departamento de ciencias sociales y políticas de la Universidad Brunel de Londres, a France24.
A pesar de que los índices de migración son mucho más altos en la parte oeste, los del otro lado se sienten amenazados. "Hay una fuerza impulsora que está desafiando la riqueza que han acumulado en los últimos 30-35 años, como casas familiares, automóviles, empleos seguros. Y, por supuesto, los inmigrantes son tradicionalmente el grupo al que se culpa con mayor facilidad", añade.
El auge de Alternativa para Alemania en el este se traduce en victorias políticas como su ascenso en estados como Turingia que estuvo a punto de arrebatarle el poder a los conservadores de la CDU. El secretario general del partido en este land, Niklas Wassmann, hizo una intensa campaña de cara a las elecciones del Bundestag de este pasado domingo. Llamó a la puerta de 5.000 personas para hablar con ellos sobre sus preocupaciones. Muchos de ellos dijeron abiertamente que iban a votar por la formación de extrema derecha y que la inmigración era el problema más importante.
Wassmann apunta en entrevista con El Confidencial que ha cambiado la forma de pensar de muchos de los habitantes de Turingia después de una subida del número de inmigrantes que, pese a todo, sigue siendo más bajo que en otros estados del oeste. "Esta forma de pensar se ha convertido en un movimiento contra los partidos establecidos y contra los partidos democráticos en general. Eso nos ha afectado mucho y ha cambiado el panorama electoral”, afirma el político. “Están hartos del sistema y tienen la impresión de que no son escuchados, de que su vida y sus problemas están muy lejos de la realidad de las personas que los gobiernan", añade.
Raúl Gil y Franco Delle Donne. Erfurt (Turingia, este de Alemania)
El factor económico es otra de las grandes preocupaciones de los habitantes del este de Alemania. Un sentimiento que, por otro lado, viene de lejos. La población occidental tiene en proporción mayor cantidad de propiedades y activos financieros que sus vecinos y algunas personas de la parte oriental sienten que se les ha engañado con las promesas de éxito tras la reunificación. "Se comprometieron con la revolución de 1989 y votaron por la unificación, pero la vida desde entonces ha sido dura y para mucha gente se ha vuelto más dura todavía, como ocurre en todo el mundo", aclara Gareth Dale.
Algunos estudios también apuntan a que los alemanes del este están subrepresentados en los altos cargos, como en instituciones, empresas, el poder judicial o en universidades. La gran excepción fue Angela Merkel, canciller durante 16 años e hija de la Alemania oriental. La política conservadora fue también el símbolo de la influencia de Rusia en la región. Además de hablar el idioma con fluidez, fue la responsable de la decisión política que llevó a Alemania a volverse dependiente del gas de Rusia para su suministro energético y que saltó por los aires después de la invasión a gran escala de Ucrania.
El 'Ossi' y el 'Besserwessi'
No es fácil definir el sentimiento que 'desune' a la población del este y el oeste de Alemania. Se han hecho análisis bastante completos, como el reportaje de Der Spiegel, Así es un Ossi (una persona del este). (So is’ er, der Ossi), en el que hace un repaso de los factores sociales, económicos y demográficos que explican por qué la división sigue existiendo a pesar de que ya no les separa un muro de hormigón.
La rápida reunificación, resume el texto, produjo una serie de 'perdedores' que no pudieron seguir el ritmo del nuevo mundo y que fueron marginados por el auge económico. "Y creó una nueva y frágil clase media que desde entonces ha temido constantemente perder su modesta prosperidad". El estado de ánimo fue descrito como el exlíder del SPD Matthias Platzeck como "intranquilo". "Después de la crisis financiera y de los refugiados, la gente tiene la sensación de que el Estado ya no tiene todo bajo control", afirmó el socialdemócrata.
La sensación de abandono por parte del poder político ha convertido el este de Alemania en un terreno conquistado por AfD. Pero también prevalece en la relación con sus vecinos del oeste. Es un "muro emocional". Hay palabras específicas para describir esas divisiones. Una parte de los alemanes de la parte occidental todavía tiene una imagen de un Ossi quejica y creen que los orientales se ven constantemente como víctimas. Del otro lado, los del este tienen un apodo para los alemanes del otro lado: Besserwessi, el sabelotodo del oeste.
Antje Hermenau una de las primeras representantes políticas de Los Verdes en la RDA, presente en la mesa de negociaciones para la reunificación, y posteriormente diputada, resumía esa sensación que sienten muchos alemanes del este. En el libro de John Kampfner, explicaba: "Les gusta presentar a la gente de Sajonia y de la RDA como animales salvajes; dicen que somos unos palurdos, aunque somos más cultos que ellos. Nosotros nos quedamos aquí mientras otros se marchaban. Tuvimos que construirlo todo desde cero, pero no se nos ha valorado".
"No puedo creerlo. Es fantástico. ¡Ha caído el muro!", decía una berlinesa minutos antes de cruzar de la zona este al oeste de la ciudad alemana. Llevaba sin poder hacerlo casi tres décadas. Han pasado otras tres y esa estructura de hormigón es ahora un monumento, un símbolo de la Guerra Fría. En algunos tramos, los graffitis lo han convertido en un museo al aire libre sobre esa división física.