Es noticia
Las primeras semanas 'locas' de Trump: manual para no perderse en la vorágine política
  1. Mundo
Una cincuentena de órdenes aprobadas

Las primeras semanas 'locas' de Trump: manual para no perderse en la vorágine política

En sus primeros nueve días como presidente, Donald Trump firmó 38 órdenes ejecutivas. En comparación, los únicos presidentes de los últimos 80 años que firmaron tantas, y no en nueve días, sino en 100 días, fueron Barack Obama y Harry Truman

Foto: Donald Trump en una rueda de prensa. (Reuters/Kent Nishimura)
Donald Trump en una rueda de prensa. (Reuters/Kent Nishimura)
EC EXCLUSIVO

Parece que Donald Trump lleva tres años de mandato, pero en realidad no han pasado ni tres semanas desde que fue investido. El caos y el drama siempre han sido las constantes de la forma de operar del presidente de Estados Unidos, que se agarra a la máxima fundamental de los programas de telerrealidad que lo hicieron famoso: agarra la atención del público y no la sueltes por nada del mundo.

Así, mientras hace anuncios pintorescos o escandalosos que copan nuestro espacio mental, su administración desmonta la división de poderes y solo los jueces le paran los pies. He aquí una breve guía de lo que ha hecho Trump estas tres semanas y cuáles pueden ser sus prioridades a largo plazo:

1. Una actividad ejecutiva sin precedentes

En sus primeros nueve días como presidente, Donald Trump firmó 38 órdenes ejecutivas. En comparación, los únicos presidentes de los últimos 80 años que firmaron tantas, y no en nueve días, sino en 100 días, fueron Barack Obama y Harry Truman. Ahora Trump ya va por la cincuentena: más de las que Ronald Reagan, George Bush I y II, Bill Clinton, Barack Obama y Joe Biden firmaron, de media, cada año de sus respectivos mandatos.

2. Hay una contrarrevolución en marcha

Este es el término, "contrarrevolución", que usan muchos de los aliados y subordinados de Trump, sobre todo los cristianos nacionalistas. Su argumento es que el país habría sido secuestrado cultural y políticamente por la izquierda radical. Por eso, el deber supremo de Trump es limpiar las instituciones de políticas y activistas 'woke' y restablecer los principios cristianos y tradicionalistas sobre los que supuestamente fueron fundados los Estados Unidos de América.

A favor de Trump está el hecho de que la gran mayoría de los estadounidenses rechaza los extremos radicales a los que ha llegado, en muchas ocasiones, el wokismo. Por ejemplo, el 79% de los ciudadanos rechaza que las atletas transgéneros participen en las ligas femeninas escolares. Así que la prohibición de esta práctica coloca a Trump en sintonía con el sentir mayoritario, como también una mayoría de estadounidenses, aunque más estrecha, respalda las deportaciones masivas.

Foto: la-casa-blanca-asegura-que-los-vuelos-de-deportacion

Al mismo tiempo, la ideología 'woke' se ha convertido en el chivo expiatorio de la purga desencadenada por Trump a lo largo y ancho de las estructuras del Estado: dándoles un ultimátum para que dimitieran a dos millones de funcionarios federales, suspendiendo programas de gasto que solo puede autorizar el Congreso, descabezando todo tipo de iniciativas y apagando 8.000 páginas web oficiales. Un intento de vaciado a gran escala de las instituciones del que tampoco hay precedentes.

3. El uso de la mentira a escala industrial

Habrá más de un lector que denuncie un clamoroso sesgo político en estas líneas, pero la única manera verdadera y honesta de abordar esta cuestión es reconociendo un hecho irrefutable: Donald Trump miente más que ningún otro político que jamás haya pisado las moquetas de Washington o de cualquier otra capital de la faz de la Tierra. Es un bombardeo diario, constante, ensordecedor, surrealista.

Pocas horas después de que un avión de American Airlines se estrellara en las aguas del río Potomac con 67 personas a bordo, Trump, echando mano del chivo expiatorio 'woke', culpó de lo ocurrido a las políticas inclusivas de los gobiernos de Joe Biden y Barack Obama. Sugirió que el problema de fondo era que los demócratas habían contratado discapacitados para controlar el tráfico aéreo de EEUU.

Mentira. La Administración Federal de Aviación practica políticas inclusivas desde 1973; de los 45.000 empleados de la agencia, quienes han sido contratados para rellenar la cuota de discapacitados, son apenas un 2%, y en puestos adecuados a sus posibilidades. De ninguna de las maneras va el Gobierno a colocar a un invidente o a un discapacitado mental a trazar las rutas aéreas desde una torre de control.

Foto: primeras-medidas-trump

El uso de la mentira no es una cuestión circunstancial, como pueden mentir todos los políticos si así lo consideran en determinadas circunstancias, sino estratégica. Donald Trump como su válido sin título oficial, Elon Musk, generan su propia realidad digital con avalanchas diarias de mentiras: tanto sobre sus medidas probablemente ilegales, como sobre cualquier otra cosa que tenga o no que ver con EEUU, como la reciente matanza de 10 personas en un colegio de Suecia.

Como apuntaban los periodistas Chris Hayes y Ezra Klein en un reciente pódcast, Trump y Musk han comprendido que, en lo que se refiere a captar la atención del público, la cantidad es más importante que la calidad. De ahí el volumen continuo de falsedades que emanan de sus bocas, o de las bocas del enjambre de cuentas anónimas con sello azul que acosan y difunden bulos en la red social de Musk, y que este retuitea continuamente a sus más de 210 millones de seguidores.

4. Trump está rehaciendo el orden internacional

Donald Trump nunca ha creído en el ecosistema de foros internacionales acogidos o sufragados, en gran parte, por EEUU. La doctrina de America First implica una visión del mundo decimonónica. Cada país es una fortaleza que mira por sí misma frente a otras fortalezas, por eso no tiene sentido andar engrasando iniciativas globales burocráticas que solo sirven para que decenas de países se aprovechen de los ingenuos y adinerados americanos.

Con esta brújula en la mano, Trump ha sacado a EEUU de los Acuerdos de París, de la Organización Mundial del Comercio y del Consejo de Derechos Humanos de la ONU; ha amenazado a sus aliados más próximos, Canadá y México, con una escalada arancelaria (pese a haber renegociado él mismo el NAFTA en su primer mandato), y ha firmado acuerdos bilaterales con una serie de países, entre ellos los propios Canadá y México, Colombia y El Salvador, que recibirá a presos estadounidenses.

Foto: plan-maestro-trump-mandar-palestinos-somalilandia

Dado que en el siglo XIX la fuerza era fuente de derecho, Trump ha propuesto un impreciso plan para la Franja de Gaza que implicaría apoderarse de un territorio y desplazar a unos dos millones de personas, lo cual es injustificable con base en las leyes internacionales que los propios EEUU han auspiciado desde 1945. Sus ambiciones explícitas hacia Canadá, Groenlandia y el Canal de Panamá también encajan en esta visión del America First, que, en este mandato, se ha vuelto expansionista.

5. Hay en curso una especie de autogolpe de Estado

El Partido Demócrata y algunos académicos, como los historiadores Thomas Zimmer, de la Universidad de Georgetown, y Timothy Snyder, de la Universidad de Yale, hablan de "golpe" para referirse al acceso de Elon Musk a los nódulos de la infraestructura del Gobierno federal, como el sistema de pagos del Departamento del Tesoro, las bases de datos y las agencias que gestionan los recursos humanos.

Snyder dice que, en 2025, un golpe de Estado no se da con Jeeps, metralletas y soldados ocupando por la fuerza los edificios del Gobierno, sino con una serie de ingenieros informáticos tomando el control de la fontanería digital de las instituciones. Y haciéndolo sin los pases necesarios para entrar en los edificios, sin identificarse con nombres y apellidos ante los funcionarios responsables de esos sistemas y sin tener ningún título oficial ni responsabilidad ratificada por el Congreso.

Foto: elon-musk-donal-trump-peter-thiel-tecnoligarcas-marc-andreessen-inteligencia-artificial
TE PUEDE INTERESAR
El asalto de los 'tecnoligarcas' al poder: así se está fraguando el nuevo orden mundial
Manuel Ángel Méndez Argemino Barro. Nueva York Gráficos: Miguel Ángel Gavilanes Ilustración: Laura Martín

La iniciativa que lidera Musk, DOGE, acrónimo en inglés del astutamente nombrado Departamento de Eficiencia Gubernamental, ya que, en realidad, no es un departamento/ministerio, no tiene supervisión parlamentaria. Y es el Congreso, donde se sientan los representantes votados por los estadounidenses, el único que tiene la potestad de fundar o disolver agencias gubernamentales y de negociar las partidas de gasto que tiene que implementar el Gobierno. Una letra pequeña que no les interesa ni a Trump ni a Musk, empeñados, para empezar, en disolver o inutilizar la agencia oficial de ayuda al desarrollo USAID y el Departamento de Educación.

6. El Congreso es inoperante. Solo los tribunales actúan

Los congresistas demócratas están protestando en las salas parlamentarias y en los medios de comunicación y han llegado a tratar de entrar en las sedes de USAID y del Departamento de Educación para ver cómo estaban siendo desmantelados por la gente de Musk, pero personas sin identificar no se lo han permitido.

Lo cierto es que el partido opositor está en muy baja forma: no controla ninguna de las dos cámaras, está en minoría en el Tribunal Supremo, su índice de aprobación ciudadana está en mínimos desde los años noventa y las últimas elecciones demostraron que todos los grupos demográficos, salvo el de las mujeres blancas con diploma universitario, han oscilado hacia posiciones republicanas.

Y los republicanos, tradicionalmente críticos con los magnates del sector tecnológico y con las maquinaciones entre bastidores de figuras como George Soros, están barnizando el autogolpe de normalidad. Las palabras "ahorro" y "eficiencia" parecen tener un efecto mágico, pese a que los planes económicos de Donald Trump, empezando por su anunciado recorte de impuestos, puedan engordar el déficit hasta niveles todavía más estelares, lo cual dejaría cualquier ahorro milmillonario del mago recortador Elon Musk en el equivalente a un par de centavos de dólar.

Foto: juez-bloquea-orden-trump-acabar-ciudadania-nacimiento

Los únicos que están bloqueando las medidas de Trump y de Musk son los tribunales. El jueves, una jueza de Washington dictaminó que los dos aliados de Musk con acceso a los archivos del Departamento del Tesoro no tienen derecho a tocar esos archivos, ni a compartir información con nadie. En esos archivos, entre otras cosas, están los datos de la Seguridad Social de cientos de millones de americanos. Otros jueces bloquearon otras medidas probablemente ilegales, como el intento de suspender el derecho a la ciudadanía para aquellas personas nacidas de padres indocumentados en suelo estadounidense, o como el ERE voluntario ofrecido a dos millones de empleados federales cuyo trabajo, en realidad, está protegido por la ley.

7. ¿Cuál es el objetivo final de Donald Trump?

El objetivo a corto plazo de Trump está rotundamente claro, porque lo han dicho una y otra vez sus colaboradores y subalternos: concentrar todo el poder. La "teoría ejecutiva unitaria", defendida por los autores del famoso Proyecto 2025, del que están saliendo muchos de los decretos de Trump, dice que el presidente de EEUU es la única persona que controla el poder ejecutivo. Una conclusión que, a todas luces, choca con las responsabilidades del Congreso, entre las que están aprobar los presupuestos generales, formar y disolver agencias, confirmar a los nominados por el presidente para puestos de gobierno y, en general, supervisar al ejecutivo.

Esta visión explica la utilización agresiva de los decretos a expensas, muchas veces, del contrapeso legislativo, y los intentos de vaciar todas las agencias de empleados federales. Incluso la CIA, cuyos trabajadores, también, han recibido dicha oferta (bloqueada por un juez) del ERE voluntario. Si Trump consigue realmente diezmar las filas burocráticas y rellenar esos huecos con cuadros leales a su persona (otra de las misiones de los think tanks ultraconservadores: reclutar fieles), podría ignorar al Congreso con más manga ancha. Sus funcionarios leales obedecerían, dijeran lo que dijeran las leyes, la letra pequeña o los impotentes congresistas demócratas.

Una vez completado este poder absoluto, su objetivo a largo plazo ya es más sensible. Nadie sabe qué quieren hacer Trump y Musk con el Gobierno federal y, particularmente, con esos programas sociales que los libertarios y paleoconservadores de estos círculos consideran una fuente de parasitismo estatalista. O si, como sugieren las múltiples declaraciones de Kash Patel, nominado para dirigir el FBI habrá, con la excusa de que Trump fue víctima de una caza de brujas, una persecución a opositores y periodistas. Lo único que se puede afirmar con certeza es que veremos muchas cosas en los próximos cuatro años.

Parece que Donald Trump lleva tres años de mandato, pero en realidad no han pasado ni tres semanas desde que fue investido. El caos y el drama siempre han sido las constantes de la forma de operar del presidente de Estados Unidos, que se agarra a la máxima fundamental de los programas de telerrealidad que lo hicieron famoso: agarra la atención del público y no la sueltes por nada del mundo.

Estados Unidos (EEUU)
El redactor recomienda