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Un 'retiro' de líderes europeos para responder a la urgencia de seguridad de la UE
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Reunión de los Veintisiete

Un 'retiro' de líderes europeos para responder a la urgencia de seguridad de la UE

Los Veintisiete se reúnen en un formato novedoso para discutir de qué manera puede la Unión Europea avanzar en el frente de la seguridad y la defensa, una de las prioridades de los próximos años

Foto: Un grupo de militares en Finnmark, Noruega. (Reuters)
Un grupo de militares en Finnmark, Noruega. (Reuters)

Los líderes europeos no están demasiado acostumbrados a filosofar. Tras más de una década de crisis permanentes, la Unión Europea se ha ido poco a poco llegando a acomodar a su naturaleza reactiva. Hasta cierto punto ha llegado a disfrutar de un cierto nivel de procrastinación bajo la máxima de Jean Monnet de que Europa se forja en las crisis. Ya llegará el momento de actuar. Ya llegarán a acuerdos importantes cuando todas las otras opciones hayan quedado descartadas, cuando seguir procrastinando pueda costar la existencia del club. Ahora buscan dar respuesta a la última de todas las crisis, la de seguridad, intentando adelantarse a algunos acontecimientos. Porque en esta cuestión el margen de maniobra es mucho más estrecho que habitualmente.

António Costa, presidente del Consejo Europeo, quiere empujar más a los jefes de Estado y de Gobierno de la Unión Europea hacia la reflexión, hacia la filosofía, para que después los debates ejecutivos, aquellos centrados en la toma de decisiones, tengan más fundamento y sean más sencillos. Si logras poner a los líderes en la misma página en lo que se refiere a las grandes narrativas, bajar a la letra pequeña será más sencillo. O esa es la teoría. Y el tiempo apremia: tras la victoria de Donald Trump, Estados Unidos ha vuelto a demostrar que su compromiso con la seguridad euroatlántica no se puede dar por sentado, incluso llegando a amenazar la integridad física de un socio europeo y de la OTAN, como es Dinamarca. El líder americano no ha descartado el uso de fuerza militar para hacerse con Groenlandia, territorio dependiente de Copenhague y que ha hecho encender todas las alarmas en muchas capitales europeas.

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El presidente del Consejo Europeo, un veterano del foro, donde participó durante casi una década como primer ministro de Portugal y que preside desde diciembre, ha invitado a los Veintisiete a una inusual reunión. En Bruselas, pero no en el edificio del Consejo Europeo. Será a unos pocos kilómetros, en el Palais d’Egmont. ¿El objetivo? Sacar a los líderes de su marco mental habitual. Darles a entender que no están en una reunión más. Que se pueden relajar y hablar con libertad. Porque esa es la otra novedad: no hay conclusiones, el documento que recoge los puntos de acuerdo de los Veintisiete y que acaba centrando la atención de casi todas las discusiones entre los negociadores de los líderes, peleando cada palabra, cada coma del texto.

La idea de Costa es plantear dos grandes ejes: Europa debe asumir su propia seguridad, y la Unión debe cooperar más en este ámbito. Una fuente europea explica que los líderes trabajarán en cuatro 'debates' distintos a lo largo del día. Primero, sobre la relación que la Unión tiene en cooperación militar con otros socios, lo que hará que Mark Rutte, secretario general de la OTAN, participe en el almuerzo, y que Keir Starmer, primer ministro británico, participe por la tarde. En segundo lugar, debatirán respecto a las relaciones transatlánticas, especialmente sacudidas tras el regreso de Donald Trump a la Casa Blanca, amenazando la seguridad de la Alianza Atlántica. Estos dos debates están realmente conectados.

placeholder António Costa, presidente del Consejo Europeo, junto con Mark Rutte, secretario general de la OTAN. (Europa Press)
António Costa, presidente del Consejo Europeo, junto con Mark Rutte, secretario general de la OTAN. (Europa Press)

¿Dónde está el dinero?

Los otros dos son consecuencia lógica de esos dos primeros puntos: en primer lugar, las capacidades militares, en cuáles debe focalizarse la Unión Europea; y en segundo lugar, cómo financiar el desarrollo y adquisición de las capacidades que se identifiquen como centrales. Y ahí se abre la puerta al enorme elefante en la habitación, que es la financiación: de dónde va a salir el dinero para financiar esta revolución en materia de seguridad y defensa.

Se está aumentando la presión sobre el Banco Europeo de Inversiones (BEI), presidido por la española Nadia Calviño, para que empiece a financiar directamente el sector militar para el desarrollo de capacidades y no únicamente para material de uso dual, es decir, para su utilización tanto civil como militar, que es hasta ahora la línea roja que dibuja la institución con sede en Luxemburgo. La semana pasada 19 Estados miembros, entre ellos España, escribieron una carta a Calviño pidiendo que dé este paso. También está de fondo el debate sobre el próximo Marco Financiero Plurianual (MFP), el limitado presupuesto común de la Unión, y otros instrumentos financieros.

Pero la brecha de inversión que hay, y el limitado espacio fiscal que dejan las nuevas reglas fiscales de la Unión Europea, hace que algunos líderes europeos, incluido aquellos que se han mostrado siempre reacios a compartir riesgos con Estados miembros en peor situación fiscal, estén aireando la posibilidad de emitir bonos conjuntos europeos para financiar este armamento. La idea de Costa y su equipo es no forzar el debate, no adelantar acontecimientos. Muchos confían en que esa idea, la de emitir deuda conjunta como se hizo durante la pandemia, pero esta vez centrada en seguridad y defensa, llegue simplemente como una consecuencia lógica del resto del debate y de las conclusiones que se saquen sobre la situación en la que se encuentra Europa.

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El gasto ya está aumentando. Una fuente europea recuerda que entre 2021 y 2024 los Estados miembros han aumentado un 30% el gasto en defensa. "No es una cuestión de si lo hacemos, es una cuestión de cómo lo hacemos", señala la misma fuente. La idea es que el debate también sirva para que la Comisión Europea, tanto su presidenta como Kaja Kallas, Alta Representante de la Unión para Política Exterior y de Seguridad, escuchen las opiniones de los Estados miembros a medida que trabajan en el Libro Blanco sobre la Unión de la Defensa.

"No van a estar teniendo que negociar textos, porque no va a haber conclusiones, así que podrán discutir de manera más libre y franca sobre un asunto que está en lo más alto de todas sus agendas", explicó la misma fuente. "La UE ha intensificado considerablemente su juego en materia de seguridad y defensa. Creo que todos nos damos cuenta. Los Estados miembros comparten un sentimiento de urgencia y están de acuerdo en que Europa debe convertirse en un actor de defensa más eficaz, más autónomo y más fiable", añade.

Los líderes europeos no están demasiado acostumbrados a filosofar. Tras más de una década de crisis permanentes, la Unión Europea se ha ido poco a poco llegando a acomodar a su naturaleza reactiva. Hasta cierto punto ha llegado a disfrutar de un cierto nivel de procrastinación bajo la máxima de Jean Monnet de que Europa se forja en las crisis. Ya llegará el momento de actuar. Ya llegarán a acuerdos importantes cuando todas las otras opciones hayan quedado descartadas, cuando seguir procrastinando pueda costar la existencia del club. Ahora buscan dar respuesta a la última de todas las crisis, la de seguridad, intentando adelantarse a algunos acontecimientos. Porque en esta cuestión el margen de maniobra es mucho más estrecho que habitualmente.

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