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La crisis Colombia-EEUU deja una lección de cómo no enfrentarse a Trump (y un ganador inesperado)
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Una vulnerabilidad que EEUU sabe aprovechar

La crisis Colombia-EEUU deja una lección de cómo no enfrentarse a Trump (y un ganador inesperado)

No había otra solución que pactar. La economía de Colombia depende de la de EEUU, su mayor socio comercial, y esa relación de interdependencia ha ido en aumento en las décadas recientes

Foto: Colombianos deportados de EEUU. (EFE/Cancillería de Colombia)
Colombianos deportados de EEUU. (EFE/Cancillería de Colombia)

Un acuerdo exprés, entre bambalinas, cerró una crisis diplomática que podría haber acabado devastando la economía colombiana. El presidente del país cafetero, Gustavo Petro, decidió, el pasado domingo, enfrentarse a la nueva Administración estadounidense de Donald Trump. El magnate no tiene la mecha muy larga, y respondió fugazmente, amenazando con duras sanciones.

Han sido décadas de una relación que es profundamente asimétrica y que dejó a Colombia en una situación crítica durante las horas en las que duró la crisis. La desunión de los países latinoamericanos y el cada vez mayor descrédito y abandono de las instituciones y foros comunes se sumaron a un cóctel que dejó a las autoridades colombianas en una situación de debilidad, la misma que podría aprovechar China para aumentar su influencia en la región si Washington continúa intentando imponerse por la fuerza o amenazando con sanciones sin ofrecer nada a cambio.

"Desautorizo la entrada de aviones norteamericanos con migrantes deportados en nuestro territorio", dijo Petro, a las tres de la mañana del domingo, reclamando un mejor trato para sus conciudadanos, que no llegasen esposados y, por el camino, abriendo la caja de los truenos.

Washington reaccionó inmediatamente. A las pocas horas se supo que la Administración Trump había dispuesto el cese del procesamiento de visados en la embajada de EEUU en Colombia, había restringido el permiso de acceso al país a altos funcionarios colombianos y, lo que es más grave, dispuso un arancel general del 25% a la importación de productos colombianos que aumentaría al 50% en una semana.

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Petro respondió, en un inicio, asegurando que las medidas serían recíprocas. Eso planteaba un serio desafío a Washington. Después ofreció el avión presidencial para recoger a los migrantes y acabó enviando dos aeronaves del Ejército a EEUU para que transportasen a los colombianos a su país sin esposar. La Administración Trump se felicitó por haber torcido el brazo de Petro y dio entonces por zanjada la crisis, retirando las medidas contra Colombia.

Gran interdependencia

No había otra solución que pactar. La economía de Colombia depende de la de EEUU, su mayor socio comercial, y esa relación de interdependencia ha ido en aumento en las décadas recientes.

El Gobierno del conservador Andrés Pastrana firmó, en el año 2000, el Plan Colombia, un programa financiado por EEUU para luchar contra el narcotráfico y los grupos armados en el que Washington ha invertido más de 13.000 millones de dólares durante años, financiando acciones de cooperación y entrenamiento militar e incluso soporte en inteligencia.

placeholder El presidente de Colombia, Gustavo Petro, en Naciones Unidas. (Reuters)
El presidente de Colombia, Gustavo Petro, en Naciones Unidas. (Reuters)

Ese acuerdo, muy criticado en su época, se cerró en el momento más álgido de la violencia generada en Colombia por el narcotráfico y el conflicto armado entre las diferentes guerrillas, los grupos paramilitares, y las fuerzas estatales. En aquel entonces el país cafetero era el más sangriento del mundo.

El Plan Colombia supuso una vinculación con EEUU definitiva, después de décadas de cercana colaboración, y un aumento de la dependencia. Después, en 2012, ambos países firmaron un Tratado de Libre Comercio (TLC) que exacerbó la supeditación de la economía colombiana a la estadounidense.

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No es una situación en la que se encuentre solamente Colombia, por supuesto. En una relación parecida está también México, que es el mayor socio comercial de EEUU, pero tiene pocas herramientas para poder discutir políticas tan críticas como las migratorias, mientras Trump promoviendo la "mayor deportación de la historia", que afectará decisivamente a su población, porque un tercio de los indocumentados en territorio estadounidense son de nacionalidad mexicana.

El vecino al sur del Río Bravo no descarta incluso ser escenario de operaciones especiales del Ejército estadounidense contra los carteles de la droga. La nueva política de la Administración Trump no las descarta, ni siquiera, aunque no tuviese la aprobación de México para llevarlas a cabo. Esas posibles acciones supondrían un descrédito para Washington en la región, pero su vecino del sur posiblemente tuviera que acabar haciendo de tripas corazón y aceptando la situación.

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La presidenta mexicana, Claudia Sheinbaum (EFE)

En un panorama similar, aunque de menor dependencia, se encuentran otros países como Chile, Honduras, Perú, Panamá y naciones como El Salvador o Ecuador, cuya divisa oficial es el dólar estadounidense.

Las relaciones entre las autoridades de esos países y EEUU han sido, aunque con algún altibajo, estables en el Siglo XXI, ante administraciones en Washington que han optado por una línea de continuidad, políticas poco disruptivas y un olvido de América Latina, salvo en los casos de Cuba, Nicaragua, Venezuela y Bolivia.

"Protoger al continente americano"

Los problemas surgen cuando esa línea se mueve. Trump está estableciendo su posición con respecto a América Latina en la antigua, pero tradicional, "doctrina Monroe".

"Esa doctrina dice que América es para los americanos, pero eso no solamente significa no permitir intromisiones externas, también tener un dominio y hegemonía total en el continente", destaca a El Confidencial Gabriel Orozco, experto en Relaciones Internacionales de la Universidad Simón Bolívar de Colombia.

EEUU ha trabajado tradicionalmente respetando esa doctrina, pero Trump la está aplicando a rajatabla con la creciente influencia de China en América Latina en mente. A esa visión contemporánea se le suma ahora otra, más problemática. "Trump está persiguiendo la idea de lo conocido como 'destino manifiesto', haciendo caso a la visión de los padres fundadores de que EEUU tiene un rol de gendarme, de líder del mundo, y de que así se deben comportar", considera el analista Orozco.

La gran dependencia de Colombia, México y otros países latinoamericanos con EEUU acentúa su indefensión ante los movimientos doctrinales en territorio estadounidense.

Balcanización e instituciones comunes débiles

Esa vulnerabilidad se acentúa, creen los analistas, por la creciente balcanización de América Latina. En la región se han dado, durante décadas, numerosas iniciativas para integrar los distintos países, crear sinergias e instituciones conjuntas. Muchas de ellas están ahora, sin embargo, en profundo descrédito, en buena parte de las ocasiones por diferencias ideológicas insuperables.

Mercosur se ha dividido en los últimos años entre quienes defienden proteccionismo o apertura, y eso no depende de países, además, sino de los líderes de turno, complicando el panorama. El argentino Javier Milei busca ahora menores cortapisas al comercio, como ya lo buscó, sin éxito, el expresidente brasileño Jair Bolsonaro, mientras la izquierda gobernante en Brasil y sus aliados peronistas quieren mantener el 'statu quo' de la alianza. El Gobierno conservador saliente de Uruguay, ante esas diferencias, estuvo a punto de cortar por lo sano y firmar un TLC unilateral con China, algo que la alianza no permite.

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Los presidentes de Argentina, Uruguay, la presidenta de la Comisión Europea, y los presidentes de Brasil y de Paraguay posan en la sede del Mercosur. (EFE)

El Parlamento Centroamericano del sistema de integración de esa región es un refugio de corruptos que buscan inmunidad después de dejar los parlamentos de sus respectivos países, y poco se puede hablar en una zona donde aumenta el autoritarismo de distinto signo en varios países, con uno, Nicaragua, que no permite la oposición democrática.

Unasur es un chiste, la Comunidad Andina anda a trompicones, y la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (Celac) no puede ni siquiera acordar reunirse.

La presidenta progresista de Honduras, Xiomara Castro, que funge como la líder de turno de esa última institución, llamó esta semana a una reunión de líderes, a pedido de Petro, para establecer vías de diálogo y acuerdo ante la política de deportación de Trump, pero a los dos días retiró el llamado.

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Castro denunció entonces, vía carta, la desunión de los países latinoamericanos. "Nuevamente, recibimos la oposición sistemática de países miembros que han privilegiado otros principios diferentes a los de la unidad de la región latinoamericana y caribeña como comunidad", expresó.

Esa es, según el analista Orozco, una constante en las instituciones panamericanas. "Los tratados, acuerdos y mecanismos de cooperación en la región no son necesariamente un proceso de integración como se ha visto en Europa con la Unión Europea, que se han cohesionado en torno a una moneda única y a un sistema comunitario de leyes".

"En América los procesos de cooperación llevan aparejadas unas asimetrías muy marcadas por la hegemonía norteamericana. Quien impone principalmente las reglas ha sido EEUU, y Washington ha buscado que los demás se subsumen y jueguen como países alineados subordinados", asegura el experto en RRII.

Ese vasallaje impide la misma cohesión de los países de la región. "Colombia, por ejemplo, ha tenido un alineamiento de subordinación que ha llevado al país a tener posturas muy en contra de la integración latinoamericana", considera Orozco.

La Organización de Estados Americanos (OEA) el principal foro regional, es visto por parte de los analistas como una institución dominada por Washington. El resultado es que América Latina no tiene fuerza conjunta para responder a políticas agresivas de terceros países.

Dependencia comercial

La posibilidad de una crisis económica por sanciones o aranceles también impide a países como Colombia o México evitar la imposición de políticas desde el exterior al estar atados, desde hace décadas, por tratados comerciales que, en el caso del país sudamericano, tampoco han supuesto una gran ventaja.

"La cúspide del alineamiento de Colombia con EEUU llega con el TLC. Se suponía que iba a lograr una mayor prosperidad y beneficio para Colombia. Muchos estudios han demostrado, sin embargo, que no es así y que el mercado colombiano no ha sabido aprovechar las posibles ventajas del tratado. En cambio, sí le ha puesto en una situación de dependencia en sectores como el agroindustrial, en el que se requieren muchas piezas de manufactura, y el alimenticio, porque el país demanda muchos alimentos que se producen en EEUU a costos muy baratos y que son usados por los agroindustriales", expone Orozco.

Esa situación de dependencia debilita al país para maniobrar con respecto a las políticas de Trump. "Para el presidente estadounidense lo más importante es que su visión se imponga y lo va a hacer con Colombia, con China, con México, con Europa o con cualquier otro país. Lo que está pasando en América Latina está pasando con Dinamarca, con Groenlandia, o con Canadá", asegura el analista.

China está al acecho

Parte de los analistas cree que la, por ahora, agresiva política de EEUU hacia América Latina, manifiesta no solo en cuanto a comercio o migración, sino en temas tan sensibles como la disputa por un trato preferencial en el canal de Panamá, va a beneficiar y a ampliar la ya enorme penetración de China en la región.

Pekín lleva años haciéndose fuerte en América Latina, facilitando inversiones y recursos. Se ha convertido en el mayor socio comercial de economías tan importantes como las de Brasil o Chile. Ha prestado dinero a espuertas a países como Ecuador, apenas pidiendo como condición que le paguen. Ha pagado proyectos tan importantes como el megapuerto de aguas profundas de Chancay, en Perú, una inversión de 2.000 millones de dólares.

Lo hace sin exigencias, sin mirar el carnet ideológico a nadie. Colabora igual con Bolsonaro y Milei que con el chavismo y el castrismo. Seduce con dinero y proyectos, mientras que su rival geoestratégico intenta imponerse por la fuerza, más después de suspender la ayuda en cooperación a todos los países de la región, algo que ya ha supuesto la cancelación de centenares de proyectos.

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La consecuencia lógica es que muchos acaben viendo a Pekín como un socio más confiable que EEUU y eso amplíe la influencia del gigante asiático en América Latina porque, por el camino de las inversiones comerciales y en infraestructura, China está ingresando con fuerza tanto en los sectores estrátégicos como en los energéticos y de materias primas de varios países. Los últimos días han dejado muestras de ello. Tras el altercado con EEUU, Petro pidió a las empresas colombianas que se diversificasen hacia otros mercados. No le hizo falta decir a dónde. Washington seguro que captó el mensaje.

También el ministro de Exteriores hondureño, Enrique Reina, celebró que su país se haya “abierto a otras naciones del mundo”, mentando específicamente “el Golfo Pérsico, China e India”. Ese mensaje no cae en saco roto si se tiene en cuenta que Honduras ha amenazado a Washington con cerrar la base que EEUU mantiene en el país desde hace décadas si persiste su agresiva política migratoria. Las remesas que envían los hondureños a sus familiares suponen el 25% del PIB.

EEUU debería, según algunos expertos, dejar de exigir compromisos sin poner proyectos e inversiones sobre la mesa, si no quiere que China amplíe su influencia en la región. Ni siquiera los más cercanos aliados de Trump en la región han osado toserle al gigante asiático.

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Bolsonaro y Milei acabaron cambiando totalmente su discurso con respecto a China a los pocos meses del inicio de sus mandatos, y el gigante asiático amplió negocios en sus países.

El salvadoreño Nayib Bukele acude a sentar cátedra en las reuniones ultraconservadoras de EEUU, patrocinadas por Trump, mientras pone su mejor sonrisa cuando inaugura obras faraónicas como la nueva gran biblioteca nacional de San Salvador, pagada por Pekín, que también le está construyendo un nuevo estadio de 50.000 espectadores.

Un acuerdo exprés, entre bambalinas, cerró una crisis diplomática que podría haber acabado devastando la economía colombiana. El presidente del país cafetero, Gustavo Petro, decidió, el pasado domingo, enfrentarse a la nueva Administración estadounidense de Donald Trump. El magnate no tiene la mecha muy larga, y respondió fugazmente, amenazando con duras sanciones.

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