¿Entregará Rusia a Al Asad de vuelta a Siria para recuperar sus bases en el Mediterráneo?
Desde septiembre del año 2015, Rusia ha intervenido en múltiples ocasiones en el conflicto, ofreciendo tropas y fuerzas aéreas, como respuesta a las demandas del exdictador sirio en un momento en el que el Daesh controlaba parte del país
Foto de archivo del presiente ruso, Vladimir Putin, y el ex presidente sirio, Bashar al Asad (EFE/MICHAEL KLIMENTYEV SPUTNIK KREMLIN)
El pasado martes se publicó una imagen un tanto inusual. El nuevo líder de la Siria sin Bashar al Asad, el ex yihadista ahora convertido en presidente interino Ahmed al Sharaa, daba la mano con media sonrisa al viceministro de Exteriores ruso, Mijaíl Bogdanov. La fotografía culminaba la primera visita oficial de un enviado de Moscú tras la caída del régimen al que habían sostenido durante más de dos décadas; una derrota tan vertiginosa e inesperada que forzó a una caótica evacuación rusa del país. Y, lo más importante para Moscú, de las bases militares de las que disfrutaba en Siria.
No ha habido comunicados públicos entrando en detalles de qué se discutió entre Al Sharaa y el emisario ruso, enemigos hasta hace dos días. Pero, según han filtrado fuentes cercanas a las discusiones a la agencia Reuters, las conversaciones incluyeron una petición clave: que Rusia entregue a Al Asad —viviendo en el exilio ruso—, así como unos 2.000 millones de dólares en activos que la familia Asad tendría en bancos rusos.
No se explicitó, pero el objetivo primordial de Rusia es el de recuperar el control sobre el puerto y base militar de Tartús, que le daba acceso y proyección en el Mediterráneo oriental, y, en menor medida, la base aérea de Hmeimim, que le servía de escala necesaria para sus operaciones en África. Hace apenas una semana, el Gobierno de facto sirio suspendió el contrato de arrendamiento que le permitía a Rusia el uso y disfrute de la base durante los próximos 49 años, y anunció que todos los ingresos de las instalaciones "han pasado a beneficio del Estado sirio". La petición de Al Sharaa deja a Rusia ahora con un dilema clave: ¿entregar a Al Asad para recuperar las bases?
Para Siria, la motivación está clara. Las nuevas autoridades, nacidas de la resistencia contra el régimen de Bashar al Asad y entre la que se incluyen distintos grupúsculos yihadistas, parecen dispuestas a olvidar los casi 24.000 muertos directos en los bombardeos rusos en Siria. La entrega y posterior juicio del dictador, necesarios para el inicio de la reparación del país, bien lo merece. En el encuentro, Al Sharaa se lo recalcó al emisario ruso, advirtiéndole que habría que establecer "medidas concretas como la reconstrucción y la recuperación" y "reconstruir la confianza con el pueblo sirio". Además, recalcaron que, para iniciar el restablecimiento de las relaciones con Moscú, el Kremlin debe "abordar los errores del pasado, respetar la voluntad del pueblo sirio y servir a sus intereses".
Según las fuentes de Reuters, los rusos no se mostraron dispuestos a reconocer tales "errores", pero se abrieron a "continuar las conversaciones".
Pero para Rusia, entregar a Asad no parece tan fácil. Por el momento se desconoce si ha habido algún encuentro oficial entre Putin y al Asad desde que este está en el país, junto con su familia, por "razones humanitarias", según argumentó el Gobierno ruso cuando anunció que estaba refugiado en Moscú. Pero, de acuerdo con el testimonio de uno de los miembros del gobierno sirio más cercanos a Asad, su jefe de comunicación, Putin se habría negado a reunirse con el exdictador. De acuerdo con Bloomberg, Rusia persuadió al exlíder a dejar atrás Siria en un momento en el que las opciones de escape de al Asad eran muy limitadas.
Pero entregarlo sentaría un precedente: muchos de los aliados autócratas de Rusia sabían, que si las cosas se torcían en sus países, siempre podrían confiar en que Moscú les recibiera de vuelta. Por ejemplo, ya ocurrió con el expresidente de Ucrania, Víktor Yanukóvich, cuando en el año 2014 el Parlamento ucraniano lo destituyó de sus funciones por "alta traición" y fue el Kremlin el que le facilitó la entrada a Rusia. Si entregara a Al Asad se desfiguraría la imagen que Putin ha tratado de construir como 'persona de confianza', capaz de otorgar protección casi ilimitada a sus 'amigos' y aliados.
Hay otra vertiente, según apuntan los analistas. En caso de que Siria finalmente llevara a juicio a Al Asad, sin duda sería un proceso público, pensado para desarrollar todos los crímenes de los que se les acusa. Un Asad 'traicionado' por Rusia seguro que tendría mucho que contar sobre los movimientos de Rusia durante la guerra civil siria y más.
El pasado martes se publicó una imagen un tanto inusual. El nuevo líder de la Siria sin Bashar al Asad, el ex yihadista ahora convertido en presidente interino Ahmed al Sharaa, daba la mano con media sonrisa al viceministro de Exteriores ruso, Mijaíl Bogdanov. La fotografía culminaba la primera visita oficial de un enviado de Moscú tras la caída del régimen al que habían sostenido durante más de dos décadas; una derrota tan vertiginosa e inesperada que forzó a una caótica evacuación rusa del país. Y, lo más importante para Moscú, de las bases militares de las que disfrutaba en Siria.