El legado del 'patriarca' de la extrema derecha francesa
La figura de Jean-Marie Le Pen, quien falleció el martes a los 96 años, sigue influyendo en la extrema derecha francesa y europea, a pesar de que Marine Le Pen lo expulsó hace diez años del partido que había fundado en 1972
Jean-Marie le Pen ha muerto a los 96 años. (EFE/EPA/Caroline Blumberg)
Fue el “diablo de la República” que escandalizó a buena parte de los franceses, pero creó una base de fieles que no ha parado de crecer. Jean-Marie Le Pen murió el martes a los 96 años en la periferia oeste de París debido a su edad y frágil estado de salud. Su fallecimiento representa el final de uno de los políticos más convulsos y temidos —e influyentes— en la historia de la Quinta República. Y eso que nunca tuvo responsabilidades gubernamentales, ni a nivel nacional ni local. Pero sí que creó en 1972 un partido de extrema derecha que actualmente llama a las puertas del poder.
La historia política de Francia de los últimos treinta años no se entiende sin el Frente Nacional (FN), rebautizado en 2018 como Agrupación Nacional (RN, por sus siglas en francés). Jean-Marie Le Pen fue uno de sus cofundadores y el líder histórico durante 39 años, a pesar de que su hija Marine lo expulsó de esa formación en 2015. El legado del conocido como “el Menhir” resulta ineludible para esta formación, que mantiene una relación de amor y odio respecto a su fundador.
Su actual dirección, encabezada por Marine Le Pen y una nueva generación que no había nacido cuando fue creado el partido —entre ellos, el ambicioso Jordan Bardella—, ha intentado desmarcarse del antisemitismo y del estilo extremamente provocativo del Le Pen padre. Ha conservado, sin embargo, la xenofobia y el nacionalismo del FN original.
“Demostró ser un visionario al haber impuesto en el debate público cuestiones que actualmente resultan estructurales”, destacó el RN en un comunicado en que se refería a la inmigración, la globalización y “el declive de Francia”. “Estuviste durante mucho tiempo solo contra todos”, elogió su nieta Marion Maréchal, cercana al núcleo dirigente de Vox, y que no reniega del patriarca de los Le Pen a diferencia de su tía. En cierta forma, Jean-Marie Le Pen representó un punto de unión entre las corrientes neofascistas, que habían quedado marginalizadas en casi toda Europa tras la Segunda Guerra Mundial, y la nueva derecha radical, que gobierna en Italia y pronto lo hará en Estados Unidos.
Tensión entre la normalización y la radicalidad
Nacido en 1928 en el departamento bretón de Morbihan (noroeste de Francia), Jean-Marie Le Pen se interesó por la política desde sus años como estudiante universitario de Derecho en París. Allí empezó a militar en la monárquica y nacionalista Acción Francesa. Las primeras décadas de su vida adulta destacaron por los vaivenes entre su actividad política —fue uno de los diputados poujadistas entre 1956 y 1962— y su participación en operaciones militares en las entonces colonias de Indochina (Vietnam) y Argelia.
“Estuve en Argel como oficial de los servicios de inteligencia. Para algunos de mis colegas mi tarea consistía en una mezcla de un oficial de las SS y agente de la Gestapo”, presumía entonces Jean-Marie Le Pen. Según el historiador Fabrice Riceputi, autor del libro Le Pen et la Torture, estuvo implicado en “varias decenas” de acciones de tortura, así como “ejecuciones”, durante la guerra de Argelia. Ese conflicto, y el pasado colonial de Francia en su conjunto, influyeron en el ADN del partido que fundó en 1972.
La creación de esa formación fue básicamente la alianza entre el grupo neofascista y anticomunista ‘Ordre Nouveau’ y el círculo lepenista. Entre sus cofundadores, se encontraba Pierre Bousquet (el tesorero), quien combatió en el bando franquista durante la Guerra Civil y formó parte de las Waffen-SS de la Alemania nazi.
Curiosamente, ese partido se enfrentó desde sus inicios a una serie de dilemas ideológicos y estratégicos parecidos a los que tiene en la actualidad el lepenismo. Desde su creación, el FN ha vivido inmerso en una tensión permanente entre una pulsión para normalizarse y competir en el mismo terreno que los partidos de gobierno y otra para preservar su ideología ultraderechista que justifique su existencia. Como apunta el politólogo Alexandre Dézé en su libro Les faux-semblants du Front National, “la estrategia de desdiabolización de Marine Le Pen” que asumió las riendas del partido en 2011 “no era nueva ni en su principio ni en sus modalidades”.
La tríada inseguridad, inmigración e islam
El Le Pen padre asumió el liderazgo del partido desde su creación y se focalizó en la política institucional, a diferencia de otros grupos ultraderechistas de la época. Fue cinco veces candidato en las elecciones presidenciales (1974, 1988, 1995, 2002 y 2007) y diputado en el Parlamento Europeo durante siete legislaturas.
Muere a los 96 años Jean-Marie Le Pen, fundador del Frente Nacional en Francia
Desde los años ochenta, llegó a acuerdos electorales, de manera puntual, con la derecha tradicional en elecciones municipales y regionales. El cordón sanitario al lepenismo siempre ha tenido agujeros en Francia, aunque estos crecieron de manera significativa en los últimos años. Hasta el punto de que en junio el entonces líder de Los Republicanos, Éric Ciotti, llegó a un acuerdo unilateral para formar una alianza con la ultraderecha, aunque la mayoría de los barones de su partido rechazaron ese pacto.
Como ha sucedido con su hija Marine, el discurso de Jean-Marie Le Pen experimentó numerosos giros y evolucionó en función de las tendencias del momento. Durante la década de los ochenta, se identificaba con la figura de Ronald Reagan y se caracterizaba por su anticomunismo y neoliberalismo. A partir de los noventa, adoptó postulados más euroescépticos y populistas. No obstante, su ADN siempre se ha basado en la tríada inseguridad-inmigración-islam. Y a eso se suma el nacionalismo. “Primero de todo, Francia y los franceses”, fue uno de sus primeros eslóganes, que el partido podría reproducir en el presente.
No obstante, la marca distintiva del patriarca de los Le Pen fueron sus declaraciones racistas y antisemitas. En 1987, dijo que los campos de exterminio nazis habían sido “un detalle de la historia”, e insistió en esa misma idea en 1997, 2008 y 2009. Hace diez años, insinuó que deberían “meter en un horno” a un grupo de famosos artistas, entre los que había el cantante judío Patrick Bruel. Todas esas muestras de odio hacia los judíos no solo le valieron varias decenas de condenas judiciales, sino también la expulsión de su partido en 2015.
El divorcio (político) entre el padre y la hija
Marine Le Pen intentó desmarcarse del antisemitismo y de las contantes provocaciones de su padre desde que heredó las riendas de la formación hace trece años. A pesar de ello, sigue habiendo numerosos militantes que simpatizan con esos postulados, y así lo reflejan las polémicas constantes que generan los candidatos de este partido. Fue, de hecho, una de las claves en la última campaña de las elecciones legislativas del 7 de julio, en que el RN terminó tercero, a pesar de que los sondeos lo daban como favorito.
El lepenismo sigue desde 2011 una trayectoria ascendente. Marine Le Pen se clasificó para la segunda vuelta de las presidenciales en 2017 y 2022. Su partido obtuvo más del 30% de los votos en la primera vuelta de las últimas legislativas. Pese a los intentos de la actual dirección para desmarcarse de su fundador, el cordón sanitario de la ciudadanía se ha mantenido firme y eso ha impedido su llegada al poder, tanto a nivel nacional como regional.
Además del miedo que suscita en millones de franceses el apellido Le Pen, la sombra del padre lastra asimismo esta formación por su pasado corrupto. Según advierte la periodista Marine Turchi en el libro colectivo Front National, “la cuestión del dinero siempre ha estado presente en la historia” de esta formación. “Esta ha revelado también la gestión personal e hipercentralizada del partido por los Le Pen. Sus entornos a menudo hablan de su fascinación —incluso obsesión— por el dinero”. De hecho, Jean-Marie Le Pen poseyó, con gran secretismo, dos cuentas bancarias en Suiza. Fue él quien impulsó en 2004 la trama de falsos asistentes en el Parlamento Europeo. Esta duró hasta 2016 y sirvió supuestamente para malversar 4,5 millones de euros de la Eurocámara.
Jean-Marie Le Pen no fue juzgado el pasado otoño por este caso debido a su frágil estado de salud. Pero Marine Le Pen sí que se sentó en el banquillo de los acusados y se enfrenta a una posible pena de cinco años de inhabilitación. La sombra del padre podría acabar con las ambiciones de la hija.
Fue el “diablo de la República” que escandalizó a buena parte de los franceses, pero creó una base de fieles que no ha parado de crecer. Jean-Marie Le Pen murió el martes a los 96 años en la periferia oeste de París debido a su edad y frágil estado de salud. Su fallecimiento representa el final de uno de los políticos más convulsos y temidos —e influyentes— en la historia de la Quinta República. Y eso que nunca tuvo responsabilidades gubernamentales, ni a nivel nacional ni local. Pero sí que creó en 1972 un partido de extrema derecha que actualmente llama a las puertas del poder.