La semana de la venganza: Putin 'castiga' a Ucrania por los ATACM, pero lo peor está por llegar
Rusia ha atacado Ucrania con extrema dureza después del uso de misiles occidentales por parte de Kiev y Vladímir Putin ha subrayado que volverá a utilizar el misil hipersónico
Ataque de las fuerzas rusas en Odesa, el 25 de noviembre. (Reuters/Nina Liashonok)
Primero cayó el misil hipersónico Oreshnik sobre Dnipro. Luego, 188 drones asaetearon el cielo de varias regiones de Ucrania. Días después, otros 200 misiles y drones disparados por Rusia que dejaron a más de un millón de hogares sin electricidad. Vladímir Putin inició su semana de la venganza por el permiso occidental a Kiev con los misiles de largo alcance con el hito histórico de utilizar un arma que nunca antes se había utilizado. Y la ha acabado con una retahíla de "ataques récord" de drones y contra la infraestructura energética en uno de los momentos más fríos del invierno.
"Esta noche hemos efectuado un ataque combinado con el uso de 90 misiles y 100 drones. Fueron alcanzados 117 objetivos", dijo el presidente ruso. Agregó que en los dos últimos días, Moscú lanzó un total de 100 misiles y 466 drones contra Ucrania. "Por supuesto, responderemos a los ataques que se llevan a cabo contra el territorio ruso con misiles de largo alcance de fabricación occidental", subrayó. No es la primera vez que Rusia responde con una oleada de nuevos ataques a "provocaciones" occidentales: la entrada de Suecia y Finlandia en la OTAN, el primer envío de tanques occidentales, la entrada de tropas ucranianas en Kursk... Kiev aprieta los dientes ante lo que nunca termina siendo una línea roja, pero que en esta ocasión sí está costando cara a base de "récords".
La red eléctrica de Ucrania ha sido el objetivo mayor de la oleada de ataques. Ya lo ha sido en estos más de dos años de guerra y, un invierno más, se espera que el país tenga dificultades para hacer frente a la demanda eléctrica. Cerca de la mitad de la infraestructura ha sido destruida desde febrero de 2022 y, en las últimas semanas, los funcionarios ucranianos han sugerido que Rusia podría estar almacenando misiles para lanzar más ataques coordinados que empeoren todavía más la situación.
La ofensiva de este jueves tuvo lugar precisamente después de una gran nevada en varias ciudades ucranianas como Kiev. "Una vez más, el sector energético está siendo objeto de un ataque enemigo masivo. Se están produciendo ataques a instalaciones energéticas en toda Ucrania", dijo el ministro de Energía, Herman Halushchenko, en una publicación en Facebook.
Pero Vladímir Putin no cree que el castigo a Ucrania por el uso de los ATACMS haya terminado y ha amenazado con continuar sus ataques y llevarlos incluso a una mayor dimensión. En una reunión de la alianza de seguridad de los ex países soviéticos en Kazajistán, el líder ruso advirtió que Rusia estaba seleccionando objetivos para atacar en Ucrania con el misil hipersónico. "No descartamos el uso del Oreshnik contra instalaciones militares y de la industria militar o contra los centros de toma de decisiones en Kiev, entre otros", dijo.
Obsesión hipersónica
Las palabras de Putin pueden quedarse en una amenaza, pero es poco probable que el mandatario abandone su retórica relacionada con los misiles hipersónicos, una de sus obsesiones militares desde hace tiempo. Rusia empezó a desarrollar este tipo de misiles en 2002, después de que Estados Unidos se retirara del Tratado de Misiles Antibalísticos, que nació durante la Guerra Fría para asegurar que ni la URSS ni EEUU elevaran el conflicto.
Cientos de miles de personas sin electricidad en Ucrania tras un ataque ruso
En ese momento, el líder ruso argumentó que era necesario desarrollar armas hipersónicas en respuesta al despliegue de sistemas de defensa antimisiles estadounidenses cerca de Rusia, recuerda la newsletter de The Bell de este jueves. "Propusimos seguir un camino diferente, pero nos dejaron de lado", dijo en una entrevista con el periodista estadounidense Tucker Carlson a principios de este año.
La pasión de Putin por los misiles ha provocado incluso que varios científicos expertos en tecnología hipersónica fueran detenidos por los servicios secretos, en muchas ocasiones sin pruebas concluyentes. Uno de los casos más polémicos fue el de Alexander Shiplyuk, que trabajó en aerotermodinámica experimental de flujos hipersónicos y había publicado en importantes revistas internacionales. El científico fue condenado a 15 años de prisión después de dar una conferencia en China por los temores del Kremlin a que diera información sobre el programa hipersónico ruso.
La semana de la venganza no acaba aquí
Desde el ataque con el misil Oreshnik de la semana, se han avivado los temores a una escalada entre Rusia y Occidente por el uso de un arma con capacidad nuclear. "Las fuerzas del Kremlin probaron un nuevo misil hipersónico en un objetivo real usando a los ucranianos como conejillos de indias y que este misil, si resulta ser lo que la gente afirma que es, es una amenaza real para la OTAN", explicó Uri, experto en inteligencia de código abierto (Osint), en un artículo anterior de El Confidencial.
A pesar de que se haya utilizado hasta ahora sin carga militar —y posiblemente tampoco se utilice en los futuros ataques— las fuerzas rusas han prometido volver a utilizar el misil. Y han reconocido que el castigo por el uso de ATACMS y Storm Shadows occidentales en territorio ruso irá más allá de esta semana con la red eléctrica como uno de los principales objetivos.
"Atacar deliberadamente objetos civiles y destruir infraestructura indispensable para la supervivencia de la población civil son crímenes de guerra. Las acciones de Rusia parecen claramente diseñadas para infligir sufrimiento a la población civil, creando condiciones que amenazan la vida", condenó Amnistía Internacional después de la ofensiva de este jueves.
"Mientras Ucrania entra en su tercer invierno de invasión a gran escala, la destrucción de la infraestructura energética significa que muchas escuelas, hospitales e innumerables hogares se quedan sin calefacción ni agua corriente", añadió.
Por su parte, Oleksandr Kharchenko, director del Centro de Investigación Energética, reconoció que reconstruir toda la infraestructuradestruida puede llevar mucho tiempo. “Lamentablemente, debemos señalar que en el futuro cercano tendremos limitaciones en la capacidad de generación durante al menos tres o cuatro años hasta que construyamos nuevas”, afirmó.
La última jornada de ataques en Ucrania tuvo lugar después de que Donald Trump nombrara al general retirado del ejército Keith Kellogg como su enviado para Rusia y Ucrania. El nombramiento era uno de los más esperados por el presidente electo de Estados Unidos, quien ha prometido que pondrá fin a la guerra en 24 horas con un acuerdo que no ha especificado.
Una de las mayores preocupaciones de Ucrania y de sus aliados es que Trump busque un acuerdo que sea perjudicial para Kiev porque venga acompañado de una pérdida de territorio. La decisión de poner a Kellogg al mando de las decisiones sobre esta guerra ha sido bien recibido, porque el militar no ha dado credibilidad al discurso prorruso como sí han hecho otras personas cercanas al futuro presidente.
Kellogg ha criticado la invasión rusa en varias apariciones públicas y ha apoyado un plan en el que se incremente la ayuda militar a Ucrania mientras se negocia un acuerdo de alto al fuego. Este punto es especialmente importante para Kiev, en un momento en el que varios políticos estadounidenses, incluido el futuro vicepresidente JD Vance, han puesto en duda la necesidad de seguir enviando ayuda militar a Ucrania.
Sin embargo, el general retirado ha subrayado que el Gobierno de Volodímir Zelenski no tiene más remedio que negociar, aunque no especificó las garantías de seguridad o el precio que tendría que pagar. "Si Ucrania no quiere negociar, bien, pero entonces acepten el hecho de que pueden tener enormes pérdidas en sus ciudades y acepten el hecho de que sus hijos morirán, acepten el hecho de que no tendrán 130.000 muertos, tendrán entre 230.000 y 250.000", dijo Kellogg a Voice of America.
Primero cayó el misil hipersónico Oreshnik sobre Dnipro. Luego, 188 drones asaetearon el cielo de varias regiones de Ucrania. Días después, otros 200 misiles y drones disparados por Rusia que dejaron a más de un millón de hogares sin electricidad. Vladímir Putin inició su semana de la venganza por el permiso occidental a Kiev con los misiles de largo alcance con el hito histórico de utilizar un arma que nunca antes se había utilizado. Y la ha acabado con una retahíla de "ataques récord" de drones y contra la infraestructura energética en uno de los momentos más fríos del invierno.