Biden se niega a ser el 'pato cojo' y quiere ponerle la zancadilla a Trump. Este es su plan
Tras la victoria de Trump el 5 de noviembre, Nicolás Maduro dijo tener la esperanza de que las relaciones entre ambos países experimentaran un "nuevo comienzo"
El presidente saliente de Estados Unidos, Joe Biden, ha dejado claro que no se marchará de forma silenciosa, al menos en materia geopolítica. En Ucrania y Venezuela, el veterano demócrata está tomando medidas que pueden cimentar su legado y limitar las opciones de su sucesor, Donald Trump, cuando ocupe el cargo el próximo 20 de enero. A Biden le quedan dos meses al timón de la primera potencia mundial, y sus últimas decisiones sugieren que está dispuesto a aprovecharlos.
Aprobar el uso de misiles ATACMS (siglas en inglés de Sistema de Misiles Tácticos del Ejército) para atacar territorio ruso, dos años después del inicio de la guerra en Ucrania, ha sido la medida más sonada. Para el presidente ruso, Vladímir Putin, utilizar misiles de la OTAN para atacar su territorio era una línea roja repetida casi desde el inicio de la invasión. Por ello, durante este tiempo, Biden ha sido muy cauteloso y, hasta este momento, se resistía a dar luz verde al empleo de este tipo de armamento, ignorando así la presión ejercida por algunos países miembros de la OTAN, como fue el caso de Francia. El motivo que ha propiciado el "sí" por parte de Biden ha sido, aparentemente, como respuesta al uso de 10.000 tropas norcoreanas por parte de Rusia.
Los rusos, que habían dicho que considerarían el uso de estos misiles de la OTAN como una entrada en guerra de la propia Alianza, han respondido relajando oficialmente el umbral por el que usarían armas nucleares. En concreto, las usarían como respuesta al empleo de armas convencionales contra Rusia o Bielorrusia que "crearan una amenaza crítica para su soberanía y (o) su integridad territorial".
La decisión de Biden es parte de un claro patrón gradualista en la ayuda de Estados Unidos a Ucrania. El envío progresivo de sistemas de artillería móvil HIMARS, tanques Abrams, aviones de combate F-16 y otras armas potentes, muchas veces un año después de las respectivas peticiones ucranianas, ha obedecido a un claro patrón de cautela: los norteamericanos han ido reforzando las capacidades ucranianas frente al aumento de los recursos rusos, pero no lo suficiente como para que el Gobierno de Kiev pueda marcar una enorme diferencia. Aún no está claro si los ATACAMS pueden ser usados solo en la provincia rusa de Kursk, que los ucranianos invadieron en agosto, o en el resto de la Federación Rusa.
Aunque el presidente electo, Donald Trump, ha permanecido callado, su entorno ataca a la Administración Biden, por lo que considera una medida escalatoria. "El Complejo Militar Industrial parece querer asegurarse de llegar a la Tercera Guerra Mundial antes de que mi padre tenga la oportunidad de crear paz y salvar vidas", declaró Donald Trump Jr., primogénito de Trump, en la red social X.
El congresista Mike Waltz, seleccionado por Trump para el puesto de consejero de Seguridad Nacional, consideró la medida "un paso más en la escalada y nadie sabe adónde lleva esto". El equipo de Trump, sin embargo, ha declarado que en este momento el único portavoz de presidente electo es él mismo.
"El Complejo Militar Industrial parece querer asegurarse de llegar a la Tercera Guerra Mundial"
Esta decisión de Biden coloca a Trump en una encrucijada: si contradice a su antecesor y suspende la autorización a usar esos misiles en Rusia, puede alimentar la narrativa crítica de que Trump se dispone a traicionar a Ucrania. La especulación es que Trump mantendrá la medida como arma de negociación. Técnicamente, podría ser otra baza que jugar frente a Moscú.
Mientras tanto, aprovechando el interregno estadounidense de más de dos meses y el hecho de que Biden y Trump tienen visiones y personalidades distintas, las señales apuntan a que rusos y ucranianos se disponen a mejorar su posición en el campo de batalla para cuando llegue la hora de negociar bajo los auspicios de Donald Trump. El Kremlin ha ordenado recientemente algunos de los bombardeos más destructivos en estos dos años y medio largos de invasión y parece haber usado un potente misil contra la ciudad de Dnipró. Los ucranianos dicen que se trató de un misil balístico intercontinental. EEUU habló de un "misil experimental de alcance medio".
Rechazo al Gobierno de Maduro
Además de aprobar esta medida, considerada por el Kremlin como un paso más allá en la escalada del conflicto, hace apenas unos días Biden reconoció al venezolano Edmundo González como presidente electo, rechazando con este gesto el Gobierno de Nicolás Maduro de manera oficial.
"El pueblo venezolano habló rotundamente el 28 de julio [día de las elecciones presidenciales] e hizo de Edmundo González el presidente electo", tuiteó el secretario de Estado norteamericano, Antony Blinken, durante la reciente cumbre del G20 en Río de Janeiro. "La democracia exige respeto a la voluntad de los votantes".
Las palabras de Blinken reconociendo al opositor González no solo como ganador de las elecciones, algo que ya había hecho el 1 de agosto, sino como "presidente electo" de Venezuela, colocaron a Washington y Caracas en vías de colisión. Simplemente, Estados Unidos ya no reconoce al Gobierno de Nicolás Maduro.
En lugar de dejarle el camino despejado para que diseñe su propia estrategia venezolana, la decisión de Biden coloca a Trump en una disyuntiva: o bien respetar la visión del anterior gobierno y continuar por ese carril, o bien desautorizar a Biden y restaurar el reconocimiento de Maduro para negociar más fácilmente con él.
Tras la victoria de Trump el 5 de noviembre, Nicolás Maduro dijo tener la esperanza de que las relaciones entre ambos países experimentaran un "nuevo comienzo". Según el autócrata venezolano, "para que le vaya bien a EEUU y le vaya bien a Venezuela. Y siempre abogamos para que les vaya bien a América Latina y al Caribe".
A simple vista, el optimismo de Maduro no se corresponde con su experiencia del primer mandato de Trump. En enero de 2019, la Administración Trump decretó el embargo del petróleo venezolano, provocando un "colapso" de su producción y sacudiendo los mercados energéticos. Pocos meses después reforzó las sanciones contra el régimen chavista, prohibiendo a empresas norteamericanas hacer negocios en Venezuela. Trump también reconoció como "presidente en funciones" al líder opositor Juan Guaidó en una maniobra similar a la que acaba de hacer Joe Biden.
Además, Trump ha nombrado como jefe de la diplomacia al senador cubanoamericano Marco Rubio, conocido por su inflexibilidad frente a los regímenes socialistas de América Latina: Cuba, Venezuela y Nicaragua. El nombramiento de Rubio fue saludado por los inversores con una caída de los bonos venezolanos.
Sin embargo, la naturaleza transaccional y pragmática de Donald Trump es bien conocida, y existen razones para pensar que el futuro presidente republicano podría estar dispuesto a llevarse bien con Maduro para cerrar algunos acuerdos mutuamente beneficiosos. Una de estas razones es la inmigración irregular.
Según la Interagency Coordination Platform for Refugees and Migrants, o R4V, de la que forman parte más de 200 agencias humanitarias, incluidas de la ONU, en la última década han salido de Venezuela casi ocho millones de refugiados. De esta cifra, cerca de 700.000 han venido a EEUU. Una estimación de Pew Research dice que 270.000 de estos venezolanos residen ilegalmente en el país. Y algunos, como los miembros de la banda criminal Tren de Aragua, están presentes en 16 estados, según un memorándum del Departamento de Seguridad Nacional.
Venezuela todavía no acepta deportados procedentes de Estados Unidos, pero esto podría cambiar si Donald Trump cierra algún tipo de acuerdo con Nicolás Maduro. Una de las grandes prioridades del segundo mandato de Trump es la "deportación masiva" de inmigrantes indocumentados. Empezando por aquellos que, como los miembros de la banda mencionada, tienen un historial delictivo.
Nicolás Maduro dijo tener la esperanza de que las relaciones entre ambos países experimentaran un "nuevo comienzo"
Otro elemento a tener en cuenta es que la corporación petrolera Chevron opera en Venezuela gracias a una excepción adjudicada por el Gobierno estadounidense. Chevron ha estado tratando de persuadir a la Casa Blanca de que su presencia en el país caribeño es buena para el negocio, para la seguridad energética de EEUU y, también, como herramienta de influencia americana. Si las relaciones bilaterales se deterioran aún más, no es descartable que Chevron acabe haciendo las maletas.
El sol se pone en la Administración de Joe Biden, pero el presidente, que acaba de cumplir 82 años, puede moldear con estas decisiones el paisaje que se encontrará Trump. Parece negarse a hacer honor a esa etiqueta de "pato cojo", o presidente inútil, que suele ser común en época de transición.
El presidente saliente de Estados Unidos, Joe Biden, ha dejado claro que no se marchará de forma silenciosa, al menos en materia geopolítica. En Ucrania y Venezuela, el veterano demócrata está tomando medidas que pueden cimentar su legado y limitar las opciones de su sucesor, Donald Trump, cuando ocupe el cargo el próximo 20 de enero. A Biden le quedan dos meses al timón de la primera potencia mundial, y sus últimas decisiones sugieren que está dispuesto a aprovecharlos.