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Un megapuerto para abrir la puerta: el "collar de perlas" chino llega a Latinoamérica
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Desembarco en la costa pacífica de América

Un megapuerto para abrir la puerta: el "collar de perlas" chino llega a Latinoamérica

El megaproyecto financiado por el gigante asiático deja claro que Pekín no tiene intención alguna de cesar su avance en una región donde la sombra de EEUU no para de desdibujarse

Foto: Xi Jinping junto a Dina Boluarte. (Reuters/Agustín Marcarian)
Xi Jinping junto a Dina Boluarte. (Reuters/Agustín Marcarian)
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Un túnel de dos kilómetros de largo. Quince muelles donde podrán atracar los barcos más grandes del mundo. Más de 1.300 millones de dólares de inversión ya ejecutada y 8.000 puestos de trabajo. Perú y China han inaugurado esta semana el puerto de aguas profundas de Chancay, un megaproyecto financiado por el gigante asiático que deja claro que Pekín no tiene intención alguna de cesar su avance en una región donde la sombra de Estados Unidos no para de desdibujarse.

El presidente chino, Xi Jinping, de gira por Latinoamérica esta misma semana, describió la obra como "la ruta de la seda marítima del siglo XXI". Un paso significativo en su ambiciosa estrategia logística y tecnológica global conocida como la Iniciativa de la Franja y la Ruta (BRI, por sus siglas en inglés). Se trata del primer puerto con una participación mayoritaria de China en el Pacífico americano y el último gran salto en la llamada "Estrategia del Collar de Perlas", que consiste en desarrollo de infraestructuras marítimas estratégicas para proteger el comercio chino y proyectar su influencia global. En este caso, reducirá el tiempo de cruce entre China y Perú —y, por ende, América del Sur— de 35 a 25 días, al evitar que los buques tengan que hacer escala en California o México.

La construcción del puerto ha transformado por completo a Chancay, una pequeña localidad ubicada a 70 kilómetros al norte de Lima. Lo que alguna vez fue un tranquilo enclave costero es ahora un núcleo estratégico de comercio internacional, aunque no sin controversias. No solo por los pescadores locales que han denunciado la pérdida de sus tradicionales caladeros, sino por la exclusividad total de los servicios del puerto otorgada a la estatal china Cosco Shipping, que cuenta con un 60% de participación en la infraestructura y que la administrará durante los próximos 30 años. Esta concesión, exigida por la gigantesca compañía, chocaba con el marco legal peruano, lo que obligó a reformar tres artículos de la Ley del Sistema Portuario Nacional para hacerla viable.

Esta semana se inauguró la primera fase del megaproyecto que, según estimaciones de medios chinos, alcanzará un coste total de 3.600 millones de dólares. Chancay promete convertirse en un motor económico para Perú, con proyecciones de ingresos anuales de hasta 4.500 millones de dólares y una subida de 0.9 puntos del PIB nacional el próximo año. Además, las autoridades de Lima confían en que reforzará la posición del país como destino atractivo para inversores y empresas chinas, consolidando aún más sus lazos con la segunda economía más grande del mundo.

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Chancay abre una enorme puerta para China más allá de Perú. El país podrá aumentar el desembarco de sus productos en la región y, a la vez, asegurar el acceso a sus recursos minerales, ganaderos y agrícolas. También será clave una expansión vía ferrocarril proyectada hacia Brasil, con la que Pekín busca abaratar las exportaciones de soja y oro del que es su mayor socio comercial en la región.

EEUU sospecha, pero no actúa

La inauguración del puerto de Chancay coincidió con la visita de Xi Jinping a Perú para la cumbre del Foro de Cooperación Económica Asia-Pacífico (APEC), que se celebra esta semana en el país sudamericano. Durante su estancia, Xi mantuvo este sábado una última reunión con Joe Biden, presidente saliente de Estados Unidos. Aunque la agenda oficial permanece bajo estricto hermetismo, se preveía que el líder estadounidense abordara temas sensibles como la situación en Taiwán o las acusaciones sobre el envío de tecnología china a Rusia. Mientras tanto, América Latina continúa en un segundo plano a pesar de que, esta vez, ambos protagonistas se encuentran sobre ese campo de batalla geoestratégico.

Pese a esta aparente falta de interés, el que una empresa china administre un puerto de aguas profundas en Perú preocupa a Washington, dado que se encuentra en una parte del mundo que la Casa Blanca siempre ha considerado como su esfera de influencia. Una de las mayores voces de alerta con respecto a la expansión de la influencia de China en América Latina ha sido la de la general Laura Richardson, hasta hace poco comandante en jefe del comando sur de EEUU.

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A principios de este mes, Richardson avisó de que los militares chinos podrían utilizar Chancay para operaciones de inteligencia y también le dijo recientemente al diario Financial Times que el puerto podría albergar buques de guerra chinos, un modus operandi que, aseguraba, "ya hemos visto desarrollarse en otros lugares".

Algunos analistas destacan como parte de ese argumento la doctrina china de la unión civil y militar, que permite a los militares acceder a todo lo que los organismos civiles tienen en propiedad. Sin embargo, otros rebajan esa posibilidad. "Desde Perú no ha habido esa preocupación porque para que un barco de guerra pudiera llegar a Chancay se necesitaría la aprobación del Congreso peruano. Es poco probable que se dé ese uso", expone a El Confidencial Leolino Dourado, investigador asociado al Centro de Estudios Asia Pacífico de la Universidad del Pacífico, afincada en Lima.

Algunos, eso sí, puntualizan que a los chinos les gusta saber que es una opción. "Chancay debería ser un relato de precaución para la región mostrando que incluso cuando los gobiernos no quieren tener compromisos militares con los chinos, sus negociaciones en sectores comerciales, científicos y de otro tipo pueden, de forma inadvertida, lanzar a esos países a compromisos con consecuencias militares no previstas en tiempos de guerra", escribió Evan Ellis, experto estadounidense en geoestrategia, en un reciente informe sobre la instalación.

Cambio de era

De lo que nadie duda es de que Chancay simboliza un nuevo capítulo en la pérdida de influencia de Estados Unidos en América Latina frente al avance imparable de China. Durante décadas, los responsables de las políticas en Washington han tratado a la región con desinterés estratégico, prestando apenas atención a sus dinámicas económicas y políticas. Un vacío que China ha estado encantada de llenar.

Inversiones como la de este puerto de aguas profundas son las que hacen que la mayoría de los gobiernos latinoamericanos busquen a Pekín y no a Washington. Muchos creen que el país norteamericano no puede detener el crecimiento de influencia de su rival geoestratégico porque, simple y llanamente, tiene poco que ofrecer. "Estados Unidos ha perdido su foco en la región, porque estaba prestando atención a otros lugares, como por ejemplo en Oriente Medio, por su cruzada contra el terrorismo y también por cuestiones económicas, como las distintas crisis recientes", cree el analista Dourado.

"En cambio, China ha prestado bastante atención a la región en estas últimas dos décadas. Ha hecho esfuerzos en estrechar lazos a través de visitas bilaterales de presidentes y con la firma de acuerdos sobre diversos temas, como comercio, y cooperación técnica en áreas como tecnología y agricultura", añade. "No menos importantes son las líneas de crédito que han ofrecido a países latinoamericanos, muy importantes en lugares como Ecuador y Venezuela", concluye el analista.

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EEUU ha dominado tradicionalmente las rutas de comercio en América Latina, pero las inversiones recientes de China podrían cambiar ese balance. El intercambio comercial entre los países latinoamericanos y el gigante asiático apenas alcanzaba los 14.000 millones de dólares en el año 2000. El pasado año, en cambio, ascendió a 489.000 millones de dólares y ambas partes aspiran a superar el medio billón en 2025.

China es ya el mayor socio comercial de países tan importantes como Brasil —la segunda mayor economía del continente americano—, Colombia, Chile, Bolivia y también Perú. "En materia de comercio, China tiene una mayor demanda por parte de los productos que exportan los países latinoamericanos. Desde que China se convirtió en la fábrica del mundo, necesita importar los recursos naturales que precisamente exportan los países de la región, como hierro o cobre de Brasil, Chile y Perú. EEUU, en términos relativos, pasó a responder por un porcentaje menor del comercio", considera Dourado.

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El analista ve una evolución. "China ha ganado, además, bastante espacio porque está buscando justamente nuevos mercados. En el pasado intentaban asegurar acceso a recursos naturales e invirtieron mucho en el sector de industrias extractivas, pero actualmente también tienen inversiones más diversificadas", agrega. En efecto, los intereses chinos ya no solo son mineros o agrícolas: proveen a la región de tecnología para vigilancia e incluso de satélites.

Durante su estancia en Perú, Xi también firmó el Protocolo de Optimización del Tratado de Libre Comercio (TLC) que ambas naciones comparten. Ecuador y Uruguay, dos países gobernados por la derecha, intentaron negociar recientemente sus propios tratados de libre comercio con EEUU. No lo lograron, y la respuesta fue lanzarse a China con doble tirabuzón. Quito y Pekín firmaron su TLC recientemente y Montevideo lo busca incluso desafiando las reglas del Mercosur.

¿Un efecto Rubio?

La situación podría cambiar, eso sí, tras la asunción, en enero, de Marco Rubio como secretario de Estado para la administración de Donald Trump. El senador por Florida, de origen cubano, siempre ha mostrado una fuerte preocupación por la presencia china en América Latina. Muchos esperan que preste más atención a la región.

Sin embargo, otros creen que el futuro secretario de Estado podría incrementar la distancia que separa a EEUU de algunos países por su discurso explosivo contra líderes como el colombiano Gustavo Petro, a quien llamó "portavoz de asesinos".

EEUU sigue siendo muy relevante en América Latina. "Si miramos las encuestas de opinión pública, se ve que todavía hay una mayor cercanía en la región con los valores de países occidentales, como Europa y EEUU, en lo que se refiere al modelo político. Aún hay una preferencia por el modelo occidental de democracia y eso hay que tenerlo en cuenta", cree Dourado.

Los proyectos chinos no están exentos de polémica. En otros lugares de América Latina se ha criticado que proyectos similares a Chancay sean operados por una mayoría de trabajadores chinos. Otros analistas han advertido de que depender mucho de infraestructura del gigante asiático puede limitar la libertad de los países en política exterior y hacerlos mucho más vulnerables a presiones de Pekín.

Un túnel de dos kilómetros de largo. Quince muelles donde podrán atracar los barcos más grandes del mundo. Más de 1.300 millones de dólares de inversión ya ejecutada y 8.000 puestos de trabajo. Perú y China han inaugurado esta semana el puerto de aguas profundas de Chancay, un megaproyecto financiado por el gigante asiático que deja claro que Pekín no tiene intención alguna de cesar su avance en una región donde la sombra de Estados Unidos no para de desdibujarse.

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