Cómo Trump volvió a reventar las encuestas: entendiendo la 'ola roja' en EEUU
Mientras que los demócratas de Kamala apostaron la campaña al riesgo para la democracia que supondría ese segundo mandato de Trump, el votante de a pie ha demostrado que tiene otras prioridades, sobre todo, la economía
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Donald Trump ha batido de nuevo las expectativas y las encuestas. Apenas en las primeras horas de la larga noche de recuento electoral, revalidó la victoria republicana en los estados ‘rojos’ con márgenes incluso mayores de lo esperado, y como piezas de dominó, se fue haciendo uno tras otro con los estados clave en disputa. En el momento de escribir este artículo, Trump tiene sellado su regreso a la Casa Blanca. Las encuestas habían pronosticado, de manera reiterada, una ajustadísima carrera al filo de la navaja y una noche electoral que podría alargarse hasta casi el final de la semana. De nuevo, se equivocaron.
En 2020-21, el mundo dio por muerto políticamente a Trump. Los casos judiciales en su contra se le han ido acumulando. Se le ha intentado, literalmente, matar. Y sin embargo, regresa ahora triunfal, con lo que se perfila una victoria incluso mayor que la que cosechó en 2016 contra Hillary Clinton. Sin todavía tener resultados definitivos, por el momento Trump podría incluso optar por ganar el voto popular, algo que siempre se le había escapado. Por debajo de la capa de estupefacción que sienten muchos estadounidenses y extranjeros, ya se pueden encontrar razones para explicar el fenómeno y la buena cosecha trumpista que ahoga las aspiraciones demócratas.
En 2016 fue necesario mirar factores estructurales como la desindustrialización del país, el hartazgo de la proyección internacional para centrarse, ahora sí, en “America First”, el rechazo a las élites económicas, de las universidades costeras y culturales, el cambio del perfil del votante y el propio partido, las redes sociales que favorecían el mensaje populista… Muchos de los cuales siguen vigentes. Pero, en esta tercera contienda presidencial para Trump, ha habido una capa más.
De manera similar a la candidatura de Joe Biden, que prácticamente se presentó como un hombre mayor que tuvo que “sacrificarse” porque era el único con posibilidades de ganar a Trump, la campaña de Kamala se ha centrado sobre todo en el miedo a esa segunda venida de Trump. El problema es que los estadounidenses ya conocen a Trump, ya lo vieron dirigir el país cuatro años. Y, en una visión más pragmática de algunos, el mundo no se cayó.
Mientras que los demócratas de Kamala apostaron la campaña al riesgo para la democracia que supondría ese segundo mandato de Trump, el votante de a pie ha demostrado que tiene otras prioridades, sobre todo, la economía. Mientras los demócratas hablaban de ideas abstractas, el votante veía la creciente inflación y, en general, una sensación de que el país va a peor.
Cuando se pregunta a los estadounidenses por la gestión de la economía, la inmigración y la política exterior, Donald Trump suele salir mejor parado que Harris. En las encuestas de salida electorales, que suelen servir para dilucidar detalles sobre el porqué de los resultados electorales, a la pregunta de ¿quién crees que es mejor para gestionar la economía? El 51% apostaba por Trump y el 47% por Kamala.
Ahí ha habido un fracaso demócrata. Aunque la inflación efectivamente ha sido mayor durante la etapa Biden que en los años de Trump, en el reto de indicadores económicos van bastante bien: empleo, consumo, PIB… Pero lo primero que nota el estadounidense medio es cuánto ha subido la cesta de la compra. Y el alquiler.
Otro de los grandes temas por el que apostaba la campaña de Kamala ha sido el aborto, y también se ha quedado corto frente a la inmigración, que se ha llevado por delante prácticamente a todo el cinturón del sol sureño para Donald Trump. Una cartera en la que Kamala Harris tiene un terrible historial como vicepresidenta de Joe Biden. Las cifras son claras: con Trump entraban menos inmigrantes por la frontera sur.
En 2021, las detenciones en la frontera sur se dispararon, pasando de menos de medio millón a 1,66 millones y alcanzando un récord de 2,21 millones en 2022. En 2023 los números se mantuvieron elevados con 2,05 millones y solo este año, después de que Biden tomara medidas drásticas bastante similares a las de la administración Trump (como un veto a las solicitudes de asilo), han comenzado a descender drásticamente.
En uno de sus últimos programas, el humorista y comentarista político John Oliver, conductor del programa Last Week Tonight, presentó caso por Kamala Harris, llamando al voto. Pero no incidió en medidas, propuestas o ideas ilusionantes de Harris. Tampoco tenía mucho margen, ni las había: Kamala Harris, que no se ha mojado en casi ningún tema y sus posiciones siguen sin estar claras incluso a día de hoy.
Así que Oliver solo tenía el fantasma del peligro de una nueva llegada de Trump. Pero es que los votantes estadounidenses ya han probado a Trump, conocen sus exabruptos y ya están amortizados, lo cambiaron… y el país no ha ido a mejor. Hay nostalgia, pero también pragmatismo, y sobre todo, una campaña demócrata que no ha sabido leer ni ofrecer nada al electorado.
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Donald Trump ha batido de nuevo las expectativas y las encuestas. Apenas en las primeras horas de la larga noche de recuento electoral, revalidó la victoria republicana en los estados ‘rojos’ con márgenes incluso mayores de lo esperado, y como piezas de dominó, se fue haciendo uno tras otro con los estados clave en disputa. En el momento de escribir este artículo, Trump tiene sellado su regreso a la Casa Blanca. Las encuestas habían pronosticado, de manera reiterada, una ajustadísima carrera al filo de la navaja y una noche electoral que podría alargarse hasta casi el final de la semana. De nuevo, se equivocaron.