El rey Lear en Estados Unidos: la triste 'muerte' (política) de Joe Biden
Aunque parezca que ha pasado un siglo, Biden tiró la toalla hace poco más de tres meses y desde entonces ha habido un cierto resquemor en el entorno del presidente
Joe Biden el pasado 25 de octubre en Arizona. (Getty/Rebecca Noble)
"Joe Biden deposita la papeleta en la que había querido estar", ha sido el titular con el que CNN informó del voto anticipado del presidente de Estados Unidos, cursado este lunes en New Castle, en Delaware. Una frase que resume la atmósfera de tragedia griega o shakespeariana en la que Biden se despide de la política.
No estamos hablando de un congresista al que un día se le cruzase la oportunidad de presentarse a presidente y diera el salto, sino de alguien que ha perseguido la Casa Blanca toda su vida, con más ahínco, incluso que Hillary Clinton. En Washington hay un aforismo que dice que, cuando un senador se mira el espejo, lo que ve es la imagen del futuro presidente de EEUU. Ese es Joe Biden. Un tipo que pasó 36 años en el Senado y cuyas ambiciones eran tan palmarias que se convirtieron en objeto de broma, probablemente a sus espaldas, de sus compañeros parlamentarios.
Pero, al final y pese a los chascarrillos sobre “Middle Class Joe”, Biden lo consiguió. Le costó tres intentos y casi 50 años, pero lo consiguió. Cumplió su sueño. Por eso le debe resultar doblemente doloroso el haber sido forzado a renunciar a la reelección por su propio partido; descartado como un mueble viejo.
Aunque parezca que ha pasado un siglo, Biden tiró la toalla hace poco más de tres meses y desde entonces ha habido — bajo los mítines y los anuncios de campaña — un cierto resquemor en el entorno del presidente. Según informaba Axios, citando a 10 fuentes del Partido Demócrata y de la Casa Blanca, “muchos asesores senior de Biden siguen sintiéndose heridos” por la manera en que se saboteó al presidente.
Esto podría explicar por qué Joe Biden, en las últimas semanas, ha parecido colocar algún que otro pequeño palo en las ruedas de la campaña de Kamala Harris. El viernes 4 de octubre, el presidente dio una rueda de prensa improvisada, algo poco habitual en el líder que menos comparecencias ha dado en décadas, lo cual eclipsó en los medios el mitin multitudinario de Harris en el estado clave de Michigan.
Cuando Harris acusó al gobernador republicano de Florida, Ron DeSantis, de no haber hablado con ella para coordinar la ayuda tras un huracán en el estado, Biden hizo lo opuesto: elogió a DeSantis por haberse mostrado “cooperativo”. Estas fuentes dicen que la Casa Blanca estaría acaparando algunos de los cargos que la campaña de Harris necesitaría para gestionar las crecientes responsabilidades. También hay indicios de resentimiento, entre la gente de Biden, por aquellos sé que se han ido con Harris, con la que podrían tener un futuro más prometedor.
Lo cierto es que la situación de Biden y Harris es poco común. De un lado está un presidente que tiene derecho a la reelección y que de hecho estaba en ello, pero que fue apartado por un golpe blando y reemplazado por su número dos, Kamala Harris. De otro, Harris necesita defender lo conseguido estos últimos cuatro años por el gobierno del que ella era vicepresidenta, pero, al mismo tiempo, distanciándose de una gestión impopular y promocionándose como la “candidata del cambio”.
Estos días el veterano Biden quiere hacer su pequeña aportación a la segunda derrota de Donald Trump echándole una mano a Harris, pero la campaña de esta le ha dicho que “ya te llamaremos”. En declaraciones a la CNN, varias fuentes cercanas a la candidata dicen que el principal desafío es marcar la diferencia con Biden, algo difícil porque Harris también tiene que atender a sus responsabilidades como vicepresidenta y porque Biden “continúa insertándose en la conversación”.
También es destacable que hayan sido algunos de miembros del gabinete de Biden quienes, desde 2021, han filtrado a la prensa comentarios ácidos respecto a Kamala Harris y su aparente falta de preparación. Una percepción que contribuyó a que la gente del presidente se aferrase al poder: muchos de ellos pensaban que el verano era demasiado tarde para pasar la batuta y que Kamala Harris, la sucesora más obvia, probablemente no estaba preparada para montar una candidatura firme. Una sospecha desmentida por la subida de Harris en las encuestas y los récords de recaudación. Ella parece tener al menos una oportunidad de vencer a Trump.
Todos estos mimbres, las ambiciones vitales, la renuncia a dejar el poder pese al claro declive físico y probablemente cognitivo y a la promesa de que solo gobernaría un mandato; la conjura interna en la que aparentemente participó su camarada de armas Barack Obama, harían de Joe Biden un estupendo Rey Lear contemporáneo. Un respetado jefe de Estado que, en el atardecer de una vida dedicada al servicio público, se vuelve torpe y desencadena su propio derrocamiento.
Si hubiera que resumir la persona de Biden y su larga carrera en unas pocas líneas, podría quedar algo así: hijo de una familia de clase trabajadora y raíces irlandesas de Scranton, en Pensilvania, lo cual explicaría su carácter tozudo, combativo. Esta idea popular de que un irlandés nunca deja a medias una pelea explicaría el tesón vital y político de Biden, su aguante pese a los reveses. El más grave de ellos: cuando su primera mujer y su hija de un año fallecieron en un accidente de coche en 1972. Otro: cuando su hijo mayor y niño de sus ojos, Beau Biden, murió de cáncer cerebral en 2015. Otro más: el problema de adicción de su hijo Hunter, y de su hija Ashley.
Y los problemas políticos, claro. La primera y fracasada campaña presidencial de 1988, cuando lo sorprendieron plagiando los discursos de un líder laborista escocés, o maquillando su mediocre historial académico. La todavía más fracasada campaña de 2008, cuando ganó un 1% de los votos en los Caucus de Iowa. Las continuas malas decisiones en política exterior durante sus años en el Senado y luego como vicepresidente de Barack Obama, según el exsecretario de Defensa Robert Gates.
"Good Old Joe Biden"
Sus torpezas: las veces que, como se dice en Estados Unidos, Biden “se metió el zapato en la boca”, diciendo cosas fuera de lugar o hablando demasiado campechanamente durante demasiado tiempo. Las veces que parecía a punto de partirle la cara a un votante irrespetuoso, delante de las cámaras, o se ponía a olerle el pelo a una mujer visiblemente incómoda. Ese es Joe Biden, “Good Old Joe Biden”.
Al mismo tiempo, Biden es uno de los pocos congresistas que no estableció su residencia en Washington, sino que iba y volvía cada día en el “Cercanías” americano, Amtrak. Una tradición inaugurada en los primeros días de su cargo de senador: quería volver a su hogar de Delaware y estar allí con sus niños, Beau y Hunter, que por fortuna habían sobrevivido a aquel trágico accidente de coche. Biden continuó viajando en tren diariamente durante 36 años. Por eso le llamaban “Amtrak Joe”.
Ese tesón irlandés se manifestó en sus seis campañas senatoriales y en su campaña presidencial de 2020, donde se echó a un lado y dejó que Donald Trump fuera devorado por la media docena de crisis que habían estallado bajo su gobierno. Biden el temporizador, el estratega. Acertó. Y le sacó siete millones de votos de ventaja.
Cuando Joe Biden, que habrá cumplido 82 años el día que deje la presidencia, se retire a ver atardecer en Delaware, con su mujer, Jill, sus pastores alemanes mal entrenados y su variada familia, y mire para atrás, ¿qué se le pasará por la cabeza?
Todavía es pronto para juzgar los resultados de su mandato, donde Biden se da el crédito de haber combatido ordenadamente la pandemia, restaurado la economía, aprobado una serie de ambiciosas medidas climáticas, sociales y en infraestructuras, y retomado un rol más activo y multilateral en la escena geopolítica. La inflación, la guerra de Ucrania que quedará abierta y el polvorín de Oriente Medio son heridas que se llevará a casa el próximo 20 de enero.
Lo que no sabemos es si ese día, cuando la crema del poder político se reúna en el Capitolio como cada cuatro años para asistir a la investidura presidencial, es a quien le hará Joe Biden el saludo militar antes de partir hacia el ocaso en el helicóptero Marine 1. ¿Será su número dos, Kamala Harris? ¿O será Donald Trump?
"Joe Biden deposita la papeleta en la que había querido estar", ha sido el titular con el que CNN informó del voto anticipado del presidente de Estados Unidos, cursado este lunes en New Castle, en Delaware. Una frase que resume la atmósfera de tragedia griega o shakespeariana en la que Biden se despide de la política.